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CAPÍTULO VII
San Miguel se organiza
01.-
Los primeros
encomenderos.
02.-
Pizarro recibe embajadores diversos. Parten naves.
03.-
Disturbios en San Miguel.
04.-
Las primeras autoridades.
05.-
Los vecinos.
06.- Los que quedaron en
San Miguel.
07.-
Los indios compran sus propias tierras.
08.-
¿Quienes eran?
03.- Disturbios en San Miguel
No bien había sido fundada la nueva ciudad, y ya se
presentaban síntomas de malestar y descontento.
Los brotes de indisciplina, los reclamos y las quejas
de los que se habían dejado ganar por el desaliento, se hicieron
patentes.
Francisco de Izásaga, pretextando estar enfermo,
solicitó a Pizarro permiso para regresar a Panamá, lo cual le fue
concedido. El soldado se embarcó en uno de los dos navíos que
llevaban el quinto para el rey, y llegaron a Panamá el 23 de
setiembre. El 15 de ese mes había salido Almagro del istmo sin tener
noticias de la fundación.
Pero Izásaga no fue el único español descontento. En
la puerta de la capillita que servía de templo en San Miguel de
Tangarará, aparecían clavados frecuentes pasquines criticando
fuertemente a Pizarro, e incitando a la protesta y al motín.
Hechas las averiguaciones, se acusó a Juan de la
Torre como cabecilla oculto de los descontentos.
Lleno de cólera Pizarro y alentado por su hermano
Hernando, sometió a consejo de guerra a Juan de la Torre, siendo
condenado a muerte.
Este pudo ser el primer español ajusticiado en el
Perú lo que implicaba un mal comienzo para la recién fundada ciudad.
Pero ante la intercesión de muchos, calmada la cólera
de Pizarro y en mérito de que el condenado era nada menos que uno de
los famosos trece del Gallo y por lo tanto había sido ennoblecido
por el rey como caballero de la Espuela Dorada, se consideró que
Pizarro no disponía de tantas facultades, por lo cual se le conmutó
la pena, por otra que si bien era por demás infamante, cuando menos
le preservaba la vida, lo que le permitió su posterior
rehabilitación.
Se le declaró cobarde y traidor y para recordarle de
por vida esa condición se le cortaron los pulpejos de los dedos de
las manos, de tal modo que al escribir, recordase su inconducta.
Para completar la sentencia, se le desterró a Panamá, siendo enviado
en el barco donde viajaba Izásaga.
Dos años más tarde Pizarro llegó a conocer la verdad
de los pasquines y de las murmuraciones, y con ello la inocencia
plena de Juan de la Torre, por lo cual le pidió con gran entereza y
en forma pública, que le perdonase su error, colmándolo de honores y
mercedes.
El agraviado que era hombre leal y valiente a toda
prueba, no olvidó sin embargo nunca más las afrentas recibidas
durante tanto tiempo. Cuando La Torre fue deshonrado en el juicio
que se le siguió, era nada menos que maestro de campo de Pizarro en
San Miguel. En 1536, ya de vuelta al Perú, fue uno de los treinta
vecinos fundadores de Arequipa, donde se estableció. En la guerra
civil entre Almagro y Pizarro, estuvo residiendo en Lima sin
intervenir en favor de ninguno, pero cuando se produjo el
ajusticiamiento de Almagro, prefirió volverse a Arequipa.
Francisco Pizarro le otorgó una encomienda y muchas
mercedes; y cuando era Alcalde de Arequipa se produjo el asesinato
del conquistador. Desde entonces tomó parte activa en política, pero
siempre en el bando del rey. Su fidelismo fue tal, que ni a su
propio hijo perdonó, el haberse comprometido con los rebeldes del
capitán Francisco Hernández Girón, y se negó a interceder por él
cuando lo condenaron a muerte, sentencia que se cumplió.
En los años de la conquista, cuando la vida no valía
nada, y la deslealtad era moneda común, el caso de Juan de la Torre
fue verdaderamente excepcional. Murió de senectud cuando tenía más
de 100 años.
Como se puede apreciar, el pasquín anónimo y aleve,
que por desgracia aún tanto campea en nuestra sociedad, es una tara
ancestral, un atavismo que hemos heredado de los españoles que
conquistaron estas tierras. |