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Mensaje
de
la Santísima Virgen María, recibido
a través de José-Luis Manzano García,
en Talavera de la Reina (Toledo).
El día 12 de Octubre de
1990.
El Hermano:
La Paz del Señor Yahvé, el Todopoderoso está con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Hermano.
El Hermano:
Ave María Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
El Hermano:
Fué en aquél entonces, siete niños tiraban piedras junto al
muro de las lamentaciones, allá en Jerusalén. De pronto una luz
se les acercó, y un joven salía de entre medias de esa luz
diciéndoles: “¡Shalom!”, como allí era costumbre. Los siete niños
respondieron: “¡Shalom!”
Este joven les dijo que no tuviesen ningún miedo;
les dijo que
aquel muro que ellos apedreaban estaba cubierto de sangre porque
allí muchos murieron, y dijo: “Y muchos volverán a morir.”
El
les dijo a los niños que se sentaran a su lado, y les dijo con
estas palabras: "Hoy os voy a contar una historia:
Estaba Santiago allá en España...”; y un niño le dijo:
“No estaba, ¡está!, allí está.” El Angel le respondió:
“Estaba en España y sufría
mucho porque nadie le escuchaba, allá, a orillas del río Ebro cayó
de rodillas, estaba un poco distanciado de sus apóstoles, mientras
algunos de ellos dormían, otros le acompañaban en la oración, y
Santiago llamaba a María que en aquél entonces vivía en Jerusalén..."
Y otro niño le replicó diciendo: “Vivía no, ¡vive!”
El Angel respondió:
“Vivía.”
Continúa el Angel diciendo que Santiago lloraba porque
nadie le escuchaba; pedía ayuda a María, la Madre de su Maestro, aquél que
todo se lo enseñó. María escuchó la voz del santo Apóstol y así el
Padre Celestial le decía: “Ve y
marcha junto a él.”
Un ejército de cuatrocientos ángeles escoltaban a la Reina y
Señora que iba sobre una columna de mármol sobre un pilar. Todos
los angeles la acompañaban, todos cuan allí estaban, y todos
vieron el paso de la Reina y Señora; todos oían el cántico de los
angeles celestiales cantando sin cesar, en honor y gloria a la
Reina y Señora.
Cantaban “Salve Regina Malerofiz”, y
tantas y tantas plegarias.
Fué entonces
cuando todos estaban orando de corazón, y parte de ellos dormían,
cuando oían que algo se acercaba: un murmullo de gente. Se oían
los cánticos. Santiago se
levantó con una sonrisa y dijo: “¡Es
Ella!” Nadie le entendió.
Miró al cielo y divisó
a todos los angeles y a la Reina y Señora que ahí se posaba a
orillas del río Ebro en Aragón. Santiago cayó de Rodillas: “¡Dios te salve
María!” María le saludó: “¡Shalom!”
El respondió:
“¡Shalom!” La Señora le dijo:
“No sufras más hijo mío, yo estoy unida a tu sufrimiento. Tú
sufres por una causa noble: por decir la verdad, y Yo era Madre de
esa Verdad, y Madre tuya. Hoy estoy junto a tí, porque tú me has
mandado llamar, y a tu lado estoy.”
Los apóstoles de
Santiago estaban arrodillados, y perplejos ante tan divina
visión. María bajó de aquélla
columna de mármol, de aquél pilar, y se arrodilló al lado derecho
de Santiago, comenzaba a orar, y oraron dando gracias a Dios por
tantas cosas como les ofrecía, por tantas verdades que nunca
decaían, por todo lo que Dios hacía por el mundo. María antes de Marchar les dijo:
“Quiero
que aquí levantes una ermita en mi nombre,
esta será mi casa, y la
casa de todos los Españoles.”
Santiago comenzó y puso las primeras piedras tal y como la
divina Señora así se lo había dicho. María ya marchó, y Santiago
prosiguió su misión, su labor, dar a conocer lo que él había
conocido, todo lo que la Reina y Señora le dijo.
Él cumplió y
dió gracias a Dios, y al poco tiempo el Apóstol marchó a Jerusalén
y fué apresado para allí terminar su misión. Él cumplió en España y con España
junto a Dios, y dió a conocer su verdad.
Aquel día era un día que
lucía el sol. Los pajarillos y las aves cantaban sin cesar llenos
de alegría. La maldad, por unas horas, se había apartado de
España, porque sabía que la Reina llegaba para rechazarla.
