REGALO DE BODA
Ahora que todo está muerto,
ahora que ya, por fin, seguro
no me queda sino el desierto
de andar sólo y sin ti,
ahora que falta un día
(un día sólo, vida mía)
para que digas que sí,
ahora que nada queda,
porque quizá nada hubo
(aunque todavía quema
lo que un día mi alma tuvo),
ahora que sólo resta
acabar con la agonía,
ahora que se llega el día,
que llega el día de esa fiesta
que lo es para ti, sin duda,
o que debería serlo,
ahora miro hacia atrás.
Vuelvo -otra vez- al recuerdo
de tantos momentos raros,
de momentos que no entiendo,
ni quizás entenderé
por muchos días que viva.
Algo me diste, y algo
-quizá demasiado-
dí.
Y ese algo se me escapa,
huye ahora de mi lado,
queriendo estar junto a ti.
No estaré allí, mi loka.
No estaré en esa boda,
lápida para lo nuestro.
Ni estaré jamás de nuevo
a tu lado,
ni tan sólo
en tus sueños.
Ahora todo lo ocupa
otro cuerpo,
que no el mío,
otras manos,
otros labios,
otros ojos,
otros besos.
No estaré allí, mi loka...
pero allí estarán mis versos.
Te quise mucho
-demasiado-
y,
quizá,
aún te quiero.
Sé muy feliz con aquel
al que escogiste primero.
Y a mí... a mí, déjame
lejos de ti...
en el destierro.
Mi loka, mi dulce amada...
fuiste mi todo y mi vida.
Y ahora,
en este día
en que te unes al otro,
sólo una presencia más,
sólo un intruso en tu alcoba...
sólo estos versos raros...
Son mi regalo de boda.