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CAPÍTULO X
La Conquista del Reino de Quito
01.-
Benalcázar parte con
rumbo a Quito.
02.-
Aporte tallán a la conquista de Quito.
03.-
La expedición de Pedro de Alvarado.
04.-
Almagro llega a
San Miguel.
05.-
El acuerdo de Riobamba.
06.-
Fundación de Jauja y Lima.
04.-
ALMAGRO
LLEGA A SAN MIGUEL
Pizarro
se encontraba ya en el Cuzco y Almagro en Andahuaylas, cuando el
capitán Gabriel Rojas, llegaba de San Miguel con la noticia de los
aprestos que hacía el Mariscal Alvarado, para invadir el
reino de
Quito.
Con quien primero se entrevistó fue con Almagro. Este de inmediato
viajó hacia San Miguel, dejando la fuerza que tenía a las órdenes de
Soto. Escribió a Pizarro informándolo de todo y recomendándole que
no abandonara el Cuzco, hacía conocer que en San Miguel se uniría a
Benalcázar para juntos dirigirse al
reino de Quito y enfrentar a
Alvarado. No sabía Almagro lo formidable que era la fuerza del
Mariscal Alvarado e ignoraba igualmente que ya Benalcázar había
abandonado San Miguel.
Impulsivo como era siempre Almagro, viajó prácticamente solo de
Andahuaylas a Jauja y allí tomó como escolta a seis soldados de la
guarnición y cabalgando día y noche llegó al poco tiempo a Jayanca,
en donde supo que Juan Fernández estaba merodeando por la costa, por
lo cual mandó instrucciones a Nicolás de Rivera que se encontraba
en Pachacamac, que ahorcase al piloto si podía capturarlo. Fue por
lo tanto el propio Almagro el que introducía la política extrema de
dar muerte a los enemigos o a los propios por deslealtades o por
faltas diversas y él iba a su vez, a ser víctima de tal sistema a la
vuelta de pocos años.
Al
llegar Almagro a San Miguel en abril, la encuentra en bastante
abandono, pues muchas de sus autoridades y principales vecinos
habían partido con Benalcázar.
Como siempre, los rumores y chismes acogieron al Adelantado y no
pocos insinuaron que Benalcázar trataría de unirse con el Mariscal
Alvarado contra Pizarro. Los vecinos también se quejaban de la
insalubridad del lugar. Muchos se encontraban postrados con
paludismo y Blas Atienza enfermo de los ojos a causa de unos
mortificantes mosquitos. El 8 de mayo de 1534 Almagro escribía al
emperador y acusaba a Alvarado de invadir territorio asignado a
Pizarro. Indudablemente que al hacer esto, también defendía Almagro,
la porción que a él le había sido reservada como Gobernación.
Moradores de San Miguel, hicieron conocer a Almagro de un mejor
paraje que Tangarará en el otro valle y que algunos españoles se
habían ido ya a vivir allá.
Almagro recibió una comunicación que Pizarro le enviaba con Diego de
Aguero, autorizándolo a trasladarse a Quito. Para ese entonces, ya
Pizarro conocía que Benalcázar había salido de San Miguel sin
permiso y eso lo intranquilizaba. Posteriormente llegaban cartas de
Pizarro para el Cabildo, con órdenes para que prestaran ayuda a
Almagro; y a éste le daba la orden que en forma inmediata iniciara
la Conquista del Reino de Quito.
Con estos documentos, Alrnagro no quiso perder más tiempo en formar
una fuerza que fuera a reforzar a los soldados de Benalcázar o a
enfrentarlos si era necesario; sino que con gran audacia y casi
solo, siguiendo lo que era una costumbre en él, partió rumbo a Quito
en el mes de Junio, pero al llegar a Tumebamba no pudo avanzar
porque por la región merodeaban fuertes partidas del General indio
Quizquiz, que acababa de llegar del sur del Perú, abandonando la
lucha contra los españoles en ese frente, y trataba en el Reino de
Quito de unir sus fuerzas con las de Rumiñahui.
Cuando Gabriel Rojas se dirigía al Cuzco para comunicar a Pizarro el
próximo arribo de Alvarado, tuvo que tomar en Jauja el mando de la
guarnición y hacer frente a Quizquiz al cual derrotó. Entonces el
Apu indio marchó rapidísimamente a Quito y logró llegar a ese
escenario antes que Almagro no obstante que partió después y que
éste hizo igualmente un rápido viaje. Quizquiz además hizo el
recorrido a pie.
En
Junio de 1534 la situación era la siguiente: En San Miguel, como
Gobernador dejado por Benalcázar, se encontraba el
capitán Juan de
Soto. Por las proximidades de Loja con pequeñas fuerzas avanzaba
Almagro; más al norte tratando de cerrarle el paso estaba el general
Quizquiz. En Riobamba, cercado estaba Benalcázar y con fuerzas
escalonadas de Quito a Riobamba se encontraba el general Rumiñahui,
mientras que el Mariscal Alvarado seguía perdido en la selva
ecuatoriana.
