propuesta Socialista

Por la revolución socialista mundial

Tema central

Palestina:

Cuando el tiro sale por la culata

 

Escribe: Pablo Hernández A

 

Así como sucedió en las recién pasadas elecciones en nuestro país con el inadvertido triunfo político del PAC que expresó la situación de ascenso de las masas costarricenses en la lucha contra el TLC y la polarización de la lucha de clases en nuestro país; en Palestina, la organización Hamas arrasó en las urnas imponiéndose a la organización Fatah al canalizar el caudal de lucha y resistencia del pueblo palestino contra el sionismo.

Nada tienen que ver estos hechos con la sorpresa o la casualidad y por eso los calificamos como inadvertidos porque si bien los resultados en ambas elecciones no eran esperados por los analistas y los poderosos que están en la otra acera, la lucha de clases y la impetuosa y subterránea voluntad de las masas explotadas y oprimidas de aquí y de allá no pide permiso para hacerse sentir y revelarse en su torrente revolucionario, como los topos, que van cavando un complejo sistema de túneles y  carcomiendo la base sobre la cual se asienta confiada la superficie, para emerger triunfantes, sobrevivientes y al asedio sobre sus presas.

El entramado que tejiera el imperialismo con su política de “paz armada”,  con atentados espectaculares en los que  misiles lanzados desde helicópteros impactaban en los autos de los dirigentes de Hamas, en las calles y callejuelas de las derruidas y cercadas ciudades de los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania ; levantando muros al mejor estilo del de Berlín; apuntalando a la dirección corrompida de Fatah para minar la segunda Intifada (insurrección del pueblo palestino contra la ocupación sionista iniciada en el año 2000), se ha mostrado en un nuevo fracaso. Las masas palestinas y las masas iraquíes en primera línea, pero igualmente aunque no con la misma intensidad, las masas del resto del planeta no paran de luchar, de enfrentar en los distintos campos la ofensiva del imperialismo, capitalismo agotado que a manotazos busca desesperadamente sobrevivir e imponer la barbarie.

Hamas, nació con la primera Intifada en 1987. Fue creciendo en influencia delimitándose de Fatah y otras organizaciones de la “izquierda” estalinista y centrista, recogiendo las banderas fundacionales de la Organización de Liberación de Palestina (OLP) que se propuso la disolución del Estado sionista de Israel y la recuperación del territorio palestino. Fue la OLP la que formuló en su surgimiento la consigna alternativa al Estado Nazi-Sionista: La lucha por una Palestina laica, democrática y no racista.

Si bien Hamas solo comparte la lucha por la liquidación del Estado sionista israelí y se ha planteado en cambio un Estado teocrático bajo la égida del Islam, su triunfo recoge el descontento con las dirigencias tradicionales palestinas, corruptas, burocráticas y conciliadoras con el imperialismo y con los sionistas que se han prestado al juego por arrebatarle a las masas palestinas su triunfos en la resistencia heroica contra este monstruo de dos cabezas.

La lucha del pueblo palestino es parte de la lucha de las masas árabes, vanguardia de las luchas de los explotados y oprimidos del planeta. En esa región del mundo donde se expresan las contradicciones más exasperantes, sobre la mayor riqueza de oro negro cubierta por enormes territorios desérticos o semidesérticos. Donde campean los viejos regímenes semifeudales que se apoyan en la religión islamista sumiendo a sus pueblos en la pobreza y opresión extrema, es donde se protagonizan los más importantes acontecimientos de la lucha de clases mundial.

En 1993 la obstinada Intifada protagonizada especialmente por niños y muchachos con piedras y hondas contra los tanques, helicópteros y el mejor armado y preparado ejército ponía en jaque a Israel. A ello le sumaba la paliza que sufrieran en el sur de Líbano con la expulsión del territorio ocupado de ese país. El imperialismo armó, entonces los llamados Acuerdos de Oslo para cambiar algo para que todo se mantuviera igual.

