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Kanzo Sensei (Doctor Akagi)
A�o 1998
Nacionalidad Jap�n
Estreno 06-10-2000
G�nero Drama
Duraci�n 129 m.
T. original Kanzo sensei
Director Shohei Imamura
Int�rpretes Akira Emoto (Doctor Akagi)
Kumiko Aso (Sonoko)
Keito Matsuzaka (Tomiko)
Masanori Sera (Umemoto)
Jacques Gamblin (Piet)
Gui�n Shoehi Imamura
Daisuke Tengan
Fotograf�a Shigeru Komatsubara
M�sica Yashuke Yamashita
Montaje Hajime Okayasu

Sinopsis
En v�speras de la rendici�n japonesa de 1945, el Doctor Akagi, que trabaja en un
peque�o pueblo pesquero, est� desesperado por la cantidad de personas que
fallecen a causa de la hepatitis. Por tal motivo, decide unirse a un monje
borracho y mujeriego, a un cirujano adicto a la morfina, a una geisha y a una
ingenua muchacha para formar un equipo con el que intentar hacer frente a la
enfermedad.

http://www.cineismo.com/criticas/doctor_akagi.htm
"En la vida de un doctor, lo que importa son las piernas. Si se le quiebra una,
corre con la otra. Si se le quiebran ambas, corre con las manos." El Dr. Akagi
hace honor a sus palabras. Dientes apretados, malet�n en mano, fatiga las calles
de una remota isla nipona para dar conforto a sus pacientes. Siempre les
diagnostica lo mismo: hepatitis. A tal punto que lo bautizaron Dr. H�gado (el
Kanzo Sensei del t�tulo original). Sus prescripciones tampoco var�an. Recomienda
reposo y altas dosis de glucosa. Y esto le trae problemas con los militares. Es
que la segunda guerra est� a punto de concluir �Hitler ha sido derrotado� pero
el alto mando japon�s no se resigna todav�a. La glucosa y los soldados escasean.
�C�mo puede ser que este hombre, que se declara patriota, prescriba un
tratamiento tan "antinacional"? Bajo la lupa de Shohei Imamura (72 a�os, 25
films) los militares son brutales y necios, y el patriotismo, en todo caso, pasa
por mostrarse generoso ante los pares. Una suerte de humanismo similar al que
practica Akagi, quien est� inspirado en la vida y en la obra del padre del
realizador, que era m�dico de pueblo chico.
Akagi es m�s o menos efectivo como m�dico, pero no habr�a que tom�rselo del todo
en serio. Por algo tiene ese modo torpe de andar y diagnostica tan velozmente.
La hepatitis, comprobada o no, es su enemigo jurado, aquello que convierte a su
profesi�n en una patriada, en una guerra personal y, m�s que nunca, en un
sacerdocio. El singular estilo con que Akagi ejerce la medicina testimonia por
un lado aquella entrega desinteresada, por momentos ciega (no hay otra actividad
humana, incluido el sexo, que parezca interesar a este doctor). Por otro lado,
es veh�culo de la comedia, que se prolonga en la muy peculiar galer�a de
criaturas que se pliegan a la cruzada del protagonista. Una hermosa prostituta
en plan de redimirse, un monje disoluto, un cirujano morfin�mano y un prisionero
de guerra pr�fugo, que ahondar� oportunamente el conflicto con la milicia. Akira
Emoto da perfectamente el tono tierno y abrumado que requer�a Akagi. Kumiko Aso,
en la piel de Sonoko, la ramera transformada en enfermera, no s�lo alcanza una
inocencia que conmueve por lo virginal. Tambi�n traduce la mirada que Imamura
pos� en cada uno de sus personajes: como geisha o param�dica, lo suyo tambi�n
pasa por entregarse al pr�jimo.
Para bien y para mal, Dr. Akagi es un relato libre (tanto o m�s que La anguila,
el anterior film de Imamura estrenado en Buenos Aires, cuyo lirismo y calibre
emotivo no llega a igualar) y tiene los rasgos de ciertas construcciones
musicales. Tramos que parecen girar en el limbo pero van in crescendo hasta
resolverse en peleas ca�ticas, otros que operan como leit-motiv (Akagi
corriendo). Mayormente no lineal, alegremente desordenada �tanto que se torna
ardua a veces�, la historia ofrece poca o nula progresi�n lineal: el crecimiento
del personaje de Sonoko, hija de un pescador al que reverencia tanto como
Imamura a su padre; la aparici�n de un microscopio, al que Akagi intentar�
convertir en su arma definitiva contra el "agente del mal". En cuanto comedia,
Dr. Akagi no est� llamada a arrancar carcajadas. Se deja ver, en cambio, con una
sonrisa tierna a flor de labios. Invita a compartir una visi�n acaso ingenua,
pero siempre honesta y generosa, del drama vital.
Guillermo Ravaschino
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