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Los fascistas se alimentan de cadáveres

Escribe: Jorge A. Camacho

Entre 1938 y 1941, Miguel Hernández, uno de los más grandes poetas de la lengua castellana, padeció en las cárceles franquistas la ignominia, la sed, el hambre y la tortura de no poder ver a su hijo Miguelito y sobre el que la única noticia que tenía a través de su esposa que lo siguió por todas las cárceles de España, era que sólo lo alimentaba con un mendrugo de pan y un pedazo de cebolla. Era la "libertad" del nuevo orden falangista, fascista, nazi. En ese terrible e inhumano período para España y para Miguel, escribe en pedazos de papel, su "Cancionero y Romancero de Ausencias". A finales de junio de 1941, presa de enfermedades que le agobian, es trasladado a un reformatorio de adultos. Sufre la tifoidea que degenera en tuberculosis pulmonar. El 28 de marzo de 1942, tres años del fin de la guerra y otros tantos de martirio, muere.

Los Francos, los Hitler, los Bush, son macabros enemigos del Arte, triunfan igual sobre millones de cadáveres de pobladores indefensos que sobre la inteligencia y el Arte. Esa es su gloria, su manía, su deformación: son sacerdotes del Holocausto.

propuesta Socialista, llena de respeto, transcribe dos poemas, del poeta Miguel Hernández, militante armonioso de su patria y de la vida, víctima del fascismo que hoy asoma sus fauces y ataca contra la humanidad.

Tristes, tristes

Tristes guerras

si no es amor la empresa.

Tristes, tristes.

 

Tristes armas

si no son la palabra.

Tristes, tristes.

 

Tristes hombres

si no mueren de amores.

Tristes, tristes.

Guerra

La vejez de los pueblos

El corazón sin dueño

El amor sin objeto

La hierba, el polvo, el cuervo

¿y la juventud?

 En el ataúd.

 

El árbol solo y seco

La mujer como un leño

de viudez sobre el lecho

El odio sin remedio

¿y la juventud?

 En el ataúd.

 

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