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CAPÍTULO VI
El Proceso de Transculturación
01.-
Se inicia en Piura la transculturación.
02.-
La extirpación del idioma.
03.-
La llegada de religiosos y la fundación de conventos y templos
04.-
Transculturación y medicina.
05.-
Iniciación de la evangelización
01.- Se inicia en Piura la
Transculturación
Es posible que ni Pizarro ni sus compañeros llegaran
a percatarse de la trascendencia del acto de la fundación de San
Miguel.
La primera ciudad, que en realidad no pasaba de ser
un. pequeño pueblo representaba el punto donde terminaba una
concepción de vida y la organización social de tipo
socio-comunitario que habían creado los Incas; y a la vez servía de
iniciación a un nuevo proceso que traía al territorio virgen del
Tahuantinsuyo, la cultura occidental, heredera de Grecia y de Roma;
y junto con ella el mensaje del cristianismo redentor.
Las cabañas que sirvieron para alojar al cabildo, a
la tenencia de gobernación, o como residencia de los oficiales
reales, constituyeron la base de la nueva organización
administrativa del gobierno que se iniciaba y la partida de
nacimiento de un nuevo estado llamado gobernación de Nueva Castilla,
nombre que aún cuando casi no se llegó a utilizar, fue así como
debían denominarse a las tierras que Pizarro conquistara. Es
también, en el humildísimo escenario de un pueblo tallán en donde se
juramentan Blas Atienza, el primer alcalde del Perú; Antonio Navarro
la primera autoridad política, al tesorero Riquelme, al veedor
García Salcedo y otras autoridades, que fueron las primigenias que
tuvo el país.
Tampoco el pueblo tallán que recibió el primer
impacto de este profundo cambio, se dio cuenta de la importancia y
de la irreversibilidad del proceso, del que unas veces fueron
simples testigos y en otras ocasiones, partícipes.
Los extraños viajeros que al principio fueron
considerados como dioses o semi-dioses, bien pronto desdibujaron esa
imagen que inicialmente habían forjado en las mentes sencillas de
los naturales, por cuanto no pasó mucho tiempo en que dieron a
conocer sus humanos vicios y defectos como la codicia, ira,
intemperancia y prepotencia. La admiración indígena se trocó en
temor primero y más tarde en odio; todo lo cual a los españoles,
casi los tenía sin cuidado y para el caso les daba lo mismo lo uno
que lo otro. En el ánimo fatalista de los indios, se fue arraigando
la idea de que nada podía oponerse al poder español y por eso la
pasividad y la abulia reemplazaron por lo general a todo asomo de
rebeldía. De eso se dieron cuenta los españoles y fue bajo esa
certidumbre, que no titubearon en penetrar audazmente en pequeñas
partidas por cualquier parte del territorio nacional, y someter a su
autoridad y despotismo, regiones dilatadas y muy pobladas; cosa que
no ocurrió con indios de más bajo nivel cultural como los caribes de
América Central, o como sucedió después con los araucanos.
Los tallanes primero, y todos los pueblos indios del
Perú más tarde, fueron casi siempre sujetos pasivos y dóciles de ese
proceso de cambios que imponían los invasores triunfantes.
Ni siquiera fue obstáculo el idioma, pues el Sec, o
sus variantes cataquense o sechurano, eran más difíciles que el
quechua; constituyendo por lo tanto una gran barrera para la
comunicación; a pesar de lo cual no fue problema para los españoles,
hacer lo que les placía y se proponían.
Los españoles llevaron a cabo todos los actos de la
fundación de San Miguel utilizando el castellano, sin preocuparse en
lo menor que las multitudes de indios tallanes congregados para el
efecto y que observaban entre curiosos e intrigados nada entendieron
de esos actos ceremoniales.
Fueron por lo tanto testigos quietos e inocentes de uno de los
hechos más trascendentales de nuestra historia. De esa forma
cambiaron de amo y señor, de religión y de Dios, pues todo se hizo
en nombre de sus majestades los reyes de España y bajo la advocación
de la Santísima Trinidad, de la Virgen María y se tomaba como santo
patrono al arcángel San Miguel; mientras Francisco Pizarro el
ex-porquerizo poseedor ya de títulos nobiliarios, elegantemente
vestido de gran parada, debutaba como el señor gobernador de los
estados de Nueva Castilla; de los que por breve tiempo el pueblo de
San Miguel fue su capital.
No hay prueba alguna que el territorio tallán haya
sido una gobernación en el Imperio Incaico o de Atahualpa, aún
cuando hay indicios que Huayna Cápac y el último Inca, bien pudieron
tener un gobernador político-militar en Tumbes, o que lo hubiera
sido Maizabilca en Poechos.
La nueva organización hispana reemplazó a la
anterior, del modo y forma más simple, sin planes previos, sin
estudios, ni proyectos, ni leyes, ni directivas, como ahora sería de
rigor. Simplemente se echó andar, y se fue haciendo camino mientras
se avanzaba y era al ritmo de ese avance que el colosal imperio se
iba derrumbando.
