La Planificación consiste básicamente en el establecimiento de los objetivos y metas de la organización y la escogencia de los medios más adecuados para lograrlos (planes, programas, proyectos). Por su parte, la Planificación estratégica va un poco más allá, se vale de diversas herramientas para diagnosticar los diferentes recursos con los que se cuenta y, a partir de este diagnóstico, define programas y toma decisiones a largo plazo para cubrir los objetivos en los diferentes tiempos de la organización: los de corto, mediano y largo plazo. Es decir, establece una estrategia que apoyará tanto las acciones inmediatas como las futuras.
Ahora bien, la planificación estratégica está fuertemente ligada al Pensamiento estratégico y por añadidura, si se trata de competir en cualquier mercado, al Pensamiento competitivo. No se trata de decir que la segunda es consecuencia directa de la primera, de ninguna manera: para planear estratégicamente se debe poseer un pensamiento estratégico y competitivo, esto último es más bien una cualidad de todo buen estratega. El pensamiento estratégico no se puede ver como un conjunto de teorías que se aprenden en un taller o como parte del proceso de formación académico de los encargados de tomar las decisiones, se trata más bien de una capacidad individual, de un punto de vista o visión del planificador que percibe la empresa de un modo diferente y, basado en su experiencia, le permitirá enfocar los recurso al logro de las metas propuestas.
Todo buen estratega sabe que la única forma de permanecer es innovando por lo que, entre los diversos planes y estrategias concebidas para alcanzar los objetivo planteados, debe incorporar un constante proceso de renovación de sus productos o servicios. Esto le permitirá una rápida adaptación en un mundo cambiante e incorporar las modificaciones necesarias para mejorar. Se debe recordar que una estrategia innovadora no implica hacer las cosas de manera diferente sino hacerlas mejor. En los actuales momentos, casi toda meta innovadora pasa por un proceso de adaptación de los métodos existentes a los desarrollos tecnológicos que ocurren de forma constante, lo que en muchos casos lleva al rediseño de áreas sensibles dentro de la empresa, por ejemplo: las líneas de producción, los métodos de ensamblaje, los medios de comercialización, los mercados, entre otros.
El punto anterior hace suponer que, en esta nueva sociedad de la información, la sobrevivencia, permanencia y competitividad de las organizaciones, están cada vez más ligadas a la incorporación y aprovechamiento de las ventajas que proporcionan las TIC’s en todos los ámbitos de la empresa.
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