Nicholas O'Halloran

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Poemas en Mundopoesía

En noviembre de 2005, Halloran se da de alta en el foro de poesía mundopoesía y comienza a contribuir al foro con algunos textos de poemarios anteriores y otros que se van escribiendo por esas fechas. Así, tenemos:

Fecha
Poema
02/11/05
El maestro (inédito).
02/11/05
Te llevo dentro (de Lokura).
03/11/05
Grata noche oscura (de Grata noche oscura).
03/11/05
Tres fragmentos de una noche (de Grata noche oscura).
04/11/05
Sin ti (de Lokura).
04/11/05
07/11/05
Déjame que te diga (inédito).
07/11/05
Despertar (inédito).
10/11/05
Noche de baile (inédito).
10/11/05
Preguntas (inédito).
11/11/05
Otra copa (de Luz de noche).
11/11/05
Leyendo versos (de Luz de noche).
14/11/05
Corona de laurel (inédito).
14/11/05
Dirigiendo miradas (inédito).
15/11/05
Tú lo sabes (inédito)
15/11/05
Cuatro sonetos de soledad (de Luz de noche).
16/11/05
17/11/05
Más que sexo (inédito)
22/11/05
22/11/05
Desvaríos (de Grata noche oscura)
02/12/05
Pobreza (de Grata noche oscura)


El Maestro

Sabes que duermo y, sin embargo,
te vienes a darme tu mano.
Sabes que no, que no es posible
conseguir la magia de un suspiro
únicamente buscándolo.

Creación. Esa es la palabra.

Nada más allá de la infinita línea
de un horizonte que se estrella.
Nada más allá de las olas del mar:
una,
otra,
otra más...
ciento...

¿Hay acaso alguien que quiera
levantar la voz y gritar verdades?

¿Hay acaso alguien con el pecho ardiendo
que nos diga dónde lloverá mañana el llanto?

El anciano te mira y te dice que es él
el hombre que has estado esperando
toda tu vida.
Él sabe que duermes y, sin embargo,
se viene a darte la mano.
Pero a mí,
casi mejor,
no me despiertes.

 

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Déjame que te diga

Déjame que te diga que soy nave
que sólo quiere encallar en tu playa,
navegar tu mar de olas rizadas,
naufragar en tu tormenta desatada,
volver a naufragar en tu mirada.

Déjame que te diga que soy lobo
que sólo quiere habitar donde tu vayas,
aullar a la luna en tu pecho,
cazar un amor que es mi fortuna,
tener en ti mi lobera más lobuna.

Déjame que te diga que soy viento
que sólo quiere ser apenas brisa,
que sopla lento y cálido en tus manos,
que sopla lento y cálido en tu boca
y que al soplar allí no se equivoca.

Déjame que te diga que soy sal
que sólo quiere dar sabor a tus días,
que habita en tu pubis y en tu herida
de amor, y aun en tu olvido
cuando de tus lágrimas la causa he sido.

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Despertar

Desperté ayer, y era mañana.
"¿De que vienes vestida,
blanca nube?"
"Vengo vestida de ti",
dijo mi amada,
"de las ropas que plantaste
en mi seno,
en mis entrañas".

"Qué extraño", pensé,
"pues no recuerdo
querer vestirte nunca:
desnuda, así te amo;
desnuda, así te miro;
desnuda, así te quiebro...
que mi desnuda mano
te desnuda
y al desnudarte rompo
tu misterio".

"Mi misterio", me dices,
"no se agota
en los tristes dobleces
de la ropa".

"Tu misterio", digo,
"desespera
porque quiere ser descubierto.
Por eso te desnudo y me acerco.
Por eso, quizá, ayer te amaba.
Por eso, quizá te ame mañana".

"Cierto", dices,
"pero espera:
ayer era un misterio,
hoy, soy ciento.
No en vano has amado,
amante.
No en vano amarás:
nunca hay bastante".

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Noche de baile

Qué triste es esta noche.
Qué lóbrega, qué fría,
qué solitaria.

Y la gente ríe,
la feria está en su auge:
corre la bebida,
hay puestos de tiros al plato
y baile en la plaza
iluminada por mil bombillas
de colores.

Y qué triste es esta noche.
Qué silenciosa, qué tenebrosa,
qué horrenda.

Las muchachas sueñan con bailar
ceñidas por el buen mozo.
El mozo sueña con desvirgarlas
o, si llega tarde, disfrutarlas
al menos.
Los niños se divierten.
Los ancianos recuerdan.
Los padres rien.
El tonto del pueblo llega tarde:
no encontraba la plaza.

Y qué triste es esta noche.
Qué deprimente, qué amedrentadora,
qué tensa.