El Plan de Oslo pretendía garantizarle a los palestinos la posibilidad de un pedazo de tierra fragmentada en dos territorios: Gaza y Cisjordania, para el futuro funcionamiento de un Estado Palestino formalmente independiente pero bajo vigilancia y control del ejército y las autoridades israelíes. Este remedo de nación ofrecida por el imperialismo fue aceptado por Arafat y la mayoría de la OLP. Las masas palestinas también vieron en Oslo la oportunidad de tener al menos alguna conquista luego de décadas de ardua y agotadora lucha. A cambio, la OLP desistía de su objetivo fundamental: la destrucción del Estado sionista de Israel.

Pero el tiempo fue desenmascarando la maniobra y los limitados alcances de la autonomía y futura independencia.  Los palestinos parecían tener al fin un territorio, pero el mismo era acosado por los colonos fundamentalistas sionistas. Israel se apropió de todo Jerusalén y controlaban todos los recursos, especialmente el del agua y riego.  La realidad de un Estado palestino era solo una burda caricatura para la exportación.

A la provocación de Ariel Sharon violentando en el verano del 2000 la Explanada de la Mezquita (sitio sagrado del pueblo palestino musulmán) para imponer a los interlocutores que ellos querían como representantes de la nación palestina desconociendo a Arafat, le siguió la Segunda Intifada.

La “Paz Armada” con la que Sharon emergió como líder resumía el deseo del pueblo judío por acabar con los atentados kamikaze de los palestinos y la pérdida de sus hijos soldados pero manteniendo intacto su dominio y su Estado-enclave. La política de retiro unilateral sin reconocer a las autoridades y dirigentes palestinos tradicionales, especialmente a Arafat, pretendía que emergieran otros interlocutores más próximos a los intereses sionistas y del imperialismo. Con personajes de la dirigencia palestina Sharón inició contactos secretos: Mahmoud Abbas, número dos de la OLP y artífice de los Acuerdos de Oslo; Ahmed Qure’ia, presidente del Consejo Legislativo (parlamento) palestino, y Mohamed Dahlan, jefe de los servicios de seguridad de la Franja de Gaza. Los tres tuvieron reuniones secretas en la residencia de Ariel Sharón.

Al tiempo que aislaba al indiscutible líder centrista de la OLP: Yasser Arafat al punto de provocar su muerte, Sharon siguió alentando al sector a la derecha de Arafat buscando empoderarlo para que colaborara con la aniquilación de las organizaciones y sectores beligerantes de la resistencia palestina, como Hamas. Se trataba de que Israel asesinara a los dirigentes de Hamas y de las organizaciones armadas de Fatah que resistían la entregada de sus dirigentes, desmantelara  las fuerzas de seguridad de la Autoridad Nacional Palestina y aniquilara las redes, dirigentes y militantes de esas organizaciones disidentes. El plan contemplaba también el ignominioso muro y la sistemática destrucción con los tractores de las casas de las familias de los kamikazes entre otras acciones más. 

Erosionado el gobierno de Sharón, al grado de caer el mismo en coma, producto de una accidente  cerebral y abierta la crisis de dirección en las filas de la OLP luego de la muerte-asesinato de Arafat, con el desprestigio de la Autoridad Nacional infestada de corrupción con los fondos y “ayudas” de las potencias occidentales, es que emerge Hamas con una constante presencia acumulada en 20 años de actividad promoviendo organizaciones de asistencia social, denunciando la corruptela y los Acuerdos de Oslo y liderando la Intifada sin dejar de plantear la lucha por la recuperación de la tierra para los palestinos.

Hamas, que fue vista inicialmente con buenos ojos por el mismo imperialismo y el sionismo porque  debilitaba a la dirección centrista de Arafat y Fatah,  se transformó en el principal enemigo. Lejos de ver impuesto su proyecto de la Paz Armada, Sharon, tumbado en una cama de hospital  e inhabilitado políticamente no ha podido ver el efecto “bumerang” de su política.

