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Madres, pañuelos e Hijos |
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Tomado de: Página 12, Buenos Aires, Argentina, el 6 de diciembre del 2002 |
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LAS MADRES ENTREGARON SUS PAÑUELOS A HIJOS CERRANDO LA XXII MARCHA. El final de la Marcha de la Resistencia fue público pero también privado. Cada Madre entregó a un integrante de HIJOS su pañuelo. Todos al mismo tiempo, en pleno centro de la Plaza histórica. Los diálogos. Las sonrisas. El llanto. Las consignas. Crónica de una jornada que se prolongará en muchas otras. Algunas Madres eligieron como destinatarios a sus nietos, hijos de sus hijos desaparecidos. Otras lo pusieron en manos de pibes que no conocían, pero a los que sentían iguales a sus hijos que no están. Por Victoria Ginzberg Nora se lo dio a Damián, su nieto, el hijo de su hijo desaparecido. Sólo le dijo "esto es para vos". Pero su mirada decía más. Ambos entendieron. Nora, también, se lo dio a Ana María, cuya madre fue una Madre de Plaza de Mayo; una de las que fue secuestrada en diciembre de 1977 con ayuda del represor Alfredo Astiz. Las dos lloraron. Elba se lo entregó a Raquel con una consigna: "usalo como quieras, escribiendo, hacelo pelota, pero usalo". Carmen se lo anudó a Juan. No lo conocía, pero sintió que ese chico era como la hija que ya no tenía y como los nietos que no pudo tener. Así, entre llantos, risas y abrazos, las Madres de Plaza de Mayo- Línea Fundadora entregaron el pañuelo blanco que las representa a los miembros de HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio). Fue un par de horas antes de que terminara la XXII Marcha de la Resistencia. Fue en la Plaza de Mayo, donde todos los jueves las Madres siguen haciendo su ronda y todos los diciembres se quedan 24 horas. Fue un poco desorganizado: la multitud se esforzaba por ver algo de lo que ocurría. Fue un acto público y a la vez privado, de cada Madre, con cada HIJO. "Simplemente nos comprometemos aquí, ante todos ustedes, ante estas Madres valerosas, ante esta plaza que ha visto tanta historia, a intentar hacer honor a este pañuelo y llevarlo a la victoria", terminó de leer Paula Maroni en representación de HIJOS (ver texto completo en nota de opinión aparte), cuando todos tenían ya en el cuello la tela blanca que, en esta nueva versión dice en letras negras: "HIJOS. 30 mil compañeros presentes. Juicio y castigo a los genocidas y sus cómplices. No olvidamos. No perdonamos. No nos reconciliamos". Luego, cada hijo, agregará -en donde pueda- el nombre de sus padres o de una persona desaparecida (ya que en la agrupación también militan hijos de exiliados, presos políticos o simplemente jóvenes con ganas de participar).Desde el escenario, Taty Almeida explicó que "hace días vinieron los HIJOS a preguntarnos si podían empezar a usar el pañuelo y para nosotras fue una emoción muy fuerte. Es la continuidad de la lucha, que continua también en la generación de nuestros hijos, de los que tienen 50, 40, 30. Esta lucha la van a continuar", afirmó. Luego, los actores Cristina Banegas, Norberto Gonzalo y Perla Santalla subieron al escenario en el que durante 24 horas funcionó una radio abierta. "Resistir es rechazar la opresión y luchar por la libertad. Es rechazar la impunidad y luchar por la justicia. Es rechazar el hambre y luchar porque no haya ningún hogar pobre en la Argentina. Es rechazar la represión en las fábricas tomadas y luchar para que más obreros se hagan cargo de las empresas abandonadas por sus patrones por intereses espurios", leyeron los actores. Enseguida hubo un (Presente! a viva voz para los 30 mil desaparecidos, las víctimas del gatillo fácil y los asesinados por "este nuevo genocidio económico". Así terminaron las rondas a la Pirámide que habían comenzado el miércoles a las 18. Después, todos se dirigieron al Palacio de Tribunales, donde se reclamó a la Corte Suprema la confirmación de los fallos que anularon las leyes de Obediencia Debida y Punto Final para que todos los represores vayan a la cárcel. Atrás habían quedado la olla popular que se hizo para la cena del miércoles, los documentales donde las Madres narraban su historia que se pasaron por la noche y la ronda arriba de las motos que, contentas, las señoras dieron con los chicos del sindicato de motoqueros. Desde Plaza de Mayo a Tribunales, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y otros