| Es
vital mantener unas relaciones formales y continuas
con el laboratorio microbiología, pues este
es la espina dorsal de muchas actividades de
vigilancia y control. Se deben formular normas
y procedimientos de laboratorio teniendo en
mente las necesidades especificas del control
de infecciones y los informes deben ser oportunos
y pertinentes. Se deben formular criterios para
la notificación inmediata de aislados para controlar
infecciones. Se deberá consultar al director
del laboratorio sobre la selección de pruebas
especificas o de sistemas de tipificación especiales
para ayudar a descubrir casos durante la investigación
de epidemias . Seria prudente establecer normas
para conservar cepas de interés epidemiológico
(por ejemplo, aislados de Staphylococus aurius
de heridas quirúrgicas infectadas o de bacterias
resistentes a varios antibióticos) en caso de
que mas adelante se requiera una caracterización
microbiológica mas completa el director del
laboratorio deberá asegurarse de que dispone
de recursos económicos y técnicos suficientes
para el caso de que surjan problemas inesperados
del control de infecciones, que impongan una
mayor carga sobre el laboratorio.
VIGILANCIA
Tradicionalmente,
los programas de control de infecciones se han
visto obsesionados con la vigilancia. Esta preocupación
es explicable, en gran medida, por la poderosa
influencia de los Centros para el control de
Enfermedades, que impusieron un modelo de vigilancia
de la salud pública en los hospitales. El otro
apoyo de las actividades de vigilancia, que
lo administradores de Hospitales apenas pudieron
resistir, provino de la JCAHO. Fueron las normas
fijadas por la JCAHO las que obligaron a muchos
hospitales a crear, antes que nada, un programa
par al control de infecciones, y en los años
de formación de la profesión los inspectores
de la JCAHO hicieron muchos hincapiés en la
vigilancia total. En las pautas distribuidas
por los Centros para el Control de Enfermedades
y adaptadas por la JCAHO, se exhortó a los practicantes
del control de infecciones a ir hasta el paciente
en cama, para asegurarse de que solo se contaran
las infecciones verificables clínicamente, en
contra posición a organismos colonizadores.
Recientemente se añadió a las responsabilidades
de los practicantes la vigilancia posterior
a dar de alta al paciente, al haberse acortado
la estadía en los hospitales y aumentando la
cirugía ambulatoria. |

La
hipótesis en que se basa esta labor de vigilancia,
que requiere el empleo excesivo de mano de obra,
fue el conocimiento de que los patrones de la
infecciones nosocomiales específicas en una
institución sugerirían los medios para la intervención
y control. Aunque esto puede haber sido parcialmente
cierto, la vigilancia tendió a convertirse en
un fin por sí sola, y el volumen resultante
inmanejable de datos, no fue más valioso que
los cultivos tomados de mostradores, alfombras
y narices, a los reemplazo. En retrospección,
quienes copilaron y presentaron esta información
en reuniones mensuales sobre el control de infecciones,
han sido criticas como increíblemente ingenuos,
particularmente si no presentaron un plan estratégico
para traducir toda esa información en actividades
de control efectivas.
El
papel que se concibió para la vigilancia como
guía par el control de infecciones ha evolucionado
considerablemente en los últimos años. Ahora
se ha reconocido que uno de los principales
beneficios de la vigilancia tiene muy poco que
ver con la detección de infecciones. Más bien,
la vigilancia brinda una excusa a los practicantes
del control de infecciones para visitar las
salas con regularidad. Esto facilita notablemente
la educación continua informal del personal
clínico, permite una supervisión discreta del
cumplimiento con las normas y procedimientos
para el control de infecciones, y le brinda
al personal la oportunidad para hacer preguntas.
|