BREVE HISTORIA DE PIURA  -  TOMO II

LA CONQUISTA EN PIURA

Reynaldo Moya Espinoza

Carátula

Contenido

Prólogo

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

CAPÍTULO VII

San Miguel se organiza

 

01.- Los primeros encomenderos.

02.- Pizarro recibe embajadores diversos. Parten naves.

03.- Disturbios en San Miguel.

04.- Las primeras autoridades.

05.- Los vecinos.
06.-
Los que quedaron en San Miguel.

07.- Los indios compran sus propias tierras.

08.- ¿Quienes eran?

 

01.- Los Primeros Encomenderos

El sistema de encomiendas y repartimientos, se inició en América con el descubrimiento. Fue Colón, el que distribuyó tierras y encomendó indios como premio, a los expedicionarios que lo acompañaron y que se querían radicar en las islas descubiertas. Este privilegio resultó siendo de mucho provecho para los españoles, por lo cual, más tarde se otorgó a los conventos, a los hospitales y hasta a muchos cortesanos y nobles de la península, que jamás llegaron a poner un pie en América.

Notable fue el caso del Paraguay, donde en el siglo siguiente los jesuitas hicieron de casi todo el territorio paraguayo una extensa y próspera reducción.

El sistema de repartimientos y de encomiendas se fue aplicando al ritmo con que la conquista avanzaba en nuevos territorios del continente americano.

No sólo se repartía el oro y los tesoros provenientes de los saqueos de templos y tumbas, y del despojo a los pobladores, o por acciones dolosas como el rescate de Atahualpa; sino que el aventurero español, que en buena cuenta es lo que fue el soldado de la conquista, iba en pos de la riqueza ofrecida bajo la forma de tierras que contenían campos de cultivo o minas; así como una determinada cantidad de indios adscritos a ellas, que quedaban bajo la guardia y también al servicio del encomendero.

Es decir que al indio se le arrebató todo; la tierra, los ganados, las riquezas personales, la familia y la libertad.

El indio mediante la encomienda era tratado como un menor de edad, debiendo el encomendero actuar como un tutor.

Teóricamente, los indios debieron quedar protegidos por las encomiendas, pues el encomendero estaba en la obligación de instruirlos en la doctrina cristiana, enseñarles el castellano, no separarlos de sus familias como se hacía con los negros esclavos, no podían ser vendidos ni negociados y aún podían casarse con españolas y viceversa. A cambio de todo eso los indios debían de pagar un tributo al rey y brindar trabajo personal al encomendero, en una forma racional.

Los conquistadores se desentendieron totalmente de las obligaciones que tenían para con los indios encomendados, y su única preocupación fue sacarles el máximo de provecho, mediante su trabajo en la agricultura y en las minas. En la isla del Gallo, cuando Pizarro señaló hacia el Sur, ofreció a los expedicionarios todas las riquezas del Perú, y a lograr ese objetivo y en el tiempo más corto posible, se dedicaron los que lo siguieron.

Como en el Perú no había animales de labranza, fue el indio el que asumió esas duras tareas de acuerdo al sistema de cultivos que empleaban los españoles, como hombres que si bien sabían guerrear, empero no tenían ninguna experiencia en la agricultura. Si los españoles hubieran seguido los métodos de los tallanes, mejorados con algunas experiencias europeas, hubieran logrado sin duda mucho mayor éxito, sin necesidad de haber sometido a los indios a tan inicua explotación.

La base de la economía del Tahuantinsuyo había sido la agricultura, y los incas construyeron una serie de obras de ingeniería hidráulica, para explotar a la tierra pero no al hombre. Esto sumado, en la costa norte a las experiencias que en tecnología agrícola habían logrado los Mochicas y los Chimús, dieron como consecuencia un elevado desarrollo en el campo, que fue causa de la admiración del cronista Cieza de León.

