El cielo gris le daba al primer dia un aire de viaje pasado por agua que nos resultaba muy familiar. Es lo malo de viajar en Septiembre, lo bueno es que ya no hace tanto calor y hay menos turistas. Aunque la verdad es que despu�s de dos a�os en los que practicamente no hab�amos viajado, todo nos resultaba al mismo tiempo familiar y diferente. La moto, las maletas, el equipo, todo era como siempre, esta vez los que habiamos combiado eramos nosotros...
O al menos eso parec�a los primeros kil�metros de autov�a, que se nos hac�an eternos. Hasta que subimos a la meseta y cambiamos a una de esas nacionales manchegas con muy poco tr�fico. El viento se llev� las nubes una vez pasado Albacete. Paramos a comer en las Lagunas de Ruidera, en un p�simo restaurante... de cuyo nombre no quiero acordarme (para mas se�as). Las lagunas no las conoc�amos y nos sorprendieron mucho, con sus diques y cascadas naturales. Es toda una sorpresa encontrarse algo as� en medio de un terreno tan seco.
Volvimos a la autov�a por Despe�aperros, intentando recuperar el tiempo que hab�amos perdido en las lagunas. La primera noche la pasamos en And�jar. Nos gusta Andaluc�a, los pueblos, los bares, el salmorejo, la zurrapa para desayunar... Tambi�n llama mucho la atenci�n la cantidad de monumentos que hay por todos lados, est� claro que econ�micamente el pasado de estas tierras fue mucho mas brillante que su presente... justo al rev�s que en nuestro Castell�n.
De camino a Portugal, nos cost� un poco encontrar la playa del Rompido, parec�a que ya lleg�bamos despu�s de cada curva, pero no acababa de aparecer. Paramos a comer en un restaurante con terraza, pero nosotros nos quedamos dentro, en un rinc�n, intentando ver algo de las carreras por la tele. El ambiente era t�pico del sur con camareros corriendo de un lado a otro y dando gritos, el encargado asegur�ndonos entre ida y venida que la tele seguro que empezaba a verse bien cuando se calentara y la barra del bar llena de entendid�simos de las carreras haciendo sus pron�sticos. Comimos muy bien y adem�s estuvimos entretenidos.
Tavira fue la primera oportunidad que tuvimos para probar nuestros progresos con el portugu�s. Creyendo que no tendr�amos problemas para entender y hacernos entender, la vez anterior que estuvimos en el pa�s no nos preocupamos por aprender nada del idioma, pero fue un error. Esta vez los dos dias que le dedicamos al librito tipo �hable portugu�s en 10 d�as� antes de empezar el viaje dieron buen resultado, facilit�ndonos mucho la comunicaci�n. Adem�s fuimos mejor recibidos que cuando s�lo habl�bamos castellano, l�gicamente.
Encontramos una mujer que alquilaba una casa en la parte alta, con sitio para guardar la moto. Nos gust� el ambiente de la ciudad, es bonita y agradable para hacer turismo pero sin masificaciones. Las calles tienen el t�pico aire portugu�s, medio descuidado y melanc�lico. Muchas casas tienen la fachada cubierta de azulejos pero la mayor�a son blancas, normalmente con los marcos de las puertas y ventanas pintados de azul. La calzada y las aceras estan adoquinadas, estas �ltimas con cierto criterio est�tico, lo que provocaba una situaci�n bastante curiosa; el encargado de volver a poner las piedras en su sitio despu�s de hacer cualquier tipo de obras en las aceras deb�a de estar sobrecargado de trabajo, o directamente de vacaciones, porque estaba toda la ciudad llena de montoncitos de piedras al lado de obras ya acabadas esperando que alguien las volviera a colocar art�sticamente en su sitio.
Decidimos quedarnos dos noches en Tavira y darnos una vuelta tambi�n por las sierras de Caldeir�o y Malh�o, hacia el interior. A principios de verano hubieron incendios por la zona, pero no esper�bamos encontrarnos con tanto destrozo, kil�metros y kil�metros de bosque muerto, negro y con olor a ceniza. Recorrimos buena parte de la sierra con la esperanza de encontrar zonas que se hubieran salvado, sin �xito. Al volver a Tavira, la due�a de la casa nos confirm� que estaba todo el interior del Algarve quemado, tambi�n la m�s occidental sierra de Monchique donde pensabamos ir a continuaci�n. Al surgir el tema todo el mundo mostraba resignaci�n, culpando de todo el desastre no nos qued� muy claro si a la dejadez, los intereses econ�micos o la mala suerte.
