BREVE HISTORIA DE PIURA  -  TOMO II

LA CONQUISTA EN PIURA

Reynaldo Moya Espinoza

Carátula

Contenido

Prólogo

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

CAPÍTULO VII

San Miguel se organiza

 

01.- Los primeros encomenderos.

02.- Pizarro recibe embajadores diversos. Parten naves.

03.- Disturbios en San Miguel.

04.- Las primeras autoridades.

05.- Los vecinos.
06.- Los que quedaron en San Miguel.

07.- Los indios compran sus propias tierras.

08.- ¿Quienes eran?

 

06.- Los que quedaron en San Miguel

Mucho se ha especulado en torno a los que quedaron en San Miguel. Algunos cronistas los han calificado de flojos y enfermos. Es verdad que algunos pudieron estar enfermos, pero no podía calificarse en forma tan indiscriminada de medrosos y cobardes, que injustamente es lo que se quiere manifestar al llamarlos flojos.

Entre los que quedaron, habían muchos que por sus acciones pasadas se habían ganado buena fama de valientes. Otros mostraron en el futuro su temple, tenacidad y valor.

Otro motivo de especulación ha girado en tomo al número y a quienes fueron los que no siguieron viaje a Cajamarca.

En la relación de españoles que aparece en el reparto de los tesoros de Atahualpa, según acta elaborada por Pedro Sancho, se dice que se reservaron algunas piezas de oro para los 30 que habían quedado en San Miguel. En Cajamarca, fueron 170 los españoles que participaron en el rescate. De hecho, ninguno de ellos fue de los que quedaron en Piura, y la relación la damos más adelante. Pero también en el acta del reparto, se habla de “otros que no vinieron ni estuvieron en la captura de Atahualpa”. Un caso especial es el del cronista Pedro Pizarro, que no aparece en el acta, pero que más tarde relata en sus crónicas con mucho detalle incidencias de la marcha a Cajamarca y la captura del inca. El supuesto, es que el sobrino de Francisco Pizarro era un adolescente, y que el tío, posiblemente en condición de tutor, recibió la parte de Pedro.

Pedro Pizarro dice: “Pues hecho el Marqués el repartimiento y población de Tangarará, dejó por teniente gobernador en él a Antonio Navarro, de contador Su Majestad; aquí se quedaron los demás oficiales. Tesorero y veedor. Pues tomada la demás gente dejando sólo los vecinos que allí poblaron, se partió para Cajamarca, publicando entre los naturales iba a favorecer y ayudar a Huáscar, el señor natural de este reino”.

Jerez asegura que partieron a Cajamarca 62 soldados de caballería y 106 de infantería, pero como a la altura de Pabur retornaron 9 a San Miguel, quedaron entonces 159 a los que había que agregar el clérigo Juan de Sosa que se les unió a los expedicionarios en Pabur y participó en el reparto. Hay por lo tanto una diferencia de 10 personas entre las cifras que da Jerez y las que aparecen en el Acta de Reparto en cuanto a los españoles que partieron.

Los que quedaron en San Miguel fueron los siguientes:

Autoridades:

1.- Antonio Navarro.- Contador Real.- Teniente Gobernador

2.- Alonso Riquelme.- Oficial Real.- Tesorero

3.- García de Salcedo.- Oficial Real.- Veedor

4.- Blas de Atienza; Alcalde del 1er. Voto

5.- Andrés Durán; Alcalde del 2do. Voto

6.- Juan Barrientos; Regidor

7.- Rodrigo Lozano; Regidor

8.- Diego Torres; Regidor

9.- Melchor Montoya; Regidor

10.- Francisco de Zaera; Regidor

11.- Juan Mendoza; escribano

12.-Clérigo Juan de Sosa; Vicario

13.-Fray Miguel de Orenes; Evangelizador

14.-Fray Tomás de San Martín; Evangelizador

15.- Fray Sebastián Trujillo y Castañeda, Evangelizador

16.- Juan Avendaño, Piloto

Vecinos:

1.- Mancio Sierra Legízamo

2.- Francisco Rodríguez de Villafuerte

3.- Francisco Lucena

4.- Gonzalo Farfán de los Godos

5.- Cristóbal de Peralta

6.- Rodrigo Lozano (regidor)

7.- Juan Roldan Dávila

8.- Francisco Sancho de Cuellar

9.- Francisco Quiroz

10.- Juan Barrantes

11.-Bartolomé Aguilar

12.- Juan de Coto

13.- Cristóbal Bernal

14.- Baltazar Carbajal

15.- Diego Palomino

16.- Juan Trujillo

También quedaron en San Miguel:

- El joven Pedro Pizarro

- La morisca Beatriz, querida de Salcedo

- Juana Hernández, querida de Hernando de Soto.

