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La travesía en bicicleta desde Oslo hasta Kirkenes no parecía que fuera
a dar problemas aquel 18 de abril de 1999, cuando seis compañeros (cuatro hombres y dos mujeres) dieron comienzo a
una travesía que iba a durar aproximadamente un mes. Fueron 3.550 kilómetros de bicicleta, a pesar de los
1.408 kilómetros que existen en línea recta entre el punto de inicio y el punto final. Con una media de
96 kilómetros diarios, disfrutaron generalmente de un buen tiempo que le
permitió alargar la pedalada y llegar antes al punto final. No fueron así los primeros días de
travesía, en los cuales les sorprendió la meteorología, en los que la nieve y el frío
hicieron presencia y nuestros amigos pudieron disfrutar de unas temperaturas frías de 5� bajo cero... es que no
nos hemos de olvidar que nuestros amigos viajaban por esas latitudes en las cuales los veranos son muy cortos y los
inviernos en cambio fríos y para nosotros, demasiado largos. Ni siquiera las alforjas con un peso de unos 25
kilos cada uno (sin contar la bicicleta), o el carrito o remolque que pesaba 35 kilogramos cuando estaba lleno, los
seis pinchazos o la caída que Ane Miralles sufrió en un túnel no iluminado caída que
afortunadamente no supuso mayores consecuencias pudieron impedir que el grupo llegara al punto final de la
travesía, Kinkernes, localidad septentrional de Noruega cercana a Rusia.
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Hemos llegado a Kirkenes, y ahora, igual que hace 13 meses, nos ponemos de camino a Nordkapp. No puedo
evitar hacer una comparación de las travesías de esquí y bicicleta, hacer un balance de todo
aquello que me ha ocurrido entre ambas expediciones... Nada más tener conocimiento del proyecto "Hiru pauso" me sentí
enganchada. Dejé el trabajo sin pensármelo dos veces y acabo de pasar prácticamente dos años soñando.
Por un lado estoy muy contenta por todo lo que he podido vivir; por otro lado, siento pena y vacío, pues todo se
está acabando. ¡Qué paradoja! es como ir a por pintxos antes de comer: ¡querer quitar el hambre y
cobrar más apetito!
Hiru Pauso Hiru Norabide - Ane Miralles ©
Letxukale Liburuak (Editorial), 1999
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Al comenzar la travesía en Oslo, disfrutaban de 14 horas de sol más otras dos de penumbra que
permitía el pedaleo. En Kinkernes, el 24 de mayo, pudieron disfrutar del sol de medianoche ya que la claridad aumentaba
día a día de forma espectacular: el sol apenas se esconde y roza levemente el horizonte, como su nunca
quisiera ocultarse detrás de la Tierra... estamos en verano, y el sol quiere vivir al máximo los pocos
días en los que en realidad puede hacerlo.
Vieron paisajes asombrosos como el del Lysefjord un fiordo con acantilados de 600 metros de altura, el puerto de
montaña de Videseter con sus casi 1.000 metros de altura, las curiosas iglesias medievales (s. XII-XIII) de madera
noruegas y los miles de lagos de Finlandia. Se beneficiaron, además, de la cultura de la bicicleta existente en
los países nórdicos: muchas carreteras tenían bidegorri (carril-bici) e incluso pista separada para
vehículos no motorizados. Y el calor de sus gentes tampoco era algo que llegaran a despreciar.
No es la primera vez que Josu Iztueta llegaba a estas latitudes en bicicleta: diez años atrás, en los
últimos coletazos del invierno de 1989, Josu y otros cinco compañeros de Tolosa, Mikel, Franzis, Txitxi,
Mikel y Dina Bilbao viajaban en bicicleta hacia Nordkapp, combatiendo todo tipo de vicisitudes... todavía
recuerdo aquella exposición de diapositivas que la malograda Dina nos dio a conocer en el salón de
actos de las Escuelas Legazpi en Zumarraga uno o dos años después, en la cual nos dio todo tipo de detalles
sobre esa primera travesía, y nos ofreció su sonrisa y su calor...
Sirvan estas líneas en recuerdo de Dina... de lo que fue y todo lo que el destino el cual,
mientras estaba en compañía de su compañero Iñigo Ross, se le apareció en
forma de tormenta en 1997 en el Mar del Caribe sesgó el camino de lo que pudo llegar a ser...
Jonmikel Intsausti