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CAPÍTULO X
La Conquista del Reino de Quito
01.-
Benalcázar parte con
rumbo a Quito.
02.-
Aporte tallán a la conquista de Quito.
03.-
La expedición de Pedro de Alvarado.
04.-
Almagro llega a
San Miguel.
05.-
El acuerdo de Riobamba.
06.-
Fundación de Jauja y Lima.
01.-
BENALCÁZAR
PARTE RUMBO A QUITO
La
agitación continuaba en San Miguel y luego fueron el
cabildo y el
anterior
teniente
gobernador Juan de Soto, los que plantearon a
Benalcázar la necesidad de su inmediata partida a Quito.
Había
sin embargo un grupo de gente que opinaba que se debía de ser
prudente y esperar las órdenes de Pizarro, sin cuya autorización,
pensaban no podía moverse Benalcázar. Don Raúl Porras menciona entre
estos a Blas de Atienza, Cristóbal de Peralta, Juan Roldán Dávila,
Francisco Lucena, Cristóbal Bernal y otra gente principal.
Benalcázar seguía indeciso, entre los deseos de ir en pos de gloria,
poder y riqueza y por otra parte los sentimientos de fidelidad a
Pizarro. Sin embargo, el tiempo obraba en contra de los
sanmiguelinos y a favor del sublevado Rumiñahui y también del
Mariscal Alvarado.
En
febrero de 1534 hubo en San Miguel gran alarma al conocerse que las
fuerzas del Mariscal Pedro de Alvarado, habían llegado a Puerto
Viejo y desembarcado 500 soldados. Un español llamado Diego de Vega
que había presenciado dicho desembarco llegó a San Miguel y contó
todo.
Los
vecinos entonces convocaron a un
cabildo
abierto y se decidió el
envío de una fuerza expedicionaria a Quito, ya sea bajo el mando de
Benalcázar o de otro.
Hacía
año y medio que se había creado el
cabildo de San Miguel y ese
sería el primer Cabildo Abierto que se celebró en el Perú.
La
situación ahora había cambiado para el
capitán Sebastián de
Benalcázar, pues la presencia del Mariscal en las costas del
reino
de Quito, justificaba su partida y por otra parte se limitaba a
obedecer el parecer del
cabildo, de las autoridades y de los
vecinos.
De
acuerdo a las normas que ahora rigen para situaciones de
emergencias similares, hubiera constituido una tremenda negligencia
de Benalcázar, como autoridad, esperar que los hechos se produjeran
sin tomar ninguna acción.
En
San Miguel se comercializaba por entonces con todo. Llegaba gran
cantidad de mercaderías de Panamá, pero los precios seguían siendo
muy altos por ser mayor la demanda que la oferta. Eso muestra, que
en cualquier época y lugar, los precios se rigen por la oferta y la
demanda, como era el caso de San Miguel, que en cuanto al régimen de
la economía de esa parte de tierra conquistada, se regía por la
libertad de comercio. Un caso sin duda digno de estudio para
nuestros actuales economistas.
No
fue difícil a Benalcázar formar con la gente de San Miguel una
regular fuerza de 150 jinetes y 80 soldados de infantería, además de
negros y una buena cantidad de indios Cada expedicionario ponía sus
propias armas y cabalgadura lo cual muestra que en la ciudad recién
fundada había una gran cantidad de gente disponible, que el mercado
de armas y de cabalgaduras era muy activo y que San Miguel había
dejado de ser la desguarnecida ciudad de un año antes.
Los cañaris ofrecieron sumarse con apreciables contingentes cuando
los expedicionarios pasaran por su territorio.
En
San Miguel quedaba una adecuada guarnición, y además se formarían y
armarían nuevos grupos de soldados para unirse posteriormente a
Benalcázar como refuerzos, porque la gente seguía llegando de
Panamá
Las tropas partieron en dos compañías. La segunda mandada por el
propio Benalcázar salió el 18 de febrero de 1534.
Lo
acompañaron los
capitanes Miguel Muñoz que actuó de Alférez Real;
Juan Gutiérrez, Juan Diaz de Hidalgo, Francisco Pacheco, Diego Daza,
Pedro Tapia, Alonso Sánchez, Pedro de la Villa, Fernando Rodríguez,
Baltazar de Ledesma, Alvaro Prieto y Fernando de Zaera.
La
guarnición que quedó en San Miguel fue de 30 hombres entre los que
estaban Blas Atienza. Otros 40 al mando de Luis Dávila, bajo
diversos pretextos, decidieron emprender la marcha para unirse a
Pizarro. Posiblemente encontraron más positivo lo que se contaba
del Cuzco en cuanto a riquezas, de lo que se decía de Quito.
También seguían a Luis Dávila un buen número de negros y de indios
caribes. Este capitán había llegado a San Miguel con 250 de los que
un buen número se unieron a Benalcázar en la
conquista del
reino de
Quito.
