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LIMITACIONES DE LAS TÉCNICAS DE BARRERAS
Los
estudios de la trasmisión de patógenos
nosocomiales invariablemente citan la importancia
de la “infección endógena”
o “auto infección”, en otras
palabras, la infección nosocomiales ocasionada
por organismos de la flora microbiana del propio
paciente. Sin embargo, se debe recalcar que
muchas infecciones endógenas no son causas
por la bacteria que el paciente trae al hospital,
sino, más bien, por cepas nosocomiales
adquiridas de otros pacientes después
del ingreso y que forman parte de una nueva
flora nosocomial endógena. Esa colonización
puede ocurrir con sorprendente rapidez. Por
ejemplo, el 22% de los pacientes que ingresaron
para recibir atención medica intensiva
como parte de un estudio, desarrollaron colonias
faringes con bacilos gram-negativos, justamente
después de las veinticuatro horas de
haber sido admitidos al hospital, y el 15% fue
colonizado al cabo de diez días. Las
heces también pueden servir de reservorio
importante de patógenos nosocomiales
gram-negativos, y la piel la pueden colonizar
organismos gram-positivos, como los estafilococos
resistentes a la meticilina.
Teóricamente,
las precauciones del tipo de barreras deberían
controlar la transmisión de estos patógenos
y prevenir la ulterior colonización e
infección de pacientes recién
ingresado. Sin embrago, las técnicas
tradicionales de barreras para controlar la
infección han tenido muy poco afecto
en la colonización e infección
con algunos organismos, como los Pseudomonas.
Ante esta observación incomprensible,
el grupo Weintein hizo una serie de investigaciones
detalladas de la población de su unidad
de cuidado intensivo y demostró que la
mayoría de los pacientes colonizados
con Pseudomonas en realidad habían traído
sus cepas consigo, aunque sus bacterias pueden
haberse hecho mas resistentes a los antibióticos
bajo la presión bajo selectiva de una
terapia de amplio espectro. Los pacientes mostraron
mas probabilidades de tener colonias ya existentes
de Pseudomonas, si habían pasado algún
tiempo en otra parte del hospital o en una instalación
de atención crónica, aunque algunos
aparentemente habían adquirido este organismo
en la comunidad. Del mismo modo, la colonización
e infección de Enterobacter en los pacientes
que habían sido sometidos a cirugía
de arterias coronarias se pudo atribuir al crecimiento
del Enterobacter, que había estado presente
en pequeñas concentraciones con anterioridad
a la cirugía y que surgieron bajo la
presión selectiva de la profilaxis con
cefalosporina. Por tanto, la campaña
intensiva para prevenir la infección
cruzada por medio de técnicas de barreras
se debe llevar acabo con expectativas realistas
y nunca se debe esperar que elimine todas las
infecciones.
CONTROL
DE INFECCIONES EPIDEMICAS (Cuadro 3)
La
prevención delas enfermedades mediante
la introducción de normas apropiadas
y el control de las infecciones nosocomiales
endémicas, ocupan una gran parte de las
actividades cotidianas de cualquier programa
de control de infecciones.
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Entre
las labores rutinarias y a menudo aburridas
de la carrera de un practicante del control
de infecciones, figuran el manejo de casos de
varicela, la concentración de bacterias
resistentes a los antibióticos y el refuerzo
de una buena técnica para la inserción
y mantenimiento de sondas urinarias e intravenosas.
Por otra parte, los brotes de infecciones nosocomiales
estimulan una gran variedad de emociones, entre
ellas la excitación ansiedad y aprehensión
y desafían al intelecto, la organización
y las habilidades interpersonales del equipo
encargado del control de infecciones.
En resumen, el control de brotes consta de varia
fases. Primero, el equipo de control de infecciones
debe confirmar la existencia del brote, pues
las enfermeras y médicos originan muchas
falsas alarmas. La fase siguiente representa
una intensificación de los procedimientos
rutinarios, entre ellos un examen de las practicas
vigentes, la aclaración de las recomendaciones
existentes, la evaluación de las barreras
contra el cumplimiento, y la corrección
de cualquier problema obvio. Al propio tiempo,
es preciso formular y probar una definición
de casos y determinar la magnitud del brote.
Debe hacerse todo lo posible por identificar
tantos casos como se pueda, ya que esto facilita
la investigación epidemiológica
y el control del brote. Con respecto a muchos
patógenos, la localización exhaustiva
de los casos requiere la detección de
portadores, así como de individuos infectados,
por lo que se debe consultar al microbilolgo
del hospital sobre los procedimientos de clasificación
mas eficientes. La información publicada
sobre el modo habitual de propagación
del patógeno epidémico ayudara
a enfocar la investigación. Esto es vital
en la practica, pues la presión para
que se introduzcan medidas de control generalmente
es tan intensa, que no queda tiempo suficiente
para explorar toda situación epidemiológica
concebible y a menudo se pueden aplicar intervenciones
sencillas antes de disponer de todos los datos.
Sin embrago, los investigadores deben ejercer
criterio y moderación antes de poner
en practica cualquier medida de control. En
particular, el personal de control de infecciones
no deberá culpar prematuramente a ningún
empleado. Raras veces una sola persona es responsable
de la propagación de un patógeno
epidémico y las acusaciones, casi siempre,
son contraprudecentes y devastadoras para la
moral. Es mucho mas conveniente recoger datos
en forma sistemática y al mismo tiempo,
mantener el dialogo con el personal en torno
a otras explicaciones para el problema. En el
caso que una persona se vea implicada como resultado
de una investigación epidemiológica,
deberá ponerse en practica toda la habilidad
política e interpersonal del equipo de
control de infecciones, para evitar cicatrices
permanentes.
Aunque algunos brotes se pueden atribuir a una
fuente común, tal como un sistema de
acondicionamiento de aire, un reservorio ambiental,
un portador entre el personal del hospital,
o a un aparto o solución contaminados,
la mayoría se puede culpar a una falla
en los procedimientos de asepsia rutinarios
y a la propagación de una persona u otra.
Cuando se crea que la fuente principal del problema
es la transmisión de una persona a otra,
deberán instituirse precauciones adecuadas
e intensificar las técnicas de barreras.
En esos casos, la intervención mas importante
probablemente sea, reunir en un solo grupo a
todos los pacientes que estén infectados
o colonizados con la cepa del brote. La agrupación
de los pacientes afectados en un mismo lugar
se deberá complementar haciendo lo mismo
con el personal, si hay suficiente. Las limitaciones
de tipo arquitectónico de muchos hospitales,
así como la escasez de personal, pueden
dificultar la agrupación, pero no se
deberán escatimar esfuerzos para alcanzar
esta meta ideal.
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