- Los perros de Hernando Pizarro.

A todos estos el historiador Juan José Vega, agrega a:

- Diego Maldonado “el viejo”.

- Cristóbal Quinteros.

El historiador lambayecano José Zevallos Quiñones, añade:

- Albarrán, Francisco Martín

- Bernardo Quiroz Francisco

- Carrasco Hernando

- Carreño Hernando

- Escobedo Juan

- Grijera Gonzalo

- Guerra Alonso

- Gutiérrez Diego

- Hernández Jorge

- Lobo Francisco

- Montañés Toribio

- Moreno

- Núñez Juan

- Núñez Diego

- Rangel Alonso

- Ríos Gutiérrez Pedro

- Rubio Juan

- Ruiz Miguel

- San Diego Antón

- Santiago Diego

- Saucedo Diego

Muchos de los anteriores son también mencionados por el historiador piurano Juan Paz Velásquez.

El soldado de caballería Miguel Ruiz, se reincorporó a la expedición y estuvo en el reparto de Cajamarca. El cronista Pedro Pizarro Méndez, por orden de su tío permaneció en San Miguel. Así lo afirma el historiador José Antonio del Busto Duthurburu, en su trabajo “Martinillo de Poechos”.

Agrega el historiador que el relato minucioso que hace Pedro Pizarro del viaje de los españoles de San Miguel a Cajamarca, es por lo que le contó el tallán Martinillo, con el cual se volvió muy buen amigo.

En realidad Pedro Pizarro, era el más joven miembro de la expedición conquistadora, todo un adolescente y su pariente Francisco Pizarro que lo había tomado como tutor, posiblemente no lo quiso exponer a los inciertos peligros que significaba un enfrentamiento con Atahualpa. Por eso, como no estuvo en la captura del Inca, tampoco figura en el acta del reparto, aunque dicen que el conquistador como tutor cobró su parte, pero tampoco eso figura en el Acta.

Otro que quedó en Piura fue Sancho Cuellar o Francisco de Cuellar, que no figura en el acta del reparto, pero que posteriormente a la captura del inca se trasladó a Cajamarca y parece haber abogado por el ajusticiamiento de Atahualpa, pues cuando los españoles dejaron esa ciudad para seguir al Cuzco, el príncipe Tito Atauchi lo sorprendió dentro de ella y lo ajustició. Francisco de Cuellar fue uno de los trece de la isla del Gallo.

El Dr. Guillermo Garrido Lecca Frías, el 3 de agosto de 1988 en el diario “El Tiempo” de Piura, afirma que en San Miguel quedaron 46 estantes, 10 visitantes y 9 que retornaron en total 65, que exceden a lo informado por otros historiadores, pues si les sumamos los 170 que figuran en el acta de reparto, se tendría 235 españoles en el Perú.

Don Raúl Porras Barrenechea en “Pizarro” (página 328) asegura que el cabildo de San Miguel lo formaron Blas Atienza; Andrés Durán, Juan de Barrientos, Rodrigo Lozano, Melchor Montoya, Juan de Trujillo Francisco de Caerá (o Zaera) y tenía como escribano a Juan de Espinoza.

Los tres oficiales reales, habían sido nombrados por el rey y partieron junto con Pizarro de España cuando éste hubo firmado las Capitulaciones de Toledo. Era Navarro el personaje que seguía en jerarquía a Pizarro en cuanto a poder civil, pero se trataba de un hombre opacado. Poco tiempo estuvieron los oficiales reales en San Miguel, en donde en realidad nada tenían que hacer, y se dirigieron a Cajamarca, después de la prisión del inca y aún cuando no tuvieron participación en el oro del rescate, vigilaron su distribución y sobre todo el quinto del rey. Estuvieron también en la fundación de Jauja y luego se trasladaron a Lima. De los tres, el que tuvo más figuración fue Riquelme, hombre intrigante, desleal y conflictivo.