Lo único que subsistió y se mantuvo aún durante el
virreinato, porque así convenía al interés de los conquistadores,
fue la autoridad de los caciques -que era como los españoles
llamaban a los curacas-; pero esa autoridad no trascendió del plano
local. Los curacas, de buena o mala gana, se convirtieron en
auténticos colaboracionistas y sirvieron de intermediarios entre los
españoles y la masa indígena.
Para conservar los rezagos de autoridad, fueron
verdaderos figurones y en gran parte contribuyeron a la mayor
expoliación de sus hermanos de raza.
Es por lo tanto en territorio tallán y más
concretamente en la región piurana del valle del Chira, en donde se
inicia el proceso de transculturación.
En el preciso sentido de los conceptos, no se produjo
el choque de dos civilizaciones, sino el encuentro de ellas, en la
que una por ser más evolucionada, estaba en mejores condiciones para
imponerse, pero sin destruir a la otra.
No hubo tampoco un estricto proceso de integración,
sino la superposición de los elementos de la nueva cultura, sobre
los basamentos de la anterior. Esto pudo apreciarse hasta en la
fundación de ciudades, que se hace siempre sobre ciudades indígenas
pre-existentes como en San Miguel, Cuzco, Jauja, etc. En la ciudad
Imperial, sobre los muros de los antiguos templos al sol, así como
de los palacios y viviendas; se construyeron, los templos
cristianos, los edificios públicos y las viviendas hispanas;
combinando el estilo arquitectónico incaico, con el español.
Lo mismo sucedió con la estratificación social, y el
sistema de castas, que fueron respetadas y conservadas por los
españoles; pero colocando sobre éstos a los conquistadores y a sus
descendientes.
En lo político, los españoles mantuvieron durante
muchos años a los Reyes Incas, que les servían de grandes figurones
y pantallas. Su coronación se hacía con grandes festejos para
engañar al pueblo. Sólo debían reconocerse vasallos del rey de
España. También se conservó la autoridad de los curacas locales,
pero por encima de ellos estaban los corregidores, alcaldes,
regidores y demás autoridades españolas.
En la región tallán, subsistieron durante los
primeros años de la colonia, las capullanas, sobre todo en el Bajo
Piura.
Por el acta de las Capitulaciones de Toledo, los
indios pasaron a ser vasallos del rey de España, y así desde remotas
tierras se disponía del futuro de millones de seres humanos. No cabe
la menor duda, que lo acordado en España se protocolizó en la
fundación de San Miguel, que fue la primera toma oficial de posesión
de estas tierras.
Es decir, que los tallanes serían tan súbditos del
rey de España como lo pudieron ser los mismos peninsulares; pero en
modo alguno tenían los mismos derechos. El indio considerado como
menor de edad, fue encomendado; es decir entregado en tutela, lo que
abrió de par en par las puertas de la explotación y del abuso; ya
que entre lo legal que eran las ordenanzas reales así como los
mandamientos del rey y lo real que fue lo que se impuso; hubo un
abismo de diferencia y cuando el virrey Blasco Núñez de Vela quiso
imponer la ley, pagó con su vida esa osadía.
Los españoles crearon una organización administrativa
paralela con la ya existente. Junto a las autoridades españolas con
sus cabildos, corregidores, justicias, etc., existían los cabildos
de indios y se mantuvo a los curacas, organización que en su
conjunto constituyó lo que se llamó república de indios, subordinada
a la república española. En ese caso la voz república no se debe
tomar con el sentido que actualmente tiene como sistema de gobierno
político al frente del cual está un presidente; sino como un cuerpo
político. Los grupos raciales, castas o clases constituidas por
mestizos, negros y mulatos, se agregaron en condición de dependencia
y subordinación a la república de españoles.
La región tallán había estado sometida durante menos
de un siglo al Imperio Incaico, pero éste, no obstante que impuso
sus instituciones, no logró sin embargo asimilarlos ni que el
quechua reemplazara al sec.
La presencia de la autoridad y de la influencia
imperial, se pudo apreciar en el territorio tallán en la
construcción de caminos, fortalezas, templos para el sol, tambos,
acllahuasis; etc.; es decir una estructura física, pero no había
calado hondo en el alma tallán. Por eso, el vendaval de la
conquista, barrió con ese castillo de naipes imperial, porque los
naturales nada hicieron por sostener el antiguo régimen al cual
habían resistido y contra el que se habían rebelado dando origen a
las expediciones punitivas de Huayna Capac. Frescos estaban aún los
resentimientos contra los incas, y fue así como lo contaron a los
españoles, tanto los pobladores como el curaca de Pabur, el modo tan
duro como se habían comportado los ejércitos del Cuzco Viejo, que
era la forma como llamaban a Huayna Capac, que arrasó a sus
poblaciones e hizo cruel escarmiento, tal como lo había hecho con
Amotape y en Paita haciendo una pirámide con el corazón de cientos
de los vencidos.
