Trabajo de HIJOS junto al MST de Brasil -documentos-

 * Reforma Agraria *

 
 

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NO SE HACE LA REFORMA AGRARIA

SIN DESAPROPIAR A LAS GRANDES HACIENDAS.

Plínio de Arruda Sampaio (*).  

La reforma agraria es y consiste en la distribución de las tierras a trabajadores rurales sin tierra. Esa distribución altera la estructura de la propiedad de la tierra en el campo e implica necesariamente cambios en la estructura económica, social y política en el campo. Son dos procesos paralelos y simultáneos que se relacionan como si fuesen las dos caras de una misma moneda: de un lado, la reducción de la concentración de la propiedad, del otro el cambio del poder económico, político y social.

La primera consecuencia de eso es muy clara: la cuestión agraria es fundamentalmente una cuestión política. Toda cuestión política consiste necesariamente en una disputa entre fuerzas que defienden intereses antagónicos.

Esa disputa se da en varios planos.

Uno de ellos es en el plano ideológico, en el cual cada contrincante trata de ganar a la opinión publica hacia su posición.

La guerra ideológica que los opositores de la reforma agraria tienen contra ella tiene por objetivo transformarla en una cuestión técnica. Se trata de hacer creer a la opinión pública que solo hay necesidad de reformar la estructura de la propiedad de la tierra cuando esta impide el crecimiento de la producción o la introducción de tecnologías modernas en la explotación agropecuaria. Fuera de esos casos, la reforma es titulada reforma política, o sea una reforma hecha sin justificación técnica, apenas con el propósito de favorecer a este o aquel grupo político.

Este discurso no tendría mayor importancia si no convenciese a mucha gente de buena fe, pero que desconoce completamente la realidad del medio rural, y, por increíble que parezca, incluso personas de pensamiento progresista.    

Algunos piensan que el mejor método de refutar ese discurso engañoso consiste en demostrar técnicamente que la reforma aumenta la productividad y mejora la tecnología agropecuaria. Estudios y mas estudios han sido realizados con este propósito.

Ese camino es peligroso porque, si bien es cierto que,  a largo plazo, la situación del campo mejora sensiblemente, inclusive en el aspecto tecnológico, en el corto y mediano plazo no siempre será posible probar que eso está pasando. Y si los defensores de la reforma aceptan el debate en este plano podrían encontrarse en una encrucijada. Pero mas allá de eso, ese tipo de debate termina por confundir a la opinión pública, porque a cada cifra que los defensores de la reforma digan, los opositores muestran una cifra que demuestra lo contrario, pues las estadísticas, como se sabe, pueden ser acomodadas de varias maneras para atender los objetivos de quien las manipula.

Parece preferible el método de focalizar el debate en aquello que esta realmente en juego cuando se habla de reforma agraria: la necesidad de cambiar el poder político, económico y social en el campo como condición para que la población rural deje de ser explotada y pueda superar el estado de pobreza en el que se encuentra.

Cuando la reforma agraria es enfocada de esa manera, no puede haber ninguna duda de que el tamaño de la propiedad rural pasa a ser obligatoriamente una causa de expropiacíón.

Por que? Porque las propiedades de  tamaños exesivos dan a sus propietarios una condición económica, social y política de verdadera dominación sobre la población rural donde se localizan.

Abarcando la mayor parte de la tierra de la región, el dueño de la gran propiedad se torna el mayor empleador de fuerza de trabajo ( sea empleando a trabajadores rurales, o contratando peones o arrendatarios ); el mayor vendedor y comprador del mercado de productos e insumos agropecuarios de la región. Esto le permite obtener ventajas que los propietarios menores no consiguen. La consecuencia obvia es que la arrienda tiende a concentrarse en el gran propietario, que se torna cada día mas rico y poderoso. Sus intereses económicos se proyectan luego en el plano político: interés en el trazado de los caminos, de las redes de energía, de los canales de irrigación, en la localización de los almacenes, en las operaciones de limpieza de los ríos, y también – no nos debemos olvidar- en la remoción de autoridades que se muestren imparciales en el ejercicio de sus atribuciones y en el destierro de algún sindicalista que trate de meter ideas raras en las cabezas de los campesinos.        

Como dinero no le falta, el gran propietario puede financiar campañas políticas. Esto hace de él el jefe político de la región. En la condición de jefe político regional el se relaciona con los políticos estatales y nacionales, formándose una estructura de poder político que va del nivel local al estatal y de ahí al federal. Esa estructura de poder es lo que – en el fondo – determina la política agrícola del Estado, una política que favorece al grande y perjudica a los pequeños.

Poco importa si el gran propietario es un típico Coronel de botas, sombrero y revolver en la cintura o un a inmensa multinacional ultramoderna. La experiencia nos a demostrado que el administrador de las grandes haciendas modernas se comporta localmente exactamente del mismo modo que el tradicional Coronel. 

Es esa red de intereses y poderes económicos, sociales y políticos lo que esta masacrando a la población rural e impidiendo que pueda salir de la miseria. El fundamento de esta red es la propiedad de gran tamaño, independientemente del grado en que ella es explotada o de la tecnología que se emplea en su explotación.

De modo que si se quiere realmente eliminar la pobreza y la explotación a la que esta sometida la población rural , no hay como dejar la gran propiedad, por mas que sea productiva y técnicamente bien administrada, fuera del alcance de la reforma agraria.

La expropiación de una gran hacienda y la entrega de sus tierras a cien, doscientas, quinientas familias para que la exploten en forma colectiva o en parcelas familiares, cambia completamente la estructura económica, política y social de la región. El comercio local se transforma del día a la noche y las condiciones de comercialización de las zafras de los pequeños agricultores cambian inmediatamente para mejor. La estructura política del Municipio cambia también enseguida: surgen los lideres rurales que disputan una banca en la Cámara Municipal, los candidatos a intendentes, los representantes legislativos.

Ese cambio en la base de la sociedad se proyecta en los niveles superiores y se refleja en la política agrícola del Estado, que se vuelca entonces para el beneficio de la mayoría de los propietarios rurales. Solo entonces es posible hablar de la superación de la pobreza rural y de la participación del pueblo en el gobierno de la sociedad. 

Cuando la reforma llega a ese estadio comienza a aparecer de forma nítida sus efectos positivos en la intensificación en el uso de la tierra y en la introducción de modernas tecnologías productivas. La modernización tecnológica es un efecto y no la causa de la modernización política.
 
San Pablo, Junio del 2000
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