No nos interesaba mucho la zona mas tur�stica del Algarve, entre Faro y Lagos, as� que nos fuimos hacia el Oeste con una breve visita a la playa de Carvoeiro para conocer por lo menos el ambiente. La siguiente parada era Sagres, con su fortaleza y el cabo San Vicente. Era una parada casi obligatoria por su situacion geografica en el extremo sud-oeste peninsular y europeo. Supongo que para un nordico debe tener un significado parecido que para un espa�ol llegar a Cabo Norte. Pero en realidad fue bastante decepcionante. Sagres mas que un pueblo parece varios grupos de casas desparramadas a lo largo de la carretera sin mucho orden ni gracia. La �fortaleza� consta unicamente de una muralla frontal, una especie de fachada, ya que los acantilados hacen de muralla natural hacia el mar y no hay ningun tipo de construccion por los lados. Adem�s, al estar pintada de blanco y ser una mole plana, de lejos tiene mas pinta de hipermercado que de fortaleza. Y el cabo es espectacular, con impresionantes acantilados, pero los chiringuitos y autobuses de turistas t�picos de cualquier lugar de peregrinaci�n turistica le quitaban buena parte de la gracia.
Por suerte bast� alejarnos unos metros de all� para que la costa se convirtiera en lo que esper�bamos, una sucesion de acantilados que a modo de rompeolas daban cobijo a solitarias y a veces inaccesibles calas. Bordeando el Atl�ntico hacia el Norte llegamos a Carrapateira, un peque�o pueblo rodeado de inmensas playas de arena y dunas.
Despu�s de dar unas cuantas vueltas preguntando de un lado para otro encontramos a una simp�tica mujer que alquilaba cuartos para dormir en una casa situada en lo alto del pueblo, desde donde se ve�a perfectamente todo lo que ocurria en la plaza y alrededores. El ambiente era muy curioso ya que cerca de la mitad de los �habitantes� eran surfistas que vienen a disfrutar con el en�rgico oleaje de la zona. Se ve�a mucha furgoneta Wolkswagen, rastas y musica de Bob Marley por la calle. La gente del pueblo nos comentaban entre orgullosos y asombrados que algunos ven�an de muy lejos a hacer surf en sus playas. Las dunas llegan casi hasta el pueblo, ya cubiertas de vegetaci�n, y se van deshaciendo hasta llegar al mar, situado a unos tres kil�metros. Pasamos un buen rato en la playa, hasta que anocheci�.
El paisaje va cambiando hacia el norte de Carrapateira, los arbustos se van convirtiendo en �rboles y bosques que rodean la carretera. El camino de vuelta a Espa�a lo hicimos por el Alentejo. Poco a poco nos fuimos separando de la costa, con resultados parecidos a los de nuestro pa�s, monta�as suaves, menor densidad de pueblos y mayor densidad de castillos y fortalezas. En conjunto es muy agradable, a los dos nos apetec�an estos espacios abiertos despu�s de tanto acantilado y carretera retorcida.
Paramos a dormir en Serpa, un pueblo poco tur�stico, con el centro amurallado. Lo que ten�a que haber sido un tranquilo paseo por la morer�a fue en realidad bastante entretenido gracias a un �perrito muy simp�tico� que se empe�aba en perseguirnos por todas las callejuelas. En un principio no le hicimos mucho caso, pero cuando cre�amos la batalla ganada tuvimos que abandonar su territorio al conseguir el animalito refuerzos que le apoyaran en su lucha contra el invasor...
El d�a siguiente fue el �ltimo que pasamos en Portugal. Por la ma�ana nos acercamos a la frontera bordeando el enorme embalse de Alqueva, el mas grande de Europa en superf�cie. Hace poco que acabaron de construirlo y se notaba que a�n no acaba de cuadrar en el paisaje. El terreno es bastante suave, en forma de colinas dispersas y el embalse se cuela entre ellas, dejando mas�as aisladas en peque�as islas y caminos cortados. Era curioso el paisaje en el pueblo de Estrella, pr�cticamente engullido por el agua.
Fue una ma�ana de visitar pueblos coronados por espl�ndidos castillos y fortalezas, la mayor�a construidos para defenderse de los espa�oles. Nos gust� especialmente Monsaraz, una aldea fortificada a ocho kil�metros de la frontera, con estrechas y bien conservadas callejuelas, en la actualidad dedicada al turismo tranquilo. Subimos al castillo y descubrimos que el patio hab�a sido convertido en plaza de toros!
Dormimos ya a este lado de la frontera, en Zafra. Ciudad monumental, con buen ambiente y buenos bares, fue el lugar perfecto para la �ltima noche de nuestro viaje, con el �nico �pero� de habernos sido imposible encontrar un solo bar o cafeter�a donde nos sirvieran caf� a las 11 de la noche (?). Por la ma�ana cargamos las maletas de jam�n y embutidos ib�ricos antes de volver hacia nuestro Mediterr�neo.
Ha sido un viaje tranquilo, reposado y cargado de buenas sensaciones, que nos ha servido para desconectar de todo durante una semana y conocer mucho mejor nuestro pa�s vecino. Tambi�n nos ha permitido reconciliarnos con nuestra conciencia motera, que andaba un poco maltrecha estos �ltimos a�os.
