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propuesta Socialista Por un gobierno de la clase obrera y el pueblo |
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propuesta Socialista Editorial: La verdadera guerra Denuncia penal contra G.W. Bush y Abel Pacheco Semblanza de un Homo demens: G.W. Bush Los fascistas se alimentan de cadáveres EEUU lleva su ofensiva al campo del TLC
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Pacheco, Mr. Bush y los niños iraquíes |
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Escribe:Luis Alberto Jaén |
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En esta columna publicamos un artículo que toca, entre otros, el tema de las Naciones Unidas, el orden internacional y la posición del Presidente Pacheco. Temas estos que son polémicos, especialmente respecto al papel jugado por las Naciones Unidas y más aún la naturaleza de la misma. En esta columna y en los artículos firmados no necesariamente se expresan las posiciones de Propuesta Socialista. El establecimiento de una ley internacional a la cual se sometan todas las naciones del mundo, grandes y pequeñas, para normas sus relaciones y sobre todo para dirimir sus conflictos, es un ideal que se ha venido persiguiendo desde hace mucho tiempo, pero sobre todo después de las dos grandes guerras del siglo pasado, sin duda por el espanto que esas dos hecatombes produjeron en la conciencia de muchos hombres. La creación de la Liga de las Naciones, después de la primera guerra mundial fue el primer intento, pero tuvo una efímera vida ante los desmanes de Adolfo Hitler. El segundo intento de alcanzar aquel ideal de cordura, decencia y justicia es el de las actuales Naciones Unidas, amenazado de muerte por otros hombres parecidos a los nazis y, por algo, admiradores de ellos, que más que en la ley creen en los tanques, los misiles, los bombardeos de terror y " la GESTAPO" para poner su "NUEVO ORDEN", como decía Hitler.Es natural que ante esta nueva amenaza se levanten las voces de gobernantes de países grandes y pequeños, que no quieren ver al mundo envuelto en una nueva espantosa conflagración, mucho más terrible y mortífera que todas las anteriores. Y es natural también que los pueblos que advierten el peligro y que saben que son ellos al final de cuenta, los que pagan el precio, levanten sus voces y se lancen a las calles a manifestar su oposición al retorno de la barbararie. Pero si los gobernantes y los pueblos de las naciones grandes y poderosas tienen razón de oponerse a que el uso de la fuerza sea la única ley que rija las relaciones internaciones, quienes gobiernen naciones , no deben hacer ni las más mínima concesión al respecto. Porque las naciones grandes y militarmente fuertes pueden confiar en que su propio poderío sea un disuasivo que desaliente malos propósitos en su contra, pero los países pequeños y militarmente débiles no tienen más defensa que la ley. Es por eso por lo que, ponerse del lado de quien quebrante la ley internacional y se proclama árbitro y señor de los destinos de cualquier pueblo, si es condenable en el gobernante de un país grande y fuerte, es inconmensurablemente torpe, cobarde y traicionero en quien gobierna un país pequeño, porque este, como dijimos, no tiene más defensa que la ley, y en cualquier momento y por cualquier razón, puede convertirse en el objeto de apetito que solo cree en la fuerza, Al menos por las anteriores razones, y dejando de lado el sucio servilismo que significa ponerse del lado de delincuente que rompe la ley internacional, convierte en tumba y destrozos lo que fue la cuna de la civilización y acude al terror y al genocidio como método para imponer su voluntad, dejando de lado todo eso, la posición de nuestro gobierno ha sido tan extremadamente pobre que tenemos que definirla como miserable en una. Nuestro país ha salido a apuntalar la política de este émulo de Hitler que es BUSH, para destrozar la carta de la Naciones Unidas, para invadir a un país sin pruebas de las que se le acusa, para reducir a escombros sus ciudades y para perpetrar el genocidio contra su pueblo. Verdaderamente, nuestros gobernantes merecen como pocos la Corona de la Indignidad. Pero no es eso lo peor. Lo peor es que nos ha dejado sin derecho de pedir la aplicación de la ley contra los atropellos del imperio, porque nos prestamos a apoyar la aplicación de la única que él reconoce: La ley del más fuerte). Y con estas credenciales de torpeza, indignidad y servilismo, implicativas de traición a los intereses de la patria como país pequeño, nuestro gobierno acude a los organismos internacionales levantando una sacrílega pancarta de DEFENSOR DE LOS DERECHOS HUMANOS, escrita con la sangre de los niños iraquíes, sacrificados por los misiles de Mr Bush. |
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