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Pos ai como quien dice, en Cantinflas estaba el detalle

Desde hace años se manejaba la posibilidad de llevar la vida del célebre cómico mexicano y ahora que, para horror de los nacionalistas, lo encarna un actor español, es hora de dar un vistazo a un personaje que, chatos, hablaba, hablaba hablaba y ah, cómo divertía...

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OCTUBRE, 2014. Más que cualquier otro, Cantinflas es el icono máximo de la cinematografía mexicana. Este año se cumplen no solo 21 años de su fallecimiento, sino de 103 años que llegó al mundo en un humilde hogar de la ciudad de México, motivo por el cual se estrenó una película sobre su vida protagonizada, para horror de los nacionalistas, por Óscar Jaenada, un actor español. Aún es pronto para saber su la película será un éxito o un fracaso, y si a las generaciones presentes interesará ver en pantalla algo más sobre el "peladito" que no hayan visto en las películas que son transmitidas constantemente en la televisión y son bajadas con frecuencia de sitios como NetFlix.

La temprana trascendencia de Cantinflas se dio cuando tenía alrededor de 20 años, al unirse con Manuel Medel, el cómico mexicano más famoso en los años treinta. Con el tiempo el dúo se hizo de gran fama hasta que poco después Mario Moreno, apodo cuyo origen aún es motivo de discusiones --aunque eso sí, logró que éste la Academia Española da la Lengua lo hiciera verbo: ¿quién ha oído que alguien esté "chaplineando"?-- se separó y comenzó a filmar películas en su rol de "pobre, siempre honrado" donde invariablemente se enamoraba de la muchacha bella e igualmente humilde que terminaba por casarse con un galán de clase alta. Pero igualmente afortunado le fue el hecho que en los cuarenta Hollywood haya descubierto el gigantesco potencial de México no solo como consumidor de su cine sino como aportador de obras propias: María Félix, Lupe Vélez y Dolores del Río, por ejemplo, fueron actrices cuya fama fue mucho mayor que la que Salma Hayek haya disfrutado en algún momento de su carrera; igualmente cineastas como el "Indio Fernández eran altamente apreciados en los festivales internacionales.

Cantinflas cubrió el flanco cómico que necesitaba el cine mexicano de entonces, en medio de una sarta de historias trágicas, de patrioterismo barato, de charros cantores que pegaban de balazos y de pleitazos en cantina. Estos temas proporcionaban costales y costales de dinero a los productores, aunque la diferencia es que Cantinflas decidió participar jugando con sus propias reglas, valiéndose también de su posición como líder sindical.

El Estado mexicano apoyó como nunca al cine nacional en los años cuarenta, época en que se filmaban películas como si fueran ensamblajes de la fábrica de Henry Ford. No era un financiamiento directo, sino se basaba en las facilidades para producir, y corregir directamente por diálogos, cortesía de la Secretaría de Educación Pública. Pero no pudieron hacerlo con Cantinflas; sus enredados diálogos y palabrería inconsistente que desataba carcajadas al público quizá era una manera de reflejar a la clase política que habla y habla sin decir absolutamente nada. Seguramente por ello llegó a decir Carlos Monsiváis: "Los diálogos de Cantinflas eran los de un político consumado".

Las películas de Cantinflas pronto se sumaron, y en muchos casos rebasaron, a las de charros como producto de exportación. Fue el personaje del "peladito" el único que se salvó del doblaje español, se dice, por órdenes de Franco, quien admiraba las peroratas del cómico mexicano. En Sudamérica igualmente encontró mercado: los cines de Lima, de Buenos Aires, de Caracas. de Quito, de Bogotá y de otras ciudades se llenaban hasta las escalinatas cuando había un estreno de Cantinflas. En Chile sus películas llegaban al delirio, y fue ahí donde experimentaron la mayor recaudación regional.

En Estados Unidos sus películas fueron igualmente bien recibidas por los mexicanos de aquel lado al punto que los estrenos en la capital se acomodaron para coincidir en fecha con Los Ángeles, donde se daba el agregado que la taquilla era en dólares. Cabe apuntar que las tramas rara vez eran originales --de hecho buena parte de basaban en remakes chuscos, ya fueran Romeo y Julieta o el Bolero de Raquel-- pero qué importaba: Cantinflas solo requería de su presencia en celuloide para llenar las salas.

Era una época, también, en que el cine mexicano, como el hollywoodense, era mayoritariamente administrado por la iniciativa privada; el gobierno de Alemán vio al cine como importante fuente de divisas y le permitió crecer, aparte por tener a buenos amigos dentro de la empresa, a niveles de megaindustria para su tiempo: Posa Films, propiedad de Cantinflas, es un ejemplo claro de ello.

Hollywood finalmente coqueteó abiertamente con él y le ofreció el rol de Passaparteut al lado del legendario actor inglés David Niven. Cantinflas --quien nunca fue "mimo", como le decían erróneamente, pues siempre tuvo diálogos en sus cintas-- parecía encajar bien en otro idioma, aunque su personaje no fuera precisamente el del "peladito" con sus bigotillos separados, sino el de un refinado Monsieur. Pero en su segunda participación internacional, llamada Pepe, el número de estrellas invitadas --Marylin, Sinatra, Sammy Davis... todas las de peso completo de aquel momento que pueda uno imaginar-- terminaron por achicarlo, convenciéndolo que aún estaba lejos de ser un ligamayorista de Hollywood. A nadie extraña que se haya negado a aparecer en más películas habladas en inglés en una película, por cierto, de las pocas que se evita doblar cuando es transmitida por TV abierta mexicana.