La banda toca pasodobles
y todos -chicos y mayores-
forman parejas de baile,
menos el tonto del pueblo.
Los ancianos bailan mirándose a los ojos.
Los padres bailan entre risas.
Los niños no bailan: dan vueltas enredando.
Los mozos bailan queriendo tocar más de la cuenta.
Las mozas sienten mariposas en el estómago.

Y qué triste es esta noche.
Qué negra, boca de lobo.
Qué muerta.

Un feriante acaba de empezar la tómbola.
En el puesto de tiro alguien gana un peluche.
En la barra del bar, uno que tropieza
da con las narices en el generoso escote
de una matrona.
El señor alcalde mira y sonríe y se deja ver.
Su mujer viste como si fuera de boda.
El tonto del pueblo se saca un moco
que enseña entre risas a unas jovencitas
y lleva la bragueta abierta.
Una pareja sale de la plaza en dirección a la era
intentando que nadie se dé cuenta de su marcha.
Los amigos del mozo que huye sienten envidia.
Las amigas de la moza sienten mariposas en el estómago.

Y qué triste es esta noche.
Qué absurda soledad, cuánta agonía.
Qué llanto.

Dos números de la benemérita están de servicio,
pero no hacen ascos al carajillo al que invita el alcalde.
La moza feúcha está sentada junto a la fuente:
mira al tonto del pueblo y se consuela.
El tonto del pueblo lleva la bragueta abierta,
que enseña entre risas a unas jovencitas.
En la tómbola, uno medio borracho gana una pecera:
el pez acaba muerto cuando se rompe
contra el suelo.

Y qué triste es esta noche.
Qué fúnebre se vuelve.
Qué angustiosa.

La banda toca un tango.
El tonto del pueblo trata de sacar a bailar a la moza feúcha.
La moza feúcha no baila.
Los ancianos no bailan.
Los padres bailan entre risas.
Los niños no bailan: dan vueltas enredando.
Los mozos bailan queriendo sentir el muslo de las mozas en la entrepierna.
Las mozas sienten mariposas en el estómago.

Y qué triste es esta noche.
Qué lóbrega.

El tonto del pueblo le enseña la bragueta abierta a la moza feúcha.
La moza feúcha no baila.
El tonto del pueblo le enseña el pene a la moza feúcha.
El tonto del pueblo sangra al lado de la fuente.
Un dedo de un mozo se ha roto
contra las narices del tonto del pueblo.
La moza feúcha baila.

Y qué triste es esta noche.
Qué fría.

Dos números de la benemérita, achispados,
se llevan al tonto del pueblo.
Un mozo sale de la plaza en dirección a la era
intentando que nadie se dé cuenta de su marcha
con la moza feúcha.
Los amigos del mozo que huye sienten envidia,
las mozas sienten envidia,
los ancianos no bailan,
los niños se divierten,
los padres ríen.

Y qué triste es esta noche.
Qué solitaria.

La banda recoge sus instrumentos.
Los feriantes cierran los puestos.
Mil bombillas de colores se apagan.
La cerveza ya no corre.
Los mozos vuelven a sus casas.
Las mozas vuelven a sus casas.
Los ancianos vuelven a sus casas.
Los niños están muertos de sueño
y los padres los llevan a sus casas.
El alcalde y su señora
se felicitan por la bonita fiesta.

Y qué triste es esta noche.

Una moza disfruta de un orgasmo en la era.
Dos mozos disfrutan de un orgasmo en la era.
La moza feúcha no escuchó palabras de amor
y se siente usada en la era.

Ya no quedan mariposas.

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Preguntas

Si me quitas la vida -tú-,
¿qué queda?

Si te vas, si te pierdes, si te olvidas
de que ayer fuimos -tú y yo- nosotros,
si de los pasos que te trajeron
tan sólo el eco solo hoy resuena,
dime:
¿qué queda?

Que sí, que ya sé, que no fui -yo-
aquél que esperabas encontrarte.
Que también, que no es nuevo, que conozco
de tu tristeza -tú-
las lágrimas y el temblor y el frío.
Pero si no te abrigo -yo-, dime:
¿qué queda?

Si no escuchas, si no hablas, si no ríes -tú-,
y si no te oigo -yo: nosotros-,
si el silencio nos envuelve y nos ensordece
con su callado cántico de niebla,
dime:
¿qué queda?

¿Qué queda de aquellos besos?
¿Qué queda de las caricias?
¿Qué queda de las palabras de amor
susurradas al oído?

Y si no las dices -tú-
o las dices pero no para mí -yo-,
dime:
¿qué queda?

¿Qué te queda?

¿Qué nos queda?

¿Qué me queda?

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Corona de laurel

Te traes una noche en la mirada
-amor, amada-,
que no por oscura es menos mía.