Contando esto, el angel a los niños, se oyó
un murmullo de mucha gente. Los niños tuvieron miedo, creían que eran
Lov Waades, que es una canción, un rito que allí se lleva en
funeral.
Los niños se abrazaron a aquel ángel y el ángel les
dijo: “Me tengo que marchar.” Se convirtió en una luz,
y vieron pasar a una Señora sobre un..., así como se dice en
hebreo, “mutalez”, una columna de mármol, sobre
un Pilar.
Y aquella luz se reunió con
todos aquéllos ángeles para cantar sin cesar. María dirigió su
mirada hacia aquellos chiquillos, les llenó de bendiciones.
Miraron hacia el suelo, y donde sus piés estaban había siete
rosas: una para cada uno. Una voz les decía:
“Aquello que el
ángel os ha dictado, aún no se ha cumplido. Dentro de unos
momentos se cumplirá.”
Los niños comprendieron que eran
dignos de conocer la verdad porque así Dios lo había querido.
La Madre: La
paz está con vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Madre.
La Madre: Ave
María Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
La Madre:
Todo lo que ya
se os ha dicho hijo mío, tú sabes bien que es verdad. Muchos de
ellos también, en nada se os engaña.
Todo es según ocurrió; pero
el hombre lo ha descartado, lo ha olvidado y rechazado.
Pero Yo,
Yo sigo allí en el Pilar: allí, aquí y en muchos otros lugares, donde mis hijos me aclaman allá estoy,
porque Yo escucho la voz de mis hijos. Ahora hijo mío dí, ¡háblame tú!
JOSÉ-LUIS:
¡Madre!, hoy quiero que en tu día seas muy feliz, no
solo hoy, sino en todos los días: que siempre seas feliz, que
nosotros estamos
contigo.
La Madre: Y
ahora dí lo otro hijo mío.
JOSÉ-LUIS:
"Igual que me he dirigido a tí Madre, me dirijo también
a mi madre de la tierra, hoy quiero que todos lo sepan, hoy hace
cuarenta y siete años que mi madre nació, aquélla que me hizo ver
la luz de este mundo.
Yo no he podido darle nada de este mundo,
pero ella sabe y yo he esperado este momento para que junto a tí,
Madre, yo le entrego mi corazón. Tú lo sabes y ella también, y quiero que Tú le hables a ella y
a todos. Y hoy yo quiero felicitarla también a mi madre de la
tierra, por todos aquéllos, Madre, que ella quería y quiere, y
que están contigo, y que también están con ella y con todos los
que le recordamos a mi madre de la tierra. Para ella han sido
estas palabras".
La Madre:
Bien hijo mío,
tu madre de la tierra reza mucho por tí, como yo rezaba cuando mi
Hijo vivía. Cuando tú estás cerca ella reza por tí, cuando estás
lejos ella reza por tí. No, no tiene miedo a que te ocurra nada,
porque sabe que eso no será así.
Reza para que Dios te proteja,
porque tu misión es grande, y serás muy atacado por la bestia. Como a tí hijo mío, en tu día te deseé tu felicidad, hoy yo
también se lo deseo a tu madre terrena, mi hija.
Y Yo sé que
ella..., dentro de ella también me desea felicidad a mí. Pero esa
felicidad no está lejana hija mía, pronto llegará a Mí.
Padre Eterno:
Y a vosotros.
PUBLICO: Gracias Padre.
La Madre:
Dame tu mano
hijo mío, sé fuerte, muy fuerte y no tengas ningún miedo. Como en
aquél entonces llegué a tí, ahora llegaré una y otra vez para
llenarte de gracias, porque tú eres grande. Que no haya discordia
entre vosotros, y que el odio se aparte, porque el odio es de
Satán, al igual que la discordia. Adiós hijos míos.
PUBLICO: Adiós Madre.
El Hermano:
Adiós hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
El Maestro: Adiós
hijos.
PUBLICO: Adiós Maestro.
El Hermano:
Adiós hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
Padre Eterno:
Adiós hijos.
PUBLICO: Adiós Padre.
El Hermano:
Que la Paz del Señor-Yahvé y la fuerza del Príncipe de las almas
quede con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Hermano.
El Hermano:
Ave María Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
El Hermano:
Adiós hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.__
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