"Hay una flor de color rojo pálido, con cuatro pétalos y una extraña cruz en el centro. La he visto en el límite de un glaciar, en el Hindukusch, y también a la orilla de los fiordos llenos de icebergs.
De repente, he aquí que se forma una conexión entre dos puntos del mundo.
Entre personas, no hay ni siquiera necesidad del lenguaje."

Kurt DIEMBERGER.

"... Es algo que mora entre las briznas de hierba, entre las ondas del mar de Duino, o sobre las amplias extensiones del Carso. ¿ Amor?. No sé si esta comprensión puede llamarse amor, será también algo diferente. Y creo que todo el mundo puede encontrarlo.

Las ondas de Duino..."

Kurt DIEMBERGER.


 

 Moncayo: ¿ mala suerte?


Suponíamos que el Moncayo era un monte que atraía la atención de la gente relacionada con la montaña. Además era asequible y se podían escoger distintos itinerarios para su ascenso. Por ello no dudamos en incluirlo como una de las salidas del club para el año 94.

A primeros de Mayo de este año, formamos un grupo para estudiar un poco el terreno. El grupo lo componíamos Luis Mari Martínez, Arantxa Garralda, Celia Martínez, José Mari Etxeberria y yo.

Ante todo estaba la duda de elegir la vertiente más idónea: la de Zaragoza o la de Soria. A priori, la aragonesa era más atractiva, se podía comenzar el ascenso desde La Dehesa del Moncayo a la altura del Campamento Juvenil.

Sin embargo, muy cerca existe una carretera que conduce hasta el Santuario del Moncayo, situado a 1.620 m Si comenzábamos desde este punto el recorrido quedaba bastante desvirtuado; partir desde abajo parecía una pérdida de tiempo.

Quedaba la vertiente castellana, era más anodina pero el paisaje transmitía una algo de soledad y aislamiento que también era atractivo.

Finalmente se optó por esta última posibilidad. El punto de partida sería La Cueva de Ágreda, un lugar un tanto solitario. No había ni refugio ni camping en la zona, así que llevaríamos un autobús de literas para pernoctar. El que lo deseara, podía utilizar tiendas.

Leyendo algunos libros me enteré de la existencia de una travesía de gran interés. Consistía en ascender al Moncayo por esta ruta para luego descender por la cresta hasta el col. del Muerto y de ahí, siguiendo el barranco por el que se desliza el río Huecha, llegar hasta Añón del Moncayo.

Esta ruta tenía un inconveniente importante. Era demasiado larga para un grupo numeroso y además si cambiaba el tiempo, era arriesgada.

En este punto se decidió realizar un circuito. Desde la cumbre nos llegaríamos siguiendo el cordal de lomas hasta Peña Negrilla y de ahí bajaríamos nuevamente a La Cueva de Ágreda.

El grupo antes mencionado se puso en marcha. El día era nuboso, no sabíamos si habría nieve —de hecho encontramos una fina capa cerca de la cima. Nos sorprendió un frío intenso, viento y niebla. A duras penas conseguimos realizar la totalidad del circuito. Tardamos unas 5 horas, un tiempo muy apropiado para una excursión.

Comentamos que dos veces seguidas en el mismo mes, no podría hacer mal tiempo en esta zona tan árida y seca. Además, así nos lo habían asegurado los lugareños.

Sin embargo, llegó el día de la salida y el tiempo fue incluso peor. De tan malo no pudimos ni realizar el circuito. A duras penas se consiguió llegar hasta la cima. El frío y el viento eran más intensos si cabe que la vez anterior. Regresamos por el mismo itinerario del ascenso. Los lugareños se había equivocado y nosotros habíamos tenido la peor de las fortunas.

Fueron graciosos los comentarios de la gente de la aldea cuando —algunos de ellos— vieron que la gente se quedaba en el autobús a pernoctar.

Tenían sus dudas sobre si esto era posible. Unos decían que sí, que habían visto brazos y piernas moverse por la noche, y otros opinaban que no podía ser. A la mañana siguiente, sus dudas quedaron aclaradas.


Luismi GLEZ.




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