BREVE HISTORIA DE PIURA  -  TOMO II

LA CONQUISTA EN PIURA

Reynaldo Moya Espinoza

Carátula

Contenido

Prólogo

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPÍTULO X

La Conquista del Reino de Quito

 

01.- Benalcázar parte con rumbo a Quito.

02.- Aporte tallán a la conquista de Quito.

03.- La expedición de Pedro de Alvarado.

04.- Almagro llega a San Miguel.

05.- El acuerdo de Riobamba.

06.- Fundación de Jauja y Lima.

 

01.- BENALCÁZAR PARTE RUMBO A QUITO 

La agitación continuaba en San Miguel y luego fueron el cabildo y el anterior teniente gobernador Juan de Soto, los que plantearon a Benalcázar la necesidad de su inmediata partida a Quito. 

Había sin embargo un grupo de gente que opinaba que se  debía de ser prudente y esperar las órdenes de Pizarro, sin cuya autorización, pensaban no podía moverse Benalcázar. Don Raúl Porras menciona entre estos a Blas de Atienza, Cristóbal de Peralta, Juan Roldán Dávila, Francisco Lucena, Cristóbal Bernal y otra gente principal.

Benalcázar seguía indeciso, entre los deseos de ir en pos de gloria, poder y riqueza y por otra parte los sentimientos de fidelidad a Pizarro. Sin embargo, el tiempo obraba en contra de los sanmiguelinos y a favor del sublevado Rumiñahui y también del Mariscal Alvarado. 

En febrero de 1534 hubo en San Miguel gran alarma al conocerse que las fuerzas del Mariscal Pedro de Alvarado, habían llegado a Puerto Viejo y desembarcado 500 soldados. Un español llamado Diego de Vega que había presenciado dicho desembarco llegó a San Miguel y contó todo. 

Los vecinos entonces convocaron a un cabildo abierto y se decidió  el envío de una fuerza expedicionaria a Quito, ya sea bajo el mando de Benalcázar o de otro. 

Hacía año y medio que  se había creado el cabildo de San Miguel y ese sería el primer Cabildo Abierto que se celebró en el Perú. 

La situación ahora había cambiado para el capitán Sebastián de Benalcázar, pues la presencia del Mariscal en las costas del reino de Quito, justificaba su partida y por otra parte se limitaba a obedecer el parecer del cabildo, de las autoridades y de los vecinos. 

De acuerdo a las normas que ahora rigen  para situaciones de emergencias similares, hubiera constituido una tremenda negligencia de Benalcázar, como autoridad, esperar que los hechos se produjeran  sin tomar ninguna acción. 

En San Miguel se comercializaba por entonces con todo. Llegaba  gran cantidad de mercaderías de Panamá, pero los precios seguían  siendo muy altos por ser mayor la demanda que la oferta. Eso muestra, que en cualquier época y lugar, los precios se rigen por la oferta y la demanda, como era el caso de San Miguel, que en cuanto al régimen de la  economía de esa parte de tierra conquistada, se regía por la libertad de comercio. Un caso sin duda digno de estudio para nuestros actuales economistas. 

  No fue difícil a Benalcázar formar con la gente de San Miguel una regular fuerza de 150 jinetes y 80 soldados de infantería, además de negros y una buena cantidad de indios  Cada expedicionario ponía sus propias armas y cabalgadura lo cual muestra que en la ciudad recién fundada había una gran cantidad de gente disponible, que el mercado de armas y de cabalgaduras era muy activo y que San Miguel había dejado de ser la desguarnecida ciudad de un año antes. 

Los cañaris ofrecieron sumarse con apreciables contingentes cuando los expedicionarios pasaran por su territorio. 

En San Miguel quedaba una adecuada guarnición, y además se formarían y armarían nuevos grupos de soldados para unirse posteriormente a Benalcázar como refuerzos, porque la gente seguía llegando de Panamá 

Las tropas partieron en dos compañías.  La segunda mandada por el propio Benalcázar salió el 18 de febrero de 1534. 

Lo acompañaron los capitanes Miguel Muñoz que actuó de Alférez Real; Juan Gutiérrez, Juan Diaz de Hidalgo, Francisco Pacheco, Diego Daza, Pedro Tapia, Alonso Sánchez, Pedro de la Villa, Fernando Rodríguez, Baltazar de Ledesma, Alvaro Prieto y Fernando de Zaera. 

La guarnición que quedó en San Miguel fue de 30 hombres entre los que estaban Blas Atienza. Otros 40 al mando de Luis Dávila, bajo diversos pretextos, decidieron emprender la marcha para unirse a Pizarro.  Posible­mente encontraron más positivo lo que se contaba del Cuzco en cuanto a riquezas, de lo que se decía de Quito.  También seguían a Luis Dávila un buen número de negros y de indios caribes.  Este capitán había llegado a San Miguel con 250 de los que un buen número se unieron a Benalcázar en la conquista del reino de Quito. 

Febrero era sin duda mal mes para iniciar una operación sobre las serranías de Quito, pero Benalcázar tenía la ventaja de poder utilizar los famosos caminos del Inca que le permitían un cómodo desplazamiento.  El camino por recorrer por Benalcázar era mucho mas largo que el que debía de hacer el Mariscal Alvarado, pero éste tuvo que enfrentar tremendas dificultades naturales de tal manera que el Capitán que partió de San Miguel demoró cuatro meses en llegar a Quito, mientras que el Mariscal jamás logró esa meta. 

