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CAPÍTULO VI
El Proceso de Transculturación
01.-
Se inicia en Piura la transculturación.
02.-
La extirpación del idioma.
03.-
La llegada de religiosos y la fundación de conventos y templos
04.-
Transculturación y medicina.
05.-
Iniciación de la evangelización
04.- Transculturación y Medicina
Así, con el epígrafe de arriba, don Juan B. Lastres
en su obra “La Medicina en el Descubrimiento y en la Conquista del
Perú”, se pronuncia en el sentido de haberse producido también en el
campo de la medicina, un proceso de transculturación.
Los indios peruanos aportaron el conocimiento de las
propiedades curativas de una gran cantidad de plantas nativas. Los
hombres diestros en el uso de esas plantas recibieron el nombre de
herbolarios por los españoles y aún así se les conoce.
Fuera de la quinina cuyo uso se propagó en tiempos
del virreinato, ya desde el momento que los españoles pisaron tierra
tallán se conocieron las propiedades curativas de la taya, del
molle, del palo santo, el culén, el cardo santo, el oberal, la
cucharilla, la zarzaparrilla, la calagua, la yerba centaura, la
chilca macho, el botoncillo, la guayusa, la ortiga de león, la
desflemadera el incordio, la monadilla, el payco, el culantrillo, la
verdolaga y otras más que don José Ignacio Lequanda menciona en su
obra “Descripción Geográfica del Partido de Piura”.
Cieza de León habla del uso de la zarzaparrilla,
jengibre, tabaco, copaiba y otras plantas. Pondera mucho las
propiedades de la zarzaparrilla asegurando que los indios de la Puná,
los huancavilcas y los tallanes, la usan para curar las famosas
bubas que tantos estragos hicieron entre los conquistadores. La
llegada de los conquistadores significó un aporte negativo en el
campo de la salud, pues introdujeron muchas enfermedades que no eran
conocidas por los indios, y para las cuales no tenían defensas
siendo muy receptivos; pero también los españoles se encontraron con
enfermedades que les eran desconocidas.
En la zona tallán, los españoles enfermaron con
paludismo, mal de ojos y dolencias gastro intestinales, que si bien
se daban también en Europa, pero no en la forma como acá los
atacaban. Los llamados brujos blancos de las Huaringas, tienen desde
tiempos ancestrales, conocimiento de las propiedades curativas de
muchas plantas, cuyos secretos transmiten de generación en
generación.
La medicina del Perú antiguo, no puede desvincularse
de su sentido mágico y religioso, pero también los recién llegados
españoles, mezclaban lo científico con lo religioso y existía mucha
superstición en el campo médico.
Los españoles al llegar al territorio sudamericano,
tuvieron que enfrentar a la naturaleza y la hostilidad de los
indios: la primera les causó verrugas, paludismo y mal de ojos. Los
últimos originaron muertos y heridos entre los conquistadores.
Almagro, el segundo socio de la conquista, padeció
verrugas y perdió un ojo, logrando reponerse de ambas situaciones, y
seguir en la brega al poco tiempo. Es que con Almagro siempre iban
los cirujanos Enrique y Marín, llegados desde España con el título
de protomédicos y el adelantado era un hombre de voluntad férrea.
Hay que hacer hincapié, en que una de las primeras.
preocupaciones de los españoles al fundar ciudades, fue la de poner
en funcionamiento hospitales, y para que existiera uno en San Miguel
de Tangarará se dieron muchas disposiciones, que recién se hicieron
realidad en Piura la Vieja.
Los cirujanos eran tenidos a menos por los que se
llamaban médicos en la época de la conquista, y es por eso que por
siglos y hasta entrada la Edad Moderna, los barberos eran también
saca-muelas y sangradores. En cierta forma, los indios en el campo
de la cirugía habían avanzado más, pues hacían trepanaciones de
cráneos para extraer tumores cerebrales, lo que en Europa no se
hacía.
Pizarro en las tres expediciones que realizó para
iniciar la conquista del Perú, perdió mucha más gente por efecto de
las enfermedades tropicales, que por acciones guerreras. Dos cosas
contribuyeron a eso; primero que los españoles no tenían defensas
orgánicas contra esos males y segundo, porque no sabían como
curarlas.
Los españoles en algunas oportunidades, fomentaron el
hermetismo de los indios en cuanto a la difusión de las propiedades
curativas de muchas plantas, porque llevados los peninsulares por su
fanatismo religioso, los llamados extirpadores de idolatrías,
consideraron como cosas del demonio ciertas curaciones efectuadas
por los brujos tallanes. Las actividades de los médicos indígenas,
es decir de hechiceros y brujos fueron prohibidas por heréticas,
supersticiosas y obras del demonio.
En los españoles, la ignorancia y el fanatismo
religioso atentaban contra, el mejor desarrollo de la medicina. Una
prueba de eso, ocurrió siglos más tarde cuando en 1661 llegó a Paita
el virrey Conde de Santisteban con una hijita de dos arios enferma y
en el puerto encontró al médico francés César Nicolás Vandier que se
iba a embarcar a Panamá. El médico atendió y sanó a la niña y el
virrey lo llevó a Lima y lo nombró médico de la familia. Era Vandier
un buen médico, que por eso se granjeó envidias de tal manera que
cuando el virrey se fue de Lima, fue llevado ante el Tribunal de la
Inquisición por hereje, pactado con el demonio y ateo, salvando a
duras penas la vida, pero se le condenó al destierro y se le
prohibió ejercer la medicina.
La medicina que trajeron los españoles, se confundió
con la astrología, la charlatanería y la superstición. En el
territorio tallán, la medicina india era esencialmente mágica, y
como la llegada de los conquistadores produjo un trauma psíquico
social, los indios acudieron en mayor grado a la milagrería, y no
era raro que los esclavos africanos, tanto o más supersticiosos que
los indios, indujeran a sus amas blancas, a consultar de incógnito
con los brujos indios. |