El árbol bueno da fruto bueno


LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU

Juan 15: 8

8En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

No solamente el alimento espiritual que servimos (esto es, la enseñanza fiel de la Palabra) debe ser bueno, sino también lo debe ser nuestro comportamiento en la vida cotidiana. Nuestro trato diario con las personas debe ser irreprensible y bondadoso, tal como lo es el de nuestro Padre celestial para con nosotros.

Hijos del Padre celestial

Solo basta ver el comportamiento y la forma de hablar de los hijos para saber como se comportan ante ellos sus padres.

Es cierto que un padre que se dedica al hurto lógicamente que va a enseñar a su hijo por el mismo camino, pero un padre recto siempre va a encaminar a sus hijos por el sendero recto.

Así como los hijos son el fiel reflejo de sus padres, nosotros en nuestra vida diaria demostramos de quien somos hijos con nuestro comportamiento. Un verdadero hijo del Padre celestial jamás hace o dice las cosas que su Padre no le ha enseñado

Por eso, tal como los hijos obedientes y bien portados honran a sus padres, así también nosotros glorificamos a nuestro Padre celestial cuando abundamos en su fruto espiritual. Porque el Espíritu Santo que mora en nosotros produce los mismos frutos espirituales en los que nuestro Padre celestial abunda.

¿Cuáles son los frutos del Espíritu en que debe abundar todo aquel que enseña la Palabra?

Gálatas 5:22-24

22Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

25Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 26No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.

Por nosotros mismos no podemos dar fruto espiritual, sino solo mediante la comunión íntima, intensa, santa y permanente con Su Palabra y Su Espíritu es que podremos abundar en fruto bueno.

Juan 15:5

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos, el que permanece en mi, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mi nada podéis hacer.


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