OCTAVIO ESCOBAR GIRALDO
El megacentro comercial de Hotel en Shangri-L� es al mismo tiempo parque de atracciones y prisi�n, brillo consumista y aturdimiento existencial. Pero dentro de la maquinaria de cart�n piedra y pl�stico pululan todav�a pasiones y frustraciones, atrocidades y esperanzas de sangre y sue�os. Los personajes que emigran de un relato a otro y sus di�logos que oscilan entre el vac�o y la sorpresa gu�an al lector, cual cautelosa br�jula, por este mar lleno de despojos del pasado y fragmentos a menudo incoherentes de globalizaci�n, referencias cinematogr�ficas y relampagueos ir�nicos.
El bello t�tulo se puede interpretar de distintas formas, una de las cuales es: en la felicidad siempre somos pasjeros en tr�nsito. Y encima a veces ni siquiera nos damos cuenta. He aqu� el dif�cil e incierto escenario elegido por Octavio Escobar en una obra que representa una nueva etapa en su s�lida trayectoria, confirmando la vigencia de su pluma como una de las propuestas narrativas m�s intrigantes del panorama colombiano actual.
Danilo Manera (Universidad de Mil�n, Italia)
Luz Mary Giraldo en M�s all� de Macondo:
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Uno de los mejores libros del 2.004
(Revistas Dinners, Semana Libros, Pie de P�gina)
En Colombia los buenos libros de cuento son escasos. Por eso es muy saludable encontrar un texto como Hotel en Shangri-L�, merecedor del premio de la Universidad de Antioquia en el a�o 2.002.
El autor, Octavio Escobar Giraldo (Manizales, 1.962) es quiz� uno de los escritores m�s discretos, m�s premiados y tambi�n m�s audaces de la llamada, a veces pomposamente, nueva literatura colombiana. En sus breves textos -
El �lbum de M�nica Pont (premio de novela Jos� Eustasio Rivera 2.003) y Saide (premio nacional de novela negra ECOE 1.995)- ha logrado un certero equilibrio entre los dudosos, y tal vez inexistentes, pormenores de una historia y la dosificada experimentaci�n formal. En otros, como De m�sica ligera, se leen dos o tres cuentos verdaderamente antol�gicos, suficientes para ganar el premio del Ministerio de Cultura en 1.998.
Con una t�cnica contenida -demasiado convencional dir�n algunos-
Hotel en Shangri-L� reune seis historias atravesadas por el eje com�n de una atm�sfera, unas im�genes y unos cuantos fragmentos de vidas a medias, que se entrecruzan en el Megacentro Babilonia, alegor�a del mundo globalizado, instant�neo, desechable y literario escenario, donde los personajes consumen por igual la gonorrea y la hamburguesa. La sencillez y aparente facilidad de los di�logos y las situaciones esconde un trabajo de orfebrer�a, una voluntad del narrador -no siempre alcanzada- de diferenciarse de sus personajes.
Cierto: algunos cuentos son mejores que otros y los escasos gui�os t�cnicos a Raymond Carver podr�an eludirse. Pero por fortuna no estamos ante un autor higi�nico y Escobar Giraldo tiene los saludables defectos de todo un escritor, virtud de la que algunos carecen.
Es un lugar com�n -y tambi�n una estupidez contempor�nea- creer que Escobar Giraldo s�lo ser� un buen escritor en la medida que nos despache sucesivas y voluminosas novelas. Como si el cuento y la poes�a fuesen oficios menores... De pronto, digo yo, la mejor literatura colombiana la est�n haciendo poetas como Juan Felipe Robledo y narradores como Octavio Escobar Giraldo. Por ahora, de �ste �ltimo autor, bastan sus cuentos y sus breves novelas, que acaso merezcan algo m�s que los abrumadores premios.
Pedro Badr�n Padau� (Semana Libros N� 2 -2.004)
Escobar es lo que algunos llamar�an un escritor posmoderno, en cuyos textos la sensaci�n de desasosiego, el escepticismo, la hibridaci�n de g�neros, la vida insular, lo trivial y lo inmediato son elementos notables. Todo esto sumergido dentro de ambientes en los que la m�sica ligera, el hiperritmo de la publicidad, el cine barato, el zapping, el shopping, el fast food, la Internet, el MTV, entre otros elementos que terminaron volvi�ndose cotidianos en la era global, son caracter�sticos.
Comparte, pues, esa literatura bastarda parecida, en su propuesta y ciertos temas, a la de Alberto Fuguet y otros escritores latinoamericanos que se clasificaron bajo ese r�tulo del McOndo: Escritores alejados de realismos m�gicos y de compromisos pol�ticos, as� como intentos de renovaci�n hist�rica; escritores completamente urbanos, de una nueva moral y sensibilidad.

Hotel en Shangri-L�
podr�a ser, entonces, una muestra de todo esto. Se trata de seis relatos en los que los personajes comparten un mismo ambiente: un megacentro comercial y un hipermercado en el que el consumo desmedido, la publicidad y los medios electr�nicos saltan a la vista. As� mismo, aunque cada relato puede leerse como una historia independiente y con una intenci�n concreta, tambi�n cada uno complementa el otro, le suma elementos para crear un conjunto en el que todos los cuentos se necesitan, los personajes van de uno a otro, haciendo cada vez m�s dif�cil la calificaci�n del libro como uno de cuentos, pues tambi�n podr�a leerse como una novela.
Hotel en Shangri-L� es, m�s bien, otra escritura para revelar nuevas preocupaciones existenciales, otra forma de vida en la que lo aparentemente vanal esconde una nueva mirada, conviertiendo la obra en un reflejo de esta otra cara que ha termindado por tomar el mundo.                          
J.C. Jaramillo (Revista Pie de P�gina N�1 -2.004)
Los seis cuentos de Hotel en Shangri-L� no son piezas sueltas de un ejercicio de narraci�n; por el contrario, existe entre ellos coherencia de estilo, tono, visi�n de mundo y hasta de maldad. Sus personajes habitan un centro comercial de dimensiones esperp�nticas, ubicado en cualquier ciudad que bien podr�a ser Manizales y, en todo caso, jam�s Shangri-L�. Y su narrador, con astucia de ajedrecista, se vale de una especie de antirret�rica. En ella s�lo caben los comentarios precisos y unos di�logos endiabladamente cotidianos que le sirven, como si s�lo sirvieran para que los personajes digan cosas, para retratar sin piedad sus almas.
Pocos datos nos ofrece el narrador para conocer las especificidades de los personajes y de las situaciones que ocurren entre ellos: los suficientes para reconocerlos como entes de una sociedad aterradora a la que, preciso es darnos cuenta, pertenecemos ya.
Hotel en Shangri-L� se antoja una especie de met�fora de la contemporaneidad y deja un regusto de miedo por una �poca en la que los elegidos estan relegados al centro comercial como �ltimo espacio de no exclusi�n. El autor asume la tarea de mostrarnos que a pesar de todo los entes no son uniformes, que persisten entre ellos las individualidades y giros propios de car�cter. Incluso los habitantes m�s arquet�picos del Megacentro Babilonia terminan insinuando la esperanza de recuperar el para�so, como cuando un adolescente entrega a su amigo que huye del pa�s la significativa ofrenda de amistad de unos disquetes con im�genes porno.
C�sar Alzate Vargas (Universidad Nacional de Colombia)
El �lbum de M�nica Pont Las laminas mas dificiles del album El ultimo diario de Tony Flowers
1851 Saide La posada del Almirante Benbow De m�sica ligera El color del agua
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