Cuando los conquistadores estaban en la isla Puná, tuvo Riquelme un violento altercado con Hernando Pizarro, por lo cual tomando un barco decidió regresar a España para informar al rey de todo lo mal que marchaban las cosas. Francisco Pizarro lo hizo regresar. En Cajamarca se convirtió en uno de los más enconados enemigos de Atahualpa e influyó en la sentencia fatal. En las discordias entre Almagro y Pizarro, aparentemente estuvo inicialmente al lado del primero, pero se las arregló para poder ir más tarde a Lima y vivir allí tranquilamente hasta la muerte del conquistador en cuya ocasión dio refugio en su casa al secretario Picado al que luego entregó a los almagristas. Cuando llegó el virrey Blasco Núñez de Vela se puso al principio de su lado, pero luego se pasó al bando de la Real Audiencia y más tarde se unió a la rebelión de Gonzalo Pizarro al cual traicionó cuando llegó La Gasca. Falleció en 1550 en su cama.

Riquelme y Salcedo figuran entre los fundadores de Lima, no así Navarro que viajó a España llevando el quinto del rey de los tesoros del Cuzco. Los dos oficiales reales también fueron encargados por Pizarro de reunir los 100 mil pesos ofrecidos por Almagro al mariscal Alvarado.

En el reparto de solares en Lima, a Salcedo y a Riquelme le tocaron lotes frente a la Plaza de Armas, ya que después de todo no sólo fueron de los trece fundadores de la ciudad de los Reyes, sino de los seis que firmaron el acta.

Salcedo se casó con Beatriz la bella morisca que había traído de España y se le otorgó la encomienda de Nazca y a Riquelme la encomienda de Atma. Fueron Beatriz y Juana Hernández, la querida de Soto, las primeras mujeres que llegaron al Perú y a San Miguel.

Blas Atienza, había nacido en 1489, y en 1519 se encontraba ya en Panamá donde fue miembro del cabildo. Se unió a Balboa y en la conquista del Mar del Sur era el segundo jefe. Se une a Pizarro en el último viaje como contador y es atacado por las terribles verrugas de Caráquez. Creyendo que iba a morir hizo testamento. En la isla de Puná fue uno de los que descubrió el complot de los naturales, en San Miguel, de acuerdo a lo expresado por el cronista Cabello de Valboa y otros, quedó como alcalde, pero más tarde viajó a Cajamarca para pedirle refuerzos a Pizarro. Estuvo en la ejecución de Atahualpa y protestó por la inicua sentencia. No figura en el reparto. Regresó con Benalcázar y diez hombres a San Miguel y después acompañó a Almagro a Quito, firmando por él en el acta de fundación de esa ciudad. También fue uno de los fundadores de Trujillo y de sus primeros alcaldes, pues el otro fue Lozano. Logra las encomiendas de Collique y de Huambacho. En 1536, los indios de la región haciendo causa común con Manco Inca se sublevaron; por cuyo motivo y ante el temor de que se tratase de un levantamiento general, se llevó a su familia a Panamá. Pasado el peligro, Atienza y los suyos retornaron a Trujillo donde se radicaron definitivamente. En San Miguel había contraído un mal de ojos que lo había dejado casi ciego.

Andrés Durán, sucedió a Atienza en la alcaldía de Piura, cargo que tuvo varios años contribuyendo primero con Benalcázar y más tarde con Almagro a la realización de las expediciones al Reino de Quito para enfrentar al Mariscal Alvarado. Posteriormente estuvo a cargo de las acciones para traslada el Gobierno de San Miguel a Pirhúa, en donde llegó a ser teniente gobernador. Se le dieron las encomiendas de Colán y Maicabilca, y Vaca de Castro le dio el cacicazgo de Colna en la sierra. Se afinca definitivamente en Pirhúa en donde muere por los años de 1549.

Durán ostentaba la aureola, como otros vecinos de Pirhúa, de ser fundador de San Miguel y también de Quito.

Juan Barrientos, mereció también ser declarado vecino y nombrado regidor lo cual es prueba de haber sido personaje importante. Junto con Francisco Martín de Albarrán se le dio la rica encomienda de Amotape. Cuando Almagro llegó a San Miguel para enfrentar al mariscal Alvarado, lo acompañó al reino de Quito y estuvo presente en la fundación de Quito. Más tarde siguió a Almagro hasta Pachacamac en donde se produjo la reunión con Pizarro y el mariscal Alvarado.

Barrientos se radicó temporalmente en Trujillo, a cuyo acto de fundación asistió el 5 de marzo de1535 siendo uno de sus vecinos; pero después volvió a Piura la Vieja en donde se radicó en forma definitiva.