Me desposees, me dejas en la nada
-amada, amante-,
y me quedo mirándote expectante.

Tus manos son mi piel
-amante, amada-,
me conducen hasta la agonía.

Tus besos, dulce de miel
-amada, amor-,
causan el placer y el dolor.

No me dejes llorándote en la almohada
-amor, amada-,
con ganas de entrar en tu secreto:

antes, bésame de nuevo en la alborada
-amada, amante-,
que la vida quedó atrás, nada delante.

Reparte conmigo el calor aquél
-amante amada-,
que tengo el corazón ahora incompleto.

Corónate la vida con laurel
-amada, amor-,
que no hay modo de terminar mejor.

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Dirigiendo miradas

Mira.
Allí, casi
donde se pierde la mirada.
¿Lo ves?
¿No?
Fíjate bien.
Una estrella.
Ya sé que es
normal de noche.
¿Ves la estrella?
Hay más alrededor.
Claro que no las ves,
yo tampoco. Pero hay más: lo sé.
No sólo sabemos
sólo lo que se ve:
siempre hay más, mucho más
de lo que desvela la mirada.
¿Que cómo qué?

Peces en el mar,
luces en la noche,
hielo en los icebergs,
lágrimas en los ojos,
gentes en la ciudad,
pelos en el cuerpo,
canales en la televisión,
risas en la boca,
sabores en los platos,
suavidad en los dedos,
girasoles en el campo,
marcas de cerveza,
besos en los labios,
colores de piel,
calor en la piel,
este amor que te tengo...

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Tú lo sabes

¿No me amas ya? Pues vaya. ¡Qué bonito!
¿Qué haré ahora yo, adicto a tus afectos?
¿Pagarás tú los desperfectos
de dejarme el corazón marchito?

¿Y a qué se debe el cambio de pareceres?
¿Qué has descubierto en mí que antes no supieras?
¿Qué has encontrado en otro que no tuvieras
encontrado ya en mí? ¡Caray, cómo eres!

- Me cansaban tus larguísimos paseos.
Los he cambiado por ocho cilindros en uve,
tapicería de cuero roja, cambio automático,
deportivo descapotable, anchos neumáticos,
muchos más caballos de los que nunca soñar pude,
pintura metalizada color granate oscuro...

¡Y yo que te presté mis viejas sandalias
para ir campo a través hacia el futuro...!

- Me cansaban tus larguísimas tardes
leyendo poesía y dialogando.
Las he cambiado por deuvedé, jome cinema,
pantalla de plasma de dimensión extrema,
pelis porno suecas de contrabando,
dolbi surraun, sonido envolvente...

¡Y yo que te di mi vida en blanco
para escribir a dos manos el presente...!

- Me cansaban tus larguísimas noches
besándonos enteros en el suelo.
Las he cambiado por hoteles de completos firmamentos,
camas con dosel donde gozar de mil momentos,
yacusi desde el que partir al reino de los cielos,
muchos más orgasmos de los que hubiera imaginado.

¡Y yo...!

Yo te ofreceré mi jergón de polvo y paja
cuando quieras un amor desesperado...

Y vendrás.
Y -tú- lo sabes.

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Tres falsos sonetos desnudos

I

Ya han gritado, tenues, nuestros cuerpos
sus amores, y lento llega el día,
desnudo ángel de paz, mi clara vía
de acceso al submundo de los sueños.

(El pelo revuelto como Medusa
que acecha con sus ojos mi existir.
El cuerpo, trémulo, tan cerca de mí
y, allá en la silla, la falda y la blusa).

Vístete, amor mío, que ya llega
la única razón de mi tristeza,
la temida prueba de la partida.

Vístete ya, mi amor, vístete y vuela,
pero no alejes mucho tu riqueza...
y vuelve esta noche a darme vida.

II

Veo desde aquí su cuerpo desnudo,
echada como está ahora en su cama,
enlazados los brazos en la almohada
soñando tranquila. He de estar mudo,

pues no quiero llegar a despertarla.
¡Es tan bello su ser cuando descansa!
Aquí sentado quiero estarme hasta
que despierte: me gusta observarla.

(También me gusta poder abrazarla
y que ella mi cuerpo también abrace,
y fundirnos en una sola carne.

Me gusta, como no, también besarla
y que ella haga eso que hace
cuando me besa y mi alma arde).

III

¿Qué podrá saciar mi hambre ahora
que he probado el néctar de tu cuerpo?
¿Cómo evitar que llegue la hora
en que de inanición caiga yo muerto?

Si no te tengo aquí, junto a mi lado,
¿cómo conseguiré yo mi alimento?
No quiero ni probar lo que me es dado:
sólo quiero alentar junto a tu aliento.

