| 2007
¿Me
pregunto porque tengo que ser tan obsesiva con la pintura? Me
gustaría juntar un portafolio y buscar una galería, pero, ¿Porque
tengo que empujarme a mantener algún calendario-horario que
no existe? ¿Por qué estoy luchando con los cronos? El tiempo
es mi aliado. Quiero aprender a flotar como un corcho en el río.
Conociendo
mis limitaciones me hace sentir segura y puedo concentrarme en
mi propia vida.
Mi
tiempo está lleno de conflictos obvios, sus ilusiones porque
no me ve como soy, si no más como quiere que sea. No tengo un
estudio ni taller, es difícil pintar así. Busco la armonía
pero chocamos en la convivencia.
Hoy
es uno de esos días cuando me escapa el tiempo. Estimulada y
sobre-estimulada, quizás. Durante años no podía ver más
allá que la repetición de mis traumas de la infancia. Me
daba envidia escuchar a otros hablar con cariño de su pasado.
Ahora el tiempo me ha traído el mismo lugar en la montaña,
ya he cruzado el cima; aquí estoy de pie, echando un vistazo
atrás con mis lamentos dulces.
Ya
he montado un estudio nuevo en el salón. No puedo esperar a
que llegue una habitación propia. Trabajo con Las Montañas
Alayos y los toreros y capas.
Flotando
como el corcho en el río. Perdidas. Más gente se ha ido.
El
verano comienza y las criaturas corren. La muerte está
siempre a la vuelta de la esquina. Me da miedo un pequeño
ratoncito que se ha metido debajo del sofá.
Estoy explorando el espacio alrededor de la cabeza y
utilizando barnices y la espátula.
Vamos
a una capea en un pueblecito sureño. Dormimos en una cama
polvorienta encima de los establos. Bebimos mucho vino de la
tierra en una bodega, los españoles cantan flamenco y recitan
poesía. Estoy
leyendo Nueve Semanas con Van Gogh y Gauguin.
Mi
perra y gato posan todo el día. Discuten por mi atención
mientras proclamen su inocencia.
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