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Las moscas duermen
El paso del tiempo no es suficiente para no amarte, no basta, te digo, con que pasen las horas y tache meses en el calendario. El tiempo no puede protegerme de tu ausencia porque cada noche te recibo en sue�os, sin estr�as, sin grietas, l�mpido e inmaculado, reci�n estrenando todo: cuerpo, caricia, tacto.
   Sudo, me queman las axilas y las ingles. Un picor �cido resbala por mis nalgas. El pelo, en desorden, se adhiere a mis labios, siento su sabor agrio en mi lengua, percibo su intrusi�n y escupo. Estoy empapada, me agito, se me enreda el pijama en las piernas dejando surcos en la piel. Rezumo, transpiro, segrego y goteo un sudor viejo que me quema por dentro.

    Como cada noche, leo mis sue�os y subrayo la misma escena: la luz met�lica de alg�n cartel nocturno se refleja en la ventana, la noche est� vac�a (de gente, de luna) vac�a de pensamiento. Un olor rancio flota en la mesa, bodeg�n de fruta mordida y carne asaeteada, salsa reseca en los platos, embriaguez. �l est� tras de m�, sus manos recias me aprietan contra su est�mago, noto la presi�n de sus dedos en mi vientre. Me abrasa, sudo, me queman las axilas y las ingles. Un picor �cido resbala por mis nalgas. El pelo, en desorden, se adhiere a mis labios; lo aparta de mi boca mientras clava, insistente, sus colmillos en la carne, muerde mi nuca, gime, se agita e invoca mi nombre.

    Dos moscas pegadas se burlan en mi nariz, restriegan sus min�sculas patas, ara�ando mis sue�os. La sensaci�n de niebla, de �xtasis, se disipa. La realidad del sue�o se fragmenta y abro los ojos. -�Mierda!- exclamo. Tuerzo el gesto, lo escondo bajo la almohada y enseguida duermo.

    El placer llega pronto. Apenas saboreo el punzante goce de sus mordiscos, cruzo la frontera de lo real y me pierdo en sus brazos.

    Zzzzzzzz...el zumbido vuelve, percibo el par de trompas chupadoras agotando, mi paciencia y su vida. No logro entender que sentido tiene esta danza ag�nica en un viaje tan breve (la vida de una mosca ronda los diez d�as, con suerte).

    Mis pensamientos se mezclan con la claridad cercana y vertical que atraviesa la persiana rota. El fulgor del mar me despeja y busco un reloj. Son las doce y media. Hora de levantarse. Remoloneo hasta aflojar el nudo de los recuerdos y entierro su imagen en la almohada. "Hasta ma�ana"� -susurro despidi�ndome de mis sue�os y arrastro los pies hasta la ducha para empezar el d�a-.