Ni que decir con respecto al Inca usurpador
Atahualpa, que creó entre él y los tallanes una barrera de odio, en
la que salió perdedor el vencedor de Huáscar, ya que las intrigas
del intérprete tallán Felipillo, contribuyeron a precipitar su
ruina.
Es en verdad de admirar que ese puñado de españoles,
que no eran precisamente lo más representativo de la civilización de
occidente, sirvieron como punta de lanza a ese proceso tan profundos
de cambios que se operó en la sociedad incaica.
Si nos atenemos estrictamente al significado y
definición de los vocablos tendremos que admitir que las expresiones
aculturación y transculturación son diferentes, y que en el caso
peruano y más precisamente en el tallán, el proceso de aculturación
precedió al otro.
En efecto, como aculturación, se entiende un proceso
de adaptación a una cultura o de recepción de ella, de un pueblo por
contacto con la civilización de otro más desarrollado.
Transculturación, constituye el proceso de difusión o
influencia de rasgos culturales de una sociedad, cuando entra en
contacto con otra que se encuentra bastante menos evolucionada. Es
en buena cuenta una semi integración.
Por lo tanto y como cuestión previa, se tenía que
producir un proceso de adaptación y recepción, antes de iniciarse la
integración y con ella el mestizaje.
Los españoles no sólo cambiaron las instituciones y
toda la economía incaica imponiendo el régimen de propiedad
individual, sino que buscaron por todos los medios de erradicar las
lenguas indígenas, sobre todo el quechua como la mejor forma de
imponer los nuevos conceptos y los patrones de valores que traían.
Por propio interés, los españoles conservaron algunas
instituciones de la organización social incaica como el ayllu y las
comunidades. El ayllu que era la base de la organización social del
imperio, sobre todo en su núcleo serrano, no se implantó en el
territorio tallán, en donde a pesar de todo, el pueblo sí estuvo
organizado en comunidades.
En muchos otros aspectos de la vida diaria, se
produjo un cambio profundo. Eso se logró. gracias a la importación
de vegetales, animales y artículos de toda clase; muy comunes en
Europa y de uso generalizado, pero totalmente desconocidos en el
Perú y en la región de los tallanes. Su importación, cambió la vida
y las costumbres.
La venida del caballo, el asno y las mulas,
modificaron totalmente las comunicaciones y el transporte. De la
región tallán, más propiamente desde Paita, se estableció con Lima
un sistema de transporte terrestre que por muchos años fue el único.
Se trataba de verdaderas caravanas llamadas piaras de mulas, asnos y
caballos.
La introducción de la rueda, el manipuleo del hierro
y de otros metales, constituyen sin duda aportes importantes en el
proceso de cambio. Lo mismo puede decirse en cuanto a la importación
de cerdos que desde el primer desembarco fueron regalados al cacique
de Tumbes junto con un gallo- así como la llegada de cabras, vacas,
carneros, conejos y gallinas.
Otro tanto pasó con algunos cereales como el arroz,
el trigo, la cebada y multitud de frutas, como la vid de la cual
desde su primera cosecha sirvió para hacer vino el que nunca mereció
el acatamiento de los indios, caso que en cambio no ocurrió con el
aguardiente de caña.
En materia de vestido, también evolucionaron
rápidamente los tallanes adoptando en términos generales los que
usaban los españoles, guardando claro está las correspondientes
distancias. Sin embargo las capullanas hasta bien entrada la
Colonia, no sólo mantuvieron su poder, sino que siguieron usando su
atuendo especial símbolo de ese poder y de su alcurnia social. Las
indígenas de Catacaos, adoptaron un vestido, que hasta ahora siguen
usando, y que por lo tanto es algo típico: las blusas blancas con
mangas cortas y anchas y las faldas negras y amplias.
En cuanto a los instrumentos musicales; el ingenio de
los naturales permitió no sólo adaptar una gran cantidad de
instrumentos de cuerda, sino que los modificaron y crearon nuevos,
gracias a la afición musical de los indios.
La llegada del buey, bien pudo servir para impulsar
la agricultura, al reemplazar a los indios con ventaja en las duras
tareas del campo, pero por desgracia no fue así, ya que la avidez de
los españoles por los metales preciosos, los encaminó a la
explotación de las minas, en cuyo laboreo diezmó a la población
indígena. Si los españoles, como otros pueblos de Europa, hubieran
aprovechado la experiencia tallán e incaica para explotar y mejorar
la agricultura, hubieran hecho de estas comarcas pueblos sumamente
ricos.
Desde 1566 algunos caciques solicitaron al visitador
Cuenca permiso para adquirir bueyes para las labores agrícolas.
Los españoles, no permitieron a los indios el uso del
caballo, para evitar, su aprovechamiento en caso de rebelión. Y en
eso no les faltaba razón, pues Manco Inca aprendió pronto su
dominio, e igualmente los araucanos de Chile, al poco tiempo se
convirtieron en diestros jinetes, al igual de lo que siglos más
tarde ocurriera con los pieles rojas de América del Norte. |