Introducción
Por sus
frutos los conoceréis.
Mateo 7:16
La Palabra de
Dios siempre compara a los árboles y sus frutos con los hombres.
Tal como un
cardo o espino no pueden dar frutos buenos para comer, del
corazón de los hombres malos, por muy religiosos y notables que
sean, no puede surgir enseñanza que agrade al Padre celestial.
Haciendo uso
de otra forma de comparación, Elisabet bendice el fruto del
vientre de su prima María (Lucas 1:42).
Del Mesías se
dice que es el retoño de David, aludiendo a los pequeños brotes
que se dan alrededor del viejo olivo que no son otra cosa sino
sus propias raíces pasando por debajo de la tierra y surgiendo
no muy lejos del tronco (Isaías 11:1).
Otra bella
esperanza es la que nos muestra que el fruto de La Palabra es
alimento y sus hojas medicina (Ezequiel 47:12)
Porque es un
árbol que produce el alimento espiritual que da vida eterna,
pero no solo eso, tal como hoy día todavía preparamos tés
medicinales (hechos de hojas, por supuesto) para aliviar algún
dolor o malestar, de la misma manera la Palabra de Dios es una
infusión que sana al espíritu enfermo.
Así que la
Palabra no solo alimenta al espíritu, sino también lo sana.

Fructificar
La
palabra fructificar proviene de fruto
y la usamos cuando, por ejemplo, nuestros esfuerzos rinden
fruto.-
Los árboles y su
fruto
