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OCTAVIO ESCOBAR GIRALDO |
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Novela ganadora de los Nuevos Juegos Florales, El �ltimo diario de Tony Flowers, marca un lindero definitivo en la narrativa regional y coloca a su autor entre los mejores del pa�s. Con destreza, utilizando a un editor y a un traductor como marcos de composici�n narrativa, se mete en la vida de un escritor que vive en New York y en su decadencia trata de cumplir, sin lograrlo, con unos contratos editoriales. Tony Flowers escribe una novela para William A. y un art�culo para Playboy, pero una joven mujer pintora, adicta a las drogas y a presuntos juegos esot�ricos, lo arrastra hacia el cansancio. A su vez, Tony ama la literatura de H.P. Lovecraft (1890-1937) y la novela que escribe tiene que ver con esa literatura de terror. |
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Escobar con una incre�ble destreza contrapunt�stica a tres bandas (la tercera la desarrolla el traductor con sus notas a pie de p�gina), as�, atrapa al lector. Su escritura exacta, de m�nimos adjetivos, im�genes cinematogr�ficas, montaje o edici�n envidiables, complementa la obra. Por lo dem�s, cierto minimalismo de su diario sume a protagonistas y lectores en una misteriosa atm�sfera ero-esot�rica dif�cil de evadir. Muy bien. |
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Isa�as Pe�a Guti�rrez. Revista Credencial, edici�n 103. Bogot�, junio de 1995. |
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Hay que le�rselo de un tir�n, un s�bado con cara de domingo y cuerpo de viernes, ojal� con una cerveza a cada lado, oyendo m�sica negra, cualquiera que �sta sea. |
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Nuevo Siglo, septiembre 1.996 |
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El g�nero del diario �ntimo permite incluir cualquier texto: fragmentos, esbozos, an�cdotas, citas. En el de Tony Flowers, muchos de tales fragmentos expresan sensaciones inmediatas, actos de amor, conversaciones telef�nicas, paseos por Nueva York, recuerdos, notas de lectura, esbozos. Son "materiales crudos", o, como los denomina la cr�tica francesa avant-texte: proyecto de novela, o novela en proceso de elaboraci�n. Frente a El �ltimo diario de Tony Flowers es parad�jico comprobar como nosotros, los lectores, tenemos acceso no propiamente a la novela que escrib�a Flowers, sino al proceso inconcluso de escribirla. |
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Camilo Jim�nez en El ojo en la paja |
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Jaime Alejandro Rodr�guez en N�mero |
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�lvaro Pineda Botero. Estudios Cr�ticos sobre la novela colombiana 1.990 - 2.004 Fondo Editorial Eafit |
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NOTA DEL TRADUCTOR |
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Cuando Juan Carlos Aristiz�bal me propuso, en nombre de la editorial, la traducci�n de El �ltimo diario de Tony Flowers, mi reacci�n fue de pasmo absoluto; el autor era para m� apenas merecedor del gusto indulgente de las "amigas"; lectoras de Vanidades. Con bien fundadas razones me convenci� en pocos minutos de la validez de la empresa y despert� mi inter�s en Tony Flowers. |
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Naci� el catorce de junio de 1946 en Lincoln, capital de Nebraska. Tercer hijo var�n de un inmigrante espa�ol y una dama de la burgues�a local, hizo sus estudios b�sicos en el Roosevelt Institute y a los diecisiete a�os, despu�s de otra de sus disputas familiares, se fue a Omaha, la ciudad m�s progresista del estado, a casa de unos amigos de su madre que lo acogieron sin entusiasmo. Fue all� donde manifest� sus inclinaciones hacia el teatro y parti� con las maletas llenas de esperanzas en su repentina vocaci�n, rumbo a New York. |
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Greenwich Village era un hervidero de promesas art�sticas, sin embargo particip� en muchas obras, la mayor�a de escaso inter�s, y logr� alg�n reconocimiento en el medio, a pesar de sus precarias dotes dram�ticas. No obstante, resulta curiosa su fotograf�a de entonces abrazado a Richard Burton; quiz� un encuentro fortuito en momentos de efusividad et�lica del actor ingl�s. Tambi�n conoci� al contrabajista Eddie G�mez, motor de su admiraci�n por el malogrado pianista de jazz, Bill Evans (1929-1980). |
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Por aquella �poca aparecieron cuentos suyos en revistas de vanguardia aunque su estilo no era en absoluto audaz, como s� lo fue su vida amorosa, por llamarla de alguna manera. Flowers med�a m�s de seis pies y su rostro moreno enmarcaba admirablemente dos ojos azules y expresivos; las canas daban al cabello ondulado y oscuro un aire aristocr�tico. Sus dotes galantes inclinaban a las mujeres a mantener bien servidos su guardarropa y su lecho. Hay al respecto numerosas historias, unas harto picantes, otras bastante s�rdidas, pero parece que siempre sali� de este tipo de situaciones con alguna elegancia. |
