Sybil

Varicopa 2000

Toda la vida he pensado que las largas competiciones deportivas eran simplemente algo que había que soportar. Estaba preparada para la Eurocopa famosa. Convencida de que durante dos semanas interminables iba a perder el control del televisor y que mi maravillosa versión de El Rey Lear a la japonesa (o sea, Ran) tendría que esperar en su cajita de video, mientras por enésima vez alguien intentaba explicarme qué  es un fuera de juego (tarea en la que mi marido ha sustituido a mi padre), pero el cauce de los acontecimientos ha sido muy diferente, y los 22 muchachotes que, inexplicablemente, se dan patadas y empujones por una esfera de cuero, han quedado en un papel secundario, convirtiéndose en el mero indicador de la enfermedad de mi media naranja.

 En los partidos iniciales, esos que sirven para que se clasifiquen unos cuantos, la calma chicha reinaba en casa, excepto los días en que jugaba España,  cuando ni siquiera yo podía sustraerme a la tele y disfrutar enredando las vidas de mis sims. Pero al comienzo de los cuartos de final el chico, el mío, empezó a estar algo raro... "Eso es porque la selección se la juega", pensé, pero no. El día de España, la televisión que empieza a hacer jugarretas, y temí que acabara por la ventana, pero todo quedó en una bronca verbal monumental dirigida a los chicos de Camacho.

Pero, ¡Ay!, los malos ratos no habían sino empezado. Nos dieron las semifinales con unas sospechosas pintitas por el cuerpo de mi marido y algo de fiebre. "Este hombre se toma demasiado en serio esto del balompié", pero no, el veredicto del galeno fue mucho peor: varicela. A sus años... en fin.

¿Cómo le niego yo ahora ver el fútbol?, ¿Habrá tenido la complicidad de la UEFA?

Llegamos a la final con algo más de 39º de temperatura (más o menos la misma que en la calle). Extraña Eurocela o Varicopa esta del 2000 para nosotros. Espero que lleguemos al Tour ya sanos y Kurosawa pueda salir del encierro.

A todo esto, je je, que yo todavía no he pasado la varicela; bueno, solidariamente, sí. Eso sí, de arte balompédica ya sé cuántos juegan en cada equipo, soy capaz de decir medio volante derecho y de distinguir un fuera de juego, creo.

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