A unos zapatos hay
que llamarlos zapatos, a las escuelas, escuelas, y a los asesinos,
asesinos.
Digo esto porque,
de la misma forma que ya hablé de lo estomagante que es el lenguaje
"políticamente correcto", hay otro fenómeno que pone
en peligro la integridad de nuestra identidad lingüistica, y
nos encontramos con vericuetos en los que es fácil perderse.
Me refiero, por ejemplo,
a esos casos en que se habla de "activistas" o "separatistas"
para referirse a los asesinos de ETA. Con los primeros vocablos
parece que no son más que unos señores que protestan con pancartas,
o que se encadenan a la puerta del Ministerio de Interior en
protesta. Pero no, se trata de sujetos que disparan por la espalda,
ponen bombas para matar gente, y amenazan. Esos, en castellano,
son asesinos o extorsionistas, y crispa ver y oir en los medios
de comunicación llamarlos por lo que no son.
Otro ejemplo: una
expresión que sufre una curiosa proliferación es la de "madre
biológica". Ahora, una ya no es sólo madre, es "madre
biológica", para bien o para mal, aunque más para esto
último, ya que se le da un cierto tono de ser "menos madre".
Antes, una era la
madre, sin más, y si otra mujer criaba al niño, se le llamaba
madre adoptiva, pero ahora la diferencia es mayor, al
parecer. Tal es la popularidad
de estas palabrejas que el otro día una señora, separada del
progenitor de su hijo, intentaba restarle al hombre derechos
sobre el retoño refiriéndose a él como "el padre biológico"
del infante, ajeno al hecho de haberse convertido en ¿hijo biológico?...
¿Lo opuesto será "hijo mineralógico"?
Una cuestión más,
algo diferente: ¿Si no decimos y escribimos London en vez de
Londres o Deutschland en lugar de Alemania, porqué tenemos que
referirnos como A Coruña y Lleida a las provincias de La Coruña
y Lérida? La Academia de la Lengua Española dice que en castellano
corresponden las últimas formas, y si hablamos en castellano,
pues eso, hablemos en castellano. Tal vez convenga recordar
que los idiomas que se hablan en algunas comunidades
autónomas sólo son oficiales en dichas comunidades y no en el
resto del país, donde no estamos obligados a hablarlos. Habría
que acabar, pues, de hablar de "lehendakari" para
referirnos al presidente vasco, de "ikastola" para
decir escuela y tantos otros ejemplos.
Un último detalle,
del que no quiero olvidarme: La proliferación de
carteles, municipales y privados, en las ciudades en los que
no se respetan las mayúsculas
ni la tilde. Así, vemos "carniceria", "via rapida",
"venta de sofas", "Telefonica".... Y si
no, fíjese el lector.