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CAPÍTULO VI
El Proceso de Transculturación
01.-
Se inicia en Piura la transculturación.
02.-
La extirpación del idioma.
03.-
La llegada de religiosos y la fundación de conventos y templos
04.-
Transculturación y medicina.
05.-
Iniciación de la evangelización
02.- La extirpación del idioma
El medio principal para lograr la dominación de los
pueblos y la transferencia de valores, fue sin duda el idioma
castellano.
Los incas al hacer sus conquistas, imponían también
su idioma. De esa forma el quechua fue uno de los medios que
mantenía la unificación del Imperio.
Desde el principio, cuando los españoles llegaron a
Piura, fueron los encomenderos y los curas doctrineros los que
asumieron la tarea de castellanizar a la masa indígena.
Cieza de León dice con respecto a Huancabamba: “Todos
entienden la lengua general del Cuzco, sin la cual usan sus lenguas
particulares”.
El mismo cronista refiriéndose a los yungas de la
costa norte, manifiesta: “Nunca pudieron los más de ellos, aprender
la lengua del Cuzco”. Hace conocer Cieza de León en “Crónica del
Perú” que muchos de los relatos que hace con relación a los yungas
del norte, los había recibido del dominico fray Domingo de Santo
Tomás. Refiriéndose a este religioso, dice Cieza de León, que “es
uno de los que bien saben la lengua y ha estado mucho tiempo entre
estos indios adoctrinándolos en las cosas de nuestra fe católica”.
El objetivo de la castellanización, se lograba
haciendo que los doctrineros aprendieran primero la lengua indígena,
no sólo para predicar con ella, sino esencialmente para enseñarles
el nuevo idioma.
Grande tuvo que ser el esfuerzo de estos doctrineros,
pues los dialectos yungas eran muy difíciles y variados.
Es muy posible que en tiempos remotos, los diversos
pueblos de la costa hubieran tenido sus propios dialectos -muy
elementales por cierto- los cuales con la conquista mochica primero
y de los chimús mas tarde, tendieron a uniformarse, sin que por eso
dejaran de conservar muchos vocablos propios y regionales, lo cual
seguramente motivó al padre Calancha a decir con evidente
exageración, que cada familia yunga tenía su propio dialecto.
El idioma de los mochicas no sólo resistió a los
Incas y el empuje del quechua, sino también el vendaval de la
conquista, pues hasta el siglo pasado era hablado en el puerto de
Eten. Esto sin embargo no sucedió con el quechua en nuestro
departamento y podemos decir que en Piura y Tumbes, es decir en todo
el ámbito de lo que fuera la región Grau, no existen quechua
hablantes, lo que es caso único en el Perú actual.
Todo esto significa que por una parte el quechua no
logró afincarse en estos departamentos a pesar de lo expuesto por el
cronista Cieza de León, o bien porque los doctrineros se mostraron
en nuestra región muy activos en la tarea de castellanizar a los
indígenas. De todo lo antiguo sólo nos quedaría el característico
dejo o entonación de la “fabla piurana” que nos hace distinguibles
en cualquier parte del Perú.
Para muchos la lengua utilizada en toda la costa
norte fue el muchick, y el sec sólo habría sido un dialecto del
mismo.
El profesor Alfredo Torero en su estudio llamado
«Deslindes Lingüísticos en la Costa Norte Peruana” publicado en 1964
en los Anales Científicos de la Universidad Agraria reproducen un
mapa lingüístico de la costa del Perú, de los siglos XVI - XVII.
Según versiones del obispo Martínez Compañón, de Paul
Rivet y de Richard Spruce (1863), en la zona del medio y bajo Chira
con núcleos en Paita y Colán se hablaba el tallán (Sec), al igual
que en el valle del Piura zona de Catacaos y el Chilcal; mientras
que en la región de Sechura se hablaba el mismo dialecto pero; con
una mayor influencia mochica. En la parte que comprende el actual
departamento de Lambayeque con excepción de Olmos, pero abarcando la
provincia de Pacasmayo y gran parte del valle de Chicama, se hablaba
el Mochica. En la provincia de Trujillo el Quingnam.
Entre los dialectos del sec que se hablaban en los
valles del Chira y Catacaos, había un 88.66% de vocablos comunes.
