Nicholas O'Halloran

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Poemas en Mundopoesía

En noviembre de 2005, Halloran se da de alta en el foro de poesía mundopoesía y comienza a contribuir al foro con algunos textos de poemarios anteriores y otros que se van escribiendo por esas fechas. Así, tenemos:

Fecha
Poema
04/01/06
Verde hiedra (inédito).
04/01/06
10/01/06
La palabra (de Luz de noche)
10/01/06
11/01/06
12/01/06
13/01/06
19/01/06
Donaciones (de Lokura)
19/01/06
30/01/06
Viento (inédito)
30/01/06
Desayuno (inédito)
02/02/06
02/02/06
La puta (inédito)
14/02/06
Pasos perdidos (inédito)
15/02/06
Siempre las flores (inédito)
27/03/06
Te me fuiste (inédito)
28/03/06
05/04/06
17/05/06
17/05/06
18/05/06
19/05/06
24/05/06
24/05/06
Hoy tampoco (inédito)
24/05/06
25/05/06
29/05/06
Cuando te creí perdida (de Grata noche oscura)
30/05/06
30/05/06
31/05/06
31/05/06
01/06/06
Palabras de muerte (inédito)
09/06/06
La guerra (inédito)
09/06/06
09/06/06
12/06/06
Tendremos futuro (inédito)
15/06/06
Tres poetas (inédito)
16/06/06
Sin venir a cuento (inédito)
20/06/06
Como un alfarero (inédito)
20/06/06
20/06/06
21/06/06
21/06/06
23/06/06
Penumbra (inédito)
23/06/06
23/06/06
Cosas que tengo (inédito)
27/06/06
27/06/06
Has fallado (inédito)
28/06/06
28/06/06
29/06/06
Toqué tu cuerpo (inédito)
29/06/06

Si tú te apiadas (inédito)

30/06/06
¡Gritad, poetas! (inédito)
12/07/06
Nueve años (inédito)
18/09/06
18/09/06
Ayer te tuve (inédito)
19/09/06
Vidas (inédito)
19/09/06
Tu pubis (inédito)
20/09/06
Desnudo (inédito)
20/10/06
Rimas mínimas (inédito)


Verde hiedra

- "¿Por qué abrazas a la roca,
verde hiedra?
¿Por qué la abrazas?
La roca es dura,
la roca es áspera,
la roca es fría...."

- Porque la amo.

- "¿Por qué amas a la roca,
verde hiedra?
¿Por qué la amas?
La roca es dura
porque nada la conmueve.
A tu abrazo contesta con rigor,
a tu amor opone su lejanía.
No hay amor fecundo
cuando lo amado
con el amor porfía.

¿Por qué amas a la roca,
verde hiedra?
¿Por qué la amas?
La roca es áspera
porque es vieja.
A tu abrazo contesta con abandono,
a tu amor opone su rudeza.
No hay amor fecundo
si nada se aporta,
si sólo hay pobreza.

¿Por qué amas a la roca,
verde hiedra?
¿Por qué la amas?
La roca es fría
porque está muerta.
A tu abrazo contesta con desdén,
a tu amor opone su silencio.
No hay amor fecundo
en la muerte
y el desprecio".

Me dijo la verde hiedra
floreciendo en la roca:

- ¿Eres acaso tú mejor?

 

 

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Pim, pam, pum

¡Pim, pam, pum!
Cien mil cohetes estallan en el cielo.
¡Pum, pum, pam!
Cien mil miradas mirando al firmamento,
viendo las palmeras de luz
que inundan el fin de año festivo.

¡Pim, pam, pum!
El niño soldado repele el ataque en la trinchera.
¡Pum, pum, pam!
Las miradas hambrientas de paz
miran desesperadas
el fuego que se les viene encima.

¡Pim, pam, pum!
Los petardos alegran la noche de las uvas.
¡Pum, pum, pam!
Los disparos aterran, obligan al llanto,
no dejan más escapatoria
que matar o morir matando.

¡Pim, pam, pum!
¡Alegría, villancicos, turrones, fiesta!
¡Pum, pum, pam!

¡PAM!

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Mi plantita de interior

Mi plantita de interior
se asoma al mundo
con ensueños de vagabundo
desde el cristal del balcón.

Se ve viviendo en el monte
junto a las jaras,
creciendo salvaje y libre
como aliagas.
Se vé viviendo en el bosque
con el helecho,
al aire libre y al sol,
no bajo techo:
gozando de la brisa y la lluvia,
gozando el mundo
con ensueños de vagabundo
se vé,
mi plantita de interior
desde el cristal del balcón.

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Sonetos del amante que no ama (pero porque no le dejan)

I

¡El placer que te doy a manos llenas
de saliva y sudor,de piel caliente,
de pasión un tanto adolescente
por el ansia y las dudas, a centenas

recorriendo tu cuerpo y sus condenas
los besos de este amante indigente
de amores, trasnochador delincuente,
ladrón de todas las que son ajenas!

Condenado tu cuerpo por hermoso,
condenado tu pecho por airoso,
condenado tu sexo por hidrante,

condenada mi sed, siempre expectante
de encontrar la calma en la brillante
humedad que bordea lo jugoso.

II

¡Qué cierto que la noche es misterio!
¡Qué cierto que la vida se derrama
hecha torrente encima de la cama,
convirtiendo el lecho en baptisterio!

Bienvenido mil veces el criterio
que mi sudor junto al tuyo reclama:
pasó de ser tu cuerpo criptograma
a convertirse en mi cautiverio.

Cautivo ando perdido en tu pelo,
cautivo ando, vagando en tu cuello,
cautivo soy, tu pecho como anzuelo

donde cautivo pierdo yo el resuello.
Cautivo si abres las piernas, flagelo
que me obliga a visitar tu vello.

III

Quizá sea la hidromiel que bebo
de tu cuerpo lo que me emborracha
más que si fuera fruto de garnacha,
que siempre quiero más, aunque no debo.

Pero tú, tras ser tu sexo mi cebo,
cortas mi pasión como con un hacha,
pisas mi ansia como a cucaracha
después de haberme usado de mancebo.

¿Que quieres orgasmos? Vas y me llamas:
me citas, me excitas y me follas
-nada de ir haciendo melodramas-,

pero en el placer nunca te arrebollas...
Obviamente, no diré que me amas:
me usas como a otras muchas pollas.

IV

¿Tendré queja después de la pasión?
Por pasión no padezco ni me quejo,
que, si bien me canso, también festejo
cuando llega el final de la canción.

Pero es casi como la castración
ese momento tan raro y complejo
en el que intento amar y cortejo
tu cuerpo: ahí pasas a la acción.

Te levantas, te me alejas, te vistes,
me señalas la puerta y me tiras...
(quizá no me quieras decir mentiras,

quizá no quieras drama en los chistes,
quizá tengas incluso miedo a amar
o a ser amada por vulgar juglar).

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Del acceso al séptimo cielo en sus brazos

Tus brazos me protegen y me aman,
en ellos encuentro descanso y gozo,
son mi guarida, grato calabozo
donde tras darme muerte me embalsaman,

porque muero en tus brazos cuando exclaman
nuestros cuerpos exangües su alborozo
de amarse sin disimulo ni embozo,
cuando al séptimo cielo se encaraman.

Primero el beso, después entusiasmo,
tercero el besante pleonasmo.
Después llega el cuarto con el exceso,

y el quinto, cuando tu piel atravieso.
El sexto es, con su espasmo espeso,
antesala del séptimo: el orgasmo.

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Del amante compartido (si bien no por voluntad)

I

Si te conozco y no eres mía,
y aún así te sueño a mi vera...
si es que llevo tu amor en bandolera
y me revisto de su lozanía.

Y sí, que es verdad: majadería
y no otra cosa es esta quimera
de querer ser yo quien te entretuviera,
y no esos que te rondan noche y día.

Los oigo reir y me pongo malo:
comentan sin el mínimo respeto
lo que hacen contigo. Yo aprieto

los puños y dientes, mas no me meto:
por no verte mujer te dan el halo
de la gloria de ser sumisa al falo.

II

Me has mirado hoy, y se ha parado
como en la Biblia en el cielo el sol,
(milagro fetén para el caracol,
y yo soy caracol enamorado).

Me has pedido ayuda: te he ayudado
siguiendo tus zapatos de charol,
bastante aturdido por el formol
de tus caderas en su cimbreado.

Detrás de ti, atravesé tu puerta
dejé la carga y en mi mano muerta
quisiste dejarme unas monedas.

Dije que no, y te sentí alerta.
Dije: "tan sólo deseo que accedas
a besar al que al verte desheredas".

III

Y besaste, morena. Me besaste
todo el cuerpo y toda el alma... Mi piel
al completo con ese moscatel
que nace de tu boca me limpiaste,

mas en ningún momento mendigaste:
¿quisiste navegar? Fui tu bajel.
Llegaste a la Torre de Babel
y para destruirla la atacaste.

No sé si hubo confusión de idiomas
aunque mi lengua visitó tu boca
y algo más que me ofreciste, loca

por derramar sobre mí los aromas
que no retienes, porque no los domas,
aunque por domarlos en ti fui broca.

IV

Si sabes que me tienes a la espera
de que quieras volver a ser mi amada,
¿por qué vas, de mi amor inmunizada,
hecha de otros amantes carcelera?

¿Por qué otras veces vienes zalamera
exigiendo de besos la soldada?
Si sabes que me tienes, bien hallada
morena azabache agramadera.

Golpeas en mis sienes con tu aliento
si haces que te siga, bien atento,
al lugar donde con otro te encuentras.

Me das la muerte, sí... pero tan lento
que de vez en cuando hallo contento
si te confundes y a mi casa entras.

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La mocita que me excita

¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!

La mocita que me excita
a las actrices imita
y casi se extralimita
cuando pasa por la acera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Es graciosa aunque enjuta,
de melena un tanto hirsuta
y con besos de cicuta
que envenenan a cualquiera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!

Es talmente una gatita,
pequeña como una ermita
eléctrica cual dendrita,
una mujer de bandera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Dicen que cualquier disputa
la resuelve a fuerza bruta:
es campeona absoluta
y la mejor pendenciera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!

Se baña en agua bendita
por un monje carmelita,
pues sin ser una erudita
más piadosa no hubiera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!
Jugosa como la fruta,
como buena zorra astuta,
un pelín hija de puta
mas siempre tan lisonjera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!

Por acabar ya, permita
el que esta letra escrita
lea sobre Margarita
cuando fuere y dondequiera
(¡quién pudiera
amarla por dentro y fuera!)
que se diga que no muta
su belleza ni se inmuta
su vivir de disoluta
por mucho que yo la quiera.
¡Quién pudiera
amarla por dentro y fuera!