Aún cuando al indio no se le dio la condición de esclavo, en cambio se le trató como a un siervo, sistema social que había imperado en la Europa de la Edad Media pero que había terminado junto con el feudalismo y el advenimiento de las monarquías fuertes y la Edad Moderna. Es por eso que en las luchas intestinas que entre los españoles se produjeron desde el comienzo, el indio fue el auxiliar obligado para transportar todos los abastecimientos de campaña. El indio fue entonces desarraigado de la tierra para ser convertido en un ente errabundo que seguía por el territorio nacional a su encomendero entregado a las luchas civiles.

Cuando Pizarro marchó hacia Cajamarca, llevó de grado o fuerza una gran cantidad de indios tallanes cargueros. La historia no se ocupa de ellos, pues sólo habla de los blancos conquistadores. Es entonces que se inicia el permanente desarraigo del indio con relación a su tierra a la que estaba tan vinculado y arraigado. Desde la expedición a Cajamarca y en lo sucesivo en todos los hechos que se produjeron en el territorio nacional, los indios fueron cayendo de trecho en trecho y a lo largo de rutas sin fin, agobiados por la fatiga y por la rudeza del trato. Las bajas eran rápidamente repuestas por las razzias que practicaban los españoles al paso por cada centro poblado.

Como lo hemos dicho, en la fecha del descubrimiento de América, Europa iba saliendo del sistema feudal, del cual quedaban sólo los libros de caballería que narraban en forma muy romántica, supuestos actos de heroísmo y nobleza de espíritu, cumplidos por caballeros por su Dios y por su dama. Por entonces la idea de patria tal como ahora la concebimos recién iba tomando forma con el fortalecimiento de los estados y de las monarquías absolutas. Feudalismo y servidumbre, eran un binomio que al irse superando en Europa, encontraron en América campo propicio para refugiarse bajo formas disfrazadas, que hicieron del encomendero un nuevo señor feudal y del indio encomendado, su siervo. Y esta forma se arraigó tanto con el correr de los tiempos, que el gamonalismo fue una herencia de ese sistema neofeudal.

Los españoles consideraban a los repartimientos y las encomiendas, como algo que en derecho y legítimamente les pertenecían. Por eso, cuando en 1542 el emperador Carlos V, dictó las nuevas ordenanzas, destinadas a poner fin al abuso de las encomiendas y de los repartimientos, hubo una general resistencia en la América conquistada, y en el Perú, motivó la rebelión de Gonzalo Pizarro. Los encomenderos decían: “Si hoy nos quitan nuestras haciendas, mañana nos quitarán la vida”. Por eso enfrentaron al representante del emperador como lo era el virrey Blasco Núñez de Vela y lo mataron.

El sistema de repartimientos y de encomiendas, fue el arma más eficaz que utilizaron los españoles para terminar con toda aquella maravillosa organización política, social y económica que era el Imperio de los incas.

El sistema colectivo y socialista de propiedad, fue reemplazado por el sistema de propiedad privada en favor de los conquistadores, que confiscaron tierras y ganados, al mismo tiempo que aplicando el derecho de conquista, hicieron de hombres libres y felices; hombres expoliados y reducidos a la servidumbre.

Jamás hicieron los Incas cosa igual cuando conquistaron nuevos reinos. Se respetaron las costumbres, y a los gobernantes locales se les ayudó a impulsar la agricultura mediante obras de regadío. Era una norma, que a medida que los ejércitos imperiales avanzaban en sus conquistas, se iban abriendo canales para llevar agua a las tierras sedientas. En la zona tallán, esos canales que ya existían, los mejoraron.

Cuando Pizarro no había pisado tierra peruana, ya se producían disputas por el reparto de tierras.

En la obra “Economía y Sociedad en el Perú Colonial” de Javier Tord Nicolini y Carlos Lazo García; dice que Pizarro recién fue autorizado por real cédula del 8 de mayo de 1533, para encomendar, previa tasación de tributos. Pero el Conquistador, se había adelantado todo un año a tales facultades y cuando ellas le llegaron, no cumplió con los requisitos y condicionamiento, haciendo las cosas como un dictador a su entera voluntad. Las encomiendas fueron totalmente suprimidas recién en 1720.

