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La situación argentina
Escribe, Desde Argentina, José Manuel Pérez Ortega. 10 de abril del 2003.

Estamos en el mes de abril, el mes que, después de muchas idas y vueltas, eligió el gobierno provisorio argentino que encabeza el dirigente peronista Eduardo Duhalde, ex gobernador de la provincia de Buenos Aires, ex vicepresidente, ex senador, para que se realicen elecciones nacionales para Presidente y Vicepresidente, únicamente. Ello significa que el resto del aparato del estado queda tal cual: Cámaras Nacionales de Diputados y de Senadores, Gobernadores provinciales, Cámaras provinciales de Senadores y Diputados, Alcaldías, municipios, etc.

El solo hecho de que ello ocurra, es un triunfo del gobierno. Significa que pudo estabilizar, en poco más de un año, el ambiente político explosivo que había cuando asumió, lograr un respiro para la situación económica y trasladar para más adelante, la resolución de los más graves conflictos. Al mismo tiempo, parece que logrará algo que era impensable hace unos meses: las elecciones darán por resultado un presidente y un vicepresidente peronistas, a pesar de los cacerolazos, los cortes de rutas (realizados por "piquetes" de desocupados, de ahí el nombre piqueteros) y la consigna "que se vayan todos" masivamente cantada por las muchedumbres que tiraron abajo los gobiernos de Fernando de la Rúa (del partido radical), primero y de Adolfo Rodríguez Saa (peronista), después.

UN POCO DE HISTORIA

Recordemos que el 19 y 20 de diciembre del 2001, se dio lo que se llamó el "argentinazo". Los piqueteros (que existían desde antes de esas fechas) y las asambleas barriales surgidas como consecuencia del mismo, daban la sensación de que en Argentina se estaba por llevar a cabo una revolución surgida de las entrañas mismas de la sociedad. Pero, transcurrido un tiempo, otro fue el resultado: los piqueteros fueron perdiendo vigencia, las asambleas barriales se fueron extinguiendo, no se concretó ninguna fuerza política realmente opositora al gobierno y a los partidos representantes de los que hicieron posible el desastre que llevó a aquella heroica gesta (recordemos que en los enfrentamientos con la policía en esos dos días, murieron cerca de treinta manifestantes y ningún policía).

Como consecuencia de dichas jornadas, muchas cosas quedaron en situación de extrema debilidad. Los peronistas se dividieron en tres fracciones, otro tanto podemos decir de los radicales, los poderes judicial y parlamentario quedaron muy odiados por la población, el sistema financiero totalmente desacreditado y, por primera vez, la consigna "no pago de la deuda externa" quedó establecida en la sociedad como una consigna necesaria de llevarse a la práctica. Es decir habían muy buenas condiciones para el desarrollo de la izquierda en el país. Habían otros dos elementos que hacían posible tal cosa: el excelente resultado electoral del ex diputado Luis Zamora (primer diputado trotskista de Argentina) que volvió a la Cámara Nacional de Diputados y la existencia de una amplia gama de corrientes políticas de izquierda con algunos dirigentes reconocidos por el movimiento de masas; sin temor a equivocarnos podemos decir que hay un Partido Comunista stalinista reciclado, dos partidos prochinos, dos partidos socialdemócratas, doce partidos y/o grupos trotskistas, tres grupos peronistas de izquierda. A todo ello debemos sumar la crisis de la burocracia sindical, de origen peronista, que perdió toda legitimidad por cuanto no posee ninguna representatividad aunque no ha sido reemplazada por otros organismos.

UNA OPORTUNIDAD PERDIDA

Toda esa realidad ampliamente favorable para los que luchamos por el socialismo ha sido desperdiciada. En primer lugar le cabe la responsabilidad de ello a Luis Zamora; su actividad, su discurso, su valentía, su honestidad, le granjearon la simpatía de un importante sector de la población; un llamado de él a constituir un movimiento anticapitalista, antiimperialista, democrático, hubiera introducido el componente político en la polarización social existente. A partir de ello se hubiera creado una nueva referencia y los candidatos burgueses se hubieran visto obligados a enfrentar posiciones que antes, nunca, enfrentaron. Pero, en vez de elegir este camino, se dejó ganar por los globalifóbicos y diluyó todo el caudal logrado en un insulso planteo de "haré lo que el pueblo me pida" olvidando que para que ello sea posible, se le debe ofrecer propuestas por cuanto es altamente improbable que llegue a conclusiones socialistas por si.

La renuncia de Zamora a construir dicho polo, permitió que la izquierda reformista (llámese stalinista o trotskista) reafirmara su conducta electorera y subordinara a ella su rol en las organizaciones barriales o piqueteras; su papel de rueda de auxilio del gobierno fue evidente.

A la par, un sector de la izquierda que podemos llamar romántica, se dejó ganar por la consigna "que se vayan todos" y se fueron al no ofrecer alternativa seria a la convocatoria electoral. A su vez, un tercer sector, formado por grupos trotskistas de escaso desarrollo, que suele llevar adelante acciones en común, para esta circunstancia no adoptó una posición en común.

El resultado será que, paradójicamente, aquellos que crearon las condiciones para que estalle el argentinazo, estarán disputando en segunda vuelta la presidencia de la república.

Creemos, seriamente, que las circunstancias internacionales nos obligan a proceder con muchísima cautela. Enfrentar al imperialismo, después de su éxito militar en Irak, será en un sentido (envalentonado en el uso de la fuerza), más difícil aunque en otro (el político), será más fácil. Para construir la herramienta política necesaria y a la vez útil, tácticas como el frente único obrero, el frente único revolucionario o la más modesta unidad de acción, serán ultranecesarias.

Ello es una de las enseñanzas que nos depara la realidad argentina, al igual que antes nos deparó otras. No las echemos a perder.

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