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Viento

De noche, los sonidos no son.
No hay más que tú y que yo
en el viento.
Tu nombre...

Es viento tu nombre,
y mi voz lo fabrica
sin descanso
en el placer.

Es viento tu pelo,
viento tu pecho,
viento tú.

Tú y yo en el viento,
nada más.

Busco la cercanía de las estrellas
antes de encontrarte a mi lado.

Te tengo a ti en el viento...
Te tengo a ti,
y digo tu nombre
hecho viento
en mi voz,
por mi voz.

El viento lleva tu nombre
y tu nombre es el viento
y tu nombre eres tú.

Soplas.
Gimes.
Corres.

El viento ha devenido huracán
que arrasa toda mi alma a su paso.

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Desayuno

Reclamo la atención del camarero.
Me ha visto, lo sé.
Él sabe que lo sé, pero no me mira.
Sólo quiero un café.

El ruido de las tazas sobre los platos golpea mis sienes
como mil Vulcanos trabajando al unísono.

Té.
Cortado.
Café con leche.
Bombón.
Café largo.
Café americano.
Poleo.
Carajillo de María.

La canción del camarero es monótona.
Los sobres de azúcar se ríen de mí.
Los grillos revuelven en las tazas.
Sólo quiero un café.

Las risas de los que consumen lo que desean me persiguen hasta obligarme a esconderme.
Mi deseo es mayor, pero mi voluntad escasa:
sólo quiero un café.

El humo de los cigarrillos es una cortina
que no evita mi mirada.
Ni la del camarero.
Me ha mirado, lo he visto.
Sólo quiero un café.

Paro un taxi en mitad de la barra,
pero nadie baja la bandera.

Cito al toro en el centro de la plaza
pero nadie embiste.

No sé ponerme de puntillas porque no soy bailarina.

Lo tengo a tiro, está ahí, me mira...
Sabe que sé que me mira y sabe que sé que lo sé.
Lo miro, lo fulmino con la mirada, lo enveneno inyectándole sangre.
Sólo quiero un café.

La calle está fría y húmeda por las mañanas.
Llego en ayunas al trabajo.

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¿Qué trazas con el dedo en la arena?

- ¿Qué trazas con el dedo en la arena,
mujer,
marcando débil las líneas?

¿Qué dibujos haces para que el mar
se los trague?

- Dibujo el amor
-dice suave-
que te tengo.
Quiero que el mar me lo guarde.

- ¿Qué haces vestida de luna,
mujer,
llorando en la madrugada?

¿Por qué lloras ahora que nadie
va a escucharte?

- Riego el amor
-dice suave-
que te tengo.
Quiero que la tierra me lo guarde.

- ¿Qué mirada es esa que lanzas,
mujer,
hacia el horizonte?

¿Qué miras tan fijamente que tus ojos
se pierden en el infinito?

- Lanzo el amor
-dice suave-
que te tengo.
Quiero que el viento me lo guarde.

- ¿Tienes amor?

- Tengo amor,
tengo vida,
tengo llanto,
tengo sueños
y quebrantos,
tengo el alma en un suspiro
que no sé si muero o vivo
por que vengas y me abraces.

Tengo un amor que son ciento,
cien que son mil, o millones,
millones que tú complaces
casi sin venir a cuento.

Con una mirada tuya
- ¡una sola, date cuenta! -
haces que lo malo huya,
que me sienta tan contenta
que más amores quisiera
para darte noche y día.

Contigo soy, vida mía.
Sin ti... ser es una quimera
que no creo nadie intuya.

- Mujer, que amando así,
fíjate, pierdes la vida...

- La vida ya la perdí
y no intento recobrarla,
pues que no es vida sin ti.

Me puedes quitar, si quieres,
la respiración,
el latido del corazón,
el sentir de la razón,
el pensar de la pasión,
todo, todo lo que quieras,
con una sola palabra,
pero no la vida
que ya es tuya.

- ¿Qué palabra es esa, mujer,
para que no la pronuncie nunca?

- Desamor.

- Amor...

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La puta

Tres sonetos

Sin miramiento alguno, sus y al toro,
lanzada en cuerpo y alma a la faena
sola y deslucida en esa arena
de los que no hacen mutis por el foro

te encuentro en sitios de poco decoro,
siempre protagonista de una escena
que te exige guardar en cuarentena
tu dignidad de mujer. Indoloro

no es ese recibir los puyazos
que lanzan los clientes con sus sables,
troceándote el alma a machetazos.

Sin duda habrá quien los crea aceptables:
"disfruta" -dirán- "si está entre mis brazos".
Tus lágrimas ya son inapreciables.

* * *

¿Qué les ha pasado, dí, a tus sueños?
Quizá nunca los pintaste de rosa,
pero seguro que fuiste ambiciosa.
¿Mueren cuando van cambiando tus dueños?

Conoces a todos los lugareños
casi como si fueras su esposa...
Ellos te ven a ti como una diosa,
siempre dispuesta a desfruncir sus ceños.

Tienes un hijo, por eso te vendes.
¿Qué más te da a ti lo que diga el mundo?
Tu derecho a vivir, eso defiendes.

Ya una vez tu vientre fue fecundo
y de aquel fruto no te desentiendes...
y a mí me dejas tan meditabundo...

* * *

Johanna, Patri, Marisa, Vanesa,
-melenas que abrigan como nada-
Yurina, Tatiana, Nerea, Ada,
-pieles que tienen olor de frambuesa-

Berenice, Dafne, Elia, Teresa,
-miradas que buscan en la manada
de buscadores en la madrugada
quien les diga "amor", "bella", "princesa"-.

Que no casan cerveza con tristeza
si llega otro llamando a tus piernas
buscando -avestruz- meter cabeza

en la más húmeda de las cavernas.
Nadie nota que, bajo la corteza,
te desangras en mil muertes internas.

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Pasos perdidos

I

La noche sin tu cuerpo es más oscura,
y cuesta más encontrar el camino.

Camino sin rumbo, pero camino al menos...
Pasos perdidos, sólo pasos perdidos…

¿Y si a ti me llevaran? Y no,
no va a pasar, o no hoy, o no ahora.
No esta noche oscura sin tu cuerpo, más oscura.

No va a pasar que te encuentre
-esquina, calleja, farola,
penumbra, portal, zaguán,
cárcel-
en la noche oscura sin tu cuerpo.

Frío y tristeza van de la mano
camino de ningún sitio, pasos perdidos.

Y sí, ocupas la memoria y el sueño,
y ocupas el vacío de mi boca
con el aire de tu ausencia…

¡Piel quiero, deseo, amo!
Aire…

Respirar, ¿para qué, para quién…?
Quiero respirar cansado para ti,
bañado en sudor a tu lado.

La noche sin tu cuerpo es más oscura,
y no vale la pena buscar el camino.

II

En la tierra sin norte me dirijo
-siempre-
hacia el este, porque allí está el mar.

Huellas de pasos en la arena,
y no son tus pies.

Risas al fondo, cuchicheos...
Bajo la luz de la luna una pareja
se empapa de amor en el Mediterráneo.

Mojo mis pies en el agua
y noto el calor de sus cuerpos en la orilla.

Tú fuiste yo y yo fui tú en ese mar,
en ese mismo mar y en ese sitio.
¿Quedará algo de nuestro amar
allí, ahora?
Son otros cuerpos los que se mueven,
son otras voces, otros labios los que besan…

Tu ausencia es eterna como eternas son las olas.

III

Nunca entré porque no lo encontré abierto,
pero hoy había luz,
música,
risas,
fiesta.

Dentro. Copas.

Se habla más con la mirada
cuando el cuerpo cansa las voces.
Hablo contigo y tú no estás y no eres tú,
pero eres. Quiero creer que eres
y hablo contigo con la mirada.

Su lengua tiene el sabor amargo
del vodka: me gusta, y no es dulce
como la tuya. Quiero creer que eres tú,
y mis manos me engañan en su cintura.

Me engañan en su cintura
y en sus muslos
y en su pecho
y en mi cama.
Me engañan las manos en su piel
y me engañan sus besos en la mía.
No eres tú y quiero creer que eres tú
en su calor.

No es tuya la voz que anuncia su placer,
ni tuyo es el beso que encierra al mío.

Respiro cansado a tu lado,
bañado en sudor,
y no eres tú.

IV

La noche sin tu cuerpo es más oscura,
y cuesta más encontrar el camino.

Los atajos que tomo
no me llevan a ti,
ni te encuentro a mi lado
cuando encuentro un cuerpo
que no hace que la noche
sea menos oscura.

Mil pasos perdidos en la noche oscura,
con el frío perdido en la tristeza,
con la vida escapándoseme entre los dedos
mientras los deslizo por su melena.

Mil pasos perdidos andados a besos
que no besan porque nacen muertos.

Mil pasos perdidos, tan perdidos...

Mil pasos perdidos, una vez más,
andando un camino
que no llevaba al único sitio
al que quiero llegar.

A ti.

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Siempre las flores

Por carecer de birtudes
para lo de la eskritura
me vi habocado al olvido.
¡Que bana literatura

la qe creé imaginando
las flores d tus amores!
Poniendolas por escrito,
diziendo que eran mejores

que las que en el gardín crecen,
que las que su aroma estienden
por la frondoza alameda,
que las que en los parkes venden,

que las que jritan su aroma
ala ardiente luz del sol,
que las que viven silbestres,
quel jazmín, que el girasol,

que la vrevísima Pascua,
que la orkídea siempre sola,
que la dalia, k la rosa
que la opiázea amapola...

Siempre hablava de las flores...
Que te qería yo tanto
que no pude kompararte
ni con carrdo ni con canto,

ni con cuerbo negro y triste,
ni con agua estankada,
ni con bertedero lleno:
con nada malo, kon nada...

Siempre las flores, mi bida,
sienpre las flores, mi amor,
siempre las flores, kerida,
siempre las flores... ¡k error!

Te mandé mil y un romanzes
de amor etherno fresados,
compuse mil y una koplas
con mil y un pieses quebrados,

te escriví mil y un sonetos
(y alguno abía bien chulo).
Indelicada, digiste:
métetelos por el k...

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Te me fuiste

Te me fuiste entre suspiros...
Te me fuiste.

Y me fuiste vida y gloria,
y me fuiste calor y fuego,
y me fuiste y te me fuiste...
(no sé si volverás luego).

Te me fuiste entre miradas...
Te me fuiste.

Y me fuiste día y noche,
y me fuiste azul y cielo,
y me fuiste y te me fuiste...
(me quedé yo con mi duelo).