    El calor de la tarde se pega al volante, no hay rastro de nubes en el cielo, las casas del barrio reflejan el sol blanco en las fachadas manchadas de geranios y claveles. Me gusta el sabor salado de la bah�a, la lluvia de gotas de mar que satura el aire, enfr�a las dudas y templa el alma.
-Hola Blanca, llegas tarde.
-Lo siento, no he tenido una buena noche.
-�ltimamente...
-S�.
-Deber�as hacer algo. No s�, chica...podr�as hacer uno de esos cursos de autoayuda que anuncian en la radio.
-Hipnosis.
-�Qu�?.
-Hipnosis. Lo que yo necesito es saber quien co�o es ese tipo que me atormenta y complace cada noche. El muy cabr�n, lo hace siempre de espaldas y no consigo verle. Si al menos...
-Si al menos, �qu�?
-Me he debido perder algo, Andrea. Estas cosas no pasan as� como as�. De repente, una noche empiezo a so�ar que me l�o con un desconocido, en un ambiente que podr�a describirte con m�s detalle que mi propia casa y que no he visto en mi vida. Todas las noches y as�, durante meses, me asalta la misma visi�n: Me abraza por la espalda y me muerde el cuello. Es todo tan real que empiezo a creer que...
-�Qu�?
-Que me estoy volviendo loca-� dije sujetando la cabeza entre mis manos.
-No digas tonter�as. Anda, t�mate algo. �Te preparo un t�, un zumo...? Seguro que no has comido nada. Venga, te invito a comer. �Chino, pizza, ensalada...?- suger�a mientras me arrastraba por las escaleras sin dejarme opinar.
���� Pasamos la tarde en el cine. Andrea siempre encuentra una soluci�n por muy absurdo que sea el problema. ( -Desp�jate, cari�o. Lo �nico que necesitas es liberar tu mente y dejar de obsesionarte. Ese tipo no tiene la menor importancia. S�lo es un sue�o. Adem�s, ya quisiera yo pas�rmelo tan bien, cachonda -y dejaba escapar una carcajada pellizc�ndome el culo-). Nos conocemos desde hace mucho pero, ahora, que trabajamos en el mismo garito, pasamos m�s tiempo juntas. Es m�sico, toca el viol�n y trabaja con el grupo que me acompa�a en el espect�culo de danza turca que hacemos, cada noche, en "Oriente", una teter�a del centro donde, adem�s, semanalmente, escritores j�venes comparten sus submundos y recitan poemas. Todo el que pretende hacerse un hueco en el hervidero cultural del momento, necesita pasar antes por este lugar.�
-�Lista?- pregunta el jefe con una palmadita en el hombro.
-S�- asiento sonriendo con la mirada.
   La sala est� completa, el preludio permite descubrir el deseo en la oscuridad; la turbia proximidad de cachimbas y teteras matizan, confieren un aspecto atemporal aparentemente nost�lgico. Al otro lado, en la antesala, con lento caminar, empiezo a existir al son de tambores, violines y flautas. Una lluvia de cascabeles me abren paso entre� la multitud y comienza el espect�culo...
���� Mis pensamientos flotan en el aire:
���� "Girar, s�lo pienso en girar, dejar que mi cuerpo crezca al ritmo de esta canci�n. Mis caderas son el centro, el volc�n que agita mi vientre tatuado; objeto donde se concentran todas las miradas. Deja de pensar y c�ntrate en aquel tipo. Rellena su hambre y m�zclate con su mirada antibi�tica. Dialoga y h�blale con tu cuerpo. El mundo est� lleno de marionetas, mueve sus hilos. Dispara el pulso, haz que suba y� baje y se palpe en tu pecho el sudor de tus ojos. Entrega tu rabia, baja del pedestal y regala tu abrazo ardiente. La luz te acompa�a, envolvente y difusa, te busca modelando tus sombras. Desear�as que alguien te liberara, reduci�ndote a cenizas. Las mujeres somos un peligro para los soldados. T�, s�lo eres t�. Pura energ�a, puro desaf�o. Te gusta atravesar y que te atraviesen con una mirada. La m�sica penetra tan dentro de ti que es lo �nico que rige tus movimientos. Tu olor se adhiere a la piel de quien te mira, mujer. Te extiendes y te difundes. Los pies te queman y queman y queman. Respiras, mientras un diamante te ara�a el alma y te asalta el mar. La visi�n te empa�a. Te sientes demasiado gastada para seducir, pero la luz te hace bella. Se puede ver la m�sica vibrando en tus dedos, te inclinas para abrazar las notas inexistentes y abres tus labios de p�lida luna para expulsar tu rabia. Desabrocha la noche y reacciona. Palpa su espesa amarguray desmaya de deseo, pero no decaigas. Borra su mand�bula de tu frente, mastica la nostalgia que te dej� herida y ord�nale a tu cuerpo que ignore tu llanto. El frescor marino te envuelve en una somnolencia vaporosa. Te pican las pupilas, sientes el pulso tenso de sangre agria que bombea tu centro. La cadencia se detiene y tu cuerpo inm�vil paraliza al resto. Cientos de ojos agujerean tus contornos. Toda deseo, toda deseada. Nadie pesta�ea. Contienen el aliento hasta que decides agitar tu larga melena y apartarla de tu rostro de plata. Otra vez, comienza el balanceo, el despliegue, el c�rculo, la espiral eterna que te atraviesa y s�lo piensas en girar, en dejar que tu cuerpo crezca al ritmo de otra canci�n. Comprime tu ombligo y estrangula la cadencia con tus pliegues. Reten cada nota en tus gestos de gata sin esfuerzo aparente y, cuando te hayas ido y sientas que no queda nadie, m�s all� del ritmo que te retiene, reserva una �ltima mirada que atraviese las hendiduras del amante que m�s te desee esta noche. Hazle sentir que extrajo tu jugo y bailas para �l. Y si, a�n as�, sientes que otro pensamiento te oprime, que tus pies sangrar�an hasta encontrarle y te quema su ausencia, no mates tu voluntad y baila para �l (como cada noche). Gira para el recuerdo del �nico amante que te sedujo, el �nico que bombea tu centro y mueve tus hilos. La espuma te moja la cara. Cierras los ojos con furia para no ver m�s, pero el paisaje no est� frente a ti, te envuelve desde dentro. �Si, al menos, supieses quien te ama! Nadie respeta a los cobardes, mujer. Baila, baila y d�jale volar..."
���� El p�blico, en pie, aplaude sin descanso. Su calor me atraviesa y sonr�o sobre las notas, a�n, sin extinguir.
-Has estado estupenda, cari�o, �te apetece un t�?- sugiere Andrea.
-No. Estoy un poco cansada. Nos vemos ma�ana, �vale?. Un beso.�
���� Deambulo ausente por los soportales de la ciudad hasta alcanzar el puerto y, desde all�, busco el refugio del mar. Un pitido intermitente y agudo me trae de vuelta. Un barco, el �ltimo, deja su estela blanca sobre olas negras.
-�Maldito cabr�n! -grito aterrada sobre la barandilla- �No quiero verte m�s, �entiendes?! �Al�jate de mis sue�os!.
   De vuelta a casa, comienza la tortura:
���� "Boca de lobo, manos de concha, coraz�n de arena, alma de mar, textura invisible, diente de tibur�n, perfume de tu sexo hiriente, fuego en la cintura, espalda de dunas, desierto coraz�n que arrastra la marea, cabo sin nudo. El tiempo, me bebo el tiempo y mis pasos vuelven a intuir cantos de sirena..."
����� Su imagen se repite. Me siento confundida. Noto una presi�n intensa en el cuello. De nada sirve esquivar los sue�os con exceso de caf�. "Esta historia me puede" -pienso-. Mi vida necesita un puente, una se�al que cruce hasta la otra orilla. Si estuviese ante una met�fora fortuita, ante el anhelo incontrolable de un nuevo amante, bastar�a con mantener la mirada y escoger uno al azar. No, esto es otra cosa. Un puente, necesito un puente...