Rodrigo Lozano, llegó muy joven a América estando en la fundación de Panamá con Pedro Arias o Pedrarias. Luego marchó a la conquista de Nicaragua, donde a pesar de ser herido por un flechazo siguió combatiendo. Vino con Hernando de Soto y desembarcó en la isla Puná. Al llegar a San Miguel, decide establecerse en el nuevo territorio y viaja a Nicaragua en búsqueda de su esposa y de sus 7 hijos. Su esposa fue la segunda mujer blanca que llegó a San Miguel y al Perú. Estando de viaje, Pizarro partió a Cajamarca, por cuyo motivo no lo pudo seguir. Acompañó a Almagro a la expedición y fundación de Quito Y más tarde continuó con el adelantado a Pachacamac estando presente en la fundación de Trujillo, donde trasladó a su familia que fue la primera que pobló esa ciudad de la que después fue alcalde recibiendo la encomienda de Huamán. Cuando los indios cercaron Lima en 1537 y Pizarro ordenó que las mujeres y los niños salieran hacia Panamá, no titubeó Lozano en hacerlo. Posteriormente retornó y se radicó definitivamente en esa ciudad. Era muy amigo de Atienza con el cual llevó una vida casi paralela, pues lo que uno hacía también el otro repetía.

Diego Torres, al quedar en San Miguel, fue uno de los que trajo su familia de Panamá y contribuyó a poblar la nueva ciudad. Aquí nació su hijo Juan Torres Calderón que fue vecino de Trujillo y se convirtió en tronco de una familia hidalga que tuvo entre sus descendientes a los condes de San Javier. El capitán Diego Torres marchó con Benalcázar a Quito y tras de la fundación de esta ciudad, llevó allá a su familia radicándose definitivamente en ella, llegando a ser teniente gobernador. Al llegar el virrey Blasco Núñez de Vela, no le quedaba más remedio como autoridad, que tomar partido por el representante del rey acompañó al Virrey contra el rebelde Gonzalo Pizarro; pero cuando el virrey fue derrotado en Iñaquito, Torres buscó refugio en un templo, en donde los pizarristas penetraron y en forma sacrílega le dieron muerte.

Del regidor Melchor Montoya, no hay ninguna información. No aparece en ningún hecho de armas en las acciones contra Rumiñahui y el Mariscal Alvarado, que dieron motivo a organizar las expediciones de Benalcázar y de Almagro, por lo cual se duda que haya participado en las mismas.
Francisco de Zaera o de Gaera, siendo regidor llegó a San Miguel el capitán Benalcázar, ante la alarma que había cundido por el desembarco en el reino de Quito de las tropas del mariscal Alvarado. El capitán Francisco de Zaera fue uno de los que acompañó a Benalcázar en la expedición al norte. Estuvo también en la fundación de Quito y en la de Santiago de Guayaquil. Más tarde como los indios del Guayas se sublevasen y diesen muerte a la mayoría de los españoles de la guarnición, fue enviado Zaera a pacificarlos lo que logró, quedando al mando de la guarnición que se estableció en ese lugar. En 1536, Francisco Pizarro al concentrar todas las fuerzas españolas de la costa en Lima para defenderla de los indios que obedecían a Manco Inca, llamó también al capitán Zaera. A partir de ese momento se pierde su rastro.

Juan Mendoza, es en realidad el nombre del escribano que quedó en San Miguel, pero algunos lo designan, como Juan Espinoza. Este vino con Almagro cuando llegó por segunda vez a San Miguel para de allí pasar al reino de Quito, y llevó consigo a Espinosa, el cual elaboró el acta de la fundación de Quito. Después retornó con Almagro a San Miguel, y éste le ordenó que iniciara el proceso secreto contra el mariscal Alvarado. Don Juan Paz Velásquez, también afirma que Juan Espinosa, fue el escribano de San Miguel. De Mendoza no se ha llegado a saber nada.

Fray Miguel de Orenes pertenecía a la orden de Nuestra Señora de la Merced. Integró el grupo de religiosos que en el tercer viaje vino con Pizarro al Perú. Orenes nació en España, y todos los historiadores están de acuerdo en que estuvo a cargo de los oficios religiosos en la fundación de San Miguel. En compañía de otros dos religiosos hizo construir el primer templo católico en San Miguel, más tarde el de la Merced de Paita y la del mismo nombre en el nuevo asentamiento de la ciudad en Pirhúa, donde puso en funcionamiento el hospital.

Posteriormente se trasladó a la ciudad de Lima en donde construyó un templo dedicado al arcángel San Miguel y también inició la construcción del templo convento de la Merced. fray Miguel de Orenes falleció a los 110 años, siendo un modelo de humildad, entrega al prójimo y de celo evangelizador. Trató de mediar inútilmente entre el rebelde Gonzalo Pizarro y el virrey Blasco Núñez de Vela para evitar la guerra civil que de todos modos se produjo.

