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La última puerta (The ninth gate, 1999). Película de Román Polanski. Con Johnny Depp, Lena Olin y Fran Langella. |
LA ULTIMA PUERTAEste sin dudas no es el mejor Polanski. Por ahí y algunos hacen su retórica con la película y encuentran lo que quieren, sobre todo si parten de la idea supersticiosa del super autor. Ciertamente hay algo del ambiente que remite a un misterio triste y simplón, un poco opresivo en La última puerta (The ninth gate, 1999). Pero ya venimos de las lluvias interminables, metafísicas casi de Blade Runner y luego Se7ven. Y Shyamalan en El sexto sentido logró revelar la "intimidad'" de una ciudad fantasmagórica (el adjetivo es feo, ya sé: podría decirse "fantasmal" aunque no creo que resuelva el dilema), vieja y sin embargo lírica. La última puerta cuenta la historia del traficante de tesoros editoriales antiguos Dean Corso (Johnny Depp) que es encomendado conseguir las otras dos copias de un libro llamado Las Nueve Puertas del Reino de la Oscuridad. Entre tanto es envuelto en una red satánica que lo lleva a condenarse en un pacto implícito con el demonio. (La condena quiere ser muy lírica: pasa por la fornicación con Emmanuelle Seigner, que es el ángel enviado por Satán para reclutar a Depp). Basada en la novela del español Arturo Pérez-Reverte, La última puerta, la película, incurre en el pecado literario. Es de ese tipo de filme en el que los libros tienen una autoridad tribunal hasta llegar a lo enfermizo (como el Huracán de Norma Jewison). En el cine la narrativa tiene que ser el secreto mejor guardado (menos anticipado), más coherente con respecto a los contextos. En este Polanski la narrativa se presenta de manera visible y ostentosa, pero frágil (y ¿se prevé toda ella). Por otra parte, el desarrollo de las acciones (demonólogos estrafalarios y suicidas, cuando no amenazados por el pirómano diablo), tiende a ser bastante superficial, más cercana de los libros livianos de terror, que de los sumos libros ocultos que la película propagandiza. Polanski estaba aburrido mintiendo este terror. Como crítico no puedo ocuparme de hacer retórica de ese aburrimiento. Y a los fanáticos (con mucha razón y derecho) de Polanski, habrá que recordarles que no hay grandes directores con películas menos buenas (¿caben excepciones? ¿Tal vez Godard o Tarkovski?). Y que el autor de Cuchillo al agua, Repulsión, La danza de los vampiros y Chinatown tiene su puesto bien ganado en esa cosa viscosa (como sacada de un film de Carpenter) llamada "historia del cine".
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Space Cowboys (2000). Película de Clint Eastwood. Con Clint Eastwood, Tommy Lee Jones, Donal Sutherland, James Garner. |
VAQUEROS EN EL ESPACIO
Tiendo a ser parcial con Eastwood. Como director me parece ríspido, creativo y poético. De nada vale acumular arrugas en el idioma, es decir, adjetivos (Carpentier decía). Asombra que Eastwood pueda vérselas con suerte en cuanto género toca. Western (Sin perdon). Melodrama (Los puentes de Madison). Thriller político (Poder absoluto). Etcétera. Space Cowboys parte de un gag. Cuatro estudiantes de astronautas van al espacio por ver primera, para reparar un satélite descompuesto. Pero van cuando ya están entraditos en la tercera edad. Habiéndose proyectado como eventuales héroes en unos años cincuenta ferozmente machistas y en blanco y negro, son contratados cuarenta años después (en años 0 algo fragmentarios, saludables, pero frustrantes al fin y al cabo) con la justificación de que tienen el secreto técnico de un satélite ruso descompuesto y amenazante. El argumento sin duda es truculento. Pero no menos pensado y sopesado en su materia y desarrollo. Por otra parte es evidente la consigna conservadora que pinta la película idolatrando lo que fue la carrera por controlar el espacio en los años cincuenta, entre unos Estados Unidos exultantes, como esas primeras escenas impecablemente filmadas en blanco y negro, y la difunta URSS (o el resto de lo que fue ésta, llamada por ahora Rusia), que otra vez como en tantas otras ocasiones es tenida por torpe y traicionera. Además, la fijación masculinista del filme habla de una estructura ideal de caza prehistórica en la que toca a las esposas llorar o aplaudir desde las gradas, mientras los hombres conquistan "el espacio vital" (de la potencia mundial; pero como individuos alienados, remitidos a una historia personal patética, frustrante o lo que sea, es decir "técnica"). Por supuesto, la vindicación de "los abuelos" es significativa: habla de la necesidad de reciclar valores. En este sentido Space Cowboys resiste paralelismos y contraposiciones con Contacto, en cuanto a alegorías del (pre)dominio mundial de los Estados Unidos. Lo que ha hecho Eastwood en su carrera reciente y con su icono cinematográfico es asombroso. Ha probado todas las variaciones del envejecimiento, viéndose sin perdón en el espejo. No ha rehuido el patetismo ni la ironía, y a estos ojos postmodernos luce encomiástico (más que onanístico) tal intento. En Space Cowboys Eastwood consigue ingresar a la tercera edad irónica a otros tres viejos y violentos compañeros (Lee Jones, Sutherland, Garner). La realización mueve muy bien un argumento que camina en la cuerda floja alzada sobre las cataratas de la comedia simple. Eastwood las rehuye. Las referencias evidentes a Armagedón, lastran un poco el desarrollo final de la Space Cowboys. Pero los símbolos no se atropellan en el vacío. Eastwood impone sus marcas. Alguien había imaginado por ejemplo el cadáver de un anciano astronauta yaciendo en la luna con fondo de Frank Sinatra?. Si atendemos a "la otra historia", la metafísica que sólo sospechamos, tal vez dentro de veinte o treinta años, quizá menos, se le vean las todas las arrugas a esta película, las que ahora no podemos ver. Pero será como vemos hoy las arrugas de Corman, las de Huston, las de Kubrick. |
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Otoño en Nueva York (Autumn in New York, 2000). Película de Joan Chen. Con Richard Gere y Winona Ryder. |
OTOÑO EN NUEVA YORKEl problema de Winona Ryder es que se está convirtiendo en una teenager reciclada. El problema de Richar Gere es el entumecimiento existencial que lo rodea. Uno de los tantos problemas de Autumn in New York es el terrible paternalismo (o si se quiere el enfermizo complejo de Electra) que difunde. Por otra parte es bien fácil establecer que este otoño es una puesta al día no muy mejorada, aunque sí maquillada de Love Story (1970). Claro, el esnobismo es mejor declarado, la música menos embebida, el otoño más decidido. Pero todos son trucos de la técnica. A diferencia de Love Story en donde el pathos era la neurosis de alta clase universitaria, Autumn in New York trata de un purgatorio paternal. Gere ha sido mal papá de Vera Farmiga, y entonces encuentra al amor de su vida en una mujer con cara de adolescente prolongada y eterna (por tanto muy "ahijable"), es decir, Winona Ryder. Entonces ésta muere, él es castigado, y, sin embargo ha recuperado el amor de su hija (y su nieto). Es para masoquistas, por supuesto. Recomendaciones: ver crítica de Inocencia Interrumpida y El Chacal para merodear más los iconos de Ryder y Gere. |
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