Desafortunadamente, y esto se dio más claramente a mediados de los sesenta, Cantinflas pasó a ser del peladito de extracción populachera, a un personaje al que le dio por pontificar, y no solo en la divertida El Padrecito, sino en sus películas subsecuentes. Quizá ello se dio a presiones de la SEP al ver con alarma que la juventud sana que adoraba a Angélica María y a César Costa (una vez que el rock and roll fue exitosamente neutralizado mediante "covers" insulsos hechos localmente) se asomaba a un rock más irreverente representado en los Rolling Stones. Igualmente se dejó atrás la historia recurrente de la chica pobre para sustituirla por la del villano local, por lo general un cacique medianamente malvado que veía a Cantinflas como un indeseable intruso.

Los críticos y los historiadores coinciden en que con la llegada de los setenta, Cantinflas entró en una zona de confort, no en la cantidad de películas, todas ellas exitosas, sino en su desempeño histriónico. En El Conserje (1973) parece regresar a los tiempos de su máxima altura pero tres años después con El Patrullero 777, no solo incluye escenas insólitas en sus filmes, como una balacera, sino su agente capitalino honrado no resiste las ganas de sermonear por casi ocho minutos a los espectadores cerca del final, y en una clara imitación de El Gran Dictador, de Chaplin (la India María, quizá la mejor comediante femenina de esos años, también terminó por recetarnos verborrea priísta en sus filmes ochenteros). Con su última película de 1981 titulada El Barrendero, el "peladito" había pasado a ser un tipo refinado, pero no de mofa, como cuando se ponía fracs que por la espalda no estaban remendados, sino de a deveras. Fue bueno que ahí dejara de filmar películas máxime porque su comparsa, el genial Ángel Garasa, el que siempre la había hecho de padrecito, había muerto unos años antes.

Pleitos extrancantinflescos

Cuando Cantinflas y su esposa Valentina Ivanova supieron que no podrían tener descendencia, adoptaron a un niño que desde adolescente se convirtió en un júnior prepotente y de quien el comediante llegó a confesar a sus amigos "era mi única vergüenza". Como fina venganza y tras fallecer en 1993, el testamento de Cantinflas daba a su hijo adoptivo varias propiedades pero dejaba los derechos de las películas a su sobrino Eduardo Moreno Laperade. Moreno Ivanova hizo tremendo coraje al enterarse pues se calcula que esas películas siguen produciendo anualmente unos cuatro millones de dólares en regalías. Dos veces Ivanova apeló la decisión y dos veces ganó la partida a su primo. Finalmente Columbia Pictures entró al guisado y demostró que los derechos de propiedad le pertenecían. Irónicamente, uno de los mayores tesoros cinematográficos de México está en manos norteamericanas, lo cual explica que la película, con todo y haber sido realizada en este país, fue estrenada primero en Estados Unidos.

Al morir su esposa Valentina en 1966, Cantinflas duró poco tiempo como el viudo desconsolado o al menos mantuvo esa imagen frente al público pues durante casi 25 años fue novio "no oficial" de Joyce Jett, una tejana que después terminó por demandarlo al no cumplirle sus promesas de matrimonio, algo que terminó costándole al comediante, según un juez de Houston, 25 millones de dólares. Previsiblemente los medios mexicanos trataron como chancla vieja a la señora Jett, e inflados de patriotismo, la acusaron de ser una "cazafortunas" cuando lo cierto es que la mujer también tenía sus milloncitos guardados en el banco. (Cantinflas tuvo otra relación, esta mucho más discreta y que aparentemente terminó sin recriminaciones, con Irán Eory, una bella actriz nacida en Teherán pero que radicó en México hasta su muerte en el 2002).

Asimismo, Cantinflas y María Félix se profesaban un odio mutuo: famosa es la anécdota cuando la revista LIFE en Español pasó por una odisea para tomarles una foto a ambos en 1965 junto con Dolores del Río, siendo hasta hoy la única existente de los tres juntos.

Hoy que vemos sus películas en televisión o en NetFlix que nos permiten descubrir un México mucho más ingenuo que el actual, la imagen de Cantinflas ha perdurado y lo hará por muchos años independientemente que la película sobre su vida tenga éxito o que alcance la suerte de lograr la nominación a los Óscares. Pos ai como quien dice, así es la cosa, chatos...



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1 opiniones

paco_meraz escribe 03.10.14

Algo que no se sabe mucho de Mario Moreno Cantinflas es que pese a que encarnó a un sacerdote católico, en realidad desde muy joven se convirtió a la masonería y llamaba "hermanos" a otros masones como los expresidentes Miguel Alemán y Adolfo López Mateos, un es un detalle que conviene recordar pues mucha gente cree que Cantinflas era un católico devoto

 

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