Te me fuiste entre abrazos...
Te me fuiste.

Y me fuiste salud y fuerza,
y me fuiste noche y sueño,
y me fuiste y te me fuiste...
(yo no quise ser tu dueño).

Quise ser sol y paloma,
quise ser rubor y beso
- el amor no tiene axioma,
es más bien un tren expreso -,

quise ser sangre y fuente,
quise ser viento y palabra
- mil veces te tuve enfrente
y ahora, tu ausencia macabra -,

quise ser tu piel tan sólo,
quise ser temblor y abrigo
- hoy mi bandera enarbolo:
la del amor que mendigo.

Te me fuiste entre suspiros...
Te me fuiste.

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En mi nombre no, señores

El dolor hecho carne y hecho cuerpo
pasea hoy por las calles
de mi ciudad.

Vidas rotas, pero vidas:
vidas cortadas de cuajo,
vidas arrancadas de raíz,
vidas mil veces lloradas,
vidas mil veces perdidas,
vidas de mil viudas,
de mil ataúdes negros,
enormemente negros
donde duermen en lo eterno
mil vidas que anteayer fueron.
Mil atauditos blancos,
como blancas las conciencias
y las manos
de los que cometieron el delito
de vivir mil vidas,
mil risas
mil besos
mil caricias...
sólo quedan mil recuerdos.

Mil, dos mil, cien mil, un millón
de gargantas que se ahogan.
Voces roncas de llorar
se levantan, no se mueren
porque aún siguen vivas
y no siguen vivos ellos.

Mil, dos mil, cien mil, un millón
de miradas que se nublan.
Ojos ahogados de llorar
que aún miran, no se mueren,
porque aún siguen vivos
y no siguen vivos ellos.

Mil, dos mil, cien mil, un millón
de corazones que se encogen.
La sangre helada de llorar
aún palpita, no se muere,
porque aún siguen vivos
y no siguen vivos ellos.

Mil, dos mil, cien mil, un millón,
muchos más, muchos más, seguro,
muchas más personas que miran hacia adelante
sin olvidar lo que vieron atrás:
que no siguen vivos ellos
pero queda aún mucho camino.

Voces, ojos, corazones, personas,
manos blancas levantadas,
lágrimas, sí, lágrimas...
pero también risas,
pero también besos,
pero también caricias...
Que la vida sigue y estoy vivo,
que no pudieron conmigo ni podrán,
que no pudieron con nosotros ni podrán,
que nunca podrán los que nada pueden
aunque crean que pueden matarnos.

Y las palabras prostituidas, una "paz"
que llena bocas,
que blanquea conciencias,
que pronuncian los señores
de una "guerra" que no es tal.

Un asesino que habla
de los derechos humanos
cuando de humanos, deshechos,
ha sembrado nuestras calles,
nuestros centros comerciales,
nuestras casas,
nuestros trenes,
nuestras vidas,
nuestro mundo...

Una tigresa que ofende
a tan bravo animal
matando por la espalda,
tiro en la nuca.

Uno cuya vida debe
al mismo al que se la quita.

Hijos predilectos los asesinos,
insultos para los muertos...

En mi nombre no, señores.
Que por mí no se preocupen:
si me hablan de terror,
yo ya vi su cara,
yo oí sus balas,
yo estuve allí.

Yo vi a mi amiga blanca como la muerte
porque la muerte pasó a su lado,
y oí los helicópteros,
y vi el humo.

Yo sé lo que es pensar
que estás vivo por la misma razón
por la que podrías estar muerto.

En mi nombre no, señores.
Que por mí no se preocupen,
porque tampoco se preocuparon
cuando me ahogué en lágrimas
y no sabía dejar de temblar.

En mi nombre no, señores...

El dolor hecho carne y hecho cuerpo
pasea hoy por las calles
de mi ciudad.

Yo voy detrás, en silencio, en mi sitio.
No doy nada, porque nada puedo dar.
No digo nada, porque nada sé decir.

Estoy detrás, en silencio, en mi sitio,
pero estoy ahí,
con las víctimas,
lamentándome,
porque ni el don de la palabra tengo
para decirles

que estoy en silencio, detrás, en mi sitio,
pero ahí,
con las víctimas.

 

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Miles de besos gritan tu nombre

Miles de besos gritan tu nombre
y tú, ausente, no los recibes.
Son miles de besos que te lloran,
que no te encuentran cuando, naciendo
en mis labios, te buscan con ansia.

Te buscan los besos, dan mil vueltas,
vienen y van, locos por hallarte:
miles de besos que no te encuentran
y lloran, huerfanitos de madre,
sedientos de la sed de tu boca.

Van y vienen, van y vienen,
y en su ir no se detienen
y en su venir no se paran.

Lloran lágrimas saladas,
que son mil noches soñadas
que mil vigilias deparan.

Las vigilias son tu ausencia rara,
tu no estar, tu vacío, mi nada,
mi ser yo sin ti, que es el no ser.
Los días me son interminables,
no me encuentro en ellos. No te encuentro.

Los besos que me nacen son tristes
porque nada más nacer te lloran.
Son besos vacíos de los tuyos,
besos que no te están siendo dados...
Besos más que tristes: tristérrimos.

Van y vienen, van y vienen,
y en su ir se mantienen
y en su venir desesperan.

Lloran lágrimas saladas
de tristeza tan preñadas
que abortaran si pudieran.

Pero no dejan de ir,
y parten ilusionados:
no lo quieren asumir.

Sueñan con dar con tu boca,
al sueño van aferrados:
la verdad les descoloca.

Y lloran sus lagrimitas
como las llora un niño:
lágrimas tan chiquititas

que apenan de tan pequeñas
aunque grandes en cariño:
Sueñan contigo. ¿Les sueñas?

 

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¿Por qué no vienes, amor, y me matas...?

- Soneto vagamente pornográfico -

¿Por qué no vienes, amor, y me matas
definitivamente de amor?
¿Por qué sólo la ausencia alrededor?
¿Por qué ese crimen tanto dilatas?

¿Por qué tan cruelmente me maltratas?
¿Por qué me das vacío aterrador,
prolongando mi último estertor
a través de estas líneas insensatas?

Ven, amor, amada, y dame muerte.
Convierte lo que está vivo en inerte,
que mi cuerpo al hálito despida.

¿No ves que lo que quiero es recorrerte,
gozarte toda entera... sí, joderte...
y morir de placer en la corrida?

 

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Vuele el texto lejos

Vuele el texto lejos...
Letras empequeñecidas por la distancia,
nada más que letras ausentes de ti:
carencia,
ausencia,
deseo,
llanto.

¿Tanto cuesta comprenderlo?
Capturas las palabras al vuelo,
exprimes su significado,
apuras el sentido de la voz
y la lengua
y el escrito.

Y no, hoy no hay letras...
Y siempre las hay, y es cierto,
¿qué hay sino letras?

El infinito es el alfabeto
y más allá el universo estalla.
Big crunch.
Big bang.
Big crunch.
Big bang.

A lo lejos, las letras enviadas ayer,
lloran al lado
de un niño que nació triste,
de un hombre enfermo de amor,
de una mujer que lleva sonrisas en el alma,
de un árbol sin raíces y sin hojas,
de una chica que se peina recién duchada,
del agujero de un obús en el suelo,
de un chico que juega al fútbol en la calle,
de una madre que amamanta a su hijo,
de una pareja joven que no encuentra vivienda,
de un viejo tomando chatos en el bar,
de un pájaro que vuela alto, muy alto,
de una nube con forma de caracol,
de una risa obscena y sonora,
del sudor del campesino,
de la mirada vacía del ciego,
de una mujer que se acerca,
se acerca,
se acerca,
y va agrandándose a cada paso que da,
y me devuelve las letras enviadas ayer,
pero no me da un beso.

Tengo un cajón con letras
donde vive el sentido del mundo.

Tengo desde la "a" de "amor" y de "asco"
a la "z" de "zarzamora" y "zurriburri",
las tengo todas en un cajón
y en él vive el sentido del mundo.

Las oigo reírse cuando las envío lejos,
porque saben que van a volver,
que no me libro de ellas,
que no me libero de ellas,
que nunca podré hacerlo.

Son un boomerang eterno,
una sucesión de letras
en un viaje infinito
de descubrimiento.

Las envío y me traen
la aurora,
la noche,
el alba,
el miedo,
la risa,
la mirada,
el infierno,
el cielo,
la plenitud,
la nada,
el sufrimiento,
el duelo,
la mansedumbre,
la ira,
el calor,
el hielo,
la confusión,
la certeza,
el temor,
el terror,
el miedo...

El miedo a enviar mis letras lejos,
en tu búsqueda en
la carencia,
la ausencia,
el deseo,
el llanto,

y que algún día puedan volver
contigo,
conmigo...
y sin mí.

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Sonetos anatómico-forenses

- I -

¡Oh falo, viril cetro poderoso,
bella verga que en la bella te hundes,
duro vigor que huye si te hundes
en sexo ajeno, mojado y pringoso!

¡Oh nabo humano, altivo y glorioso,
pepino masculino que confundes
cuando el vello aledaño te tundes
luciendo aún más altivo y lustroso!

A ti, pene flácido, rindo honores
cuando abandonas todos tus temores
mereciendo por ello ser loado,

cuando te hinchas repleto de humores
y, en ausencia de quien te eche flores,
te corres tras haberte masturbado.

- II -

Potorro, chichi, coño o conejo,
parrusa, seta, fija o almeja...
en tanta alternativa se refleja
que lo sencillo puede ser complejo.

Si es verdad que el diablo sabe por viejo,
de vulvas sólo sabe si se deja
orientar si la vagina aconseja
y es capaz de seguir el tal consejo.

De coños sólo saben las mujeres,
que el olor, la textura o el sabor
de un coño no es saber en absoluto.

(Me aprenderé el tuyo si tú quieres
enseñarme a quemarme en su calor,
que en tu disfrute es donde yo disfruto).

- III -

Secundarios de lujo, siempre fuera
del lugar donde se monta el cotarro...
Lo intentáis y nunca subís al carro:
que entrar ahí no entráis aunque se quiera.

Me vais a permitir que yo prefiera
al mariachi que sois frente a ese charro
que os acompaña -aunque con pies de barro,
de vuestro concurso siempre a la espera-.

Esfera testicular, fiel escroto
que aunque el coño os es ignoto
estáis ahí, cual fiel infantería:

sin vosotros, al entrar a ese coto
que es de la mujer el virgo roto,
al nabo le falta la artillería.