Fray Tomás de San Martín, dominico que había profesado en Andalucía, llegó a Cuba (Isla La Española) al poco tiempo de ser descubierta por Colón y ayudó a fray Bartolomé de las Casas en la evangelización de los indios. Estando desempeñando una comisión en España, fray Reginaldo Pedraza lo convenció para venir al Perú.

Fray Tomás renunció al alto cargo que tenía en San Domingo y se unió a Pizarro. Quedó en San Miguel, pero luego se unió a la expedición cuando se estaba fundando Jauja, es decir que su permanencia en San Miguel fue corta. En 1535 fue enviado a Charcas. Posteriormente retorna a Lima, cuando en 1539 se le nombra provincial de la orden en el Perú, cuya jurisdicción abarcaba prácticamente toda América del Sur. En las guerras civiles, fray Tomás apoyó a Vaca de Castro contra Almagro el Mozo. Cuando posteriormente llegó el virrey Blasco Núñez de Vela, recibió fray Tomás una orden del emperador de apoyarlo. A pesar de eso, cuando la Real Audiencia depuso al virrey y reconocieron al rebelde Gonzalo Pizarro como gobernador del Perú, también lo hizo fray Tomás, el arzobispo Loayza y el obispo de Quito, todos por temor. Hasta se prestaron a servir de embajadores ante el rey, para solicitar el reconocimiento de Gonzalo Pizarro y con tal fin viajaron a España, pero en el camino, a la altura de Panamá se encontraron con don Pedro de la Gasca al cual se plegaron. En 1553 fue nombrado obispo de Charcas y estando en Lima en 1554, murió (marzo) a los 72 años de edad.

Sebastián de Trujillo y Castañeda, de la orden de la Merced, parece haber estado un regular tiempo en la región. En 1537 fundó el convento de la Merced del Cuzco y construyó la Iglesia.
Juan de Avendaño, era un marino que había llegado a Puná piloteando la nave de Benalcázar. No se sabe por que razón no partió en los barcos que se fueron a Panamá y se quedó en San Miguel, en forma transitoria. Posteriormente cuando Benalcázar retornó de Jauja a San Miguel por disposición de Pizarro para evitar el desembarco del Mariscal Alvarado en el Reino de Quito, se unió a los ejércitos de Benalcázar y desde entonces continuó sirviendo, a sus órdenes, distinguiéndose en los hechos de armas de la conquista de Colombia. Estuvo en la fundación de Tunja y fue favorecido con tres repartimientos.

Mancio Sierra de Leguízamo, fue uno de los que quedaron en San Miguel, y al conocer, las inmensas riquezas que habían encontrado los conquistadores en Cajamarca, emprendió la marcha hacia aquel lugar, pero no le correspondió nada en el reparto del Rescate, por no haber estado en la captura de Atahualpa. Acompañó a Pizarro en la expedición al Cuzco, y en ese nuevo reparto le tocó un gran disco de oro, que era el famoso Sol del Coricancha, el cual apostó una noche en un juego de dados y lo perdió. De allí nació ese refrán de “jugar el sol por salir”. Estuvo en la fundación española del Cuzco y firmó el Acta como vecino principal. Se radicó en la ciudad imperial y por haber tomado como mujer a la Coya Beatriz hija de Huayna Capac, le tocó uno de los palacios de éste en el Cuzco. Fue un regidor muy estimado en el Cuzco, pero lo dominaba la pasión por el juego. Los vecinos le pidieron que fuera su Alcalde por un año, pero le pusieron como condición de no jugar a los naipes. Desde entonces se apartó de ese vicio. Con Juan Pizarro y Rodríguez de Villafuerte; Mancio Sierra, se disfrazaron de indios, durante el sitio del Cuzco por Manco Inca y tomaron un torreón considerado inexpugnable en la fortaleza de Sacsahuamán, donde perdió la vida Juan Pizarro. Cuando Gonzalo Pizarro se sublevó contra el Virrey Blasco Núñez de Vela; siguió su causa lo cual le originó muy graves contratiempos. Con la Coya Beatriz tuvo un hijo que fue el Príncipe Juan, primo hermano del Inca Sayri Tupac, que se había refugiado en las serranías de Vilcabamba. Gracias al parentesco logró que el inca llegara a un acuerdo amigable con el virrey. Al morir se mostró arrepentido de todas las tropelías que había causado a los indios y consideró que el oro que había recibido de los diversos repartos en que participó, fue una fortuna mal habida, de tal modo que dejó en su testamento doce mil pesos de oro, para obras pías. Estaba casado con una hija del fundador de Lima, Mazuelos y murió en el Cuzco el año 1589.