    Busco en la gu�a. Tai-chi, yoga, danza oriental, acupuntura, homeopat�a natural, feng shui, tarot. Me detengo aqu�, "Tarot en vivo 24 horas. Magia blanca, mal de ojo, hechizos, cursos, remedios herbales. Max. 146 ptas. Min". Subrayo el tel�fono y me dispongo a mantener una conversaci�n absurda que termine confirmando mi locura incipiente.
   Los primeros dos minutos, me presentan el espect�culo. Tras el gasto previo, alguien me pasa un cuestionario para conseguir no s� que clave personal de acceso y agilizar la marcha (menuda guasa). Por fin, una voz� de pl�stico me ofrece su ayuda. Cuento mi historia y recibo las claves de la salvaci�n. "Todo est� escrito, querida amiga. Alguien ha encontrado un final para tu histeria (perd�n historia). D�jate guiar por tu instinto y escucha tu coraz�n". �Bingo!, acabo de gastar el dinero del almuerzo en cuatro frases sin sentido. Loca, me estoy volviendo loca...
(continuar)
relatos
las moscas duermen
jeliel y asaliah
berlin no existe
se me acab� el t�pex
se me baj� el glamour
woman on top
"Moscas". Ilustración de Isidoro Coloma. Fotografía color. 2001.
"Moscas". Ilustración de Isidoro Coloma. Fotografía color. 2001.
"Moscas". Ilustración de Isidoro Coloma. Fotografía color. 2001.
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