- IV -

¡Siempre tan alejados de la acción,
medio cuerpo tarde al llegar a meta,
con más vibraciones que una Lambretta
cuando ya se ha iniciado el revolcón...!

(Dos reclusos huyen de esa prisión
tratando de asomar fuera la jeta,
surgiendo de la nada, cual la seta,
aparece un pezón y otro pezón).

¡Tetas que os movéis a ritmo marcado,
vosotras sois descanso del guerrero
cuando corriéndose cae derrotado!

Cierto es que nunca os han penetrado,
mas vuestro marcador sexual no es cero:
¡mil veces más que al coño os han besado!

 

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La derrota del juntapalabras

- I -

Hice caer murallas con mi pluma,
he tomado al asalto mil ciudades,
gritado a los cuatro vientos verdades,
ocultado mentiras en la bruma...

Mi prosa es un mar, mis versos su espuma,
canto al cielo y le canto al Hades,
destruyo ejércitos, creo hermandades,
a la vida resto lo que ella suma.

Mis letras por todo el mundo extiendo.
No temo a la noche, ni aun a la muerte,
mientras tenga tinta en mi tintero.

Por eso lo intento, pero no entiendo
cómo puede una roca ser tan fuerte...
¡es que tu amor me roba el verbo entero...!

- II -

No encuentro palabras para escribirte
y trasladar al papel tu belleza:
al estilo le puede la aspereza
y no fuerzo la expresión para no herirte.

No herirte, porque hacerlo es describirte,
que no sé describirte con certeza:
me falta la palabra con que empieza
el discurso que quisiera decirte.

Quiero decirte a ti, y pronunciarte,
políglota esforzado, en mil idiomas,
polígrafo frustrado en mis sonetos,

porque no hay arte para hablar del arte,
porque a mis líneas tú nunca te asomas...
porque tus besos aún me son secretos.

 

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En este mundo, los días

En este mundo en el que tenemos
automóviles, buses,
trenes, taxis,
camiones, aviones, ferrys,
pateras, lanzaderas espaciales,
y viajamos
ahora aquí,
ahora allí,
Pernambuco, Shangai, San Petersburgo,
San Francisco mañana -si apetece-,
no encuentro el lugar donde merece
la pena el hogar que no he creado.

En este mundo en el que escribimos
cartas, e-mails, faxes,
sms, memorandums,
resúmenes de prensa, artículos,
análisis bursátiles, versos,
notas en post-it y en imanes de nevera,
el seso se devana y desespera
porque no puede encontrar una palabra.

En este mundo en el que decimos
coño, polla, culo,
sexo,
coito anal, glande, pezón,
bondage,
clítoris, orgasmo, sado,
es triste oír, pocas veces
bien pronunciado -mejor vivido-
el amor.

Los días escapan tan deprisa
en este mundo en el que vivimos
que raro es el momento que encontramos
para encontrarnos de nuevo con la risa.

Los días van pasando, tan lento,
en el hastío lleno de vanos lujos,
que hoy puedo decir, sin más tapujos,
que voy como tú, muerto por dentro.

 

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Hoy tampoco

Me levanto a las siete y voy a la oficina.
Antes, desayuno un cortado.
Preparo los informes,
tengo reuniones,
llamo por teléfono,
uso el fax,
presento documentos,
recibo correo,
son las dos y no he almorzado.

Como de menú del día:
dos platos, postre y café.
Bebo vino y fumo.
Vuelvo a la oficina
sin haber descansado.

Tengo más reuniones,
discuto con uno, me enfado con otro,
miro mal al conserje cuando salgo a tomar un café,
miro mejor al conserje cuando vuelvo,
llamo por teléfono,
mando correo,
me voy a las ocho:
estoy cansado.

Me relajo en un pub irlandés:
bebo cerveza negra, fumo y vuelvo a casa.

Me pongo cómodo, ceno ligero,
conecto el televisor
y me quedo amodorrado.
Se hacen las doce y me voy a dormir:

hoy tampoco te he besado.

 

 

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Algunas cosas que soy

Soy río que persigue tu reflejo,
el capturar tu imagen un instante,
el pararme si te tengo delante
y el seguirte si andas: no te dejo.

Soy viento que despeina tu melena,
que te hace inclinar si voy de cara,
que te rodea siempre y no se para
porque sabe que tú vales la pena.

Soy la tierra que cuando andas pisas,
soy el fuego que nace en tu mechero,
soy la sal de tus lágrimas y, espero,
ser también el sonido de tus risas.

 

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Una vez, que me creí poeta

Una vez, que me creí poeta,
me dio por enamorarme
y escribía
paz,
y escribía
amor,
y escribía
vida,
y escribía
luz.

Pero desperté del sueño de las letras
y dormí el sueño de la vida,
de las calles de la ciudad,
de los gritos,
de la competición esencial,
de las traiciones,
de la mentira triste viajando
hacinada en los vagones del metro.

Encontré una jeringuilla en un parque
llena de verdades. A su lado,
uno que me dijo que creía ser poeta.
Y me hablaba
de desesperación,
y me hablaba
de tinieblas,
y me hablaba
de agonía,
y me hablaba
de muerte,
y me hablaba
de mí.

Traté de despertar del sueño de la vida...
Aún lo intento,
pero no recuerdo si puse el despertador.

 

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Brindis entre iguales

Si eres como yo y firmas contratos
con el sello indeleble del abrazo,
si eres como yo y das esquinazo
a la legión insigne de insensatos,

si eres como yo y huyes de los datos
con que buscan al libre echar el lazo,
si eres como yo y te das el gustazo
de perder todos los campeonatos,

si eres como yo y no vas persiguiendo
aquello que te pintan estupendo
porque no sigues leyes por decreto,

si eres como yo, por ti yo extiendo
mi brazo con copa, porque me entiendo
como tú entenderás este soneto.

 

 

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Quizá cuando en otros brazos

Quizá cuando en otros brazos
me vuelva la sonrisa
y no quede tras la aurora
el recuerdo de esta noche,

cuando el viento huela a limpio,
a césped recién regado y a primavera
y no, como ahora, a rancio
como rancia es la espera eterna,

cuando en otros labios encuentre
la palabra verdadera
que se espera,
se espera,
se espera...
y no llega,

cuando la vida misma vuelva
vestida de seda y poesía
transparente que insinúe
sus pechos de miel y vino,

cuando en otros ojos mire
mis ojos mismos mirando
y apoye mi frente en otra frente
y deje mi sueño en otra almohada
y vacíe mi ser en otra carne,

seré capaz de pensar
en el hoy como lo que es:

el ayer del mañana.

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¿Qué tal si vienes y me besas?

¿Qué tal si vienes y me besas
sin más razón que el beso?
¿Qué tal si no pensamos
por un segundo, sólo un segundo,
y nos besamos?

¿Qué tal si en ese beso
cerramos los ojos y sentimos?
¿Qué tal si no pensamos,
ciegos a la vida exterior,
y nos besamos?

¿Qué tal si en ese beso
me pierdo eternamente en tu mirada?
¿Qué tal si no pensamos,
hechos labios y pupilas,
y nos besamos?

Y después, ya que estamos,
¿qué tal, mi amor, si nos amamos?

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Las tardes de un día de domingo

Estos gestos de amor que me regalas
escogidos como flores para un ramo
con el que adornas tu regazo
en las tardes de un día de domingo,

se me clavan
lentamente,
van pasando
entre el recuerdo del sueño
y la vigilia,

como pendientes
de un hilo invisible
quebrándose
tan despacio
que eterniza la vida
en la agonía.

 

Estos gestos de amor que me regalas
para que trence coronas en mi pelo
y me vista, desnudo, de ti y contigo
para pasear en las tardes de un día de domingo,

se me escapan
a lo largo de los días,
en la ausencia de ti,
como si no pudieran
ser yo, sólo tú,

esperan volverse
de nuevo a tu lado
porque a ti te pertenecen,
pero me los regalas
para que te engalane
una tarde de día de domingo.

 

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Palabras de muerte

La muerte, una vez más, abrió la boca.
De ella surgieron palabras
como paz,
como libertad,
como respeto,
las mismas palabras que sus manos
destruyeron durante años de hiel.

La muerte, una vez más, abrió la boca
y escupió sus muertas mentiras.

Mira a la boca de la muerte:
no hay dientes, sino granadas;
no hay lengua, sino escopeta;
no hay labios, sino cadenas.

La boca de la muerte habla del odio travestido,
exhalando un aliento fétido como el cadáver en descomposición
que es la muerte.

La muerte, una vez más, abrió la boca:
sólo esputos pútridos salieron de ella.
Esputos de consenso,
esputos de negociación,
esputos de procesos de paz.

La muerte no sabe que la paz es acto, y no proceso.
La muerte no sabe que la paz no se negocia, sino que se construye.
La muerte no sabe que está muerta.

La boca de la muerte, después de hablar,
rió con los estertores de mil muertos
y en su risa
se oyeron los llantos de los que quedaron con vida.

La voz de la muerte
sonó fuerte como la tormenta.
No sabe que la voz de la vida,
suave como el murmullo de un arroyo,
es más fuerte...
mucho más fuerte...

Una tormenta
no puede nunca
secar un arroyo.

 

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La guerra

En mi barrio había un abuelo
que una vez vivió una guerra.
Los niños, siempre curiosos,
preguntábamos cómo era.

¿Cómo es la guerra? Hay humo.
¿Cómo es la guerra? Hay fuego.
¿Cómo es la guerra? Hay muerte.
¿Cómo es la guerra? Hay miedo.

Con cuatro palos de escoba
y un trapo por bandera,
jugábamos por las calles
al juego que era la guerra.

¿Cómo es la guerra? Hay hambre.
¿Cómo es la guerra? Hay duelo.
¿Cómo es la guerra? Hay ruido.
¿Cómo es la guerra? Hay miedo.

Atacábamos fortines
de rellano de escalera.
Ganábamos mil medallas:
nadie perdía la guerra.

¿Cómo es la guerra? Hay sangre.
¿Cómo es la guerra? Hay hielo.
¿Cómo es la guerra? Hay bombas.
¿Cómo es la guerra? Hay miedo.

El abuelo preguntado
temblaba en cada respuesta:
no quería acordarse
de aquella vieja guerra.

¿Cómo es la guerra? Hay miedo.
¿Cómo es la guerra? Hay miedo.
¿Cómo es la guerra? Hay miedo.
¿Cómo es la guerra? Hay miedo.

Han pasado muchos años...
El viejo murió hace tiempo.
Hoy nos hablan de la guerra
muchos que no la vivieron.

