Dicen
que somos más inteligentes, pero que morimos antes por el estrés
que nos provoca vivir en un mundo diseñado para complicarnos
la existencia, o
quizás este último hecho provoque el que tengamos que espabilarnos.
Yo no sé si me acortará la vida, pero sí me crispa tener que
hacer malabares con el metrobús para que pase por el maldito
torno, tener que enfrentarme a una lata con un martillo y un
cincel para poder abrirla, que las espirales del cuaderno se
me marquen en la mano y no haber aprendido la vainica porque
para la profesora yo "cosía al revés" y no podía enseñarme.
Con
muy mala leche y algo de ingenio he superado numerosas de estas
pruebas, y hace tiempo inicié una cruzada, a la que ahora se
ha sumado mi media naranja. Hubo una época en que pasábamos
a las tiendas de informática a preguntar por ratones para zurdos.
No los encontramos, como ya suponíamos, pero era divertido ver
la cara que se les quedaba a los dependientes. En la facultad
me hice famosa por mis persecuciones de las escasas sillas en
las que poder escribir sin descoyuntarme las vértebras.
Ahora
es diferente, el santo varón con el que disfruto de la vida
y yo estamos convirtiendo nuestra casa en el paraiso de los
zurdos; quien quiera entrar a cocinar, mirar en un armario,
deshacer un nudo que
hayamos hecho nosotros o coger el papel del váter tendrá que
retorcerse, pero nosotros hemos mejorado nuestra vida. Bendito
hombre el mío que a sus numerosas virtudes añade la de ser zurdo.
Animo
a todos los que manejamos mejor la izquierda a exigir comodidades
en nuestra vida cotidiana, y a los diestros les pido que dejen
de preguntarnos algo tan evidente como "¿Eres zurdo?".
Somos al menos un 10% de la población, y hemos tenido representantes
tan dignos como Leonardo da Vinci, Benjamín Franklin, Albert
Einstein, Lewis Carroll, Picasso, Greta Garbo, Paul Klee, Pelé...
una larga lista de políticos, actores, científicos y deportistas.
A aquellos que piensan que "es gracioso" ver cómo
escribimos los zurdos, o que no seremos capaces de voltear la
tortilla, a aquellos que corrigen a los niños cuando utilizan
la izquierda, sólo les recomiendo que utilicen su escasa capacidad
mental en contarse los pelos de las piernas, no dan para más.