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Carátula
Contenido
Prólogo
Capítulo
I
Capítulo
II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Capítulo VI
Capítulo
VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
Capítulo XI
Capítulo XII
Galería de fotos
Bibliografía
Biografía de R. Moya E.
Página web
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CAPÍTULO VII
San Miguel se organiza
01.-
Los primeros
encomenderos.
02.-
Pizarro recibe embajadores diversos. Parten naves.
03.-
Disturbios en San Miguel.
04.-
Las primeras autoridades.
05.-
Los vecinos.
06.- Los que quedaron en
San Miguel.
07.-
Los indios compran sus propias tierras.
08.-
¿Quienes eran?
04.- Las primeras autoridades
Pizarro antes de partir a Cajamarca, organizó toda la
administración de la nueva ciudad.
De ese modo, los personajes que empezaron a gobernar
en representación del rey de España, no sólo se constituyeron en las
primeras autoridades del Perú y de la América del Sur, sino que
dieron inicio al coloniaje y al cambio profundo de nuestra
organización social.
Como teniente gobernador, quedó el oficial real y
contador Antonio Navarro, que no era en realidad, ni un militar ni
un político. Tan pronto como partió Pizarro se sintió solo y
demasiado expuesto en un país desconocido, que podía tornarse
hostil, disponiendo en cambio de muy pocos efectivos. Muchos de los
que quedaron en San Miguel eran enfermos, unos reponiéndose todavía
de las terribles bubas y otros atacados de paludismo. Por eso a los
pocos días envió un pedido de auxilio a Pizarro, para que reforzara
la guarnición de San Miguel. Cuando Almagro llegó a la ciudad
fundada, y luego siguió viaje a Cajamarca, se le unió Navarro, pero
no tuvo participación en el reparto del rescate por no haber estado
en el momento de la captura del inca. Sin embargo, más tarde Pizarro
fue generoso con él.
A Navarro sucedió el capitán Juan Roldán Dávila,
hombre que tuvo muy destacada actuación en los posteriores hechos de
la conquista. Permaneció en el cargo hasta la llegada de Benalcázar
que por disposición de Pizarro lo reemplazó. En esto discrepa el
general Manuel de Mendiburu, que dice ocupó el cargo J. Roldán mucho
antes de la llegada de Almagro, y que luego siguió a éste cuando
partió a Cajamarca.
Cuando Benalcázar, dejó San Miguel para salir al
encuentro del mariscal Alvarado, dejó como teniente gobernador al
capitán Juan de Soto, que era uno de los vecinos de la ciudad. El
historiador Juan Paz lo llama Juan de Coto.
El primer cabildo fue integrado por Blas Atienza como
primer alcalde y por Andrés Durán como alcalde del segundo voto;
hecho que ni en Piura, ni en Sullana se ha tenido en mayor
consideración, porque nada que en verdad merezca la pena sirve de
recuerdo a tan trascendental suceso hasta el momento de escribir
esta historia. En Piura, una calle de tres cuadras, recientemente
lleva el nombre de Blas Atienza.
Regidores de este primer cabildo fueron Juan
Barrientos, Rodrigo Lozano, Diego Torres, Melchor Montoya, Francisco
de Zaera y el escribano Juan Mendoza.
Hay un hecho que mueve a pensar; y es el caso de
Cristóbal de Peralta, uno de los famosos trece del Gallo, a quien el
rey ennobleció haciéndolo caballero y nombrándolo regidor perpetuo
del cabildo que se pensaba crear en Tumbes. No se sabe la razón por
la cual Pizarro no saldó la deuda de honor que tenía con ese
valiente y no lo incluyó en la relación de regidores de la nueva
ciudad, a pesar de haber quedado como vecino de San Miguel.
Como tesorero quedó Riquelme y como veedor, García de
Salcedo nombrados ambos por el rey al igual que Navarro.
El sacerdote Juan de Sosa, que desde el principio
había acompañado a Pizarro, quedó al frente de los asuntos
religiosos. Era sin embargo poseedor de un espíritu aventurero, que
no se avenía a la quietud de la nueva ciudad, y fue así que en la
primera oportunidad partió tras de Pizarro y lo alcanzó en el Alto
Piura. Como estuvo presente en la prisión de Atahualpa, le tocó en
el reparto 310 marcos de plata y 7,770 pesos de oro. Con gran
sentido pragmático se dio por satisfecho con esa riqueza inesperada
y resolvió retornar a España con su caudal, acompañando a Hernando
Pizarro que llevaba el quinto del Rey.
Poco tiempo estuvo el clérigo Sosa en su Sevilla
natal, pues en 1534 se asoció con el capitán Felipe Gutiérrez, para
la conquista definitiva de la provincia de Veraguas, famosa por sus
minas de oro, ubicada en la parte occidental de la actual república
de Panamá, pero todo fue un fracaso y Sosa perdió su fortuna,
regresando a Panamá en 1536. En el año siguiente retornó al Perú y
fue cura en varios pueblos, entre ellos Catacaos, pero en 1542 al
estallar la rebelión de Gonzalo Pizarro acompañó al arzobispo Loayza
en misión de paz al Cuzco para parlamentar con Gonzalo, donde
cometió el error de ceder a los requerimientos de Pizarro y se le
unió. Tras la derrota del caudillo, fue condenado a recorrer las
calles del Cuzco con soga al cuello y cirio encendido,
desterrándosele nuevamente a España en diciembre de 1548,
radicándose en Andalucía donde asumió la representación de los
asuntos de Almagro y de su hijo. Se afectó por la cruel muerte que
Hernando Pizarro dio al adelantado Almagro, e hizo lo posible por
vengarlo, haciendo conocer en la corte los abusos de los hermanos
Pizarro. Eso contribuyó al encarcelamiento de Hernando Pizarro,
cuando éste, años más tarde, volvió otra vez a la Península. Sosa
murió pobre.
La prisión de Atahualpa creó una gran tensión en la
región norte, porque no obstante que los tallanes habían estado
sometidos a la fuerza, habían sin embargo no pocos partidarios suyos
en las sierras de Ayabaca, Huancabamba y en menor grado en Tumbes,
Paita y Pariñas, donde posiblemente actuaban desapercibidos de los
españoles por estar confundidos en la masa indígena entre los cuales
mantenían un estado de incertidumbre y suspenso. Los indios adictos
a los españoles, daban informes continuos a los vecinos de San
Miguel de muchos preparativos de rebelión, y se temía que un ataque
masivo destruyese este fuerte, lo que en verdad era la ciudad recién
fundada, cortando la retaguardia y la línea de comunicaciones de
Pizarro. El temor se hizo tan general, que el cabildo, antes de
finalizar el año, resolvió mandar a Blas Atienza ante Pizarro para
solicitarle refuerzos. Fue esta la primera misión cumplida por un
alcalde del Perú.
Atienza se quedó en Cajamarca, y no regresó a San
Miguel sino meses más tarde, cuando al año siguiente vino con
Sebastián de Benalcázar, investido éste con el cargo de teniente
gobernador. Si Atienza fue a Cajamarca con la intención de lograr
participación en el rescate, no lo consiguió, y se quedó frustrado.
Pero al retornar, Atienza ya no se hizo cargo de la
alcaldía, siguiendo en la misma Andrés Durán, el cual, parece haber
permanecido varios años en el cargo, pues cuando el gobierno de la
ciudad, se trasladó a Pirhúa en Monte de los Padres, fue Durán el
que se encargó de todos los detalles de la mudanza. |