| Organización
y Responsabilidades del Programa de Control
de Infecciones
El
control de las infecciones nosocomiales no es
fácil, como confirmaría cualquier epidemiólogo
o practicante del control de infecciones en
hospitales. Cualquiera puede redactar normas,
pero ponerlas en practica es cosa muy distinta;
requiere, como mínimo, tanto arte y astucia,
como ciencia y epidemiología. Los practicantes
de esta forma de arte deben ser personas seguras
de si mismas, pero humildes; observadoras, pero
discretas; listas para actuar, pero pacientes;
fuertes, pero flexibles. Deben estar ansiosas
de enseñar, pero listas a escuchar; ser atrevidas
como para criticar, pero con frecuencia son
culpadas por ello. Las baterías de sus localizadores
son las que mas rápido se gastan, al igual que
las suelas de sus zapatos.
Para
ser eficaces, el equipo encargado de combatir
infecciones debe estar integrado a la estructura
orgánica del hospital. El departamento de control
de infecciones, tal vez mas que ningun otro
hospital, requiere la participación de todos,
desde el presidente hasta el encargado del economato,
desde el jefe de cirugía hasta el empleado de
almacén que lava los instrumentos quirúrgicos,
desde el jefe de finanzas hasta el codificador
de diagnósticos de alta. El éxito de un programa
de control de infecciones generalmente es el
reflejo de un hospital bien administrado; un
hospital mal administrado dificulta el control
de las infecciones y es propenso a accidentes.
En
la actualidad la tarea de los profesionales
encargados de combatir infecciones es todavía
mas difícil debido a que, como en casi todos
los hospitales modernos, probablemente serán
juzgados por el efecto que produzcan en las
finanzas de la organización. Los administradores
de hospitales tal vez no sean insensatos como
para pedirle al encargado de combatir las infecciones,
un estado financiero que muestre los gastos
efectuados en función de los dólares ahorrados,
pero cada vez les exigen mas dar cuenta de esos
gastos y tomar medidas objetivas para alcanzar
el éxito. La profesión del control de infecciones
hace hincapié en la necesidad de fijar metas
y medir resultados. “La vigilancia por objetivos”
(una extrapolación de la técnica de “administración
por objetivos” empleada por el sector empresarial),
amenaza con convertirse en la nueva palabra
del día en cuanto a epidemiología hospitalaria. |

Desafortunadamente,
puede ser extremadamente difícil documentar
los beneficios y ahorros que reporta un programa
efectivo de control de infecciones. Por ejemplo,
resulta imposible cuantificar con exactitud
los ahorros derivados de problemas que no se
llegan a presentar, como querellas, epidemias
y días perdidos por el personal expuesto a enfermedades
contagiosas.
Además,
es difícil atribuir las supuestas reducciones
en las tasa de infección a intervenciones especificas
del programa de control de infecciones sin antes
realizar prolongados y complejos estudios clínicos,
que de por si serian costosos. Incluso si se
cuenta con recursos y experiencia para realizar
estas investigaciones, muchos estudios requieren
muestras de tamaños que no sean prácticos en
la mayoría de instituciones. A medida que aumenta
la presión para que se presenten pruebas tangibles
del éxito obtenido, se teme que valiosos recursos
dedicados a defender a los pacientes contra
las infecciones, serán desviados hacia las actividades
no productivas; tales como, defender el territorio
contra los administradores y justificar el valor
del programa. En el peor de los caos, la exageración
en la medición de los resultados y la recopilación
y notificación selectivas de datos, fomenta
practicas defensivas en lugar de ofrecer soluciones
innovadoras y conscientes del costo.
*Nightingale,
Semelweiss, Lister y Holmes establecieron sus
correlaciones entre las enfermedades infecciosas
con el mismo acierto. Sin embargo en el Perú
su desarrollo es incipiente y casi nulo lo que
debe llamarnos la atención. |