propuesta Socialista

Por la Revolución Socialista Mundial


Nota de tapa

¿Ganó Oscar Arias?

Escribe:Salomón Matarrita

Las elecciones llevadas a cabo en Costa Rica el 5 de febrero para elegir los nuevos mandatarios y renovar totalmente la Asamblea Legislativa, estuvieron precedidas por suposiciones,  afirmaciones  e interrogantes que generaron una gran expectativa.

Se suponía que habría un gran abstencionismo. Se afirmaba que el premio Nobel de La Paz Oscar Arias Sánchez --candidato del Partido Liberación Nacional (PLN)-- ganaría y que Ottón Solís --candidato del Partido Acción Ciudadana (PAC)-- saldría segundo. La gran pregunta era sobre la magnitud de la diferencia entre ambos que, se estimaba, sería muy amplia.

Pues bien: el abstencionismo fue altísimo, Arias Sánchez ganó la elecciones pero la pequeña diferencia que le sacó a Ottón Solís transformó a éste en el ganador político.

Pero, lo más importante --y lo que ningún sector burgués se animó a vislumbrar y lo que la izquierda electorera no quiso imaginar-- es que se reafirmó la fractura y polarización social del país y que Costa Rica entra en una nueva fase político-social: se suma al heterogéneo bloque que se gestó en el Cono Sur y que se está extendiendo a toda Latinoamérica.

 

Los pueblos tienen esa característica que los hace y muestra impredecibles: en el momento menos esperado, patean el tablero. Si de fútbol se tratara, diríamos que es un jugador que esconde la bola.

En el caso que comentamos, lo que hizo fue dar una irreverente cachetada en el rostro desgastado y cetrino del que, en otros tiempos, recibió el premio Novel de la Paz por los servicios prestados. ¿Prestados a quienes?, ¿a los pueblos?. ¡Para nada!. Prestados a los mismos que ahora viene a servir: la burguesía imperialista y el sector de la burguesía nacional socia de aquella y de la que él y su familia forman parte desde hace muchísimos años.

En Costa Rica es muy común escuchar una enorme mentira que tiene un claro propósito paralizante: “A los ticos todo nos fue regalado”. La historia costarricense se encarga de demostrar que es una mentira pero a los burgueses y sus escribas les resulta un buen negocio seguir insistiendo en la misma.

Dicha mentira se vio negada en las jornadas contra ALCOA en los años 70, por ejemplo, o -más recientemente- en las jornadas contra el Combo ICE que mandó al canasto de la basura el original proyecto de privatización del Instituto Costarricense de Electricidad. Ahora, el 5 de febrero, en otro plano, acaba de dar otro mentís a dicha falacia: no de otro modo se puede entender que el Premio Nobel de La Paz, Doctor Oscar Arias Sánchez, ex presidente de la república, vestido de lujo de la burguesía tica,  llegue a ser futuro presidente con tan solo el 25% de los votos del padrón electoral. Pero muchísimo más importante es que el abstencionismo fue el 35% de ese mismo padrón. Si a eso le sumamos el casi 25% que recibió Ottón Solís Fallas, llegamos a una sorprendente cifra: el 60% de la población empadronada no quiere saber nada con el TLC con EEUU, República Dominicana y el resto de países centroamericanos. Ni que decir en que queda el ego arista cuando un mes después del día de la votaciones, no recibió el diploma que lo acredita como tal.

Esos son los datos más importantes que la burguesía, en su manipulación de la información, manda a la tribuna. ¡Y que nosotros trataremos de explicar!.

Algunos antecedentes.

Se nos ocurre que es muy difícil entender lo que ocurrió si nos circunscribimos al territorio tico. Creemos, al contrario, que debemos ver el panorama mundial para luego entender el panorama nacional y, recién entonces, explicar lo que ocurrió ese domingo y, lo más importante, lo que ocurrirá en el plazo más inmediato. Es más: creemos que el esfuerzo que se hace por circunscribir la discusión al plano tico, refleja, de un lado el método de análisis e interpretación sectorial propio de la concepción burguesa del mundo a la vez que es una buena manera de bajarle decibeles al problema nacional. Es muy difícil no relacionar ese 5 de febrero con el fracaso de la reunión pro ALCA en Mar del Plata, Argentina, el triunfo de Evo Morales en Bolivia, el triunfo de Hamas en Palestina. Podemos agregar otros eventos (ocurridos en Francia, Italia, EEUU) pero los que hemos puntualizado son, cualitativamente, determinantes por cuanto nos dicen que no es cierto que el imperialismo (fase última del capitalismo, por lo tanto al margen de si es yanqui, inglés, francés, etc.) no está en condiciones de satisfacer las necesidades de las masas que, por la vía del ensayo y corrección del error, empíricamente, siguen buscando su camino y, en ese andar, desbaratan cualquier intento burgués de encontrar estabilidad y gobernabilidad.

