Nicholas O'Halloran

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Lokura

TORMENTA

Así eres tú, mi loka...
La calma,
maravillosa...
La lluvia
(lluvia dichosa)...
La tormenta...

La tormenta desatada,
los truenos, el desorden
de la vida y los sentidos,
los relámpagos,
los destellos de un amor
inigualable,
de un placer inalcanzable,
del vivir en ti perdido,
del sentir que no he sentido
nunca lo que siento ahora...

Comienza tu voz, tu boca,
tus palabras, tus besos, mi loka...
Y los más variados temas
pasan hilados contigo,
conversaciones tranquilas,
la calma...

Y tu mirada y tus manos,
van refrescando mi frente...
como una lluvia que llueve
lenta, dulce, suavemente...

Es ese olor a mojado,
esa tierra al fin regada,
lo que transforma mi cuerpo,
tus palabras, tus miradas,
tus manos ya en las mías,
ya en mi cuello, ya en mi nuca,
en mi cabello...
y las mías,
acariciando tu cuerpo...
Un cuerpo que no es el mío
(ni lo será, seguramente),
pero al que he sentido
junto a mí,
tan plenamente,
como la lluvia que riega
lenta, dulce y suavemente.

Y estalla un trueno a lo lejos,
y lo siento internamente,
al tener los labios tuyos
sobre mi piel ardiente,
sobre los míos, dichosos
de poder besar los tuyos...

Sobre la falda de un monte
estalla ya la tormenta...
Quizá supiéramos que llegaría,
pero al llegar siempre sorprende.

Ya no es una lluvia lenta,
sino torrente desatado...
Ya no es dulce ni suave,
sino loca, mi loka...

Y mis manos, y tus manos,
y mis labios en tu cuerpo,
y los tuyos en el mío,
y un relámpago,
un te quiero,
y una caricia más,
y otro beso a mi amada...
Y la cordura dejada
en el asiento de atrás,
o sobre una mesilla,
o en cualquier sitio alejado
del ojo del huracán,
de esta tormenta loca
que acaba de estallar...

Una lluvia torrencial
que va empapando tu cuerpo
y el mío, lentamente...
Que nos empapa, mi loka,
y nos atrapa, y nos vuelve
lokos, ahora totalmente...

Fue una lokura hablarte,
lo fue también el conocerte...
Fue una lokura amarte...
y lo hice,
y lo hago,
y en la tormenta exclamo
que te quiero...
y cuando tú me repites,
con esas mismas palabras,
lo que en ti por mí sientes...
la tormenta que me atrapa,
que me mata, que me empapa,
que me hace diferente,
me envuelve tan gratamente
que creo morir en ella...

Y no es en ella, sino en ti,
en quien muero, finalmente.
Y es cuando mueres en mí,
(y mueres tan dulcemente)
cuando se me inunda el alma
de tu alma derramada,
y de tu amor desbordada,
vuelve a morir, nuevamente.

Más no me afecta esa muerte,
pues que la vivo contigo...
Muertos estamos, mi loka...
aunque aún estemos vivos,
abandonada la razón,
la cordura de los cuerdos,
viviendo en la lokura
que sólo tú y yo sabemos...

¡y que nadie sea testigo,
nunca,
de cómo queremos
que esta lokura loka,
tuya y mía, solamente,
se transforme en mil tormentas
que nos lleguen de repente,
que nos empapen unidos...!

Pues que tenemos perdidos
los juicios, loka amada...
gocemos cuando nos llueva
la tormenta desatada.

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