Hablan de buenos y malos
que hubieron sobre este suelo
e inventan nuevas historias.
¿Cómo es la guerra? Hay miedo

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Nuestra relación liberal

Fíjate que al despertarme
y encontrarte en mi almohada
pensé, durante un segundo,
que si me diera la gana
podría enamorarme
de ti en cualquier mañana.

Menos mal que uno es muy suyo
y aún tiene dignidad:
¡mira que, si por torpeza,
rompiese nuestra amistad...!
Porque una cosa es besarnos
y otra tenernos que amar.

Por eso, estate tranquila:
lo nuestro no es más que sexo,
compartir alguna copa,
devorarnos beso a beso,
sudar la pasión conjunta...
pero nada más que eso.

Y ahora que estamos de acuerdo
porque ya hemos aclarado
que no importa el sentimiento
- como bien me has explicado -,
si no te importa, recojo
mi corazón destrozado.

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Si tuviera que elegir

Si tuviera que elegir
entre el blanco o el negro,
entre el vino o el agua,
entre el cielo o el infierno,
entre el día o la noche,
entre el fuego o el hielo,
entre el monte o la playa,
entre el techo o el suelo,
entre invierno o verano,
entre silencio o risa,
entre sereno o ebrio,
entre ventisca o brisa,
entre estulto o muy culto,
entre televisión o radio,
entre la enciclopedia
o un breve epistolario,
entre el sol o la luna,
entre caricia o golpe,
entre el sillón mullido
o el cansarme en el deporte,
entre grito o silencio,
entre la paz o la guerra,
entre el sudor o el perfume,
entre el pastel o la piedra,
entre estar triste o alegre,
entre el calor o el frío,
entre zapato o sandalia,
entre océano o río,
te elegiría a ti.

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Tendremos futuro

Como si fueran caras
de una misma moneda,
los besos y la ausencia
siempre corren parejos:
sé bien que el tenerte
es absurda quimera...
Cuando te tengo, vivo.
Mas te vas, y yo quedo.

Basta sólo con verte
para emprender el vuelo
al país donde nunca
jamás llega el invierno.
Luego, en la despedida,
vuelven los pies al suelo,
vuelve a hacerse de noche,
vuelvo a sentirme muerto.

No sé qué raro hechizo
haces cuando te abrazo
que de tal modo cambia
mi verdad y mi mundo:
que me nacen las alas
cuando estás a mi lado...
Luego, cuando te marchas,
no hago pie y me hundo.

Me vivo en la rutina
insípida del tiempo
que no tengo y me lleva
siempre tan cuesta abajo...
Me falta la caricia
de tu cabello al viento:
no hallo razón alguna
para hacer mi trabajo.

Cada día que empieza
en mi cama vacía
de ti y de tu cuerpo,
comienza otra condena.
Mi casa es una cárcel
siempre triste, gris, fría,
absurda como absurda
es esta amarga espera.

Pero espero y llegas,
y me vistes de flores...
Y te visto de estrellas
cuando en tu ser habito.
Y de nuevo te pierdo
y vuelven los dolores,
y me vuelve el vacío
de este vivir contrito.

Pero llegará el día
en que ya no te vayas,
en que ya no te pierda
y la luna sonría.
Y ese día bendito
mi reloj tendrá cuerda
para marcar las horas
sin fin de la alegría.

Cuando ese día llegue
beberemos buen vino,
la mesa estará puesta
y la vida completa,
daremos buena cuenta
del banquete servido
en bandeja de un oro
que mi dicha refleja.

La mirada perdida
que hoy se pierde en la nada
la perderé en tus ojos,
la perderé en tu vida...
Los brazos que esta noche
se abrazan a mi almohada
abrazarán tu cuerpo
sin notar la fatiga.

Y seremos nosotros,
y tendremos futuro,
y los días que lleguen
traerán besos al alba.
Esperando esos tiempos
sobrevivo al apuro
de vivir esta ausencia
que va matando mi alma

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Tres poetas

Sonetos con coda en terceto implicatorio

El poeta de los versos de alambre
se ha sentado en su sillón de oreja
y desgrana al contado, a tocateja
unos ripios sedientos y con hambre.

Las letras vuelan, como en un enjambre
voluptuoso que se desmadeja.
Una idea, entre ceja y ceja,
lleva el poeta: "aún no estoy fiambre,

consumo ergo sum, luego escribo
mucho más que el mundo que describo,
mucho más que el suelo y sus baldosas...

Escribo sobre el cielo al que arribo
cuando, a pesar del acoso y derribo,
me olvido de esta vida y de sus cosas".

***

El poeta de los versos de barro
se arrellena en su sillón, casi ufano,
sintiéndose casi un miliciano
-en vez de bayoneta, un cigarro-

que lucha por animar el cotarro
del pesaroso devenir humano
a base de ripios que, cual gusano,
causen a las conciencias el desgarro.

Practica comprometida poética
que acaba siendo un tanto esquelética
porque a sus temas le fallan las formas:

piensa que escribe con rima energética
pero al lector le parece diurética...
Él lo achaca a lo absurdo de las normas.

***

El poeta de los versos de fuego
inflama su escritorio con palabras:
da igual que sean dulces o macabras...
el sentido ya lo encontrará luego.

No escribe él, sino un alter ego
que está peor que un rebaño de cabras:
sigues su texto y te descalabras
por su montaña al ser -dice él- lego.

Quiere quemar, dejar sólo cenizas
cuando lanza, letras escrurridizas,
sus libelos sobre el amor y el odio.

Es poeta de tierras fronterizas
que escribe con sus tintas movedizas
no el drama, sino sólo un episodio.

***

CODA:
Soy yo ese poeta del alambre,
soy el poeta del fuego y el barro...
no soy auriga: yo tiro del carro.

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Sin venir a cuento

 

De repente
cae un rayo y quema un bosque,
se rompe un espejo,
se pierde una lágrima,
se sirve una cerveza,
te cojo la mano,
así, sin venir a cuento,
de repente.

De repente
un coche acelera -semáforo en verde-,
la niebla inunda el valle,
una niña ya es mujer,
una mujer se hace objeto,
me pierdo en tu mirada,
así, sin venir a cuento,
de repente.

De repente
un arma dispara y había apuntado,
se desata un zapato,
se acaba la leche,
tropieza un anciano,
acaricio tu nuca,
así, sin venir a cuento,
de repente.

De repente
se suelta una página de un libro,
comienza a llover,
rompen las olas,
nace un gato negro,
te digo que te amo,
así, sin venir a cuento,
de repente.

De repente
acaba la lluvia con un arco iris,
se cae un botón,
se ordeña a una vaca,
despega un avión,
hacemos el amor,
así, sin venir a cuento,
de repente.

De repente
el mundo deja de girar,
así, sin venir a cuento,
y se acaba el cuento
de repente

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Como un alfarero

Como un alfarero de tu cuerpo,
moldeo con mis manos, te fabrico,
te cuezo del amor al fuego lento
te decoro y casi te mitifico.

Como un labriego de tu vida,
trabajo hasta que mi cuerpo suda,
te procuro para el tedio el herbicida
y aro tu surco cuando estás desnuda.

Como un pescador de tus desvelos
me hago a la mar del día a día
para pescar, de besos los anzuelos,
los frutos que mi amor por ti ansía.

Como un vulgar actor de tu esperanza,
secundario, nervioso ante el estreno,
improviso ante la adivinanza
de no saber si me libro o condeno.

Como, en fin, un triste enamorado
voy llorando mi amor por los rincones:
si me miras, me pongo colorado;
si me hablas, me quedo sin aliento;
si me amas -te juro que no miento-,
no nos separarán los corazones.

 

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Unos ripios (muy) subidos de tono

Composición totalmente pornográfica
sin demasiado cuidado por eso de la metáfora

Cocida en su propio caldo
me ofreces de saldo
tu carne morena.
Y yo, que nunca rehuso,
bendigo al que puso
mi vado en tu acera.

Y te acercas con requiebros...
¡no existen cerebros
que entender pudieran
las mil y una maravillas
que tus pantorrillas
anuncian y esperan!

Mi cuerpo, que es de carne,
está ya que arde,
preparado y listo
a romper tu sensual baile
-tu cuerpo hecho aire-
al que mudo asisto.

Mas yo no lo rompo y crece
mi sexo. ¡Empiece
la danza conjunta!
Pero eres tú la que baila,
morisca en tu jaima,
mirando mi punta.

Llegas a ella y la besas,
pues eres de esas
que gozan comiendo...
Y la lames, y la tragas...
(Recorro las bragas
que ya no están siendo).

Entra dentro de tu boca
y se equivoca
uno de mis dedos.
Mientras la comes entera
se llena la acera
de gemidos quedos.

Tu locura de mí mama
y se desparrama
tu caldo en mi mano.
Siento que el final va a llegar:
por no terminar,
de mí te separo.

Beso tus pezones. Vibran.
Mis manos calibran
volumen y peso.
Tu mano me la machaca
y casi me saca
un semen espeso.

Te tumbo sobre la cama...
Tu pasión se inflama:
los muslos separas.
Tu mojado coño ofreces:
sé que te mereces
lo que me reclamas.

Mi glande frente a tu vulva:
deseas que se hunda
mi polla bien hondo.
Te la meto con dureza.
Pierdes la cabeza
al llegar al fondo.

Comienzo lento a moverme:
no quiero correrme
sin volverte loca.
Tu cuerpo arqueas queriendo
que siga metiendo.
Me besas la boca.

Uno de tus pechos chupo:
te cojo y te aúpo...
Caes sobre mí a peso.
Gritas en la madrugada
siendo penetrada.
De nuevo, te beso.

Dueño de ti, el espasmo
anuncia al orgasmo,
al placer amigo.
Empujo más, te taladro...
Hacemos buen cuadro:
me corro contigo.

 

 

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Tonto el que lo lea

Tonto el que lo lea: es tontería
andar hoy en día con la poesía.

¡Análisis financieros!
Léanlos primero, háganme caso:
averigüen cómo cotizan las acciones,
por dónde se mueven los millones,
cuál es el estado del mercado.
Inviertan en eléctricas
(tus besos son electrizantes)
y aumenten su capital.

Las revistas del corazón salen los jueves:
acudan a ellas si informarse quieren
de quién ama a quién,
de quién dejó a quién,
de quién folló con quién,
de quién engañó a quién
y de cómo es la casa del famoso de turno
(qué vacía la mía sin ti),
a años-luz de las de los vulgares mortales.

Para los muy pervertidos: los autoindefinidos
de los diarios.
Llevan más cosas: las llaman noticias,
aquello que pasa aquí y en el mundo:
violencia doméstica,
atracos con tiros,
alguna guerra,
un discurso vacío
del político de moda...
El papel, después, sirve para proteger
el suelo de la cocina del aceite que salta
de la sartén.
En las noticias está la verdad
(mi verdad eres tú)
aunque no haya verdad en las noticias.