Dentro de ese marco internacional, debemos ubicar la manifestación contra el TLC que tuvo lugar el 17 de noviembre pasado en el centro de San José y, a partir de dicho evento, comenzar a encontrar una respuesta.  Si, por un momento, “fotografiamos” el mismo y, a la vez, hacemos otro tanto con la concentración (¡ojo!, no decimos manifestación) que los TLCeístas hicieron una semana después, se nos aparece la imagen de dos batallones, uno frente al otro, esperando el momento de lidiar lanzas. Es, dicho con otras palabras, lo que se publicó en el anterior número de propuesta Socialista bajo el título de “Un país fracturado”.

Quiérase o no (aunque tratan de escamotearlo los escribas de la burguesía), después de las elecciones, el país fracturado aumentó su polarización. A tal grado, que podemos afirmar con bastante propiedad que estamos en otra Costa Rica.

La nueva situación.

Puede Otto Guevara (máximo representante del Movimiento Libertario ‑ML-agrupamiento burgués y pequeño burgués ultraderechista con propuestas formalmente liberales pero esencialmente fascistoides) reclamar la pronta aprobación del TLC en la Asamblea Legislativa; pueden hacer lo mismo la Unión de Cámaras de la Empresa Privada (UCAEP) o Alberto Trejos ex ministro de comercio exterior del actual gobierno y principal negociador del TLC. Lo cierto es que no se trata de otra cosa que un ejercicio de presiones para obligar a la urgente conformación de un claro frente a favor del TLC porque, de lo contrario, el nuevo gobierno se vería obligado a negociar con lo cual se prolongaría la “siesta pachequista” que tanto molesta a ese sector burgués.

Pero, en esta otra posibilidad, ¿con quienes negociar?.  Este es el otro lado de la nueva situación. ¿Puede ser Ottón Solís el portavoz del 60% del padrón que no aprueba el TLC?. Es más, ¿estará dispuesto a serlo a jugar ese papel, llegado el caso?.

Reconozcamos que el mencionado 60% conforman un muy heterogéneo espectro político y social que tiene como punto de unión su rechazo al actual tratado. A partir de ahí, todo lo demás es diferencia. Están los que quieren renegociar el mismo (Ottón), los que quieren otro, sin negociación del actual, los que desean volver al perdido estado social de derecho, los que pretenden un tratado con la Unión Europea o los que se inclinan por el MERCOSUR. También los que queremos un nuevo estado social de derecho y para ello no hace falta ningún tratado comercial del tipo de los que andan dando vueltas por el mundo.

Sin embargo hay que reconocer que dicho heterogéneo frente no firmó un cheque en blanco a Ottón para que los represente. Peor aún: a partir de la constatación de que el vencedor político fue Solís y que hubo un innegable rechazo al TLC, quienes protagonizaron la jornada del 17 de noviembre esperan, con mejor estado de ánimo, nuevas manifestaciones.

A todo lo anterior se debe agregar que el TLC es el problema mayúsculo a enfrentar pero que no es el único.

Es el mayor problema por cuanto -lo dijimos varias veces- el tratado no es comercial; es una propuesta política a tono y al nivel de los tiempos de un imperialismo yanqui que no puede ofrecer al mundo y a su propia población, otra cosa que no sea algo tan patético como el presidente George W. Bush, la pandilla que lo acompaña y un gobierno que perdió el lustre en los confines del far west. Define, por lo tanto, todo: desde cómo hacer negocios leoninos en nombre de la libertad hasta cómo establecer, impositivamente, una nueva Constitución Política por la vía de los hechos.