organismos de derechos humanos llevaron en silencio pero acompañados por una batucada la bandera de más de dos cuadras con los rostros y nombres de los desaparecidos. Atrás los HIJOS, con sus recién estrenados pañuelos en el cuello, marchaban cantando. Los seguían miembros del MTP con carteles que pedían la libertad de Enrique Gorriarán Merlo, la CTA, Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, Servicio de Paz y Justicia y algunos partidos políticos. También estaban los familiares de los desaparecidos y asesinados en democracia, que este año, los organismos de derechos humanos invitaron especialmente a la marcha de la Resistencia, cuya consigna fue "Antes y ahora, la lucha es una sola". "Justicia", "Justicia", "Nulidad", gritaban todos al llegar a un palacio de Tribunales vallado y custodiado por efectivos de la Policía Federal. Allí, en las escalinatas, Florencia Angeli de HIJOS, se paró junto a Taty Almeida y Nora Cortinas, de Madres; Alba Lanzilotto y Berta Schubaroff, de Abuelas y Lita Boitano, de Familiares y leyó un último discurso. "No venimos a pedir nada -dijo la chica de pelo muy corto y voz potente- venimos a exigir que confirmen los fallos de nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y que lo hagan porque las leyes son aberrantes y no para eludir el juicio político. Venimos a decirles que deberían tener un poco de dignidad y saber que tiene que trabajar por una justicia real. Venimos a gritarles que el único lugar para un genocida es la cárcel. Porque la impunidad genera más impunidad. Venimos aquí para que sepan que el presente es lucha, pero el futuro... el futuro es nuestro". PARA QUE LA LUCHA ATRAVIESE EL TIEMPO [Palabras leídas por los integrantes de HIJOS (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) cuando recibieron el pañuelo de las Madres] Qué palabra podría decir lo que sentimos en este momento. Ninguna. No hay palabras que le hagan justicia a tantas emociones. El pañuelo de las Madres es más que un símbolo de resistencia. El pañuelo de las Madres lleva impreso todo el dolor del desgarro por los hijos desaparecidos. Lleva toda la bronca ante las puertas cerradas en la cara, los funcionarios hipócritas, los curas perversos. Lleva las suelas gastadas de tanto caminar esta plaza para exigir justicia. Las Madres, esas mujeres gigantes por ser mujeres comunes, nos han enseñado más de lo que somos capaces de aprender. Nos han enseñado que se puede convertir el dolor en pasión, y la impotencia en una potencia arrolladora. Nos han enseñado que la mejor manera de luchar contra la impunidad es organizarse, y nos han enseñado que la organización es un trabajo cotidiano, difícil y con tropiezos. Nos han enseñado que una gota orada la piedra y que un millón de hormigas puede levantar a un elefante. Nos han enseñado que el amor es un arma poderosa de la que el enemigo no sabe cómo librarse. Esperamos recibir con este pañuelo toda la historia que estas Madres han vivido y han sabido construir. Para nosotros las Madres no son blancas palomas que sólo entienden del dolor del hijo perdido. Para nosotros las Madres son mujeres que luchan, mujeres que hacen política, mujeres que se organizan para pelear por un mundo donde no exista el hambre, la desocupación, el desamparo, la tortura ni la muerte. Mujeres que saben de la dificultad de hacer confluir todas las voces en un mismo espacio. Mujeres que a veces se distancian, a veces se pelean, a veces se encuentran. Mujeres que saben que la resistencia no es un único acto heroico que luego se recuerda en fechas especiales. Mujeres que saben que la resistencia es todos los días, durante muchos días, hasta cambiar la historia. Esperamos que la riqueza de estos 25 años de lucha nos puedan nutrir para encontrar los caminos que nos junten a todos, que nos ayuden a trenzar las banderas en este mundo diverso, y que nos iluminen para comprender que sin el compromiso de cada uno no habrá nunca un cambio para todos. No más palabras, porque todas las palabras son pocas para expresar lo que sentimos en este momento. No más palabras porque a las palabras se las lleva el viento y queremos refrendar con nuestro trabajo cotidiano la responsabilidad de llevar este pañuelo. Simplemente, nos comprometemos aquí, ante todos ustedes, ante estas Madres valerosas, ante esta plaza que ha visto tanta historia, a intentar hacer honor a este pañuelo y llevarlo a la victoria. |
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