Las novelitas rosa
ya son otra cosa.
Agarren un pañuelo, lean y lloren
con los males de amores imaginados
entre imposibles parejas de enamorados:
no faltará el hijo clandestino
del cornudo del vecino
ni la amante de un cura...
lo que vende, lo que funciona, perdura.
Lean sobre vidas inventadas,
sufridas, tristes, atormentadas
(qué triste este no-tú)
con finales felices.

O lean un buen ensayo:
salen muchos cada año.
Explican lo inexplicable,
las verdaderas razones de la crisis,
los manejos del poder,
las verdades de la ciencia,
las posibilidades tecnológicas del futuro...
Léanlos: no sean tarugos
y conozcan el mundo donde viven
(ojalá te conociera cada noche)
y las leyes inexorables que lo guían.

O vayan delante de la tele,
no sea que de leer les de un telele.
La tele no miente, ilustra, alecciona...
Nos muestra preciosos ejemplos de vida:
aquella que antes era una perdida
triunfa ahora como contertulia;
el otro, border line reconocido,
es hoy un producto bien vendido
y un líder de masas.
¡Y consigan modernos politonos
(qué alegría si te consiguiera)
o más modernos aún sonitonos!

Háganme caso, aprovechen su vida
en cuestiones mucho más edificantes
que andar leyendo versos.
Por eso, lo dicho:
tonto el que lo lea, porque es tontería
andar hoy en día con la poesía.

 

 

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El horror y el mal tienen un nombre

El horror y el mal tienen un nombre:
García Gaztelu, alias Txapote.
¿Hijo puta o tonto de capirote?
Un txakurra de ETA no es un hombre.

Déjeme que le indique -no se asombre-
los logros de ese sin par chicote,
que merece vivir de galeote
hasta que de culpa se desescombre:

secuestro de un joven de veintinueve,
ultimátum imposible o muerte
(todo ello con el mayor desdén).

De rodillas, maniatado, convierte,
dos tiros en la nuca, nada leve,
al futuro en despojo de arcén.

Por eso, llegue el grito y se oiga bien:
Todos somos Miguel Ángel. Hoy también.

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Disquisiciones en torno al concepto de "Amor"

Falsos sonetos intentando dar respuesta a una pregunta que seguramente no la tiene

Me llama la atención hoy tu pregunta.
"¿Qué es el amor?", dices. Y me miras
como si las respuestas, fugitivas,
flotaran en el aire. Digo: junta

las personas. Junta dos corazones.
Háblales de sexo junto al fuego.
Cuéntales que todo es un juego
y tendrás el amor. Mas si propones

el Amor con mayúsculas buscar
olvídate de todo lo anterior:
tu pregunta estará mal.

"¿Quién está amando?", creo que es mejor,
dado que el amor es amar,
y el nombre se define por la acción.

***

"Por amor entendemos cualquier fuente
que acorta de una cosa a su amada
el espacio que entre ambos les separa",
es la definición que de amor vierte

Santo Tomás de Aquino (¡ahí es nada!).
Y no deja de ser bastante cierto,
mas cierta circularidad le encuentro
al, para hablar de amor, hablar de amada.

El amor, misterioso así sigue,
pues aunque siempre hay quien de él se encarga
y tras muchos esfuerzos lo define

no es infrecuente que algo caiga
dentro del Amor, fuera del que escribe...
y, por tanto, su escrito ya no valga.

***

"El amor es un fuego temerario
y voluble y ondulante y diverso"
(la prosa de Montaigne la pongo en verso
aunque queda bastante estrafalario).

El amor es, por tanto, siempre nuevo.
¿Qué hay más nuevo que el cuerpo amado?
Siembre cambiante, siembre alborotado,
capaz de llevarte siempre al cielo.

Por muchas veces que hayas visitado
el corazón de la persona amada
siempre encuentras un sitio no explorado

donde se halla, oculta y deseada,
la fruta que, aunque nunca la has probado,
sabes de antemano que te agrada.

***

A los enamorados llama locos
aquel Terencio, escritor latino.
No va desencaminado, adivino,
al contar los psiquiátricos: hay pocos.

Como ciertos hoteles va y compara
un autor francés, Toulet es su nombre,
el sentimiento más grande del hombre:
el vestíbulo el lujo acapara,

dando a entender que, en su opinión,
juega papel fundamental la facha
de aquello que es objeto de amor;

o que sólo de placentero tacha
el inicio de cualquier relación:
el resto -es francés- condena al hacha.

***

Pero cierro el libro del que he leído
definiciones cultas del amor.
Me pregunto: ¿cuál es mi opinión?
¿Qué palabras, cuáles no, me he creído?

Montaigne me gusta: habla de pasión
y creo que es componente importante,
al menos en la fase iniciante,
cuando construimos la cimentación.

Un amor joven no se tiene en pie
-y si se tiene, ni es amor ni es joven-
si nada hay que directamente dé

impulso y fuerza a los que componen
esa obra admirable hecha de fe
que todo amor vivido supone.

***

De todos los otros, ¿he de negarlo?,
si acaso, suscribiría a Terencio.
De Toulet, bastante poco aprecio.
Tomás me deja frío. Si algo guardo

de todas estas mis disquisiciones
respecto a la pregunta que formulas
son únicamente todas las dudas
que me surgen si abordo estas cuestiones.

"¿Qué es el amor?", dices. Y me miras.
El amor no es más que el ir amando,
superando problemas y fatigas,

por aguas turbulentas navegando,
soportando las idas y venidas
propias de algo que está pasando.

***

"¿Qué es el amor?", dices. Y te digo,
mientras, lento, acerco a ti mi brazo:
el amor es sutilísimo lazo
jamás impuesto: siempre elegido.

El amor es amar, sigo diciendo:
temblar cuando lo amado se te acerca,
sentir su piel ardiente que refresca,
vivir mientras el tiempo va muriendo.

El amor es dicha y alegría
cuando lo amado te ama a su vez;
pero es dolor, angustia y agonía

si tu corazón rechazado ves.
Amor es amar, amar es amando
sin importar cómo, cuánto ni cuándo.

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Penumbra

La luz

se desparrama

absurda,


vomitada por una bombilla huérfana
tras la muerte
del sol.

 

Apenas

un folio en blanco

se baña en ella

mientras mis ojos lo desnudan
y mis manos
lo tallan.

Te escribo a ti,
que nunca leerás mis líneas,
en la penumbra.

Te escribo a ti
porque eres tú
lo que escribo.

Escribo

mi vida

despacio

en reglones torcidos por el tiempo
que manchan
la pureza.

Encuentro

las palabras

absurdas

como absurda es la luz que vomita
la bombilla
huérfana.

En la penumbra, tú,
que nunca leerás mis líneas,
cobras vida.

El folio es la primavera
porque eres tú
y estás llena de flores.

De repente

en la penumbra

me atacan

el olor del campo recién llovido
y el color
de la alegría.

La penumbra

arcoiris

estalla

como un prisma desintegrador
al llegar
el sol al folio.

Porque eres tú,
que nunca leerás mis líneas.


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Mientras nada más importa

Sales de mi mar
empapada de espuma,
con los labios sabrosos
del sabor de la sal.

Vente a mi arena fina
para que el sol te cubra...
vente a mi arena, amor,
que en ella reposarás
mientras
nada más
importa.

La lucha que mantuviste
contra el bravo oleaje
te ha cansado hasta el sueño
que anoche no tuviste.

Vente a mi arena fina
y que en ella yo te abrace...
vente a mi arena, amor,
que en ella dormirás
mientras
nada más
importa.

Tienes la mirada verde
de las mil plantas marinas
que alfombran esta costa
donde la vista se pierde.

Vente a mi arena fina
donde a tu cuerpo espero...
vente a mi arena, amor,
que en ella besarás
mientras
nada más
importa.

Tuviste agua en las manos
y ahora vive en tu vientre.
Siéntela viniendo en olas
de placer como la mar,

aquí en mi arena fina
donde laten corazones...
aquí en mi arena, amor,
donde te encuentras la vida
mientras
nada más
importa.


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Cosas que tengo

Tengo un reloj despertador
de esos de campanas
y un mechero transparente
de los más baratos,

tengo una botella de colonia
de marca italiana
y un reproductor de mp3
y posavasos de los Beatles,

tengo un transistor a pilas
y un par de botas negras
y una papelera
y un radiador apagado,

tengo un cenicero
al que hay que vaciar con urgencia
y unas gafas de sol
y una caja de aspirinas,

tengo una biblioteca
más ecléctica de lo normal
y unos discos de vinilo
y una carta sin abrir,

tengo una lata de CD's
y un señalador de páginas
y un teléfono móvil absurdo
lleno de teclas extrañas,

tengo el suplemento de un diario
conmemorativo de un acontecimiento
y tres guitarras
y siete armónicas,

tengo el pelo revuelto
y desordenadamente crecido,
tengo calor, tengo sueño,
tengo la imperdonable necesidad
de no hacer sino lo accesorio,

tengo el bastón con el que hice
el Camino de Santiago
cuando era infinitamente más joven
hace una media vida,

tengo un cuadro y una lámpara de pie,
tengo tos,
tengo mala memoria
y una jarra alemana con tapa

y la inexplicable certeza
de que esta noche duermo solo,
tengo una pluma estilográfica
y la mirada perdida, como ausente.

Tengo que llamarte...
tengo que tenerte...
tengo, inexcusablemente, que amarte...
y tengo que sacar ya la ropa de verano.

 

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Si llego y encuentro

Si llego mañana a mi ciudad
y encuentro agua, un puerto
suficientemente competitivo,
un aeropuerto internacional decente,
una estación de tren
de alta velocidad
o un abrazo,

o llego mañana a mi barrio
y encuentro avenidas, jardines,
una buena biblioteca,
un polideportivo,
una parada de metro
o una sonrisa,

o llego mañana a mi casa
y encuentro luz, un piano,
las obras completas de Ortega,
una televisión de plasma,
una nevera de dos puertas,
cerveza interminable,
un cartón de tabaco
o un beso,

sabré que me he vuelto loco,
pero no me preocuparé:
quizá la locura sea de amor.

(Entonces, te besaré).


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Has fallado

Mientras lata aquí dentro
en la caja del pecho
el mismo corazón que hoy late
y que latía ayer
por las calles en las que cogía
tu mano

y aliente mi boca
y vean mis ojos
y me alimente de olores
y escuche el silencio

y, en definitiva,
mis constantes vitales se mantengan
en un razonable estado
de estabilidad,

podré decirte
- si es que te encuentro -
que has fallado:
que no me has matado.