Pero ocurre que en esa perspectiva, hay muchas estaciones “legales” que se pretenden establecer como reaseguro del TLC: el plan fiscal, profundización de la flexibilización laboral, nuevas reglas de juego para la superexplotación de los recursos naturales, nueva engañosa legislación seudo democrática (caso de la ley de referéndum), leyes complementarias del TLC, cuestión migratoria, aspectos salariales, sensibles recortes a las leyes democráticas, etc.

El panorama político se muestra muy complicado. Otra sería la situación si, como deseaba la burguesía TLCeísta (1) ,  Oscar Arias hubiera ganado por cifras aplastantes.  Pero ello no ocurrió por cuanto la población no se tragó los varios anzuelos que le pusieron: el Premio Nobel, la Paz, las encuestas, las promesas de empleo, la experiencia y los pasos de baile (algún nombre hay que darle) que tan adusta y circunspecta persona se vio obligada a ensayar.

Las encuestas merecen un capítulo (por eso en esta edición se le dedica un artículo) pero alguna cosa queremos plantear aquí. Para ello emplearemos la encuesta que publicó La Nación el 2 de febrero, los porcentajes que obtuvieron Arias, Solís y Guevara y los porcentajes que obtuvieron los diputados del PLN, PAC y ML asumiendo como 100 los 57 diputados que conforman la Asamblea legislativa. ¿Qué observamos?.

1. Hay mayor coincidencia entre los números de la encuesta y los de diputados que con los de presidente.

2. Preguntamos: Si la encuesta hubiera reflejado lo que ocurrió el 5 de febrero, ¿hubiera descendido el porcentaje de indecisos para que aumentara el del PAC?.

3. Para el PLN, hubo voto partido: una parte (3.33 %) votó por Ottón. Votaron como socialdemócratas. Para este caso hacemos la misma pregunta que en 2.

4. Para el ML, una parte (1.62%) votó por Arias. Votaron como TLCeístas. Para este caso preguntamos: ¿privó el espíritu de clase burguesa TLCeísta que sabía o intuía la paridad?.

5. El abstencionismo fue el más alto de los últimos 20 años (en 1986 fue el 18.2%; cada cuatro años dio estos porcentajes: 18.2, 18.9 30.1, 31.1  y 34.8 en el 2006). Su crecimiento era un problema por cuanto quita legitimidad y facilita la ingobernabilidad. Pero, que se prefería: ¿bajar la abstención o garantizar el TLC?.

6. El diario La Nación publicó el 7 de febrero una interesante infografía comparando, cantón por cantón, las elecciones del 2002 y las de ahora. En las provincias en que arrasó el PUSC entonces (Guanacaste, Puntarenas y Limón), ahora arrasó el PLN. Ello quiere decir que los sectores más pobres votaron por Arias por que creen que el TLC traerá fuentes de empleo, independientemente de las condiciones laborales y salariales de los mismos. Es una conducta desesperada. Montada en esa realidad, ¿en cuanto indujo al voto por el PLN la encuesta?. Recordemos: en la encuesta que publicamos la diferencia es del 11.10% pero en la del 29 de enero es del 24.2%.

7. ¿No es cierto que una parte de la población vota miméticamente y a ello conducen las encuestas?.

8. ¿Se traspapelaron las encuestas?; es lo más probable por que todo indica que el TLCeísmo sabía del aluvión que estaba por ocurrir; no hay otra forma de explicar lo que ocurrió. Tengamos presente que también hubo traspapeleo de boletas electorales desde los sobres de la elección presidencial a la diputadil y que otro tanto ocurrió con varios padrones de registro electoral. Es llamativo que ello ocurriera en varias mesas electorales en todo el país.

En resumen: si la burguesía TLCeísta bajó del pedestal al Premio Nobel de La Paz para meterlo en la terrenalidad, en la creencia de que con su reputación ganaría abrumadoramente y entonces habría llegado la hora de llevar a cabo todo lo que no fueron capaces de hacer desde Calderón Fournier a Pacheco (meter el país en el carro de la globalización sobre las espaldas de los pobres y menesterosos), el 5 de febrero se compró algo que tendrá que ver como lo enfrenta porque el barco se escorió, el capitán está mareado y con la panza revuelta, y hay aire de motín a bordo.

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