Introducción
También se parece el reino de
los cielos a una red echada al lago, que recoge peces de toda
clase.
Mateo 13:47
Como ya
vimos, en el Antiguo Testamento aparecen, entre otros, los
símbolos alimenticios del trigo, cebada, aceite y vino. Sin
embargo, es en el Nuevo Testamento, particularmente en los
evangelios, que otro símbolo alimenticio hace una espectacular
entrada: el pez.
Es así como
vemos a Jesús (en el único milagro que aparece simultáneamente
en los cuatro evangelios) alimentando a cinco mil personas con
solo dos peces; también vemos a los discípulos dejando sus redes
para seguir al Maestro luego de una pesca milagrosa; y a Jesús
resucitado esperándolos a la orilla del lago con brazas y un pez
encima de ellas.
Desde tiempos
antiguos el pez había sido el alimento principal de los pueblos
costeros vecinos de Israel. Fenicios en el norte y filisteos en
el sur, fueron famosos, entre otras cosas por sus culturas
consagradas a la pesca.
Con la
división del reino, la región hoy conocida como Galilea quedó
situada en el territorio de Israel, por lo que en el territorio
de su enemiga Judá, el pez galileo no se consumía en absoluto.
Así que al
pez, aunque la ley de Moisés no lo consideraba impuro, si se le
menospreciaba en Jerusalén y sus alrededores, tan solo por ser
el alimento por excelencia identificado primero con los pueblos
fenicio y filisteo, y luego con la rival Israel.
Pero
generaciones después, ya en los tiempos del Nuevo Testamento,
los descendientes de judíos que luego de la reconquista
regresaron a Galilea, incorporan el pez a la tan conocida dieta
de cebada, trigo y vino. En los tiempos de nuestro Señor,
aquellos galileos, descendientes tanto de judíos como de
israelitas, mantenían contacto con las culturas paganas que los
rodeaban. De ahí que los galileos eran tan despreciados por los
judíos de Jerusalén: porque estaban abiertos a otras culturas y
modos de ser, hecho que los hacía de un espíritu menos
religioso, observante y escrupuloso que sus parientes de
Jerusalén. Éstos, más minuciosos y legalistas, consideraban
Galilea zona semi pagana llamándola despectivamente “Galilea de
los gentiles (paganos)”, teniendo a sus habitantes por mestizos,
incultos y rústicos.
Por eso el
pez, como ningún otro alimento, también identifica entre sí a
los galileos reflejando perfectamente el humilde sentir de
ellos, tan despreciados no solo por los judíos de Jerusalén,
sino a veces también por los pueblos paganos de su derredor
(Lucas 9:53).
Por todo
ello, este nuevo símbolo, el pez, sobre todo representa al
evangelio que desborda las fronteras de Israel y va a las
naciones gentiles, que sin ser parte del pueblo escogido vienen
a convertirse en creyentes.
Pero también
el pez es comparado en los evangelios con los hombres de todas
las naciones que creen en El Señor.
A los
discípulos que Jesús halló pescando junto al Mar de Galilea Él
les dijo “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres
(Mateo 4:19);” y El Señor Jesucristo nos enseña que “el
reino de los cielos es como una red que atrapa todo tipo de
peces (Mateo 13:47)”.
Por otra
parte, se sabe bien que fue durante las primeras persecuciones
que la iglesia adquirió al pez como símbolo del cristianismo,
entre otras cosas, porque igual que el pez muere al ser sacado
del agua y sirve de noble alimento, asimismo el creyente al ser
sacado de las aguas del bautismo, muere a sí mismo y está listo
a convertirse en noble alimento espiritual mediante el
testimonio del martirio.
De la misma
forma el pez, al carecer de párpados nunca cierra los ojos, ni
para dormir, cosa comparable al creyente que cumple con la
ordenanza de velar esperando el regreso del Señor (Lucas 12:37)
De Panes y Pescaditos