Benalcázar terminó siendo conquistador de Colombia, con títulos y mercedes otorgados por el Rey de España; pero nada hace suponer que en San Miguel ya hubiera estado maquinando desligarse de Pizarro como lo afirman algunos historiadores, entre ellos nada menos que don Raúl Porras. Lo cierto es que los hechos se produjeron de tal forma, que lo fueron empujando. 

Tras de algunas escaramuzas con partidas de indios adictos a Rumiñahui; entra Benalcázar en la semidestruida pero aún bella Tumebamba, capital de los cañaris, siendo recibido como libertador. Se pacta entonces la alianza con los indios de esa región, cuyos jefes la venían solicitando. El avance de los expedicionarios se vio facilitado por los guías cañaris que proporcionó el cacique Chaparra. 

Ante el avance español, decide Rumiñahui asumir la contraofensiva en persona y con 50,000 hombres parte en busca del invasor. Este envía una partida exploradora de diez hombres al mando de Ruy Díaz que se topa con el grueso de las fuerzas del jefe indio. Los españoles se defienden con deses­peración y permiten así que la vanguardia de Benalcázar llegue en su auxilio, empeñándose en Teocaxas una gran batalla que quedó indecisa, pero con más de 700 muertos para los indios. 

Decide entonces la tropa española avanzar con más cautela, enfrentando el constante hostigamiento de los indios, que tratan de dañar a los caballos haciéndolos caer en hoyos cuyos fondos están erizados de estacas puntiagudas la parte superior la disimulan con ramas y yerba.  Los accesos de Riobamba estaban erizados de estas trampas mortales, que sin embargo los españoles enfrentaron con éxito. 

Los expedicionarios capturaron esta ciudad que tenía buenos edificios de piedra y reposaron en ella durante medio mes, reponiéndose de las fatigas.  La batalla de Riobamba no fue en realidad un enfrentamiento general de las dos fuerzas, sino varios choques con partidas, acometidas, pequeños motines, salidas intempestivas y una guerra de desgaste en la que Rumiñahui sacó la Peor parte, terminando por levantar el cerco. 

En Riobamba, Ruy Díaz y Vasco Guevara hicieron verdaderos prodigios de valor. Cincuenta años más tarde, el joven Ruy Díaz, hijo del capitán conquistador, sería uno de los fundadores de San Miguel del Villar.

 Mientras tanto, el Mariscal Alvarado avanzaba en forma muy penosa de la costa ecuatoriana hacia la sierra, en medio de torrenciales lluvias que habían convertido la tierra en un fangal en donde el lodo era tal que los soldados se sumergían hasta las rodillas, Miríadas de insectos, la ausencia de caminos y una vegetación impenetrable completaban el dantesco cuadro. 

Don Pedro de Alvarado fue uno de los más famosos Capitanes que acompañó a Hernán Cortés en la conquista de México.- Valiente, impetuoso, atrabiliario e inquieto, era un gigante rubio que asombró a los indios ' aztecas cuando en una retirada a la que se vieron obligados los españoles en la famosa «Noche Triste», dio un salto gigantesco y pasó un canal, utilizando su lanza para impulsarse, no obstante estar herido.  Posteriormente inició la conquista de Nicaragua tras lo que fuera el famoso reino Maya en el territorio de la actual Guatemala. 

Alvarado había sido informado erróneamente sin duda por el piloto Juan Fernández que de acuerdo a la Cédula Real el reino de Quito no estaba comprendido dentro de las tierras que el soberano español había autorizado a Pizarro para ser conquistadas. 

Todo eso prueba que aun cuando Francisco Pizarro trató de ocultar el tenor de la Cédula Real y que ni a su socio Almagro había comunicado nada, sin embargo se filtró la noticia y llegó hasta Fernández, distorsionada sin duda. 

Por ese entonces se encontraba en Nicaragua el capitán Gabriel de Rojas reuniendo soldados por cuenta de Pizarro, para traerlos al Perú. 

Ya tenía todo listo para partir, pues había logrado conformar un ejército de 200 hombres, más indios auxiliares, abastecimientos y dos navíos, cuando el Mariscal con el piloto Fernández, le arrebataron todo y tuvo que huir precipitadamente a Panamá con unos pocos capitanes fieles. 

Rojas llegó a San Miguel con sólo diez oficiales, denunciando ante el gobernador Benalcázar y el cabildo, las intenciones de Alvarado. Cumplido eso, partió a Jauja para informar personalmente a Pizarro de los sucesos.  

Sebastián de Benalcázar

SEBASTIÁN DE BENALCÁZAR

 

Benalcázar se encontraba de Teniente Gobernador en San Miguel, enviado por Pizarro, mientras éste avanzaba hacia el Cuzco.

En la recién fundada ciudad se encontraban cientos de aventureros españoles que acababan de llegar de Panamá y presionaban para que se iniciara la conquista del reino de Quito donde se suponía que había grandes riquezas.

Del reino de Quito se había apoderado Rumiñahui ex  general de Atahualpa que estaba haciendo matanzas contra sus enemigos.

 

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