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Y DEMÁS/Servicios
Uber, la modalidad que exhibe a un sindicalismo obsoleto El avance de las redes sociales comienza a llegar a la prestación de servicios, y la respuesta de cotos que por décadas manejaban con absoluta impunidad sus monopolios muestra quiénes realmente se oponen a la modernidad y a un servicio de calidad. Lejos de ser competencia desleal, Uber es una alternativa que impulsa una urgente y necesaria mejoría en el transporte urbano AGOSTO, 2016. Gracias a la presión de los sindicatos de choferes, en Madrid y en París se prohibió su funcionamiento. Hasta ahora nadie ha hablado de una notable mejoría en el servicio de taxis en esas capitales. En contraste, en otras ciudades donde Uber ha aparecido, el cambio empieza a notarse desde los primeros días. Esto ha ocurrido en Santiago de Chile, en la mayoría de las ciudades norteamericanas e incluso de México donde sin embargo la entrada de este servicio de taxis personalizados ha enfrentado muchos problemas por parte de un sindicalismo caduco, monopólico y desde siempre enemigo de la competencia y la libre empresa. En la capital ha habido grupos de taxistas que interceptan a los choferes de Uber, los bajan de sus vehículos como si fueran delincuentes, les arrebatan y les destrozan sus celulares y les ponchan las llantas, todo dentro del concepto de que se trata de una "competencia desleal" hacia ellos. Pareciera haber una confusión aquí: la competencia desleal hacia el gremio de taxistas la constituyen los vehículos piratas del servicio público, pero a éstos no es les abollan sus unidades ni se golpea a sus choferes. La competencia desleal no es aquella que entra al mercado sino aquella que lo hace al margen de la ley. Un Oxxo que abre enfrente de un 7-Eleven no es ninguna "competencia desleal": ambos negocios son además de legítimos una opción más para el consumidor el cual sale beneficiado en precios y una mejoría obligada en la calidad de los productos. En tal sentido, el sistema Uber entra de manera legal, exige que sus choferes tengan su licencia de manejo, se les somete a rigurosos exámenes y, sobre todo, llevan la encomienda no de quitarle usuarios a los taxistas tradicionales, sino de competir con ellos a través de un mejor servicio. El problema aquí es que los sindicatos obsoletos, con leyes gangsteriles redactadas en los años 40 que les brindaban proteccionismo e impunidad, no están dispuestos a mejorar, porque toda mejoría implica un cambio que termina por afectar los privilegios de los que han gozado por tantos años. Las estadísticas muestran que, lejos de dejar sin trabajo a los taxistas tradicionales, la oferta de Uber impulsa a una mejoría del servicio en general. Es un axioma dentro de un sistema de competencia. Donde el mercado es monopolizado y el usuario está forzado a tomar una sola opción, el servicio ofrecido pierde calidad y termina hundido en la corrupción y la mediocridad. En México los ejemplos están a la mano: nadie puede decir que Pemex o la CFE tengan elevada reputación por su excelente servicio. Porque como dijo el economista ganador del Nóbel Frederick Hayek: Cuando hay competencia, el cliente escoge a quién pagarle, y eso promueve la eficiencia entre quienes ofrecen el producto. Los argumentos contra Uber son en su mayoría pueriles. Afirmar que "quitarán clientela" a los ya establecidos es tan absurdo como pensar que las salas de cine quedarían vacías con la aparición de las salas VIP. Sencillamente, una parte de los consumidores están dispuestos a pagar por un mejor servicio siempre y cuando ofrezca calidad, y eso es precisamente lo que ofrece Uber, en contraste con el trato despótico, grosero y abusivo de muchos choferes que se sienten protegidos por sus gremios y no enfrentan competencia alguna en el mercado. Ante el argumento de que Uber "promueve el desempleo" ocurre todo lo contrario. Cientos de automovilistas que disponen de algunas horas libres pueden hacerse de un dinero extra ofreciendo Uber, eso sin contar a quienes lo hacen de tiempo completo elevando así los niveles de producción y su nivel de vida; asimismo, el cliente sabe que viajará en una unidad más segura, donde puede escoger la música ambiental de su gusto --¿ha tratado usted de decirle a un taxista convencional ya no que cambie de estación de radio sino que le baje el volumen a su estéreo?-- y, sobre todo, se evitarán desagradables sorpresas frecuentes en los taxis convencionales, ya sean asaltos, acoso sexual o la negativa a emplear el taxímetro a determinadas horas (Y una muy frecuente: el cobrar exageradamente en fechas especiales como la Navidad o cuando no está disponible ningún otro tipo de transporte público). Uber nació como una liga entre las redes sociales y un servicio rápido. A todos nos ha ocurrido que pedimos un taxi por teléfono, se tarda una eternidad en llegar, ante la urgencia pedimos otro taxi y en eso llega el primero. Una de las ventajas de Uber es tener a disposición del usuario su vehículo en menos de cuatro minutos. Los taxistas tradicionales y los sindicatos caducos de mentalidad obsoleta no caen en la cuenta de ello: la eficiencia y la comodidad venden, de ahí el éxito, lo repetimos, de los servicios VIP, ya sean en cines, aviones y autobuses, entre otros. Al viajar en clase turista, aunque se haga el mismo tiempo, se viaje en la misma nave y se tenga a los mismos pilotos, quien pueda costearse la travesía en clase premier no dudará en comprar su boleto sin que ello afecte los ingresos de las otras aerolíneas. Uber está llenando un coto de mercado que, primero, detesta el trato despótico de los taxistas tradicionales, segundo, exige seguridad en sus travesías y, tercero, está dispuesto a pagar un poco más por ello. (Sin embargo en algunas sociedades el costo suele ser similar, y aun bajo, dado que ya no se incluyen en el costo final el pago por renta del vehículo, las cuotas que se deben dar al sindicato y el arbitrario recargo por parte de muchos choferes). Como ejemplo, en Nueva York es frecuente que el taxista cargue al usuario cinco dólares por concepto de "propina" en el costo final de la transportación. Los choferes Uber únicamente reciben el pago de transporte mediante tarjeta de crédito y no se está obligado a darles propina. Otras ventajas: el usuario puede saber con exactitud el trayecto gracias a la aplicación GPS. Durante muchos años los choferes solían "pasear" a un turista que no conoce la ciudad. Un caso cercano: un amigo que visitó Sevilla hará unos 10 años refiere que el taxista tardó casi una hora en llevarlo de la estación de tren al hotel y le cobró poco más de 45 euros. Más tarde y mientras repasaba un mapa de la ciudad, mi amigo vio con sorpresa que la distancia de la terminal a su hotel era de apenas siete cuadras. Por donde se le vea, Uber es un espaldarazo tremendo para eficientar el transporte público. Quienes se oponen a él son los principales enemigos de que exista una mejoría en el servicio. O se renueven o terminarán devorados por las nuevas tecnologías. Ojalá caigan en cuenta que la mejor forma de competir con Uber es con un mejor servicio, choferes amables y un precio justo.
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1 opiniones paco_meraz escribe 07.08.16 |
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