Francisco Rodríguez de Villafuerte, había nacido en Salamanca, y siguiendo el ejemplo de su hermano Juan, se vino a América radicándose en Panamá se unió a Pizarro desde la primera expedición. Fue el primero que en la isla del Gallo cruzó la línea trazada por Pizarro. Quedó en San Miguel, pero pronto se unió a Pizarro en Cajamarca aún cuando no le tocó parte en el rescate por no haber participado en la captura del inca. Estuvo presente en la fundación española de la ciudad del Cuzco y fue uno de sus vecinos. En las guerras civiles tomó parte de las tropas del rey que mandaba La Gasca, el cual en recompensa le otorgó un rico repartimiento en el Cuzco.
Juan de Coto es otro de los que quedaron. Para algunos historiadores su nombre era Juan de Soto, pero Juan Paz Velásquez logra precisarlo como Coto.

Se le dio la rica encomienda de Poechos y Almagro lo nombró teniente gobernador de San Miguel, llegando de esa forma a ser el 3ro.que tenía la ciudad. Este cargo fue conferido antes Sebastián de Benalcázar en febrero de 1534 cuando este capitán partió a Quito a combatir a Rumiñahui y a Quizquiz.

A Juan de Coto se le encargó preparar las medidas de previsión ante la posibilidad de un ataque de Quizquiz y hacer el acopio de abastecimientos y de soldados de refresco para apoyar primero a Benalcázar y más tarde a Almagro que habían partido a Quito uno después del otro.

Luego que Almagro y el Mariscal Alvarado suscribieron el pacto de Riobamba, la pequeña San Miguel se vio inundada por cientos de soldados españoles y el teniente gobernador Juan de Coto, tuvo que dictar providencias para alejarlos y para evitar reyertas. Poco después secundó a Almagro en el juicio secreto que se instauró contra el Mariscal Alvarado, en San Miguel.

Cuando Almagro dejó la ciudad lo confirmó como teniente gobernador lo que fue aprobado por Pizarro. Luego se pierde su huella, y sólo años más tarde aparece como vecino de Lima un Juan Soto, que es lo que ha creado la confusión.

Cristóbal de Bernal, se avecinó en San Miguel y recibió la encomienda de Tumbes. Se vio envuelto en las guerras civiles de los conquistadores.
Francisco de Lucena, vecino de San Miguel al que se dio la encomienda de Tangarará que vendió varios años después al capitán Gaspar Troche Buitrago

Baltazar Carbajal, vecino al que tocó un repartimiento en el valle de Coline que le daba una renta anual de 200 pesos.

Gonzalo Farfán de los Godos, fue un capitán español que acompañó a Pizarro en el segundo viaje, pero se encontró entre los que se dejaron ganar por el desaliento y en la isla del Gallo no cruzó la raya prefiriendo volverse a Panamá.

Después se arrepintió cuando vio en Panamá, llegar la gran cantidad de oro y riqueza del Perú, y entonces decide retornar. Para unos pudo haber llegado con Soto y haber estado en la fundación de San Miguel y luego haber quedado en la ciudad, pero para otros, llegó con Almagro y por lo tanto no sería de los que quedaron en la recién fundada ciudad. El hecho concreto es que se unió a Sebastián de Benalcázar en la expedición al Reino de Quito; y fue con Cristóbal de Ayala de los primeros Alcaldes que tuvo la ciudad española de Quito. Se radica por un tiempo en esa capital, se casa y tiene familia, siguiendo todas las vicisitudes y traslados del gobierno. En 1550 poseía la encomienda de Paita.

Cristóbal de Peralta; hijodalgo y caballero, uno de los 13 que quedó con Pizarro en la isla del Gallo, y al cual también acompañó en su viaje a España. Fue nombrado por el rey: regidor perpetuo del cabildo de Tumbes, que nunca funcionó.

Estuvo en la fundación de San Miguel, y quedó corno integrante de su guarnición pero por poco tiempo, pues luego se unió a las huestes de Pizarro. Fue uno de los fundadores de Lima y regidor de su cabildo. Luego se trasladó al Sur y fue uno de los fundadores de Arequipa en donde se estableció. Entre sus descendientes están los marqueses de Casares. Algunos han puesto en tela de juicio el que hubiera sido fundador de la ciudad del Misti, pero lo que sí es seguro, es que se afincó en ella y murió ahogado al atravesar un río.