Entre el dialecto de Colán y Sechura había un 29.41% de palabras
comunes y entre el Sechura y el de Catacaos, un 32.5% de voces
comunes.
En 1975 la arqueóloga María Rostworosky dio a
publicidad un documento del cronista Padre Calancha que decía: “Si
en este Obispado de Truxillo fuera necesario cathedrático, avía de
aver sinco por la diversidad de lenguas, uno para la general Inga
para la sierra, y otro para el pueblo de Olmos que tiene lengua
particular (el Sec), y otro para Sechura que tiene otra lengua, y
otro para Catacaos y Paita que hablan diferente lengua; y otro para
los demás pueblos que llaman de los valles, donde se habla una
lengua que llaman Mochicas ... “
A la lengua que el P. Calancha la llama quingnam, la
doctora Cecilia Ramos de Cox la denominaba Pescadora. La lengua de
Olmos era una variedad del sec de Sechura.
El padre Justino Ramírez Adrianzén en su obra
“Huancabamba” asegura enfáticamente que en esa provincia no se
encuentra a un solo indio que hable quechua. Considera que el tesón
de los doctrineros en erradicar el idioma indígena fue lo que
determinó la imposición final del castellano. Al respecto relata que
el auto de visita del obispo Jaime Martínez Compañón en 1783, en la
numeral Nº 64, disponía lo siguiente: “Que dicho cura procure hacer
general en su curato la lengua castellana, tanto por el interés de
sus feligreses, como por el suyo propio, y el de los prelados cuando
vengan a sus visitas, y por ser conforme al decoro y a la pública
utilidad de estos reynos que sea uno mismo el lenguaje que en ellos
se hable, y muy justo que estos dóciles fieles y leales vasallos del
Rey, sepan y usen la lengua de un soberano que con tanta ternura los
ama y tan eficazmente se interesa en su mayor prosperidad y dicha”.
El mismo P. Justino Ramírez pone otra cita que hizo
el 10 de octubre de 1782 el Dr. Pedro José Baldiviezo, en el auto de
visita pastoral que realizara, y dice: “Que los venerables curas se
arreglen a las repetidas Cédulas Reales de Su Majestad Católica
sobre que en sus pueblos no permitan por último alguno de sus
feligreses lleven adelante el hablar, tratar y rezar en el idioma de
la tierra, sino en español, tanto por ser esta la causa de no acabar
de civilizarse esta gente, cuanto lo que es más porque en tan
dilatados años de la conquista, aún no comprenden con la perfección
debida, la doctrina de Jesucristo, Santos Evangélicos y los
Misterios de nuestra Santa Fe, por más que sus párrocos se esfuercen
y desvelen en la predicación de estas cosas tan necesarias para
nuestra salvación, por el idioma distinto con que se trata
familiarmente los pueblos, de aquello en que se predica, siendo muy
doloroso verse entre cristianos y en cerca de trescientos años de
conquista, que se hable un lenguaje con que la gentilidad y el
demonio padre de la mentira, se comunicaban mutuamente y que aún él,
insiste en sus supersticiones, como lo manifiesta la misma
experiencia de los confesionarios a los dispensadores de los
Misterios y de los Sacramentos, por lo que inspirados de la religión
y de la verdad, sabiamente determinaron su extinción absoluta
nuestros Católicos Monarcas, y para que se pueda verificar esta, se
les impone a los dichos Curas, la pena de ex-comunión ipso facto
incurrenda y a los españoles padres de que lo contrario permitan y
disimulen de familia y hacendados, para el caso de lo contrario
permitan y disimulen llevando adelante este reprensible lenguaje”.
Como se puede apreciar, aún a fines del siglo
dieciocho, existían en Huancabamba personas que hablaban el quechua
(salvo que las recomendaciones hubieran sido una norma general) y
que los mismos reyes habían dispuesto la extinción de los idiomas
indígenas, bajo pena de excomunión inmediata en casó de no hacer
todo el esfuerzo posible para erradicarlos. Significa también, que a
despecho de esa acción genocida destinada a destruir uno de los
elementos que contribuían a la identidad de la raza; que fracasó
totalmente en la sierra sur del Perú. |