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SE IMPUSO LA AGRESIÓN A AFGANISTÁN UN TRIUNFO DEL FRENTE CONTRARREVOLUCIONARIO IMPERIALISTA |
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Escribe: Pablo Hernández |
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| Luego de 6 semanas de
apabullantes bombardeos sobre Afganistán, por parte de la aviación y la
marina norteamericana, combinados con la conformación de un Frente
contrarrevolucionario orquestado por el imperialismo norteamericano contra
el gobernante Movimiento Talibán, las tropas títere de la Alianza del
Norte, han podido apoderarse de casi la totalidad del territorio afgano.
Las fuerzas de los Taliban han buscado refugio en las zonas montañas
huyendo de la feroz persecución de las fuerzas especiales del ejército
norteamericano que ha anunciado no terminar su campaña hasta liquidar al
último de los miembros de los Talibán y ejecutar a Osama Bin Laden.
La guerra de agresión imperialista contra Afganistán parece concluir con un triunfo del imperialismo y sus aliados, el cual va más allá de un triunfo sobre un Gobierno y movimiento que comparativamente con su agresor era como una pulga contra un elefante. Este triunfo es contra el movimiento de masas, pues la ofensiva reaccionaria y militar ha fortalecido al imperialismo en todos los frentes: ideológico, político y militar, aunque en el frente económico se le abre cada vez una mayor hueco, casi proporcional al que en la atmósfera este capitalismo contaminador depreda en la capa de ozono. ¿A QUIÉN SIRVE EL TERRORISMO? El imperialismo ha aprovechado la ventaja que le dieran las acciones del terrorismo para fortalecer su política reaccionaria y contrarrevolucionaria hacia el movimiento de masas. Como lo apuntáramos en el pasado artículo, las acciones de terrorismo, alejadas de las luchas y decisiones de las masas, han permitido al imperialismo justificar la agresión a una empobrecida nación y al movimiento de masas en su conjunto. El imperialismo ha reforzado su aparato militar y represivo. Ha golpeado derechos y conquistas democráticas de las masas, tanto norteamericanas como de todo el planeta. Las acciones del terrorismo crearon confusión en las masas árabes y en el resto del mundo y han obstaculizado la posibilidad de que los pueblos y los trabajadores de esa parte del mundo se movilicen contra la barbarie que siembra el imperialismo en la región.. Las miles de víctimas por el desplome de las torres gemelas. El ataque de ántrax a la población norteamericana, que cobró vidas de trabajadores, solo ha justificado al imperialismo y a los gobiernos a él sometidos la campaña más reaccionaria y la preparación para enfrentar las luchas de los trabajadores y los pueblos. En medio de la incapacidad del capitalismo imperialista de generar desarrollo y prosperidad, el frente contrarrevolucionario contra el movimiento de masas desata la agresión. En medio de la recesión a la que somete a todo el planeta, con sus consabidas consecuencias de desempleo, carestía, hambre y miseria, el imperialismo lanza la cortina de humo para engañar a los pueblo de que su lucha es por la LIBERTAD. La capacidad militar del imperialismo y la enorme debilidad de los Talibán no podía arrojar otro resultado que el que se ha presenciado. Pero no solo por la asimétrica diferencia militar, sino también por la incapacidad política de los Talibán y del movimiento fundamentalista islámico para enfrentar al imperialismo. El problema de la dirección del movimiento de masas es lo decisivo, pues como vimos, el imperialismo con su cobarde bombardeo solo mostraba las limitaciones que tenía para entrar al combate directo contra un movimiento armado que no representaba mayor dificultad en términos militares. Lo que hacía débiles a los Talibán era que en lugar de un planteo de lucha contra el cristianismo y occidente no planteaba la lucha contra el imperialismo. Que en lugar de levantar las demandas de los campesinos, los trabajadores y los oprimidos afganos por tierra, por un gobierno de los trabajadores y oprimidos y contra las transnacionales, se planteaba una lucha religiosa contra “Satán occidente”. Que en lugar de dar armas al pueblo para la defensa de la nación, se apoyaba en las milicias fundamentalistas. Que en lugar de llamar a la lucha solidaria contra la agresión y a la movilización de las masas árabes y del mundo, convocaba a una “yihad islámica”. El triunfo del imperialismo, sin embargo, solo siembra nuevos brotes de conflicto y mayores contradicciones. Pronto pasarán las escenas de júbilo popular por las libertades formales que la “liberación” de las fuerzas Talibán ha traído. Afganistán y esta región del Asia continuará inestable. A la mayor presencia e intervención imperialista se le suma la pelea por los intereses de cada imperialismo y de la burocracia soviética reciclada. Muy lejos se está de aquel dicho: “muerto el perro, muerta la rabia”. Los problemas en los países árabes se recrudecerán y no exactamente por diferencias religiosas sino por la política del imperialismo y sus aliados (los jeques y burguesía árabes) que hunden a los trabajadores, campesinos y pueblos árabes en la mayor explotación y miseria. Y aunque el imperialismo busca resolver el conflicto palestino-israelí, la verdad es que la formal instalación de un Estado Palestino en las zonas administradas por la Autoridad Palestina no traerá la paz, pues el Estado Sionista de Israel no puede mantenerse sino a base del terror con que impone su sobrevivencia en la tierra propia de los árabes. Por otra parte, el pueblo palestino sometido al enclave imperialista israelí solo tiene como perspectiva la explotación de su mano de obra, tanto por el capitalismo israelí como por la propia burguesía palestina. El Fundamentalismo islámico tampoco está muerto. Mientras exista la opresión del imperialismo y de sus aliados entregados a él, habrá descontento y odio. Mientras no haya la construcción de una dirección revolucionaria de las masas árabes, la desesperación, la frustración, las acciones individuales y el terrorismo tendrán amplio caldo de cultivo para expresarse. La barbarie del imperialismo y su escalada armamentista, represiva y reaccionaria es lo predominante. A la irrupción que las masas hagan por defenderse, por luchar y resistir al capitalismo en bancarrota, el imperialismo responderá intensificando su agresión, su represión y su garrote. Este es el mensaje que nos manda Bus. El imperialismo tiene cada vez menos margen para seguir enmascarando su bancarrota utilizando la democracia formal. Solo la tarea de construir una dirección del movimiento de masas bajo un programa del gobierno de los trabajadores puede acabar con la campaña de la barbarie que nos ofrece el imperialismo para el presente y el futuro inmediato de los trabajadores, del pueblo y de la humanidad. |
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