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EDITORIAL

¿Está ganando Bush?

Los hechos son contundentes. Tanto, como lo son las toneladas de bombas de todo tipo que el imperialismo viene descargando, sin misericordia alguna, sobre la pobre naturaleza de ese pobre país con un mucho más pobre pueblo: el afgano.

Un mes después de haber comenzado la agresión-guerra de los gringos contra Afganistán, Bush puede proclamar una primer victoria. Logró levantar de su inútil e inoperante existencia a ese casi muerto que se llama Alianza del Norte; logró que, una a una, las más importantes ciudades afganas, cayeran en manos del ejército de la Alianza; logró que buena parte de los llamados mercenarios (musulmanes simpatizantes de los Taliban radicados en otros países) se rindieran y que otra buena parte fuera masacrada por los vencedores aliancistas; logró que las movilizaciones de masas que se dieron en otros países musulmanes, se aquietaran; logró transformar una geografía de montañas y valles áridos y polvorientos, en una montaña de escombros y cadáveres en torno o dentro de los nuevos cráteres que cubren su superficie.

Pero esa descripción, es una descripción parcial; es, por lo tanto, mentirosa.

Como un verdadero equipo de espectros y fantasmas, al presidente Bush y a sus aliados lo esperan un montón de desafíos que son, en el largo plazo, los que pueden borrar de su faz la sonrisa de la victoria. Dos son los problemas de mayor envergadura; pasemos a enunciarlos.

Armar un gobierno tipo rompecabezas. En un país de miserable población; con tradición y cuestiones culturales atrasadísimas; con múltiples tribus enfrentadas; cada una de ellas con su pedazo de tierra, sus despóticos jefes, sus menesterosos pobladores, sus harapientos soldados, sus irreductibles posiciones y su confesa responsabilidad en la existencia de ese cuadro general propio de un país de espanto, ¿cuál debe ser el programa mínimo para que sus habitantes se acerquen, siquiera lleguen a husmear algo parecido a una republiqueta de seudo-libertades democrático-burguesas con muy mínimas condiciones de subsistencia.

Es tarde para inmunizarse. No nos referimos al ántrax o a los hechos del 11 de septiembre. Nos referimos a que, según todo indica, la condición de invulnerable en medio de la crisis global, que aparentaba tener, desapareció. El mundo, con todos sus problemas no pidió permiso para entrar y establecerse. La enorme cantidad de comités contra la guerra que existen en todo el país, son una confirmación de ello. Pero, mucho más importante es que, en buena parte de ellos, los más destacados activistas son dirigentes y cuadros obreros sindicales.

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