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Despu�s viene un per�odo que la prensa sensacionalista ha poblado de esc�ndalos y en 1977 su primera novela: Strike (En espa�ol se conoce como P�nico en primera base, Editorial El Duende, Barcelona, 1978), que obtuvo el �xito gracias a las gestiones de una editora jud�a muy emprendedora y enamorada, Miriam Stein, a cuya colaboraci�n atribuyen muchos los pasajes m�s vigorosos. El asunto se refiere a la toma de un estadio de b�isbol por miembros de una facci�n extremista palestina. La trama discurre con truculencia, bastante sexo, y uno o dos golpes ingeniosos que precipitan el final. Las ventas fueron millonarias y su figura se hizo habitual en las p�ginas de las revistas, al lado de las m�s diversas personalidades: Jane Fonda, Grace de M�naco, Kissinger. |
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En su estado, por el contrario, la situaci�n fue bien distinta seg�n se infiere de la carta publicada por Charles Morton, primo de su madre, en el Omaha World-Herald: "Si bien no deseo ser indebidamente severo con ning�n autor, debo confesar que el estilo de Flowers me inspira menos inter�s que desagrado, y debo expresar mi admiraci�n ante el extraordinario favor que las editoriales conceden a un autor que con invitaciones a la violencia y excesivo �nfasis en los asuntos de Venus, pretende competir con las delicadas narraciones de Willa Cather". No es probable que Flowers pretendiera eclipsar los relatos de pioneros e inmigrantes -A Lost Lady o My Antonia- de Willa Silbert Cather (1876-1947), o desbancarla del primer�simo lugar que ocupa en la literatura de Nebraska, pero algunos interpretaron as� sus declaraciones triunfales. |
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Dos a�os despu�s, ya instalado en el penthouse de Park Avenue donde se enfrentara con el destino, publica Shadows Over London (Traducido como Misiles contra Londres, Editorial El Duende, Barcelona, 1980),historia de espionaje y pol�tica internacional. Es la apoteosis. Las entrevistas se suceden tanto como las ediciones; los c�rculos intelectuales comentan sus posibles afinidades con Hemingway y Graham Greene y participa como jurado en Miss Universo. Es entonces cuando desecha a la abnegada editora que lo encumbr� y escoge en su reemplazo a William A. Spielmann, quien se encarga de que afloren suculent�simos adelantos para asegurar los derechos sobre su inminente pr�ximo libro. Flowers, en la cima del �xito, vive un per�odo de bonanza social que no interrumpe ni la muerte de su padre. Cuando su h�gado no soporta m�s alcohol ni sus o�dos m�s ditirambos, mermadas sus energ�as y sus ganancias, decide tomar un descanso en Europa. El tiempo agota la paciencia de las editoriales que hicieron los generosos desembolsos y Spielmann presiona para que vuelva a New York. Es a su regreso de Espa�a cuando inicia el �ltimo diario. |
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Pero antes de entrar en materia deseo aclarar un poco mi labor. |
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He procurado ser fiel a Flowers en estilo e intenci�n, aunque atemperando las descripciones que juzgu� procaces. Parto, como es obvio, de la edici�n de Spielmann, que tiene el grave pecado, ya se�alado por las cr�ticas anglosajona y francesa, de ser una selecci�n arbitraria del texto original, hasta el momento inaccesible. Muchos afirman que tal expurgaci�n condena los pasajes donde el malogrado escritor expresa sus m�s serias desavenencias con Spielmann y en d�as pasados The Washington Post revel� que las partes eliminadas costaron y costar�n muchos d�lares a las personas implicadas. Al respecto el cotarro es grande y la familia ya objet� ante las cortes los derechos del editor a los papeles p�stumos de Flowers. Aparecieron, adem�s, dos damas que reclaman contraprestaciones por su devoci�n a "El mayor escritor norteamericano de este siglo", en palabras de una de ellas. El esc�ndalo ha sido de tal magnitud que un columnista de Los Angeles Tribune insinu� que la muerte de Flowers era una patra�a montada para aumentar las ventas de sus libros. Las complicaciones apenas comienzan, como se puede ver, y mucho oiremos hablar del asunto en el futuro. |
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Una �ltima aclaraci�n: prescindo de iluminar a los lectores respecto a Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) y su literatura, porque considero que los datos necesarios a la comprensi�n emanan del texto o est�n consignados en las notas a pie de p�gina que incluye la edici�n. |
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Quiero agradecer a Juan Carlos Aristiz�bal la bondad del esclarecimiento, ni el primero ni el �ltimo, y expresar mi regocijo por su amistad. A �l dedico �sta, mi magra labor. |
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Las laminas mas dificiles del album |
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Saide |
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La posada del Almirante Benbow |
El color del agua |
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El �lbum de M�nica Pont |
Hotel en Shangri - L� |
De m�sica ligera |
1851 |
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