|
CAPÍTULO VII
San Miguel se organiza
01.-
Los primeros
encomenderos.
02.-
Pizarro recibe embajadores diversos. Parten naves.
03.-
Disturbios en San Miguel.
04.-
Las primeras autoridades.
05.-
Los vecinos.
06.- Los que quedaron en
San Miguel.
07.-
Los indios compran sus propias tierras.
08.-
¿Quienes eran?
01.- Los Primeros Encomenderos
El sistema de encomiendas y repartimientos, se inició
en América con el descubrimiento. Fue Colón, el que distribuyó
tierras y encomendó indios como premio, a los expedicionarios que lo
acompañaron y que se querían radicar en las islas descubiertas. Este
privilegio resultó siendo de mucho provecho para los españoles, por
lo cual, más tarde se otorgó a los conventos, a los hospitales y
hasta a muchos cortesanos y nobles de la península, que jamás
llegaron a poner un pie en América.
Notable fue el caso del Paraguay, donde en el siglo
siguiente los jesuitas hicieron de casi todo el territorio paraguayo
una extensa y próspera reducción.
El sistema de repartimientos y de encomiendas se fue
aplicando al ritmo con que la conquista avanzaba en nuevos
territorios del continente americano.
No sólo se repartía el oro y los tesoros provenientes
de los saqueos de templos y tumbas, y del despojo a los pobladores,
o por acciones dolosas como el rescate de Atahualpa; sino que el
aventurero español, que en buena cuenta es lo que fue el soldado de
la conquista, iba en pos de la riqueza ofrecida bajo la forma de
tierras que contenían campos de cultivo o minas; así como una
determinada cantidad de indios adscritos a ellas, que quedaban bajo
la guardia y también al servicio del encomendero.
Es decir que al indio se le arrebató todo; la tierra,
los ganados, las riquezas personales, la familia y la libertad.
El indio mediante la encomienda era tratado como un
menor de edad, debiendo el encomendero actuar como un tutor.
Teóricamente, los indios debieron quedar protegidos
por las encomiendas, pues el encomendero estaba en la obligación de
instruirlos en la doctrina cristiana, enseñarles el castellano, no
separarlos de sus familias como se hacía con los negros esclavos, no
podían ser vendidos ni negociados y aún podían casarse con españolas
y viceversa. A cambio de todo eso los indios debían de pagar un
tributo al rey y brindar trabajo personal al encomendero, en una
forma racional.
Los conquistadores se desentendieron totalmente de
las obligaciones que tenían para con los indios encomendados, y su
única preocupación fue sacarles el máximo de provecho, mediante su
trabajo en la agricultura y en las minas. En la isla del Gallo,
cuando Pizarro señaló hacia el Sur, ofreció a los expedicionarios
todas las riquezas del Perú, y a lograr ese objetivo y en el tiempo
más corto posible, se dedicaron los que lo siguieron.
Como en el Perú no había animales de labranza, fue el
indio el que asumió esas duras tareas de acuerdo al sistema de
cultivos que empleaban los españoles, como hombres que si bien
sabían guerrear, empero no tenían ninguna experiencia en la
agricultura. Si los españoles hubieran seguido los métodos de los
tallanes, mejorados con algunas experiencias europeas, hubieran
logrado sin duda mucho mayor éxito, sin necesidad de haber sometido
a los indios a tan inicua explotación.
La base de la economía del Tahuantinsuyo había sido
la agricultura, y los incas construyeron una serie de obras de
ingeniería hidráulica, para explotar a la tierra pero no al hombre.
Esto sumado, en la costa norte a las experiencias que en tecnología
agrícola habían logrado los Mochicas y los Chimús, dieron como
consecuencia un elevado desarrollo en el campo, que fue causa de la
admiración del cronista Cieza de León.
Aún cuando al indio no se le dio la
condición de esclavo, en cambio se le trató como a un siervo,
sistema social que había imperado en la Europa de la Edad Media pero
que había terminado junto con el feudalismo y el advenimiento de las
monarquías fuertes y la Edad Moderna. Es por eso que en las luchas
intestinas que entre los españoles se produjeron desde el comienzo,
el indio fue el auxiliar obligado para transportar todos los
abastecimientos de campaña. El indio fue entonces desarraigado de la
tierra para ser convertido en un ente errabundo que seguía por el
territorio nacional a su encomendero entregado a las luchas civiles.
Cuando Pizarro marchó hacia Cajamarca, llevó de grado
o fuerza una gran cantidad de indios tallanes cargueros. La historia
no se ocupa de ellos, pues sólo habla de los blancos conquistadores.
Es entonces que se inicia el permanente desarraigo del indio con
relación a su tierra a la que estaba tan vinculado y arraigado.
Desde la expedición a Cajamarca y en lo sucesivo en todos los hechos
que se produjeron en el territorio nacional, los indios fueron
cayendo de trecho en trecho y a lo largo de rutas sin fin, agobiados
por la fatiga y por la rudeza del trato. Las bajas eran rápidamente
repuestas por las razzias que practicaban los españoles al paso por
cada centro poblado.
Como lo hemos dicho, en la fecha del descubrimiento
de América, Europa iba saliendo del sistema feudal, del cual
quedaban sólo los libros de caballería que narraban en forma muy
romántica, supuestos actos de heroísmo y nobleza de espíritu,
cumplidos por caballeros por su Dios y por su dama. Por entonces la
idea de patria tal como ahora la concebimos recién iba tomando forma
con el fortalecimiento de los estados y de las monarquías absolutas.