Tras la derrota de Riobamba, el infatigable Rumiñahui se dirigió
hacia el norte para organizar la defensa de Quito, pero en el
trayecto se produjo la tremenda erupción del Cotopaxi, lo cual fue
considerado por el general indio como un mal presagio, causándole
un gran desaliento, ya que todo esfuerzo por resistir iba a resultar
inútil, de acuerdo a un viejo oráculo. Eso fue también el motivo
para que una gran cantidad de sus soldados desertara, sobre todo en
los alrededores de Riobamba. En cambio para los soldados de
Benalcázar que estaban dentro de la ciudad, todo no pasó de un
contratiempo de carácter natural, mientras que para Alvarado la
marcha se tomó más fatigosa.
Según una antigua leyenda india, iba a ser una erupción del
Cotopaxi, la que iba anunciar el fin del imperio de los incas. El
despecho y la impotencia llenaron de rabia el corazón de Rumiñahui,
que aun oponiéndose a sus dioses, decidió seguir luchando,
implantando la política de tierra arrasada y desdeñando los llamados
que le hacía Benalcázar, para terminar con tanta destrucción. En su
desesperado repliegue iba Rumiñahui destruyendo e incendiando
pueblos y cultivos para impedir que fueran aprovechados por los
soldados españoles. Los aterrorizados indios de Quito no sabían que
hacer y rogaron a un noble, hermano del general Calcuchimac que
pidiera a Benalcázar, acelerase su llegada a la ciudad que corría el
riesgo de ser destruida por la locura feroz de Rumiñahui. Así lo
hizo Benalcázar, pero no pudo evitar, que el temido capitán indio
reuniera todo los tesoros de la
capital del
reino y los ocultara,
demoliera palacios e hiciera morir a las vírgenes de los templos,
seguramente para evitar que fueran violadas y profanadas por la
soldadesca española, como ya había ocurrido en otros lugares.
Abandonado de sus tropas, no le quedó más remedio que huir hacia la
selva. Unos historiadores dicen que ya no volvió a saberse mas de
él, pero otros aseguran que una partida de españoles fue en su
persecución y logró capturarlo. Se le aplicó tormento para que
revelase en donde había escondido los tesoros, pero el indio sufrió
estoicamente la tortura y se llevó el secreto a la tumba.
Mientras Benalcázar destruía a las fuerzas de Rumiñahui, al sur de
Tumebamba no podía avanzar Almagro por que tropas de Quizquiz se lo
impedían. Este capitán indio es el que asumió el comando de la
rebelión y bien pronto contó con importantes contingentes.
Ante esa situación, Almagro regresó a San Miguel en búsqueda de
refuerzos y en esta oportunidad, el Adelantado equipó a 145 hombres,
caballos y auxiliares indios y reemprende la marcha a Quito. Lo
acompañan Diego de Aguero, Blas Atienza que había mejorado de los
ojos y el intérprete Felipillo.
De
la misma forma como los cañaris odiaban a Atahualpa y a Rumiñahui,
también odiaban a Quizquiz, por cuyo motivo prestaron importante
apoyo a Almagro, el que tras de sostener varias escaramuzas con los
indios sublevados,, los dispersó y logró avanzar.
La
forma tan rápida como Almagro reunió un buen contingente de soldados
en San Miguel, muestra como a la recién fundada ciudad seguían
llegado de Panamá cientos de aventureros. En efecto, 230 españoles
partieron con Benalcázar, 40 partieron con Luis Dávila al Cuzco y
145 con Almagro a Quito, total 415 soldados, sin contar los que
quedaron en San Miguel.
Al
fin se encontraron las tropas de Almagro con las de Benalcázar. Unos
historiadores señalan que este encuentro fue en Riobamba y otros
afirman se efectuó en Quito.
El
Adelantado llamó enérgicamente la atención a Benalcázar, por haber
actuado sin autorización de Pizarro, pero no fue muy insistente
porque su propósito era de unir las dos fuerzas, para enfrentar a
don Pedro de Alvarado, que andaba ya cerca.
Entre los dos y tras deducir las bajas, las fuerzas almagristas
sumaban 350 soldados españoles, un pequeño grupo de nicaraguas y
negros, y un buen número de tallanes y cañaris.
En
Liribamba, partidas de Quizquiz atacaron a Almagro, pero éste los
venció y habiendo capturado al cabecilla logró conocer por medio de
Felipillo, que el Mariscal Alvarado con grandes fuerzas, se
encontraba en esos momentos no muy lejos, atacado por otros
ejércitos de Quizquiz en Sincho. Con gran alarma tomó conocimiento
de que las fuerzas invasoras eran muy superiores, no sólo a las que
tenían Almagro y Benalcázar, sino a todos los soldados que en el
Perú obedecían a Pizarro. Entonces el Adelantado dispuso que
Benalcázar se quedase en Quito y él retrocedió hacia Riobamba, para
jugarse el todo por el todo frente a Alvarado, al cual iba a
presentarle hechos consumados, es decir que se habían adelantado y
por lo tanto los centro americanos ya nada tenían que hacer. |