¿El amor...?
El amor no era tan fuerte.
(O igual ni era amor).

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Para los que no te conocen

Para los que no te conocen,
cualquier palabra sería mentira.
¿Amanecer, lluvia de primavera,
pan de tahona?
Queda lleno el diccionario
de voces sin sentido
porque no lo tienen,
no,
si se trata de hablar de ti.

¿Una flor? La rosa.
¿Un color? El verde.
¿Un sabor? El dulce.
¿Un olor? La tierra.
¿Una canción? Un piano.

Para los que no te ven,
no hay descripción posible.
¿Rayo de luna, ola del mar,
horizonte de campos?
Lo absurdo del idioma se muestra
en el intento vacío de describirte
porque escapas de las frases,
tú,
porque te haces vida entera.

¿Una flor? Tus ojos.
¿Un color? Tus pechos.
¿Un sabor? Tus besos.
¿Un olor? Tu sexo.
¿Una canción? Tu risa.

Para los que te conocen,
para los que te ven...
sobran las palabras.

 

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Y si te digo que ando

Y si te digo,
esta noche,
que ando echándote de menos...

Y si te digo que me faltas
cuando mis labios se cierran
y no encuentran la suave piel
que hay entre tus pechos...

Y si te digo que mis brazos
andan absurdos y huecos,
hambrientos de los abrazos
de ayer...

Y si te digo que tengo
un hueco aquí, en el alma,
que llenaría encantado
con tu cuerpo...

Y si te digo que sí,
que ando por otro camino
pero que no sé
por qué no lo andas conmigo...

Y si te digo que mis ojos
están verdemente tristes
y que le faltan los tuyos
y que les faltas...

Y si te digo que puedo
dejar la mente en blanco
y andar únicamente
pensando en ti...

Y si te digo que donde
se esconde el tiempo
tengo escondido y oculto
el corazón...

Y si te digo,
esta noche,
que ando echándote de menos...

 

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Toqué tu cuerpo

Toqué tu cuerpo y se hizo música
que llenó el mundo, y se hizo esencia
que entró por mis ojos hecha luz
y salió por mi boca hecha beso.

Toqué tu cuerpo y se hizo globo
en la complicada estructura del espacio-tiempo
con forma de delfín, para que surque
las olas de la historia que nos falta.

Toqué tu cuerpo y, en mis dedos,
quedó la indeleble marca de tu huella
hecha brisa, hecha hierba,
hecha río, hecha trigo...

Toqué tu cuerpo y se hizo morada,
y habité en ella y se hizo pan,
y comí de él y se hizo agua,
y bebí de ella y se hizo vino,
y bebí de él y se hizo vino,
y bebí de él y se hizo vino,
y bebí de él y se hizo vino...

Borracho de ti, tropecé
con tu cuerpo y estalló
en una sinfonía de colores:
el verde de las caricias venideras,
el rojo del fuego en tus entrañas,
el azul del mar en tu sexo,
el amarillo de la puesta de sol tras tus pechos,
el negro del pozo de tus misterios,
el marrón de la mierda si te marchas...

Toqué tu cuerpo y,
en ese breve y leve y mismo instante,
me supe vivo.

Y viví.

 

 

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Si tú te apiadas

Cuando llegue la vida y la memoria
y se quede atrás esta aventura
de andar siguiendo huellas marcadas
por quién sabe quién en la arena,

y reciba la palabra absolutoria
y habite ya en la hermosura
y las manos lleve jaspeadas
del amor en traje de faena,

y encuentre café y no achicoria,
y pierda ya por fin la cordura
y las vanas ilusiones infundadas
queden guardando cuarentena,

y cruce esa línea divisoria
que separa lo infinito y la mesura,
y las tarjetas de visita acartonadas
no supongan nunca más una condena,

y practique la frase laudatoria
cuando tenga que hablar de la dulzura
y me cure de las dentelladas
con que el no tú casi me cercena,

y me presente a la convocatoria
de una plaza de experto en miniatura
y me quede con las caricias contadas
y no me falten tres para la docena,

y encuentre al menos una escapatoria
y se dé lo demás por añadidura
y mis calles estén ya adoquinadas
y armemos en ellas la marimorena,

y sea la vida una jaculatoria
vivida en ti y sin la amargura
de las noches vacías ya pasadas
y los días sin pan en la alacena,

y me ría de mí y de mi historia
y me ría de mí y de mi escritura,
y me ría de mí y de mis cagadas
(con perdón por lo grosero de la escena),

entonces, esa puerta giratoria
que siempre expulsa mi dicha futura,
parará y, si tú te apiadas,
el mundo me dará la enhorabuena.

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¡Gritad, poetas!

Gritad, poetas...
¡GRITAD!

Elevad vuestros cantos bellos
y acallad los gritos de esta noche.
Venced al sonido horrísono
del llanto y de la impotencia.

Gritad, poetas,
porque en la calle Perdón, 7,
ayer, cuando bajaba la Paz
a visitar a la Esperanza,
la sorprendió en el portal
una jauría de txakurras.

Gritad, poetas,
porque vencieron su resistencia
y la forzaron.

Gritad porque se tiñieron sus muslos
del rojo de la inocencia
cuando destruyeron su himen
penetrándola con violencia,
porque sus pechos dulces se tiñieron
de su propia sangre
por los arañazos de las garras,
porque su cuerpo entero
se tiñó con el color de mil esputos,
porque inundaron sus entrañas
con un semen negro y espeso.
Gritad, poetas,
porque la preñaron de muerte.

Gritad como gritó ella pidiendo auxilio sin saber
que quien había de defenderla
era quien había coordinado la afrenta.

Gritad, poetas,
porque ayer se hizo de noche y la noche será larga.

Gritad, poetas,
porque anoche nos despertamos
de madrugada
empapados de sudor frío
con las bombas
con los disparos
con la sangre
con el llanto
con los gritos
con el dolor
de nuevo fresco en la memoria.

Gritad, poetas,
porque se ha abierto la tierra
y ha escupido cadáveres y despojos:
ya no los quiere,
ya no los ama
porque los hijos de los hombres
los han despreciado.

Gritad, poetas,
porque ha comenzado el negocio
de los mercachifles del Templo moderno,
porque comienza el regateo,
porque un muerto vale dos céntimos
y un miembro amputado uno cincuenta.

Gritad, poetas,
porque han malbaratado las lágrimas.

¡Necesito que gritéis!
¡Os necesitamos, poetas!

Ayer pusieron punto final a la historia.
Ayer se callaron, para siempre,
Alberti, Espronceda, los Machado,
Miguel Hernández, Lorca, Garcilaso,
Altoaguirre, Neruda, Góngora,
Aleixandre, Darío, Jiménez,
Quevedo y Cervantes y Lope,
Zorrilla, Cernuda, Ángel González,
José Hierro, Blas de Otero, Vallejo,
Pedro Salinas, Vicente Huidobro, Bécquer
y tantos otros que en el mundo hubo.

Se han callado porque les han robado
la palabra, el sentido, el significado.
Se han callado porque el mundo ha cambiado,
porque se ha hecho la noche y la noche será larga.

Por eso gritad, poetas.
Gritad con los pulmones llenos
del aire fresco de las cumbres
donde os alimentáis de la esencia de las Musas.
Gritad, poetas, fuerte:
tenéis que acallar el llanto
de tantos que abajo,
en el llano,
en el polvo de las calles
y en las piedras de los caminos,
nos hemos quedado huérfanos de esperanza.

Gritad, poetas.
¡GRITAD!
Os necesitamos los humanos.

Necesitamos que ablandéis
los corazones endurecidos por la infamia,
que templéis la sangre que hierve en las venas
y quema por dentro vísceras y cuerpo todo,
que tranquilicéis la memoria
y pierdan la crispación las manos...
Necesitamos vuestras palabras
para volver a tener manos y no puños...

Gritad, poetas,
y recordadnos
el color de la azucena,
el tacto de los pechos de la amada,
cómo canta el arroyo en la montaña,
a qué huele el cabello tras el amor,
los colores de la puesta de sol,
la suavidad de una piel cálida y cercana,
el viento entre el trigo,
la eterna espalda recorrida,
las olas del mar amando la arena,
a qué saben los besos...

Gritad, poetas,
y llevadnos con vuestras palabras
lejos, muy lejos
del mundo que nos han oscurecido
porque ayer se hizo la noche y la noche será larga.

¡Venid, poetas de brazos fuertes
para abrazar el amor!
¡Venid, poetisas de corazón rebosante
a salpicarnos de esperanza!

Gritad, poetas,
las palabras hermosas.
Gritad heliotropo e inmarcesible
y, aunque cursi, también tiramisú.
Gritad las palabras delicadas
que aún hagan llorar de emoción
y no de muerte.

Gritad, poetas,
porque el mundo se ha llenado
del grito desgarrador de los muertos:
¡gritad por encima de él!
¡Acalladlo con palabras hermosas!

Gritad, poetas,
y dadnos sentido y significado.
Dadnos vuestra poesía,
dejad que bebamos de vuestra vida
porque los grifos manan bilis,
dejad que comamos de vuestro amor
porque los platos se han llenado de heces.

Gritad, poetas,
más fuerte que nunca.
Haced que vuestro canto destruya las montañas
que separan este desierto del valle verde.

Gritad, poetas,
¡GRITAD!
Hoy sois lo único que nos queda.

¡GRITAD!

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Nueve años

- IN MEMORIAM -
de todo lo que supuso tu secuestro y muerte
.

Nueve años ya: el tiempo vuela.

Nueve años que te conocí,
fíjate,
un verano absurdo de 1997.

Nueve años ya, desde que
te cogieron,
te secuestraron,
te conocí,
te conocimos,
nueve años.

Nueve años ya, desde que
salimos a las calles,
pintamos nuestras manos de blanco,
dijimos "ETA no, vascos sí",
dijimos "liberad a Miguel Ángel",
dijimos "PAZ",
dijimos "LIBERTAD",
dijimos "VIDA",
con las manos pintadas de blanco,
nueve años.

Nueve años ya, desde que
acotaron tu muerte,
te pusieron fecha de caducidad,
dieron cuarenta y ocho horas,
salimos a las calles,
pintamos nuestras manos de blanco,
dijimos "PAZ",
dijimos "LIBERTAD",
dijimos "VIDA",
con las manos pintadas de blanco,
nueve años.

