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Edición Nº 90,  septiembre del 2002

Defensa de la soberanía nacional

Bolivia: fuerte golpe a los planes imperialistas

Perú: rebelión obrera y popular

Uruguay: saqueos y corralito

¿Para qué ministra de educación?

Plan fiscal: gato por liebre

"No esperaba tanta violencia"

Camarada Martín: Hasta el Socialismo, ¡Siempre!

  


EDITORIAL

11 DE SEPTIEMBRE

Probablemente sea cierto aquello de que después del 11 de septiembre del 2001, nos encontramos en otra fase de la historia. Pero ello puede ser así por cuanto los atentados a las torres gemelas y la política antiterrorista inaugurada a partir de los impulsos del gobierno yanqui, pueden significar la pérdida de la brújula por parte de este mismo gobierno.

A las puertas del primer aniversario de dicha fecha, casi como una caricatura de la realidad, en Johannesburgo se realiza la super-cumbre que pretende encontrar respuestas a la pobreza de las dos terceras partes de la humanidad, el no desarrollo de los países atrasados y la utilización salvaje de los recursos naturales que están llevando al planeta al borde de la gran catástrofe.

La supernube que afecta a millones en Asia centro-oriental; las lluvias y las consiguientes inundaciones que trasladaron el llamado tercer mundo al centro de Europa como diciendo que ya no existe lo que en esos lugares no existía; la negativa del presidente Bush a firmar el tratado de Kioto; la propuesta del mismo presidente de eliminar los árboles para que no hayan incendios forestales (consistente con su posición de que no hayan relaciones sexuales para que no se propague el sida) son unos de los muchos ejemplos de los problemas urgentes que se deben atacar.

Sin embargo, el presidente Bush parece ver la realidad con la cuarta parte de un solo ojo. Y al decir el presidente Bush no estamos remitiendo ese enfoque de la realidad a la persona del mismo. La estamos haciendo extensiva a todo su gobierno, a un sector de los políticos burgueses y a una parte importante de la burguesía imperialista de EEUU y otros lugares que no tiene duda alguna en enterrar a la mayor parte de la humanidad para seguir viviendo como burgueses cada vez más llenos aunque todo se venga abajo.

A pesar de todo, no le achacamos toda la responsabilidad. De alguna forma, son esclavos del sistema que les da de comer y que al pretender ser representado por ellos, los hace actuar a su imagen y semejanza.

Calle por medio, en la acera de enfrente, sin mucha claridad pero con reconfortantes signos de vitalidad, los que sufren las consecuencias de este sistema, tratan -a veces dando palos de ciego- de encontrar el camino. Es por eso que en la presente edición, Bolivia, Perú y Uruguay, con tres episodios diferentes entre si pero que tienen un lugar común, ocupan un importante lugar.

Los movimientos sociales, los pueblos por lo tanto, buscan dicho camino a través de lo que en ciencia se llama el método del ensayo y el error. Tozudamente, tropezando más de una vez con la misma piedra, van haciendo su experiencia y van "haciendo camino al andar". Pero, aunque se equivocan, no han renunciado a la existencia.

Sabido es que el terrorismo no es ninguna respuesta superadora de la realidad que vivimos. Pero el terrorismo de este momento, es distinto del que existió en el siglo XIX y al inicio del siglo pasado. Ese era parte del método del ensayo y el error. El de hoy día, en cambio, representa la desesperación de una parte de los que se sentaban a la mesa del banquete y que fueron desplazados y quedaron condenados a vivir de las miguitas. Recordemos la calidad de socios en la vida real, en la explotación petrolera, de las familias Bin Laden y Bush.

Pero no nos engañemos. Algún día desaparecerá el ajuste de cuentas. Y la lucha antiterrorista enunciada después del 11 de septiembre y puesta en práctica en Afganistán, en Filipinas, en Colombia, en Irak, en Palestina, descubrirá su verdadero rostro: el de una burguesía imperialista cada vez más arrogante, cada vez más prepotente, cada vez más inculta, que prefiere vivir en un planeta en el que un día hubieron 6000 millones de habitantes pero que, para mejor guardar los intereses burgueses debe acabar con un tercio de ellos. El drama es que, en esas condiciones, la burguesía tampoco resuelve su problema.

Mientras tanto, los episodios de Bolivia, Perú y Uruguay, pasarán a la historia al igual que los de muchos otros pueblos, no todos iguales. Y terminarán por dar a luz en lo que será un difícil embarazo y un complicado parto, a la dirección política y sindical que resumirá en su programa, su política y su práctica, la conciencia de la humanidad: el partido revolucionario. Y se recordará que empezó a tomar forma y a preanunciar dicha resolución haciendo el camino en el trillo de no desmayar.

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