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Responsable de área: Patricia González de la Cadena

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Cymbopogon citratus DC. Stapf

Como principio, el comportamiento biológico de todo organismo cumple con un ciclo de origen, reproducción, desempeño funcional y muerte, esto, bajo el orden universal. Acciones externas inducidas por el hombre, rompen con el equilibrio bioenergético con consecuencias irreversibles, continuos en la autodestrucción; con efectos palpables en la calidad de alimento y vida, con su estrecha relación en la salud de las plantas y seres humanos.

Desde sus orígenes, el alimento ha formado parte fundamental de todo organismo en su proceso fisiológico y desarrollo, el cual, al cambiar las costumbres y hábitos humanos con relación al desarrollo comercial y establecimiento de nuevas normas, resultantes de la revolución industrial y revolución verde, conduce a un mayor consumo de energía, alteración, agotamiento y desequilibrio de los recursos naturales con impacto en la calidad y propiedades de los productos obtenidos con relación a la salud humana.

El avance tecnológico desmedido del proceso improductivo origina como constante, el manipuleo de factores económicos y políticos ante un gran mercado demandante y cautivo con deterioro en la salud por medio del alimento consumido y manejo químico en la comprensión parcial de padecimientos sin considerar la integralidad funcional del organismo.

 "Tenemos demasiada conciencia de las numerosas muertes y deformidades causadas por las profesiones médicas y farmacéutica; ya mo podemos sentirnos cómodos es esta constante genuflexión ante los altos sacerdotes de la medicina, ni brindarle el mismo respeto religioso que esperaban de nosotros en el pasado".

"La medicina siempre ha tratado la enfermedad que tiene el paciente, la astrología médica y la homeopatía tratan al paciente que tiene la enfermedad... y la diferencia es enorme y vital".

Linda Goodman

Aunque no representa ninguna novedad el hablar de la alimentación y su  estrecha relación con los estados de salud que muestran los seres vivos biológicos, es sin embargo, importante caer en la cuenta de que no hemos logrado asimilar en la consciencia individual ni social el hecho de que se nos ha olvidado –de alguna forma- cómo permanecer alimentados y sanos. Porque no es lo mismo comer que alimentarse, ni tampoco alimentarse y nutrirse aunque estén tan cercanos de hecho dichos conceptos.

Como seres biológicos, bioenergéticos que somos, debemos nutrirnos mediante una alimentación natural que es bioenergética también. Desgraciadamente lo que prevalece ahora y que nos lleva a los hechos de la alimentación es el concepto básico de lo que se considera “normal”. Es normal comer más de 3 veces al día o de plano comer cualquier cosa porque no hay tiempo; es normal comer productos antinaturales, es normal comer mucho, es normal comer productos sintéticos, etc.

Nos hemos separado de la naturaleza mentalmente, pero no por ello dejamos de ser seres de la naturaleza, regidos por ella y sujetos  a los cambios que nos impone, sobre todo cuando rompemos el equilibrio sutil que la caracteriza. Pensamos que la naturaleza está allá afuera, en el campo, los cerros con las jirafas, el río, la selva y nos autoexcluimos creyendo que en la ciudad y en nuestras cosas somos normales. La verdad es que somos la naturaleza y si no vivimos naturalmente alteramos nuestro propio equilibrio bioenergético dañando nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu a base de productos contaminados para cada categoría.

El ser humano está diseñado para alimentarse y nutrirse con productos naturales igual que un ratón o un jaguar, y al autonombrarnos “La Cumbre de la Evolución”, lo hacemos contra natura porque el tipo de sociedad y civilización que vivimos procura propositivamente una cultura de la inconsciencia. De hechos somos algo así como la capa última inteligente y sensible de la vida biológica con una verdadera posibilidad de trascendencia que nos es desconocida de tanto negarnos la nutrición y alimentación natural, así como nos negamos a utilizar nuestra inteligencia para vivir como seres naturales en este planeta. Porque el hombre también se nutre de lo que escucha, de lo que ve, de lo que siente y sueña.

Nos hemos convertido en lo que nos aseguraron que somos “consumidores”, que trabajan para tener dinero, para tener satisfactores. Lo humano, la inteligencia verdadera, la salud verdadera, la alegría resultante nos es desconocida.