Hoy está más lejana la posibilidad de una situación estable para la región. Con el proceso electoral, promovido por el imperialismo como ejemplo para los demás regímenes árabes, pretendían legitimar al sucesor de Arafat y de la política de entreguismo y aniquilación de las organizaciones de la Intifada. Los resultados son todo lo contrario. Fatah y los sectores conciliadores salieron derrotados. Los “aniquilados” están vivos y coleando y Sharon y el Gobierno israelí están en crisis.

Israel celebrará en próximas semanas elecciones y ante la nueva situación palestina no pareciera que la “derecha” de Netanyahu y su partido Likud pueda atraer a una población más temerosa de los nuevos ocupantes de las bancas del Parlamento palestino. La perspectiva de una agudización del conflicto habiendo quedado demostrado que la mano dura no ha surtido ningún efecto positivo para el sionismo no aparece como la opción más deseada para la población israelí.

Tampoco el laborismo pareciera que va a capturar a un electorado cansado de promesas incumplidas y de corrupción.

El rompimiento con el Likud por parte de Sharon y la fundación del partido Kadima pocos días antes de su hospitalización, aparece como la única opción posible para ese pueblo estafado con una quimera reaccionaria: pretender sostener por vida un Estado artificial montado encima de otro que ya existía y hacerlo esperando que los expulsados, expropiados, humillados y explotados se van a resignar junto a sus hermanos de los Estados vecinos de este odioso enclave imperialista.

Kadima continuaría con la política de la “paz armada”. Ceder los miserables territorios capturados como botín de guerra desde 1967 para establecer un desarticulado y formal Estado Palestino controlado pistola en mano para justificar internacionalmente la existencia del Estado sionista.

Hamas, sin embargo, triunfa porque se propone la destrucción del Estado sionista y no se ha doblegado a la parodia que quiere imponer  Bush y Sharon. Hamas gana porque recoge el cansancio del pueblo palestino con una dirigencia capituladora y corrupta.

Pero Hamas está en el dilema de: poner en función de la Intifada y la lucha de liberación del pueblo palestino su triunfo electoral y su poder político en la Autoridad Nacional Palestina o remozar con una dirigencia prestigiada la función capituladora de sus antecesores.

Las masas palestinas hacen su experiencia con direcciones cada vez más a la izquierda pero necesitan una nueva dirección que supere el fundamentalismo islámico y las concepciones nacionalistas burguesas para llevar adelante el gran objetivo nacional de la disolución del Estado sionista y la constitución de una Palestina laica, no confesional, democrática y no racista donde convivan judíos, cristianos y musulmanes recuperando para los palestinos y para los expulsados, desterrados sus tierras y propiedades.

Tal tarea no puede desarrollarse a plenitud sino como parte de la lucha por un Estado Palestino socialista como parte de la necesaria revolución socialista en el mundo árabe que constituya la Federación de Repúblicas Socialistas de Medio Oriente.

A Hamas el pueblo palestino tendrá que exigirle que se apoye en la movilización democrática del pueblo en armas y en la movilización de los pueblos de las demás naciones árabes, invitando a los trabajadores y pueblo judío a llevar adelante conjuntamente la lucha por esa Palestina donde convivan sin distingo de razas y liberado el Estado de una definición religiosa particular, judíos, cristianos y musulmanes.

No se puede tener confianza en una dirección como la de Hamas que está atada a la influencia de las burguesías y aristocracias musulmanas del Medio Oriente y que propugna por un Estado teocrático musulmán. Así como por el hecho que Hamas ha afirmado la utilización de las acciones terroristas por encima de la acción de las masas.

No podemos afirmar todavía que los Acuerdos de Oslo están derrotados precisamente por esas características que señalamos tiene Hamas. Nos alegra que el pueblo palestino le haya dado una paliza en el campo electoral al imperialismo, al sionismo y a sus testaferros pero la lucha solo continúa.

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