Juan Roldán Dávila, llamado también “el viejo”,era todavía niño, cuando viajó a América, con su padre a la isla “La Española”, siendo uno de sus primeros encomenderos. Luego pasó a Panamá en donde era Gobernador su tío Pedro Arias Dávila. Por su valor y honradez se hizo merecedor al aprecio general. Estuvo en la Conquista de Nicaragua y militó con Vasco Núñez de Balboa en el descubrimiento del Mar del Sur. Se unió a Pizarro y estuvo en la fundación de la ciudad, San Miguel, donde quedó como maestro de campo. Era muy amigo de Almagro y cuando éste llegó a la recién fundada ciudad, renovaron las muestras de amistad. Según algunos historiadores, acompañó a Almagro a Cajamarca y retornó a San Miguel con Sebastián de Benalcázar. De acuerdo a la versión de otros, no se movió de la ciudad, pero lo cierto es que acompañó en la conquista de Quito a Benalcázar, dejando en Piura en su lugar como teniente gobernador a Juan de Coto.

Posteriormente Roldán Dávila estuvo presente en la fundación de Trujillo en donde se afincó. En febrero de 1536 le otorgaron encomiendas, fue Alcalde de esa ciudad y murió en 1538 como consecuencia de las heridas que tuvo en una refriega con los indios. A su viuda se le otorgó la encomienda de Túcume. Entre sus descendientes se encuentra al pintor piurano Ignacio Merino.

El capitán Gaspar Troche Buitrago, para algunos llegó con Pizarro y estuvo en la fundación de San Miguel. Para otros llegó más tarde con Almagro o con los oficiales del Mariscal Alvarado. Cabe suponer que llegó con el conquistador pues fue uno de los que se favoreció con el repartimiento de Tangarará. Le compró años más tarde la encomienda de Tangarará al capitán Francisco Lucena. Se casó con doña María Aguilar, hija de don Benito Aguilar, con la que tuvo a Hernando, nacido en Piura la Vieja

Diego Palomino, capitán español al que tocó el repartimiento del valle de Motupe con indios y una renta de dos mil pesos, que más tarde vendió a su hermano el capitán Francisco Palomino. Posteriormente Pizarro le dio otro repartimiento en Huancabamba, el cual fue confirmado por Vaca de Castro, con indios y renta de 3,000 pesos. En 1549 cuando Gobernaba el Perú don Pedro de la Gasca, el capitán don Diego Palomino fue encargado de reducir a los indios Bracamoros. Marchó al frente de una tropilla y el 10 de abril de ese año, fundó a orillas del río Chinchipe y en el valle de Cachimayo, a la ciudad de San Leandro de Jaén, que fue la capital de la provincia de Jaén de Bracamoros, uno de los territorios que absurdamente había pretendido el Ecuador. De acuerdo a la versión dada por el cronista Pedro Pizarro, el capitán Palomino tenía como querida a una india tallán, la cual en los momentos iniciales de la Conquista, cuando Francisco Pizarro acampaba en Poechos, le hizo conocer a Palomino de la rebelión que tramaban los caciques de Amotape, lo que permitió a Pizarro actuar de inmediato.

Bartolomé de Aguilar, era sin duda un soldado distinguido, por cuanto Pizarro al iniciar su tercer y último viaje de Panamá al Perú, lo comisionó desde Coaques para que regresara al Istmo con un cargamento de esmeraldas y oro, para que Almagro pudiera enganchar mas gente. Estuvo en la fundación de San Miguel y fue vecino y primer alguacil mayor de su cabildo, habiéndole tocado, un repartimiento con renta de 2,000 pesos e indios. Cuando la marejada de la guerra civil llegó a Piura, Aguilar cometió el error de abrazar la causa de Gonzalo Pizarro, contra el virrey Blasco Núñez de Vela cuyo trato despótico y atrabiliario había podido apreciar cuando éste estuvo de paso por Piura. Pensaba también Aguilar que como propietario de extensas tierras, quedaba expuesto a que se las quitase el virrey. Aguilar murió en la acción de Iñaquito en donde el virrey fue vencido y ajusticiado por los vencedores.

Cuando llegó la Gasca y a su vez venció a Gonzalo Pizarro, no perdonó ni a los muertos y fue así como Aguilar fue declarado traidor y condenado a la pérdida de todos sus bienes, de tal manera que la viuda Francisca de Cárdenas y su menor hija quedaron en la miseria, pues en el fragor de los odios hasta su casa en Piura la Vieja, fue arrasada.