Febrero era sin duda mal mes para iniciar una operación sobre las
serranías de Quito, pero Benalcázar tenía la ventaja de poder
utilizar los famosos caminos del Inca que le permitían un cómodo
desplazamiento. El camino por recorrer por Benalcázar era mucho mas
largo que el que debía de hacer el Mariscal Alvarado, pero éste tuvo
que enfrentar tremendas dificultades naturales de tal manera que el
Capitán que partió de San Miguel demoró cuatro meses en llegar a
Quito, mientras que el Mariscal jamás logró esa meta.
Benalcázar terminó siendo
conquistador de Colombia, con títulos y
mercedes otorgados por el Rey de España; pero nada hace suponer que
en San Miguel ya hubiera estado maquinando desligarse de Pizarro
como lo afirman algunos historiadores, entre ellos nada menos que
don Raúl Porras. Lo cierto es que los hechos se produjeron de tal
forma, que lo fueron empujando.
Tras de algunas escaramuzas con partidas de indios adictos a
Rumiñahui; entra Benalcázar en la semidestruida pero aún bella
Tumebamba, capital de los cañaris, siendo recibido como libertador.
Se pacta entonces la alianza con los indios de esa región, cuyos
jefes la venían solicitando. El avance de los expedicionarios se vio
facilitado por los guías cañaris que proporcionó el cacique
Chaparra.
Ante el avance español, decide Rumiñahui asumir la contraofensiva en
persona y con 50,000 hombres parte en busca del invasor. Este envía
una partida exploradora de diez hombres al mando de Ruy Díaz que se
topa con el grueso de las fuerzas del jefe indio. Los españoles se
defienden con desesperación y permiten así que la vanguardia de
Benalcázar llegue en su auxilio, empeñándose en Teocaxas una gran
batalla que quedó indecisa, pero con más de 700 muertos para los
indios.
Decide entonces la tropa española avanzar con más cautela,
enfrentando el constante hostigamiento de los indios, que tratan de
dañar a los caballos haciéndolos caer en hoyos cuyos fondos están
erizados de estacas puntiagudas la parte superior la disimulan con
ramas y yerba. Los accesos de Riobamba estaban erizados de estas
trampas mortales, que sin embargo los españoles enfrentaron con
éxito.
Los expedicionarios capturaron esta ciudad que tenía buenos
edificios de piedra y reposaron en ella durante medio mes,
reponiéndose de las fatigas. La batalla de Riobamba no fue en
realidad un enfrentamiento general de las dos fuerzas, sino varios
choques con partidas, acometidas, pequeños motines, salidas
intempestivas y una guerra de desgaste en la que Rumiñahui sacó la
Peor parte, terminando por levantar el cerco.
En
Riobamba, Ruy Díaz y Vasco Guevara hicieron verdaderos prodigios de
valor. Cincuenta años más tarde, el joven Ruy Díaz, hijo del capitán
conquistador, sería uno de los fundadores de San Miguel del Villar.
Mientras tanto, el Mariscal Alvarado avanzaba en forma muy penosa
de la costa ecuatoriana hacia la sierra, en medio de torrenciales
lluvias que habían convertido la tierra en un fangal en donde el
lodo era tal que los soldados se sumergían hasta las rodillas,
Miríadas de insectos, la ausencia de caminos y una vegetación
impenetrable completaban el dantesco cuadro.
Don Pedro de Alvarado fue uno de los más famosos Capitanes que
acompañó a Hernán Cortés en la
conquista de México.- Valiente,
impetuoso, atrabiliario e inquieto, era un gigante rubio que asombró
a los indios ' aztecas cuando en una retirada a la que se vieron
obligados los españoles en la famosa «Noche Triste», dio un salto
gigantesco y pasó un canal, utilizando su lanza para impulsarse, no
obstante estar herido. Posteriormente inició la
conquista de
Nicaragua tras lo que fuera el famoso
reino Maya en el territorio de
la actual Guatemala.
Alvarado había sido informado erróneamente sin duda por el piloto
Juan Fernández que de acuerdo a la Cédula Real el
reino de Quito no
estaba comprendido dentro de las tierras que el soberano español
había autorizado a Pizarro para ser conquistadas.
Todo eso prueba que aun cuando Francisco Pizarro trató de ocultar el
tenor de la Cédula Real y que ni a su socio Almagro había comunicado
nada, sin embargo se filtró la noticia y llegó hasta Fernández,
distorsionada sin duda.
Por ese entonces se encontraba en Nicaragua el
capitán Gabriel de
Rojas reuniendo soldados por cuenta de Pizarro, para traerlos al
Perú.
Ya
tenía todo listo para partir, pues había logrado conformar un
ejército de 200 hombres, más indios auxiliares, abastecimientos y
dos navíos, cuando el Mariscal con el
piloto Fernández, le
arrebataron todo y tuvo que huir precipitadamente a Panamá con unos
pocos capitanes fieles.
Rojas llegó a San Miguel con sólo diez oficiales, denunciando ante
el
gobernador Benalcázar y el
cabildo, las intenciones de Alvarado.
Cumplido eso, partió a Jauja para informar personalmente a Pizarro
de los sucesos. |