Feudalismo y servidumbre, eran un binomio que al irse superando en
Europa, encontraron en América campo propicio para refugiarse bajo
formas disfrazadas, que hicieron del encomendero un nuevo señor
feudal y del indio encomendado, su siervo. Y esta forma se arraigó
tanto con el correr de los tiempos, que el gamonalismo fue una
herencia de ese sistema neofeudal.
Los españoles consideraban a los repartimientos y las
encomiendas, como algo que en derecho y legítimamente les
pertenecían. Por eso, cuando en 1542 el emperador Carlos V, dictó
las nuevas ordenanzas, destinadas a poner fin al abuso de las
encomiendas y de los repartimientos, hubo una general resistencia en
la América conquistada, y en el Perú, motivó la rebelión de Gonzalo
Pizarro. Los encomenderos decían: “Si hoy nos quitan nuestras
haciendas, mañana nos quitarán la vida”. Por eso enfrentaron al
representante del emperador como lo era el virrey Blasco Núñez de
Vela y lo mataron.
El sistema de repartimientos y de encomiendas, fue el
arma más eficaz que utilizaron los españoles para terminar con toda
aquella maravillosa organización política, social y económica que
era el Imperio de los incas.
El sistema colectivo y socialista de propiedad, fue
reemplazado por el sistema de propiedad privada en favor de los
conquistadores, que confiscaron tierras y ganados, al mismo tiempo
que aplicando el derecho de conquista, hicieron de hombres libres y
felices; hombres expoliados y reducidos a la servidumbre.
Jamás hicieron los Incas cosa igual cuando
conquistaron nuevos reinos. Se respetaron las costumbres, y a los
gobernantes locales se les ayudó a impulsar la agricultura mediante
obras de regadío. Era una norma, que a medida que los ejércitos
imperiales avanzaban en sus conquistas, se iban abriendo canales
para llevar agua a las tierras sedientas. En la zona tallán, esos
canales que ya existían, los mejoraron.
Cuando Pizarro no había pisado tierra peruana, ya se
producían disputas por el reparto de tierras.
En la obra “Economía y Sociedad en el Perú Colonial”
de Javier Tord Nicolini y Carlos Lazo García; dice que Pizarro
recién fue autorizado por real cédula del 8 de mayo de 1533, para
encomendar, previa tasación de tributos. Pero el Conquistador, se
había adelantado todo un año a tales facultades y cuando ellas le
llegaron, no cumplió con los requisitos y condicionamiento, haciendo
las cosas como un dictador a su entera voluntad. Las encomiendas
fueron totalmente suprimidas recién en 1720.
Después de fundada San Miguel, Pizarro fundió el oro
y despachó el Quinto a Panamá para que fuera remitido al rey. Luego
procedió al reparto de tierras, con las que se beneficiaron no sólo
los que iban a quedar como vecinos de la ciudad recién fundada, sino
también otros importantes capitanes de la conquista.
El primer encomendero fue Hernando de Soto al cual
Pizarro lo atendió de inmediato con la encomienda de Tumbes para
desagraviarle por las marginaciones a que lo había sometido. El
historiador Porras Barrenechea asegura que el primer encomendero fue
Hernando Pizarro, el hermano mayor del conquistador al que le otorgó
Pabur.
Soto no era un hombre como para quedarse tranquilo en
un lugar y administrar un repartimiento, por lo que entregó la
encomienda a su amigo y compañero de aventuras Hernán Ponce de León
para que se la administrase, mientras él quedaba libre y seguía a
Pizarro.- Soto abandonó años más tarde el Perú y pasó a ocupar un
alto cargo en las Antillas y Ponce de León siguió en Tumbes. Al cabo
de algunos años Soto decidió vender la encomienda para iniciar la
conquista de La Florida; y Ponce de León enriquecido, decidió
trasladar a España el cuantioso caudal logrado, sin dar cuenta al
amigo que había confiado en él y al cual defraudó totalmente.
El cronista Jerez refiriéndose al reparto de tierras
tallanas dice: “Habiendo proveído el gobernador, el despacho de
estos navíos, repartió entre las personas que se avecindaron en este
pueblo las tierras y solares, porque los vecinos sin ayuda y
servicio de los naturales no se podían sostener ni poblarse el
pueblo y sirviendo sin estar repartidos los caciques en personas que
los administrasen, los naturales recibirían mucho daño”.
Luego procedió Pizarro a nombrar las autoridades de
San Miguel.
López de Caravantes decía en 1630, que San Miguel en
sus comienzos sólo tenía 12 vecinos encomenderos, lo cual hace
suponer que los demás vecinos no tenían encomiendas, lo que es
completamente lógico, porque en primer término no había suficientes
tierras de cultivo y además no todos los que quedaron, fueron
españoles importantes o distinguidos.
La encomienda de Tangarará fue entregada al capitán
Francisco Lucena pero después la vendió al capitán Gaspar Troche
Buitrago. La encomienda de Catacaos y la de Paita tocó al capitán
Gonzalo Farfán de los Godos, compartidas con Gaspar de Valladolid.
La encomienda de Amotape fue entregada a Juan Barrientos, que fuera
segundo alcalde de San Miguel y el capitán Andrés Durán tuvo
Poechos.
También se repartieron otras encomiendas en la zona
de Tumbes. Posteriormente se dieron encomiendas en Pabur, Serrán,
Olmos, Motupe, Jayanca, Ayabaca y Huancabamba. El historiador Juan
Paz Velásquez se ocupa en detalle de estas encomiendas en “Piura en
la Conquista”. |