Después de fundada San Miguel, Pizarro fundió el oro y despachó el Quinto a Panamá para que fuera remitido al rey. Luego procedió al reparto de tierras, con las que se beneficiaron no sólo los que iban a quedar como vecinos de la ciudad recién fundada, sino también otros importantes capitanes de la conquista.

El primer encomendero fue Hernando de Soto al cual Pizarro lo atendió de inmediato con la encomienda de Tumbes para desagraviarle por las marginaciones a que lo había sometido. El historiador Porras Barrenechea asegura que el primer encomendero fue Hernando Pizarro, el hermano mayor del conquistador al que le otorgó Pabur.

Soto no era un hombre como para quedarse tranquilo en un lugar y administrar un repartimiento, por lo que entregó la encomienda a su amigo y compañero de aventuras Hernán Ponce de León para que se la administrase, mientras él quedaba libre y seguía a Pizarro.- Soto abandonó años más tarde el Perú y pasó a ocupar un alto cargo en las Antillas y Ponce de León siguió en Tumbes. Al cabo de algunos años Soto decidió vender la encomienda para iniciar la conquista de La Florida; y Ponce de León enriquecido, decidió trasladar a España el cuantioso caudal logrado, sin dar cuenta al amigo que había confiado en él y al cual defraudó totalmente.

El cronista Jerez refiriéndose al reparto de tierras tallanas dice: “Habiendo proveído el gobernador, el despacho de estos navíos, repartió entre las personas que se avecindaron en este pueblo las tierras y solares, porque los vecinos sin ayuda y servicio de los naturales no se podían sostener ni poblarse el pueblo y sirviendo sin estar repartidos los caciques en personas que los administrasen, los naturales recibirían mucho daño”.

Luego procedió Pizarro a nombrar las autoridades de San Miguel.

López de Caravantes decía en 1630, que San Miguel en sus comienzos sólo tenía 12 vecinos encomenderos, lo cual hace suponer que los demás vecinos no tenían encomiendas, lo que es completamente lógico, porque en primer término no había suficientes tierras de cultivo y además no todos los que quedaron, fueron españoles importantes o distinguidos.

La encomienda de Tangarará fue entregada al capitán Francisco Lucena pero después la vendió al capitán Gaspar Troche Buitrago. La encomienda de Catacaos y la de Paita tocó al capitán Gonzalo Farfán de los Godos, compartidas con Gaspar de Valladolid. La encomienda de Amotape fue entregada a Juan Barrientos, que fuera segundo alcalde de San Miguel y el capitán Andrés Durán tuvo Poechos.

También se repartieron otras encomiendas en la zona de Tumbes. Posteriormente se dieron encomiendas en Pabur, Serrán, Olmos, Motupe, Jayanca, Ayabaca y Huancabamba. El historiador Juan Paz Velásquez se ocupa en detalle de estas encomiendas en “Piura en la Conquista”.

Encomendero

 

ENCOMENDERO

 

Cuando Pizarro firmó la Capitulación de Toledo, el emperador Carlos V no le había concedido autorización para otorgar repartimientos y encomiendas, no obstante que en forma reiterada se lo había pedido.

Colón, en cambio, si tuvo esa autorización. Pero Pizarro después de la fundación de san Miguel y sin tener facultades otorgó las primeras encomiendas.

Entre los vecinos que quedaron en San Miguel, procedió Pizarro a repartir tierras que habían sido de los indios y a encomendar indios, con el pretexto de que los protegieran y les enseñaran los preceptos de la religión católica.

El encomendero se volvió un explotador de los indios.

En 1533, el emperador otorgó a Pizarro la facultad de encomendar indios.

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