Nueve años ya, desde que
te ataron las manos a la espalda,
te pusieron de rodillas,
te dispararon en la cabeza,
salimos a las calles,
pintamos nuestras manos de blanco,
dijimos "PAZ",
dijimos "LIBERTAD",
dijimos "VIDA",
con las manos pintadas de blanco,
nueve años.

Nueve años ya, desde que
te encontraron en una cuneta,
te trasladaron al hospital,
se apagó tu luz,
salimos a las calles,
pintamos nuestras manos de blanco,
dijimos "PAZ",
dijimos "LIBERTAD",
dijimos "VIDA",
con las manos pintadas de blanco,
nueve años.

Nueve años ya, Miguel, desde que
no estás con nosotros,
salimos a las calles,
pintamos nuestras manos de blanco,
dijimos "PAZ"...

Nueve años desde las lágrimas
de un país entero,
desde el pan atragantado de la cena,
desde el agua manchada de rojo,
desde la mirada triste,
desde una tarde en que sonaron cuatro campanadas
- las cuatro de la tarde,
las cuatro...-
que hicieron expirar un delirante plazo,
desde que no entendíamos nada,
desde que despertamos de un sueño,
desde que nos despertaron de un sueño
con cuatro campanadas
- las cuatro de la tarde,
las cuatro...-,
con dos detonaciones
-¡PAM!
¡PAM!
-,
nueve años ya...

Y pintamos nuestras manos de blanco,
y las levantamos a millones,
y dijimos "PAZ"
y dijimos "LIBERTAD"
y dijimos "VIDA",
con las manos pintadas de blanco.

Y un txakurra no nos vio,
o nos vio pero no nos oyó,
o nos oyó pero no nos escuchó,
o nos escuchó pero,
sencillamente,
terriblemente,
cruelmente,
vilmente,
asesinamente,
en un corazón negro de muerte
no entraron nuestras palabras
porque no quería escuchar,
porque no quería oír,
porque no quería ver
mas que el humo
en el cañón de su pistola,
mas que dos detonaciones
- ¡PAM!,
¡PAM!
-
que robaron una vida,

que borraron el blanco de nuestras manos,
que nos dejaron sin palabras
como "PAZ",
como "LIBERTAD",
como "VIDA",
para quedarnos huérfanos de esperanzas,
mudos como idiotas,
ahogándonos en las lágrimas de un país entero,
nueve años ya...

Pero pintamos nuestras manos de blanco,
y las levantamos a millones,
y dijimos "PAZ"
y dijimos "LIBERTAD"
y dijimos "VIDA"...

y lloramos
con las manos pintadas de blanco.

Nueve años hace.

Seguimos llorando.

 

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Estos cuarenta versos

Del desencuentro del mar y de la espuma,
de la humedad de la niebla entre la niebla,
de lo oscuro de la tormenta en la noche,
rayos oscuros de luz negra,

de lo frío de mi cama sin tu cuerpo,
de lo absurdo de la traslación sideral sin un destino,
del silencio de las voces que se ocultan
en otras voces hechas gemido,

de la distancia que separa mis dos manos,
de la ceguera de la mirada que fue perdida,
del cansancio de la vigilia y sus afanes
esfumados en perder el día a día,

del carámbano hirviente del polo positivo,
del futil aleteo de las mariposas en el estómago,
de la velada alusión al defecto inconfesable
en la velada aburrida en familia,

de la ficción de la realidad fingida,
del bostezo inasumible que da el futuro,
de la terquedad del mundo siendo mudo,
girando hasta el mareo sobre sí mismo,

de la huída miserable del cobarde,
de la calma del pecho que no respira,
del lento transcurrir de los minutos
leyendo los segundos en un reloj digital,

del primer paso tras el primer tropiezo,
del salto al vacío, piso ochenta,
del sentido ido sin sentido
con la falsa percepción de lo correcto,

del fugaz beso que nos dimos escondidos,
de los virus de la gripe de la desesperanza,
de la sequedad en la garganta sin sonidos
que gritan que no quieren estar callados,

de la juventud que ya no es y no se marcha,
de lo triste de la tristeza de estar triste,
del miedo a alargar mis largas manos
y no tocar tu piel con mis dedos,

de lo insustancial de ser esencialmente accidente,
del patíbulo donde se mece lo pasado,
como humo que expelen mis pulmones
han nacido muertos estos cuarenta versos.

 

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Ayer te tuve

Ayer te tuve, amor,
y si cierro los ojos, aún te tengo.
Así que de abrirlos me abstengo
y voy sin parar mientes en derredor...

Ciego que me quedo y estoy,
que si miro y no te encuentro
se queda el mundo sin centro:
ya no sé yo ni quien soy.

Ayer te tuve, maldito
pretérito simple y perfecto
que me cambia el aspecto
pintándolo de contrito.

Amargo día de ausencia,
dueña de mí la dolencia,
huída la inteligencia,
vacía la existencia,
completa, sí, la carencia,
insatisfecha apetencia
que la profunda indigencia
de no tenerte me impone...
mi cuerpo se descompone
porque tú lo componías...
¡Qué absurdos me son los días
cuando falta tu presencia...!

Ayer te tuve, mi vida,
pues mi vida eres hoy.
Por eso, ni sé quién soy,
ni porqué sin ti estoy...
y a cada paso que doy
se me abre más la herida.

Ayer te tuve, mi vida...
Ayer te tuve...

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Vidas

Algunas vidas respiran
y comen y pasan días,
y cuando al fin se extinguen
desaparecen en la noche.

Otras vidas corren
como locas por la vida.
Tan rápido van, que apenas las ves pasar:
antes de haber llegado, ya se han ido.

Hay vidas que duermen
horas y horas al día,
la legaña como único vestido.
El último ronquido lo dan
antes de abrir los ojos.

Vidas hay también que esperan,
con el reloj en la mano,
a un Godot existencial.
Esas vidas echan raíces
de puro estar quietas...
pero no realizan la fotosíntesis.

Hay vidas que sudan,
laboriosas y constantes,
sin hacer otra cosa que poner un ladrillo
y otro
y otro,
sin darse cuenta de que no tienen
ni arquitecto
ni aparejador
ni planos.

¿Y esas otras, felices, que sólo cantan?
Sus melodías almibaradas les emborrachan
y acabn muriendo de la melopea.

Tenemos también vidas delicadas
que, apenas comienzan, ya estornudan.
De lejos se ve venir
que no soportarán el primer invierno.

Hay vidas impolutamente vestidas de gris:
ni se ensucian jamás, ni se despeinan.
Siempre tienen los zapatos brillantes
y el nudo Windsor de manual.
Llegan así, y así se van.

Vidas leves como briznas de hierba
también las hay.
La mínima brisa suave
las levanta del suelo
y las pierde de vista.

Hay vidas glotonas que no piensan en la dieta.
Pueden nutrirse de conceptos,
o de dineros,
o de odio,
o de besos...
Cualquier cosa es buena
para ser acumulada,
hasta que su propio exceso
las hace estallar.

Vidas plañideras también hay:
acaban deshidratándose
de puro llanto.

Y hay una vida
que no merece la pena
sin ti.

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Tu pubis

Tu pubis,
como tiene género femenino,
alcanza la insuperable cota
de la Belleza pura, junto al Bien.

Si fuera verbo,
sólo se conjugaría
en primera persona del plural,
en un nosotros en los que
tu pubis
gana sentido y significado.

¡Un yate para tu pubis, y navegarlo!
¡Un flotador
para cuando en él naufrague!

Tu pubis tiene un monte
al que se puede subir a pulmón libre
aunque sea más difícil de coronar
que ningún ocho mil
si se quiere coronar de amor.

Tu pubis tiene una arqueta
donde esconder cosas valiosas:
un beso,
una palabra enamorada,
un secreto,
una locura,
una vida,
mi carne...

Tu pubis, aunque es salado,
es el mejor de los postres
cuando nos damos
un antropofágico banquete.

Tu pubis llora de alegría
cuando lo amo en exceso.
Y lo amo,
y lo amo,
y lo amo,
y tu pubis llora de alegría.

Tu pubis es, además,
una de las mejores razones
para permanecer despierto.

Tu pubis es, también,
una razón más
para que te ame,
Mujer.

 

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Desnudo

Voy desnudo por la calle...
¡miradme libre!
¿Escándalo público?
El público tiene televisión:
ya no se escandaliza.

Voy desnudo andando por el asfalto
sorteando el tráfico de las avenidas,
sin más rumbo que el que deciden mis pasos...

Voy desnudo y ya nadie me mira:
soy el único desnudo de este mundo.
Soy piel y pelo y uñas y agujeros y ojos,
nada más y nada menos: un humano.

Voy desnudo, pero no siento frío...
el sol, a media noche, está en lo alto.
Voy desnudo: de tus ropas me río.
¡Desnúdate! ¿A qué temes? ¿Desde cuándo?

 

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Rimas mínimas

- I -

La vi, mientras caminaba,
recrearse en los colores
que iban gritando las flores
que aquella fuente regaba.

Cuando a su lado pasaba,
gocé más de su belleza.
Ella, al ver mi pobreza,
marchó sin decirme nada.

La seguí con la mirada...
y una incontable tristeza.

- II -

Llevo en mi mano abierta
el recuerdo de tu piel.
No quiero cerrar la palma,
no se me vaya a romper.

En mi mirada he grabado
tu cuerpo entre la maleza.
No puedo cerrar los ojos
y perder tanta belleza.

En mis labios ha quedado
dulce sabor de tu amor.
Comer, hablar... no me atrevo.
¡Perdería el corazón!

- III -

Clara luz de mi mañana,
dulce voz de mis silencios:
no permanezcas callada.
Enciéndeme con tu llama
y redúceme a la nada,
para que me lleve el viento,
lentamente,
mar adentro.

- IV -

Hoy he mirado hacia atrás
al oir su risa:
todo calló de repente,
me dio un vuelco el corazón.

Mas, cuando la vi al pasar,
marchó con prisa...
Volvió a la vida la gente...
Volví a morir al amor.

- V -

De tu cuerpo a la deriva
capeando temporales
en una balsa perdida
en los mares topicales,
soportando la embestida
de monzones, de letales
monstruos marinos cautiva,
sufriendo calamidades,
arriesgando, sí, ¡la vida!
al vencer dificultades,
de tu cuerpo a la deriva
teniendo desgracias tales
va mi pasión.

- VI -

Esa pulsión que me llena
y me lleva hasta el puerto
franco de tu cuerpo abierto
a la unión carnal y plena,
a vivir en goce y pena,
a sentirte ardiente y fría,
a ser la noche y el día
todo junto, en un momento,
esa pulsión, no te miento,
es amor, amada mía.

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