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CAPÍTULO X
La Conquista del Reino de Quito
01.-
Benalcázar parte con
rumbo a Quito.
02.-
Aporte tallán a la conquista de Quito.
03.-
La expedición de Pedro de Alvarado.
04.-
Almagro llega a
San Miguel.
05.-
El acuerdo de Riobamba.
06.-
Fundación de Jauja y Lima.
03.-
LA
EXPEDICIÓN
DE DON PEDRO DE ALVARADO
El
Mariscal Alvarado trajo al Tahuantinsuyo la más formidable fuerza
armada que hubiera llegado por estas costas y como nunca más por
muchísimos años iba a volver a ocurrir.
Fueron 500 hombres, muchos de ellos veteranos en las luchas contra
los indios y 260 caballos, con los cuales sin duda alguna conformó
una formidable fuerza de caballería. Todo ese contingente se embarcó
en doce navíos, algunos de ellos de más de 300 toneladas, que
comparados con las carabelas de Colón, resultaban enormes.
Era por lo tanto la más grande flota que surcaba las aguas del Mar
del Sur. Toda esta formidable fuerza zarpó del
puerto de la Posesión
en Guatemala en medio de las aclamaciones populares, pero
contrariando la opinión de las autoridades religiosas y ediles, así
como de la misma Gobernación. Entre las aclamaciones, no eran pocas
las voces que decían ¡Viva el Rey del Mar del Sur! a lo que Alvarado
respondía con sonrisas complacientes.
No
se podía conocer que cosa pasaría en realidad por la mente ambiciosa
del intrépido capitán, pero lo que sí era cierto porque lo había
confiado a muchos lugartenientes, era que pensaba posesionarse del
reino de Quito, para luego saltar por mar más al sur y posesionarse
del Cuzco, pues sabía que la Gobernación de Pizarro terminaba antes
de llegar a Nazca. En ningún momento tuvo en cuenta Alvarado que esa
parte sur era el territorio que gestionaba Almagro, con lo que luego
se llamó Gobernación de Nueva Toledo.
Por lo tanto, la expedición del Mariscal Alvarado no sólo amenazaba
los intereses de Pizarro, sino también los de Almagro y esa sería la
causa por la cual el Adelantado puso tanto empeño en que se
frustrase la expedición de Alvarado.
Las fuerzas del Mariscal centro-americano estaban reforzadas por mil
indios nicaraguas que habían sido adiestrados para la guerra. Era
una especie de ejército con reclutas nativos. También contaba con
200 negros. Para las guazábaras disponía de 200 rodeleros. Era por
lo tanto una fuerza formidable y nada parecía que se le podría
oponer.
La
partida de Guatemala fue en enero de 1534, según unos el 8 y de
acuerdo a otros el 23. En marzo desembarcaban en la
bahía de
Caráquez en Ecuador, y desde Puerto Viejo, el Mariscal Alvarado
escribía el 10 de ese mes al
emperador, dándole cuenta del viaje. En
esa carta y en base a informaciones de su piloto Juan Fernández,
que había avanzado por mar al sur; acusaba a Pizarro de haber
abandonado en San Miguel a gran cantidad de hijodalgos, no obstante
que el sitio era malsano, por cuya causa morían, sin poder disponer
de barcos para trasladarse a otros lugares.
Alvarado ordenó a su piloto Juan Fernández, que con parte de la
escuadra avanzara hacia el sur en viaje de exploración y viera si es
que era posible tomar posesión de las tierras situadas al Sur de
Chincha, que ya no correspondían a la Gobernación de Pizarro. Para
esa fecha, ya el
rey de España había autorizado a Almagro a
conquistar las tierras situadas al
sur de Chincha, denominando a la
gobernación recién creada como Nueva Toledo, mientras que la de
Pizarro era Nueva Castilla.
En su viaje por la costa, Fernández fue desembarcando partidas
exploradoras, las cuales crearon justificada alarma entre los
soldados de Pizarro y Almagro que se encontraban en las proximidades
en guarnición o también en labores exploradoras. De todo eso fueron
minuciosamente informados Almagro y Pizarro.
La audacia de Fernández fue tal, que hasta visitó San Miguel, sin
que los vecinos reaccionaran en su contra.
Alvarado, decidió dirigirse de Puerto Viejo, directamente hacia la
ciudad de Quito, es decir, penetrar en territorio ecuatoriano por el
peor lugar y en la época menos recomendable. Fue una marcha
trágica. Las lluvias intensas, los pantanos y la falta de caminos
impedían el avance. No encontraban nada para comer y los víveres
escaseaban. El indio que les servía de guía desapareció en forma
repentina y entonces avanzaron sin rumbo fijo. Los habitantes de los
pueblos miserables por donde pasaban, los recibieron hostilmente y
les dieron datos falsos que contribuyeron a extraviarles más. Al
ingresar a la zona selvática el hambre arreció y los víveres fueron
racionados. Los indios nicaraguas habituados a esta clase de selvas
resistieron pero una gran cantidad de negros murió. Los indios
quiteños los atacaban con frecuencia en pequeños grupos; y los
indios nicaraguas acuciados por el hombre, sintieron renacer sus
feroces instintos antropófagos, y mataban a los prisioneros a los
que luego se comían sin que Alvarado pudiera impedirlo. Luego se
inició el penoso ascenso a la cordillera cubierta de nieve. El
soroche afectó a una gran cantidad de expedicionarios y una
tremenda explosión del volcán Cotopaxi, que remeció todo el
territorio, los llenó de temor. Era como un mundo de pesadilla y
tanto Alvarado como sus soldados se arrepentían de haber ingresado
en ese territorio, y ni el oro ni las esmeraldas que a veces
encontraban, los entusiasmaban mayormente.
Tras de siete meses de penosa marcha, llegó la antes formidable
fuerza militar, convertida en un ejército de soldados macilentos y
enflaquecidos, a la ciudad india de Ambato, donde pudieron reparar
un tanto las fuerzas, pero con gran desaliento observaron que por el
camino que pasaba por esa ciudad, se notaban huellas de los herrajes
de caballos. La desilusión fue total, pues se dieron cuenta que.
otros españoles se les habían adelantado. En efecto, se trataba de
los soldados de Benalcázar y de Almagro. |