El panfleto tiene dos caras, la segunda puede verla aquí.

El texto fue escrito por Don Hernán Rodríguez Castelo, Director de Educación, Cultura y Deporte del Municipio de Quito.

El panfleto fue diseñado por Jorge Bedoya. Puede contactarlo en su correo electrónico o en estos teléfonos en Quito, Ecuador, América del Sur: (593) 02 2951-406.

 

 

 

 

 

Texto del panfleto

(Puede ver el reverso del panfleto aquí)

 

Las Victorias

 

La primera parte de esta gran fiesta de recordación de Atahualpa es una obra de teatro: las Victorias del Ticci Cápac (Rey del Mundo Nuevo) Atahualpa del joven dramaturgo Carlos Levoyer.

Dividido el imperio a la muerte de Huayna Cápac entre sus dos hijos, el cusqueño Huáscar y el quiteño Atahualpa, el cusqueño rechazó la equitativa decisión paterna y quiso sojuzgar al quiteño.

Atahualpa dirigió la guerra para defender su derecho, y sus grandes generales Calicuchima y Quisquis, desplegando hábil estrategia e indomable valor derrotaron, en sangrientos combates, al ejército cusqueño y llegaron al Cusco.

La obra de teatro revive esa gloriosa campaña. Artistas no profesionales de las parroquias rurales de Quito, doscientos actores que dramatizan los épicos episodios y coros que cantan la música del maestro Gerardo Guevara, reviven esa página de la historia de lo que entonces era Quito y hoy es Ecuador. En el centro de toda esta gesta gloriosa está la sabia y heroica figura de Atahualpa, el emperador quiteño del Tahuantinsuyo.

 

El Ocaso

 

La segunda parte de esta celebración rememora la muerte de Atahualpa y el Ocaso del Imperio que sus victorias habían reunificado con él como único emperador.

Trátase de una suite sinfónica que interpreta la Banda Sinfónica del Municipio Metropolitano de Quito.

Esa gran pieza de música contemporánea es obra del maestro Luis Humberto Salgado, gloria de la música ecuatoriana, reconocido en todo el mundo.

Tiene tres grandes movimientos. Comienza con las gestas proféticas de Viracocha y sigue la visita del sol, que tiene dos partes: la primera en el templo de Yavirac -El Panecillo- y la segunda en la Corte de Atahualpa -aquí mismo, donde era el palacio del Inca y hoy se levanta el majestuoso templo de San Francisco.

El tercer movimiento es la tragedia de Cajamarca, con cinco partes: la entrada de Atahualpa, la plaza abandonada, el diálogo entre Atahualpa y el cura Valverde, el combate y, cerrándolo todo, el ocaso del imperio, en el que una marcha fúnebre termina, con todos los instrumentos, en un final heroico.

Atahualpa ha muerto y el imperio se ha derrumbado. De sus cenizas surgirá la Quito mestiza.

 

La Vida

Pero Atahualpa no ha muerto. Su figura se transfigura gloriosa mientras el coro canta el Atahualpa, del maestro Carlos Bonilla.

"Rey del Sol, Atahualpa, despierta", le reclama el coro y Atahualpa responde con su presencia, que muestra al pueblo heredero de sus glorias un camino de avance victorioso hacia un futuro de orgullo de su historia y fe en el porvenir.

Atahualpa vive. No es una figura histórica muerta; es un símbolo, es el permanente llamado a ufanarnos de nuestras raíces y gloriarnos de una grandeza antigua, de la que somos herederos legítimos.

 

 

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