La medicina oficial como parte –y muy importante- de un sistema social que procura sólo las ganancias económicas sobre cualquier otra consideración no sólo no se pronuncia por una vida, una alimentación natural, sino que de hecho avala los manejos insensatos de los grandes imperios económicos que producen cada vez en mayor cantidad productos para consumo humano (alimentos) no naturales y ciertamente perjudiciales. Ni que hablar del sistema formal e informal (la familia, la sociedad) que apoya sin discriminar todo ello hasta que pierde la salud y sin prestarle ni un minuto de reflexión consciente antes de consumir a darlo a sus hijos.

Cada vez se pierden más especies autóctonas que crecen o crecían en cada clima y lugar beneficiando a los que de ellos se alimentaban o con ellas se curaban. Los quelites, la malanga, nopales, magueyes, bayas silvestres se siembran y consumen como alimentos cada vez menos y se cambia por comida chatarra o por alimentos de dudosa calidad, como por ejemplo el queso que tiene mucho de suero lácteo, grasa vegetal hidrogenada y muy poca leche verdadera (sin hormonas ni antibióticos). Ni toda la producción lechera del país aún como está llena de hormonas que se les inyectó al ganado para que crezca rápido, y rápido pueda venderse, podría bastar para producir la cantidad de los llamados “Quesos” que hoy se venden en nuestro país diariamente. La producción de queso auténtico así como de muchas hortalizas y plantas comestibles resulta “poco rentable”, el criterio de salud, de sabrosura, de consumo saludable para el ser humano pasa a último término. Se busca el monocultivo y a costos altos por causa de la industria agroquímica que tiene inundados a los campos mexicanos con productos tóxicos que terminan por aniquilar la fertilidad natural de la tierra, agostando la misma y dejándola estéril, a la larga, productos del campo que nos envenenan lenta pero seguramente.

Yace en cada persona la responsabilidad de su propia salud y de su propia alimentación. No vamos a convencer a los grandes productores de los llamados “alimentos” de que cambien si nosotros no empezamos a hacerlo individualmente. Primero educándonos, aprendiendo a “comer” bien, a vivir bien, conociendo lo que nos dama y lo que nos beneficia, Para ello está el criterio sabio... lo que es natural, completo, de temporada en su caso, no contaminado es lo que sirve al ser humano. Lo que es sintético, refinado, camuflado con colores y sabores artificiales, lleno de productos químicos, no tiene energía natural nutritiva y el cuerpo no lo reconoce como propio; causa desequilibrios, nos daña.

De la tierra nuestra madre, sale absolutamente todo lo que usamos. Así también el alimento que necesitamos e igualmente nuestras medicinas, sobre todo las plantas, que restablecen –sabiendo usarlas- el equilibrio perdido. La naturaleza es sabia. El hombre al no saberse ni reconocerse como naturaleza ha dejado de ser sabio y le ha cedido su voluntad y su libertad al sistema en que vivimos. Nos da pereza usar tiempo para procurarnos alimentos sanos, naturales para cocinarlos en su caso o prepararlos. Somos abúlicos. Queremos todo rápido, sin esfuerzo, con botones para “ahorrar tiempo”, tiempo que usamos para “ganar dinero” para usar la ropa que nos dicen, el coche que nos imponen, divertirnos comiendo y bebiendo sin medida y sin consciencia los alimentos más dañinos y olvidándonos así de nosotros mismos, de los demás y de todo lo demás. Bien lo decía Hipócrates, que tu alimento sea tu medicina. No necesitamos más cuando vivimos en armonía y equilibrio naturales. Tener dinero no es el objetivo del hombre, pero sin salud no se tiene nada. Hasta que el hombre se de cuenta que el dinero no se come, no nutre ni alimenta, dejaremos de pensar que lo más importante en nuestra vida es la economía.

  Información:                  ¿Qué me alimenta y qué contiene?

  Selección:                    ¿Cuál es natural y cuál no?

  Acción:                         Alimentarse naturalmente de los productos que da la tierra, que son diseñados para un ser biológico, buscando la fruta y verdura de temporada, no conformarnos con lo que nos ofrecen, pedir lo que necesitamos.

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