¿A dónde marcharé, si no te tengo
y todo lo que quiero es tenerte
junto a mi corazón eternamente?

¿Cómo sobrevivir, si estoy ardiendo
con un fuego que empezó de repente
y me consume? Mas... ¡tan lentamente!

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Más que sexo

Como una granada repleta de frutos
te abres ante mí, amor, amada mía,
y el fruto jugoso su zumo derrama
y es todo mi ser quien de ti se extasía.

Siento ya mi carne entrando en tu carne,
tu cuerpo y el mío unidos en uno;
siento en mi vientre tu vientre que arde
y, alrededor, todo se transforma en humo.

Y eres el centro del cosmos eterno:
todo está en ti y fuera de ti nada...
Y bebo el remedio de mi ser enfermo
a grandes tragos encima de la almohada.

Y siento, y gozo, y río, y vuelo,
y voy a mundos antes no visitados
mientras me hundo hasta el séptimo cielo
en el cuerpo desnudo de tus regalos.

Y tú, ávida de amor, mi boca buscas
con tu boca, y con ardor desatado
extraes su néctar, bebes cuando gustas,
y más me besas cuando te has saciado.

Y noto que con tus manos acaricias
mi pelo, mi cuello, mi hombro, mi espalda,
y me vuelvo loco con tantas caricias
que me entrega tu ser, tu cuerpo, tu alma.

Sediento, apuro hasta la última gota
el cáliz rebosante que hoy me ofreces:
bebo en tus senos, tus ojos, tu boca
y, loco yo ya, tú también enloqueces.

¡Y el grito del amor se oye en la aurora!
Y, junto al mío, tu cuerpo palpitante
se juran con caricias que no habrá hora
en que le dé el adiós al otro amante.

Se van calmando ya nuestros corazones
y, con la respiración entrecortada,
-aunque siguen los besos y sus amores-
separamos nuestros cuerpos en tu cama.

Y te observo, y te amo, y te acaricio,
y me pierdo en tu melena desatada.
(El silencio que domina el edificio
nos rodea y nos envuelve con su nada).

Y me miras, y me besas, y me quieres,
y yo siento que es verdad, que sí me amas...
y mi ser se estremece cuando lo hiere
el ardiente amor que sobre él derramas.

(Deslizo por tu cuerpo mi mirada
percibiendo el sudor y la fatiga
que ha causado en ti el ser mi amada
y, antes que eso, mi mejor amiga.

Y yo sé que también tú lo mismo sientes
cuando besas mi cuerpo ahora cansado,
cuando sin nada hablar, juntamos las frentes
y sé que me quieres... y que yo te amo).

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Romance del humo (que fumo)

Sujeto la cajetilla,
se mueven raudos los dedos
y un cigarrillo que sale:
uno más y uno menos.

Me lo llevo hasta la boca
y acerco a él el fuego
que produzco azulado
con el gas de mi mechero.

Inspiro. Expiro. Humo
que sube ya hacia el cielo:
el cigarrillo consumo,
como decía el bolero.

(¿O era cuplé castizo?
La verdad, no lo recuerdo...
En todo caso, ahora fumo
sabroso tabaco negro).

Y hacia el cielo se va el humo:
niebla que sale de dentro,
parte visible del alma,
círculos casi sin centro,

sueños que se van marchando,
sueños que se van corriendo,
sueños que van hacia arriba
vestidos de un humo denso.

Sueños que son sobre ti
-de qué otro modo, mi vida-,
sobre la ausencia del cuerpo,
sobre la vida perdida,

sobre todo lo que fuimos
y que no somos ahora:
sueños, sueños, sueños, sueños...
que pesan como una losa.

Pero pesan muy ligeros,
subiendo a hacerse nubes
en ondas grises de humo
(quizá hoy tú también fumes

y se junten allá arriba
en humo los corazones...)
Sé que no eres fumadora,
pero quizá el mal de amores

te haya llevado a lo mismo
a que me lleva a mí ahora:
a fumar despacio, lento,
mientras la ausencia reposa.

Quizá no, claro, quién sabe...
yo no, no hoy, desde luego
por eso fumo despacio,
consumo tabaco y fuego:

porque no estás, te has ido,
te me fuiste, no te tengo,
me vas matando de ausencia
del calor que voy perdiendo.

Ver el humo me relaja,
con él, subiendo, me elevo
arriba, alto, muy alto...
y tan alto estoy, que quiero

caerme en caída libre
a tu vida hecha suelo
y en ella vivir mis días,
los días que ya no puedo

vivir sin ti a mi lado,
siempre ausente. Que no quiero
vivirme así mis días.
Que no quiero. Me da miedo.

Por eso fumo esta noche,
lleno de humo los pulmones,
echo nubes por la boca...
y llueve en dos corazones.

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