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Joan Muñoz jugó todas las cartas de la vida
la mañana de un día indeterminado del año
1980 cuando salió de casa para conocer mundo
por un tiempo más o menos indefinido, que
se convirtió en más de un año. Sólo sin más
ayuda que la propia vitalidad y la
confianza en que el futuro siempre puede
ser benévolo, abandonaba una parte de
su vida y se lanzaba a la aventura de conocer
aquello que desconocía totalmente. En los
viajes renace el raudal virginal de la vida,
lejos de los lugares comunes de cada día.
Después de visitar un montón de países, desde
Italia hasta Arabia Saudita -donde
trabajó unos meses y enfermó-, el Joan que
volvió a casa ya podía hablar de dos vidas,
al menos de dos etapas diferentes de
su vida: la de antes y la de después del
viaje.
Pero si queremos ceñirnos al
estándar biográfico, Joan nació el
21 de octubre de 1951 en el barrio de Corea
de Gandia. Su abuelo paterno era un terrateniente
de Palma de Gandia, de comportamiento digamos
autárquico, que acabó desheredando
al hijo. El padre de Joan era comunista y tenia un odio visceral a
los curas. Como era camionero, cuando Franco
tenía que venir a Valencia, dos días antes
lo encerraban y el día de la efemérides lo
sacaban para qué, acompañado de una pareja
de la guardia civil, llevara a la gente de
Gandia a la manifestación pro-Generalisimo.
A pesar de todo, fue un jesuita
el que inició a Joan en el gusto por el teatro. Cuando iba al
colegio del Palau de Gandia, el padre Lucia
lo eligió para representar unos milagros
de san Vicent Ferrer, por lo que recibió
quinientas pesetas, que se gastó llevando
a su madre al teatro Serrano para ver
una obra basada en un serial radiofónico.
Más tarde, estudiando ya en el Instituto
laboral gandiense, el mismo Lucia lo apuntó
para hacer una comedia. Pero en tercero de
bachiller dijo adiós a los estudios y se
puso a trabajar en una gestoría primero y
en una oficina recaudadora después. Fue entonces
cuando se pasaba los fines de semana escribiendo
novelas -años más tarde publica narraciones
diversas-, actividad que su padre no entendía
de ninguna manera, ya que a Joan, en tiempos de estudiante, no le gustaba
nada la letra y ahora tenia unas ganas
febriles.
Como quien dice, fue el socio
fundador del Pluja Teatre, con sus amigos
Marina Morant y Rafa Montagud. No hubo,
sin embargo, un momento fundacional concreto.
Había, eso si, ganas de hacer teatro. Pero
fue la necesidad - tenían que presentarse
a un concurso de teatro en València con la
obra Farses del Ferro Calent- lo que hizo
urgir un nombre: desde entonces Pluja Teatre empieza a sonar por todas partes,
aunque fue a partir de El Supercaminal cuando
empezaron el camino de la profesionalización.
    
* TOT EL TEMPS DEL MÓN. Ignasi Mora. Edit.CEIC Alfons el Vell,
1998
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