Nicholas O'Halloran

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Lokura

LOKURA

¿Cuándo comenzó todo esto?
¿Cómo hemos llegado aquí?
¿Cómo es que estamos así,
loka tú, loko yo, cuerdos el resto?

¿Qué es lo que ha sucedido?
¿Quien nos ha robado, amor,
nuestro don de la razón?
¿Por qué mi juicio está ido?

Fue tu voz, y tus palabras,
fueron tus manos y tus ojos,
los que sacaron de mi alma
hasta la última gota de cordura.

Y lo que creí liviano,
que pasaría en unos días...
ya hace meses que dura...
meses de lenta agonía.

Te deseé el primer día,
y el primer día te tuve...
Luego, yo me abstuve
de buscarte,
loka mía...
aunque tú me encontraste.

Y volvimos a lo nuestro,
a nuestro amarnos furtivos...
Y pasó así el tiempo,
hasta hallarnos cautivos
de un sentimiento nuevo
que se coló de rondón
¿Cómo se infiltró el amor
entre tu cuerpo y el mío?

Ese auto-invitado,
ese gorrón, ese fresco,
que se introdujo en lo nuestro,
ese amor que no buscamos,
finalmente, se nos impuso...
Y ya no nos lo quitamos
de encima...

Dolía la ausencia de tu cuerpo,
pero no dolía tanto
como duele hoy la ausencia de tu alma.

Porque me diste tu cuerpo
mirada a mirada...
porque quemaste mi piel
beso a beso...
pero me diste, mi amada,
algo mucho más intenso
cuando dijeron tus labios
aquel primer "yo te quiero".

Y los míos, traicionando
mi corazón, respondieron
otro "te quiero" infame...
infame, pero sincero.

Me diste (y te dí) la vida...
me diste el corazón entero...
y yo te correspondí
dándote el mío por premio.

Y aunque no sólo de flores
se llenó nuestro desierto,
no me arrepiento, mi loka,
de quererte, pues te quiero,

te quiero como te quise,
como te sigo queriendo
incluso cuando creiste
que yo te estaba mintiendo.

Y yo... yo pensé lo mismo,
que tu amor no era sincero.
Pensé que no me querías,
que me engañabas. Lo siento.

Tengo a tu corazón
tan metido en mi cuerpo,
que devolverlo no puedo,
pues he de morir primero.

Y aunque tu tengas tu vida,
y yo la mía, que es cierto,
y aunque recordarlo llena
de malestar nuestro encuentro,

y aunque lágrimas lloradas
(hasta ahí el sufrimento)
siguen empapando mi alma,
aun así, yo no lamento

haberte dicho un te quiero,
haberte dado mi cuerpo,
y mi vida, y mi alma,
mi corazón y mi tiempo.

Y todo lo que me diste,
¿lo pagará algún dinero?
No hay oro en el mundo
que pueda valer para eso,

pues no pueden tener precio
tus caricias ni tus besos,
ni tu risa, ni tu llanto,
ni tu vida (que mía siento).

Te quiero, con tu lokura...
Te necesito y deseo...
Ese amor que se coló,
entre nuestros dos cuerpos
ha tomado posesión
total de mis sentimientos
(y no sólo de ellos, sino también de mi razón).

¿Qué vamos a hacer, mi loka,
si ya no estamos cuerdos?
Sólo vivir la lokura
que nos ha dado este sueño.

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