Juan Trujillo, es otro de los vecinos de San Miguel. De él se ocupa el historiador Juan Paz Velásquez en “Piura en la Conquista”, expresando que no hay seguridad de la forma como llegó al Perú, pues pudo ser con Pizarro en la tercera expedición, o posteriormente con Almagro, pero hay constancia de que el 19 de enero de 1534 era regidor de San Miguel. Esto suponía que en 1533 ya era vecino como para poder ser nombrado regidor. Almagro llegó a la nueva ciudad en diciembre de 1532, y cabe en lo posible que haya llegado con él.

Cuando el adelantado partió en 1534 con rumbo al reino de Quito para combatir las rebeliones de Quizquiz y de Rumiñahui, y para hacer frente al Mariscal Alvarado, uno de los capitanes que lo acompañó, fue Juan de Trujillo.

Con respecto al conquistador don Gonzalo Farfán de los Godos, que tan importante papel juega en la historia piurana, hay diversas versiones de los historiadores..
Don Ricardo Vegas García en el “Libro del Cabildo”, en “Palabras iniciales” da una corta biografía de los principales protagonistas de los fundadores de San Miguel del Villar en 1588. Entre ellos le merece principalísimo lugar don Gonzalo Farfán de los Godos. Dice de él: “oriundo de Asturias y vino a América a comienzos del siglo XVI estuvo con Pizarro en la fundación de San Miguel. Fue de los primeros encomenderos de Piura, habiéndole tocado la encomienda de Chira. Vecino feudatario de San Miguel de Tangarará y en San Miguel de Piura; pasó después con Diego de Almagro a Quito y en la fundación de Riobamba llamada entonces Santiago de Quito, fue uno de los alcaldes nombrados por el Mariscal y allí asentó y vivió con su familia. Había casado con doña Catalina de Prado Canales y Jofré y fueron sus hijos, el capitán de infantería española y de número de la ciudad de Piura y vecino feudatario de ella, don Gonzalo; que fue después encomendero de Tumbes y doña Catalina, mujer de don Gaspar de Valladolid.- Gonzalo Farfán volvió a Piura y tomó parte como alcalde en el primer cabildo de la cuarta fundación”.

En realidad don Gonzalo “el Viejo” había nacido en Sevilla en 1486 y murió en 1556. La fundación de San Miguel del Villar a la que se refiere Vegas García fue en 1588, es decir después de la muerte de don Gonzalo “el Viejo”. Fue Gonzalo Farfán de los Godos “el Mozo” su hijo, casado con doña Catalina de Prado Canales el que fue uno de los fundadores de San Miguel del Villar. Murió en 1589, es decir, al año siguiente de la fundación.
Lo más probable es que Gonzalo Farfán de los Godos, “el Viejo” y conquistador, llegó al continente con su primogénito nacido en España.

En los primeros años de la colonia existieron en Piura dos familias con el mismo apellido Farfán de los Godos y no se sabe si tenían razón de parentesco, aun cuando los entroncamientos se produjeron después.

Carlos Robles Rázuri y Juan Paz Velásquez, han escrito bastante sobre las dos familias Farfán de los Godos. Al comenzar el siglo XVII llegó a Piura don Diego Manuel Farfán de los Godos Espinosa de los Montero, nacido en Sevilla, que en 1743 contrajo nupcias con doña María Bonifacia Sedamanos y Zorrilla de la Gandara, descendiente en 5ta, generación del conquistador Gonzalo Farfán de los Godos, “el Viejo”, la que tiene como uno de sus descendientes a Miguel Grau

Cuando Pizarro partió en su tercer viaje al Perú, hizo un alto en Coaques y allí recibió un contingente de soldados que le enviaba Almagro y entre ellos se contaba al oficial real Riquelme, al contador Navarro, Jerónimo de Aliaga, Pedro Díaz, Melchor Verdugo y Gonzalo Farfán de los Godos
Por lo tanto el vecino y fundador de San Miguel del Villar, fue el capitán Gonzalo Farfán de los Godos “el mozo” casado con Catalina de Prado; hijo del conquistador del mismo nombre.

El hijo heredó poder, gloria y fortuna y la supo mantener, para él y para sus descendientes entre los cuales se cuentan a Miguel Grau, Miguel Cortés del Castillo, Fernando Seminario y Echandía y otros más.

Las primeras autoridades

Quedaron en San Miguel

Los que quedaron en San Miguel fueron relativamente pocos

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